Tag Archives: Hungría

Atardecer

24 Nov

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Año: 2018.

Director: László Nemes.

Reparto: Juli Jakab, Vlad Ivanov, Marcin Czarnik, Christian Harting, Levente Molnár, Evelin Dobos, Julia Jakubowska, Dorottya Moldován, Judit Bárdos, Benjamin Dino.

Tráiler

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          “Hay personas a las que es difícil comprender”, le dicen en cierta escena a la protagonista de Atardecer, ya hacia el final del metraje. La frase puede entenderse como un reconocimiento por parte de László Nemes, director y coguionista, de que hay que hacer un importante esfuerzo para encontrar una justificación a las acciones de esta mujer que regresa, literalmente, a las cenizas del hogar. En concreto, a la lujosa sombrerería que sus padres, fallecidos en un incendio cuando ella tenía dos años, regentaban en una Budapest en la que ahora retumban ya los tambores que conducirán a la inminente Primera Guerra Mundial.

El atardecer del título, cabe suponer, es el del Imperio austrohúngaro. Un crepúsculo disimulado entre las luminarias y oropeles de la pujante metrópoli húngara. Es el contraste entre el soleado y ostentoso Budapest alrededor de la sombrerería, y el nocturno y depauperado Budapest underground. Dos mundos irreconciliables -a pesar de sus putrefacciones análogas- que colisionan violentamente en el caos.

          Írisz Leiter, heredera sin trono, camina de un lado a otro en busca de su hermano, o de reconstruir su vida, o de cerrar el círculo -como podría interpretarse de ese desenlace en llamas y del vestuario que ella porta en ese momento-. Quién sabe. Nemes parece tratar de sumir la narración en un estado onírico o en un aura fantasmagórica. De ahí que, en muchas ocasiones, las elipsis y las transiciones espaciales queden trazadas con una pátina de misterio, igual que enigmáticos son los motivos que mueven a la joven.

Pero debido a este segundo caso, tanto hermetismo voluntario, o mal dosificado, degenera en falta de tensión dramática. Más que indescifrable, Írisz Leiter resulta vacía, una simple excusa que emplea el cineasta para adosar la cámara a los pasos del personaje y, con ello, desarrollar otra inmersión en el horror de un nuevo capítulo histórico de su país, como había hecho con el Holocausto en la impactante El hijo de Saúl, que también seguía una espiral espoleada por una difusa relación familiar.

La consecuencia es un distanciamiento puntual y no pretendido respecto del relato, lo opuesto a una inmersión, en definitiva. Es complicado reconocer o apreciar como auténtica esa piel que el espectador ha de vestir.

          Los recursos cinematográficos que emplea Nemes, de hecho, son muy semejantes a los que exhibió en El hijo de Saúl, como se comprueba en el asalto del palacio de la condesa o en la clausura de la fiesta de aniversario. Es cierto que estas secuencias -rodadas casi en un angustioso plano continuo donde lo verdaderamente estremecedor procede de los márgenes apenas visibles de los fotogramas o directamente del fuera de campo- son avasalladoras, muy potentes. Pero también es verdad que son escenas ya vistas, ya vividas. Y por ello menos impresionantes.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6.

En cuerpo y alma

5 Nov

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Año: 2017.

Directora: Ildikó Endeyi.

Reparto: Géza Morcsányi, Alexandra Borbély, Zoltán Schneider, Ervin Nagy, Réka Tenki, Éva Bata, Itala Békés.

Tráiler

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          La ganadora de la edición de 2017 de la Berlinale es una película intimista que se funda sobre el tópico romántico, también potencial sustento de una comedia dramática, del amor entre almas solitarias, ambas tullidas a su manera -físico, psicológico-. Es cine húngaro como podía ser indie americano. A su vez, esta premisa nuclear alberga otro cliché, este con peores resultados, que se refiere a la construcción del personaje femenino, cuyos desórdenes mentales dan la sensación de estar compuestos de una forma tan manida que reducen a la mujer a una muñeca sobada, repleta de automatismos en sus complejos y sus reacciones -nota bene para advertir acerca de esta afirmación y de la validez de la crítica que le sigue: expertos psicólogos de absoluta confianza insisten en que el de En cuerpo y alma es uno de los mejores retratos del autismo en adultos que ha visto en pantalla-.

          Ildikó Endeyi realiza un elaborado trabajo para plasmar mediante la puesta en escena, y especialmente a través de la iluminación, la condición cotidiana y el estado anímico de estos individuos apenas conectados a través de los sueños, aislados en un mundo helado, que solo llena su presencia. De hecho, la realizadora y guionista a veces se esfuerza tanto en planificar las imágenes que termina cayendo en una tendencia al esteticismo que, contraproducentemente, refuerza la impresión de artificialidad del relato. Contrasta con la ternura y la emoción que desprenden ciertas asociaciones visuales, como se demuestra en la apertura del filme -la ternura del leve roce de la pareja de ciervos, la mirada perdida de las vacas a las puertas del matadero, el sol que aparece y reconforta-.

          En cuerpo y alma muestra sentimientos al límite y, dentro de su halo doliente, contiene contrapuntos de humor casi grotesco, pero huye del exceso y de las revoluciones altas, acorde a la cautela y la fragilidad de sus protagonistas. Procura ser delicada sin ser fría, aunque también esa calculada contención ofrece evidentes dificultades para empatizar, implicarse y emocionarse. Se percibe un estatismo semejante al que domina la figura de esa muchacha desvalida, en quien se confunde la vulnerabilidad con rigidez.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6.

El hijo de Saúl

13 Feb

“Me rebelo, luego somos.”

Albert Camus (El hombre rebelde)

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El hijo de Saúl

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El hijo de Saúl

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Año: 2015.

Director: László Nemes.

Reparto: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Todd Charmont, Jerzy Walczak, Sándor Zsótér, Kamil Drobowolsky, Mihály Kormos.

Tráiler

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             La única rebeldía posible contra el mundo enajenado, la única que tiene sentido, es aquella que reivindica hechos a priori insensatos, iluminados, pero que una vez descubierta su trascendencia verdadera, sirven para enfocar con claridad una realidad antes consciente o inconscientemente velada.

             La febril odisea del sonderkommando Saul Ausländer por enterrar decentemente el cuerpo de un muchacho en un campo de exterminio es la rebeldía irracional y desesperada de un hombre que carga a su espalda con la marca de la muerte y en el rostro congelado la imagen de la deshumanización, en este caso necesario refugio contra otro tipo de deshumanización monstruosa: el Holocausto. Saul cambia sus pasos precisos y automatizados a fuerza de fría supervivencia por movimientos azarosos, obsesivos. Suicidas. Y su levantamiento, realizado incluso en oposición a otras promesas de esperanza, banales en su imposibilidad auténtica, constituye un acto supremo de rebeldía que enfoca, con pavorosa nitidez, una realidad atroz. El Horror.

             Al estilo de excelentes obras como La hora 25 también con la Soah y la Segunda Guerra Mundial en general o Masacre: ven y mira con el Frente Oriental de este conflicto, el itinerario de Saul, en lucha permanente contra la corriente que le arrastra y devora, reconstruye el infierno sobre la Tierra. Registrada mediante ruidos de fondo, entre estrechos y difusos fotogramas, tensísimos fueras de campo y personajes rugosos, la pesadilla que captura resulta todavía más vívida y escalofriante. La anti-Lista de Schindler, considerará Claude Lanzmann, voz autorizada.

             El expresivo prólogo, que configura escenario global y conflicto personal con rotundidad, es absolutamente devastador. El hijo de Saúl arranca con una potencia atronadora, pero no se detiene ahí. Encadenando veraces y absorbentes planos secuencia -fundidos todos ellos con la perspectiva sensorial de su protagonista- László Nemes le agarra a uno por las solapas y no le suelta. La potencia de su narración es descomunal, impropia de un debutante en el largometraje. El filme fluye como un río embravecido, arrollando todo a su paso. Perturbando las emociones y la razón.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 9.

Two Half-Times in Hell

27 Abr

Fútbol y cine. Cine y fútbol. Las dos grandes pasiones del mundo. El matrimonio que debería ser y no es. Two Half-Times in Hell, no obstante, es uno de sus ejemplos más elogiables. Y sí, es uno de los dos precedentes con los que cuenta la mítica Evasión o victoria.  El partido de la muerte se juega en Bandeja de Plata.

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La hora 25

30 Nov

“Al nacer, lloramos porque entramos en este vasto manicomio.”

William Shakespeare

 

 

La hora 25

 

La hora 25

Año: 1967.

Director: Henri Verneuil.

Reparto: Anthony Quinn, Virna Lisi, Marcel Dalio, Grégoire Aslan, Liam Redmond, Serge Reggiani, Michael Redgrave.

 

 

            Lo advirtió Franz Kafka durante el primer cuarto de siglo y nadie le hizo caso. El hombre había perdido el rumbo. Los grandes logros de la civilización se habían deformado y descompuesto hasta tal punto que, ya irreconocibles en su enormidad, carentes de todo sentido lógico o humano, condenaban al individuo a la alienación y la nada. Sumido en el caos más aterrador, aquel que disimula sus formas bajo una apariencia de total racionalidad, el hombre, reducido a su mínima expresión –una cifra, una etiqueta, un papel-, había agotado su tiempo, vivía horas prestadas. Quedaba el golpe de gracia, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, la eliminación del hombre convertida en una industria de precisión.

La sensación de escalofriante desamparo que transmiten las ficciones del escritor checo surge de la identificación del lector con el protagonista, devorado metódicamente, con paciencia sádica, por los instrumentos de un sistema leviatánico y atroz. Al igual que el Gregor Samsa de La metamorfosis o el Joseph K. de El proceso, el lector se encuentra tan confuso, desprotegido e intimidado como el personaje.

            En La hora 25, basada en la novela del rumano C. Virgil Gheorghiu, la crueldad es mayor si cabe, ya que, en su bendita ignorancia, Johann Moritz (Anthony Quinn), un labriego humilde, afable y bondadoso, nunca es consciente del horror que lo rodea, zarandeado por un absurdo que desde su sencilla razón (y por ello aún diáfana e inmaculada) es incapaz de comprender. En cambio, el espectador sí es consciente de que las fauces del monstruo se ciernen sobre un completo inocente.

Moritz es el mártir de un grotesco tour de force en el que el individuo no es víctima del Estado voraz, sino que recorre y documenta desde su límpido punto de vista los campos de concentración nazis, los campos de trabajo de voluntarios, las filas de las SS y campos de prisioneros aliados, siempre en el momento, el lugar y el bando equivocado, y todo ello a causa de mezquindades abyectas y patéticas, infames trampas burocráticas o estupideces supinas, frutos podridos de un mundo y una especie enajenados.

Quizás se pueda establecer también cierto parentesco con Las aventuras del buen soldado Švejk, del también praguense Jaroslav Hašek, como una versión, eso sí, en el que la broma ácida de la novela aquí no tiene ya ni puta gracia. Al fin y al cabo, es ese mencionado absurdo el elemento que sirve para hilar las amargas desventuras de Moritz, un continuo dolor de estómago para el espectador en el que la imagen del ser humano queda, salvo casos puntuales, tirada por el más despreciable de los lodos.

             La humanidad y lucidez de la mirada del noble labriego -en cuyas carnes Anthony Quinn, perfecto a la hora de reflejar la tosquedad, dulzura, desconcierto y rabia de su personaje regala una de las mejores interpretaciones de su carrera-, un recuerdo de tiempos perdidos irremediablemente para el ser humano, desnuda y señala la vergüenza más absoluta, haciendo todavía más amarga la experiencia; una cadena inmisericorde de puñetazos asestados desde la víscera, pero con disciplinada sencillez, por Henri Verneuil, cuya familia, de origen armenio, había experimentado otra persecución genocida en su propio seno.

Y todavía en el colofón, de brutal impacto emocional -y que, pese a que no tiene lugar siquiera en tiempos de guerra (quizás a causa de ello), conforma uno de los puntos de mayor ferocidad del filme-, el monstruo continúa con su burla cruel.

            La misma pavorosa sinrazón en el que a día de hoy aún naufraga, inconsciente, el orgulloso ser humano.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 9.

El bazar de las sorpresas

29 Oct

“Ninguno de nosotros creía que lo que hacíamos fuera más que una efímera forma de entretenimiento. Sólo Ernst Lubitsch sabía que estábamos haciendo arte.”

John Ford

 

 

El bazar de las sorpresas

 

Año: 1940.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: James Stewart, Margaret Sullavan, Frank Morgan, Felix Bressart, Joseph Schildkraut, William Tracy, Sara Haden, Inez Courtney.

Tráiler

 

 

            Parece mentira, visto desde la actualidad, que un género devastado por la cursilería, el conservadurismo, la obviedad, la gratuidad, la prefabricación y la mediocridad, en definitiva, como la comedia romántica pueda haber sido en algún tiempo pasado un prodigio de gusto, sutileza y emociones al mismo tiempo veladas y explosivas. Claro, que hablamos de Ernst Lubitsch, palabras mayores, considerado padre de la comedia sofisticada, firmante de películas con un fondo de una riqueza y complejidad inabarcable, dibujado con pinceladas tan imperceptibles como intensas.

             Poco importa que El bazar de las sorpresas supere los 80 años de edad. El Budapest que trata de sacar la cabeza y recuperar la dignidad tras la crisis de 1929 es un mundo reconocible, especialmente a día de hoy. Es este el marco en el que se encuadra, como una parte más de un conjunto que registra la vida cotidiana y el sentir de la sociedad del momento, el romance entre Alfred Kralik (James Stewart, impecable como siempre) honesto y un tanto estirado jefe de ventas, y la recién llegada Klara Novak (una acertada Margaret Sullavan), una chica atractiva, chispeante y altanera.

             El relato confluyente de amor secreto y odio declarado entre ambos -mil veces imitada y por ello algo predecible, sin que aún así merme su calidad- transcurre pleno de encanto, ternura, sensibilidad y elegancia, sin caer nunca en lo ñoño o en excesos melodramáticos baratos, sin carcajadas pero con una sonrisa perpetua y con unos tiempos perfectamente calibrados por el realizador germano, integrado a la perfección en ese contexto dramático en el que el libreto de Samson Raphaelson (uno de los guionistas de confianza del berlinés, con nueve colaboraciones en total, adaptando la pieza teatral de Miklós László) dosifica con tino, inteligencia y mesura unas dosis de acidez y amargura que aportan una sutil y soterrada complejidad a ese aspecto engañosamente leve y delicado del filme.

Una negra sombra, en este caso, que crea un verdadero impacto subconsciente, oculto en el trasfondo, derivado del reflejo de una sociedad a la que la desesperación económica logra sacar lo peor de sí misma –la hipocresía y el arribismo, personificada en el personaje de Varnas (Joseph Schildkraut); la desconfianza, la deshumanización de personajes esencialmente positivos pero arrollados y confusos por las circunstancias, como el caso del entrañable señor Matuschek (enorme Frank Morgan)-. Una tendencia negativa a la que se ha de combatir con el tesón de una humanidad firme e incólume como la del honrado y paciente hasta lo testarudo Kralik o Pirovitch (Felix Bressart, adorable robaplanos que completa una plana principal que ofrece unas interpretaciones de auténtico lujo).

             Volviendo a tiempos contemporáneos, los insulsos Tom Hanks y Meg Ryan protagonizarán la presunta modernización de El bazar de las sorpresas en Tienes un e-mail. Pero, inevitablemente, es el remake el que parece avejentado en comparación con su precedente.

Un indicativo: para Lubitsch es la película favorita de entre las que dirigió.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 9.

Satanás

22 Ago

“Me gustaría abandonar los papeles sobrenaturales para simplemente interpretar a alguna persona interesante y sencilla.”

Bela Lugosi

 

 

Satanás

 

Año: 1934.

Director: Edgar G. Ulmer.

Reparto: Bela Lugosi, Boris Karloff, David Manners, Julie Bishop.

Tráiler

 

 

            Género clave en la década de 1930, donde explosiona definitivamente aupado a las nuevas posibilidades que ofrece el sonoro, el terror veía una época de esplendor aún estando incluido la mayor de las veces en la más estricta serie B. Es la época de la aparición de los grandes monstruos. De la mano de Carl Laemmle, la major Universal Pictures se erigirá como principal especialista encontrando inspiración para sus producciones en la riqueza de la literatura de terror gótico, como Bram Stoker o Mary Shelley. Se hacía por tanto inexcusable que finalmente se recuperase algún texto de Edgar Allan Poe. Así, Satanás se basará, muy ligeramente, casi como excusa para incluirlo en los títulos de crédito, en un cuento del bostoniano, El gato negro.

            Satanás es uno de los primeros filmes en abordar el tema del culto al Diablo, cuya acción se desarrolla, como en muchas otras cintas de terror de la época, como en la mítica Drácula sin ir más lejos, en una tenebrosa Europa del Este, vista, claro está, a través de los ojos civilizados y occidentales de, en este caso, un escritor norteamericano de novelas de misterio de luna de miel en Hungría.

             La película reúne por primera vez –posteriormente habrá otras siete colaboraciones más- a las dos mayores estrellas de la productora, Bela Lugosi y Boris Karloff, enfrentados en una lucha eterna propiciada por el destino por la vida de la joven esposa del escritor, una mujer que les retrotrae al origen de su pugna por, como en Drácula de nuevo, su prodigioso parecido con otra mujer, la esposa del primero, un eminente psicólogo sobreviviente a la guerra y a la cárcel, arrebatada por parte del segundo, un siniestro arquitecto con un oscuro historial durante la Primera Guerra Mundial, artífice del infortunio del anterior, usurpador de su lugar como esposo y padre.

             Destaca de Satanás una lograda creación de atmósfera por parte de Ulmer, antiguo participante de numerosas cintas del expresionismo alemán, también campo abonado para el desarrollo del género de terror, por supuesto ayudada por del duelo interpretativo de dos grandes, como un teatral pero poderoso Lugosi, enclaustrado para siempre en un personaje de Conde Drácula que llevaría casi a su propia vida, y el siempre inquietante y efectivo Karloff, si acaso con un desarrollo más precipitado y algo más inconsistente en el desenlace. A pesar de ello, Satanás conserva su capacidad de impacto, sobre todo en escenas de una intensidad magistral que nacen del potente choque entre sus figuras protagonistas, como la notable sordidez de parte de la trama, la partida de ajedrez o la venganza final del personaje interpretado por Lugosi, sin contemplaciones, siniestramente macabra.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7,5.

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