Tag Archives: Humor escatológico

Movie 43

26 Jul

“Los humoristas somos como los ginecólogos: trabajamos donde los demás se divierten.”

Moncho Borrajo

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Movie 43

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Movie 43

Año: 2013.

Director: James Gunn, Peter Farrelly, Will Graham, Griffin Dunne, Elizabeth Banks, Brett Ratner, Bob Odenkirk, Steven Brill, Steve Carr, Rusty Cundieff, James Duffy, Patrik Forsberg.

Reparto: Kate Winslet, Hugh Jackman, Naomi Watts, Liev Schreiber, Jeremy Allen White, Anna Faris, Chris Pratt, Kieran Culkin, Emma Stone, Richard Gere, Kate Bosworth, Justin Long, Jason Sudeikis, Uma Thurman, Kristen Bell, Christopher Mintz-Plasse, Chloë Grace Moretz, Gerald Butler, Seann William Scott, Johnny Knoxville, Halle Berry, Stephen Merchant, Terrence Howard, Elizabeth Banks, Josh Duhamel.

Tráiler 

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            Este hijo cultural de los noventa convivió durante sus momentos de adquisición del uso de razón (o pérdida, según se mire) con el auge de la comedia de los hermanos Farrelly, el paso adelante en el caca-culo-pedo-pis de la comedia gamberra norteamericana con respecto a su nacimiento en los últimos setenta y madurez en la década de los ochenta.

Quiero decir que, se quiera o no, del mismo modo que ese tío que abochorna al resto de parientes repitiendo los mismos chistes guarros en cada cena de Navidad y uno no sabe si adora o le repele, las ocurrencias escatológicas y la incorrección inmadura de los Farrelly forman parte de la familia. Un tío al que ya desde hace algún tiempo las generaciones recientes marginan e ignoran. Un anciano bufón gastado, olvidado y triste, sin el favor de la corte.

            No obstante, irreductible y guerrera, Movie 43 aún recoge la herencia de los Farrelly entremezclándola y adaptándola a sensibilidades y temáticas contemporáneas en mortal alianza con otros longevos supervivientes de la comedia estadounidense, caso del humor absurdo-costumbrista de los sketches del Saturday Night Live, y otros iconos actuales de dicho universo, tales como caras conocidas procedentes de la vulgar renovación de los legendarios ZAZ –toda esa serie de recientes tropelías paródicas acabadas en ‘Movie’- y algún que otro descendiente de la factoría Appatow.

            Es así una auténtica batalla de salvajadas y estrellas que recuerda a aquellas películas corales de la commedia alla Italiana o, con mayor precisión, al Made in USA de John Landis. El zapeo de aquella es aquí sustituido por la navegación en Internet con el fin dar cabida a una cabalgata de rostros cotizados y respetadísimos, embarcados todos ellos con absoluto desparpajo y asombrosa falta de pudor en una serie de pequeños cortometrajes que se ensamblan por medio de aplicar con brocha gorda una serie de clasiquísimos ganchos infalibles: sexo, vergüenzas fisiológicas y lenguaje sucio y explícito.

Caca-culo-pedo-pis.

Humor de vieja escuela, superado ampliamente, de inofensiva capacidad transgresora, por ello rancio y aburrido en muchos casos, pero descerrajado de nuevo sin complejos, a lo bruto, con entusiasmo juvenil y directo al grano. Como si fuese la primera vez.

             Movie 43 podría calificarse como una recopilación incesante de clímax provenientes de este tipo de filmes incontenidos y cerriles. Como sucede con toda obra coral, la irregularidad preside esta auténtica prueba de resistencia. El asunto es que la juerga comienza por todo lo alto, con el ínclito Peter Farrelly a los mandos del duelo entre tipos tan serios como Kate Winslet y Hugh Jackman -que no por groserísimo y repulsivo es menos descacharrante-, y con una hilarante visión de la educación en el hogar, tan racional y humana ella, firmada por Will Graham y protagonizada por Liev Schieber y Naomi Watts.

A partir de ahí, se suceden escenas menos ingeniosas, envejecidísimas, unas todavía simpáticas, algunas con un buen punch y otras intrascendentes, dispuestas a arrasar como Atila ‘supuestos’ tabúes contemporáneos como la coprofilia, la mujer convertida en objeto o la menstruación.

             Un desenfadado regreso al pasado, en definitiva, que con la debida condescendencia y la imprescindible afición al estilo, es aún capaz de arrancar un buen par de carcajadas. Y de desesperar por completo, en otros casos.

 

Nota IMDB: 4,4.

Nota FilmAffinity: 3,9.

Nota del blog: 6.

Feos, sucios y malos

13 Jun

“No siento amor por Italia. No la odio, pero me invade la tristeza por ella.”

Ettore Scola

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Feos, sucios y malos

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Feos, sucios y malos

Año: 1976.

Director: Ettore Scola.

Reparto: Nino Manfredi, Giovanni Rovini, Maria Luisa Santella, Francesco Anniballi, Adriana Russo, Alfredo D’Ippolito, Marina Fasoli.

Tráiler

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            El cine, fiel cronista de la evolución histórica, social y emocional de Italia, había experimentado el paso desde el Neorrealismo de posguerra, defensor irreductible de la regeneración moral tras la vergüenza y el trauma de la Segunda Guerra Mundial, hasta el denominado neorrealismo rosa propio de los años de bonanza y progreso económico de la década de los cincuenta, aún afianzado sobre la realidad de su tiempo pero más amable y humorístico en su aproximación.

El posterior ocaso de los presupuestos humanistas del Neorrealismo y el estancamiento del fulgurante y desigual enriquecimiento económico, unido a una incertidumbre política entremezclada sin solución de continuidad con la corrupción, la violencia y el crimen organizado, encontraba su contrapartida cinematográfica en la aparición de un tipo de comedia amarga, la commedia all’italiana, en la que la tendencia al costumbrismo grotesco, la sátira destructiva y la máscara interpretativa servían como avinagrado y burlesco rostro de la decepción y furibunda denuncia del reverso oscuro de los oropeles del progreso socioeconómico del país transalpino.

            Ettore Scola, uno de los principales nombres de esta renovación generacional del cine italiano, ya había certificado el proceso de defunción de los presupuestos neorrealistas en Una mujer y tres hombres: creímos que íbamos a cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros. Ahora, siguiendo la senda empedrada por cintas como Sembrando ilusiones o Aventuras y desventuras de un italiano emigrado, Scola se sumaba con brutal entusiasmo al siniestro crepúsculo de la commedia all’italiana para dinamitar los códigos morales y las convenciones sociales italianas mediante salvajes andanadas de escatología y humor negro con Feos, sucios y malos.

            Como un feroz y esperpéntico negativo de los ideales neorrealistas, la familia retratada en Feos, sucios y malos bien podría haber protagonizado un relato de descarnada y prosaica heroicidad en el cine de contenido social de Vittorio de Sica. En este microcosmos paupérrimo de las chabolas suburbiales de Roma, la única solidaridad posible entre los parias del sistema surge a raíz del acuerdo de asesinar a sangre fría al avaro y rijoso pater familias, dueño de una millonaria pensión de invalidez que se niega a empeñar en la mejora de las deplorables condiciones de vida de su madre, mujer, hijos, nietos, yernos, nueras o, siquiera, él mismo.

Ya no quedan seres admirables en el desastre, ejemplos de dignidad a partir de los cuales reflotar la maltrecha y eternamente inacabada nación. La miseria y deformidad de los personajes de Feos, brutos y malos -poco más que alimañas capaces de cualquier atropello ético y racional en pos de aligerar un poco su penosa desdicha cotidiana-, es al mismo tiempo una hereditaria patología física y una contagiosa enfermedad moral.

            Feos, brutos y malos ofende y desternilla al mismo tiempo que infecta su profundo descreimiento y desesperanza a través de una colección de fisionomías que, capitaneadas por el poderoso Nino Manfredi y a juego con el estilo formal impuesto por Scola, hacen honor al epígrafe de la obra en conjunto con una correlativa batería de actos aberrantes, cuya hilarante atrocidad aproximan la sátira al más asilvestrado surrealismo.

            Despiadada e impactante lectura de la fea, sucia y malvada Italia del momento.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7,5.

El dictador

14 Feb

“¡George Bush debería beberse la sangre de todo hombre, mujer y niño en Irak!”

Borat (Borat: Lecciones culturales de América para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán)

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El dictador

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El dictador

Año: 2012.

Director: Larry Charles.

Reparto: Sacha Baron Cohen, Anna Faris, Jason Mantzoukas, Ben Kingsley.

Tráiler

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            Perdidos en la ciudad, emitido por Cuatro, es un reality show destinado al puro entretenimiento, un espectáculo planificado al detalle que toma como punto de partida el contraste que se da por el intercambio de vidas entre unos salvajes indómitos, refugiados de la civilización en tierras exóticas y recónditas, y unos urbanitas cualesquiera de ese país de nuevos ricos –ahora nuevos pobres-, representante medio de la pujante y hegemónica cultura occidental, que es España.

Dejando a un lado la carga de ficción dramatizada y disimulada bajo sus formas de telerrealidad más o menos presente en el programa, Perdidos en la ciudad muestra un aspecto revelador y de conveniente reflexión: el hecho de cómo una mirada externa -la de los nativos de Namibia, una isla perdida de Indonesia y un claro aislado en medio del Amazonas-, caracterizada quizás por una sencillez y agudeza perdida, es capaz de desnudar de un plumazo, a golpe de lógica elemental, el miserable y en demasiadas ocasiones peligroso ridículo que se esconde detrás de un modelo de sociedad y un estilo de entender la vida que amenaza con imponerse en todo el mundo.

             Una postura esta acaso equiparable a la que Sacha Baron Cohen -nombrado en ciertos círculos heredero legítimo, por su versatilidad camaleónica, del legendario Peter Sellers– descerrajaba, con la consiguiente y ácida caricaturización deformante, en la desternillante Borat: Lecciones culturales de América para beneficio de la gloriosa nación de Kazajistán, donde la figura de un delirante reportero kazajo desnudaba desde el esperpento de su personaje y en medio de salvajes, escatológicas e irreverentes chanzas, repletas de incorrección política sana y malsana, la estupidez supina que se agazapaba detrás del modelo de vida americano, el ideal a seguir a nivel mundial.

Kazajistán protestó airadamente por la imagen que la película mostraba del país (si bien luego, con pragmatismo, perdonaría al controvertido actor por haber supuesto un imán para el turismo). Estados Unidos pudo haber hecho tres cuartos de lo mismo.

Porque es el otro, al fin y al cabo, el risible extraño, señalado con el dedo por su carácter estrafalario, quien soporta, en venganza, el espejo en el que se refleja a su vez nuestra propia fealdad, lo bochornosamente lamentable de nuestra apariencia.

             El dictador, un nuevo capítulo en las performances de Baron Cohen –que siempre van más allá de la pantalla en una maniobra tan promocional como acusadora-, recoge una figura en aparente vía de extinción, la del tirano oriental, que se erigía en barbárica amenazaba de occidente ya desde tiempos de la Grecia clásica, para, por medio de otro nuevo juego de confrontación satírica, hurgar una vez más en las heridas y flaquezas abiertas y supurantes en nuestra sociedad mientras nosotros, incautos, nos reímos de los cómicos estereotipos de las dictaduras petroleras árabes (que también).

           Por desgracia, en esta ocasión las carcajadas son menores. El humorista británico, intermediado como en Borat y Brüno por la dirección de Larry Charles, renuncia al estilo de falso documental que tan buenos réditos humorísticos y críticos había otorgado a sus dos cintas precedentes y lo sustituye por la narración de ficción al uso.

El resultado es así menos ácido y abrasivo, más rutinario, como evidencia que sea la introducción, siguiente a una malintencionada dedicatoria en honor del fallecido reyezuelo norcoreano Kim Jong-Il y expuesta a modo de noticiario, una de las partes más destacadas de una cinta que alterna golpes mordaces por su desbocada contundencia –memorables cameos de Megan Fox y Edward Norton en representación de todo el gremio de actores- y otros bastante flojos o vulgares (en el sentido de su calidad) pese a su pretendida voluntad de provocación contra todo lo que se mueve.

            Que ambos se vayan intercalando, sin acumularse en exceso los de uno y otro tipo, sobre la alfombra de un relato moderadamente gracioso, hace que el show de Baron Cohen consiga permanecer tolerable hasta que se llegue al meollo de la cuestión: un discurso inflamado al más puro estilo El gran dictador, referente inexcusable, que propina unas cuantas andanadas de una fuerza nada desdeñable contra el establishment social y democrático de los Estados Unidos en particular, de todo Occidente por extensión.

No es casual que en México, en un alarde de genialidad y atrevimiento, los carteles publicitarios de la película se camuflaran como un poster electoral más entre aquellos de los candidatos a las elecciones presidenciales que por entonces se celebraban en el país americano.

Pasable.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

Caballeros, princesas y otras bestias

14 Jun

“Si te pones a hacer una película buena y no te queda bien, al menos tu intención era que fuese buena. Pero si pretendes hacer una mierda para ganar dinero, y luego no lo ganas, sólo te queda la mierda.”

Joseph L. Mankiewicz

 

 

Caballeros, princesas y otras bestias

 

Año: 2011.

Director: David Gordon Green.

Reparto: Danny McBride, James Franco, Natalie Portman, Rasmus Hardiker, Justin Theroux, Damian Lewis, Toby Jones, Zooey Deschanel, Charles Dance.

Tráiler

 

 

            En Estados Unidos suele darse una trayectoria recurrente para el cómico profesional: el salto desde la televisión al cine desde programas longevos y legendarios como Saturday Night Live y los populares late shows. Si bien su efectividad queda corroborada por éxitos de ayer y hoy como Dan Aykroyd, Bill Murray, Eddie Murphy y otros tantos, la mayor parte de estos artistas tan solo logra explotar su tirón con productos hechos a su medida, es decir, traduciendo su prototipo característico a la gran pantalla, destinados a un mercado nacional donde disfrutan de un estatus de estrella en el que apenas se requiere promoción.

Sin embargo, sobre todo en los últimos tiempos, la incidencia en el extranjero de estos actores ha disminuido sensiblemente. Nombres de referencia de la sátira y la comedia en las pantallas norteamericanas, grandes y pequeñas, como Will Ferrell o Tina Fey no ha conseguido abrirse hueco en un mercado europeo que los ve como figuras extrañas a causa del desconocimiento absoluto de las raíces de su popularidad.

            Observando los número de taquilla de Caballeros, princesas y otras bestias, cinta que atravesó las carteleras españolas (y mundiales) con bastante más pena que gloria, podría decirse que Danny McBride, surgido del show del pelirrojo Conan O’Brien -toda una referencia catódica contemporánea en Estados Unidos- será otra víctima más de este sentimiento de apatía. El producto en sí tampoco se prestaba a su reconocimiento.

Producido y escrito en buena parte por el propio actor, Caballeros, princesas y otras bestias utiliza una plantilla archiconocida –la revisión bufonesca de una fantasiosa Edad Media, basada en revertir toda su oscuridad y solemnidad en ridículo y chanza-, un argumento archiconocido, inscrito en las corrientes hegemónicas de la comedia norteamericana, la de la factoría Apatow –la reivindicación del inadaptado, en este caso el hermano pequeño, gordo, feo y parrandero (McBride) de un ingenuo, apolíneo y aquí comprensivo príncipe (el sosete James Franco)- y unas herramientas que de tan tontas y desgastadas no resultan siquiera incorrectas u ofensivas -anacronismo entre un personaje de actitud actual y la Edad Media, aderezado con una profusión de chascarrillos de pollas, follar y fumadas-.

            Concebido para el mayor lucimiento (y entretenimiento) propio ligado a un marco hiperbólico como el de la sala de cine y una producción que no ahorra en lujos de ambientación, efectos y plantilla –un no logra explicarse qué hace una actriz competente como Natalie Portman en esta cosa-, la gesta de McBride fracasa, entre otras muchas cosas, por falta de credenciales que logren justificar una película rancia y vulgar, de nula diversión u originalidad, sin ningún chiste rescatable -siendo muy generosos, se puede conceder algo al trabajo de Justin Theroux-.

Totalmente innecesaria.

 

Nota IMDB: 5,6.

Nota FilmAffinity: 4,3.

Nota del blog: 2.

La última noche (L’ultimo capodanno)

7 Sep

“La comedia no es sino una tragedia que le sucede a otras personas.”

Angela Carter

 

 

La última noche (L’ultimo capodanno)

 

Año: 1998.

Director: Marco Risi.

Reparto: Max Mazzotta, Monica Bellucci, Claudio Santamaria, Marco Giallini, Beppe Fiorello, Alessandro Haber, Ricky Memphis, Ludovica Mondugno, Adriano Pappalardo.

Tráiler

 

 

            La última noche es una de esas enloquecidas comedias corales que juega con la aparición y concentración de múltiples y particularísimos personajes casi a modo de tiras cómicas alternadas, en este caso un 13, Rue del Percebe que desarrolla numerosas situaciones surrealistas, encuadradas en un vecindario en el que cada cual afronta como puede su respectiva Nochevieja.

            Como es pertinente, comienza con una rápida presentación de cada personaje y su problemática, regalando ya de inicio un gratuito -no por ello menos disfrutable- fullfrontal de la Bellucci, Diosa entre las diosas, para ir calentando la muela –y otras cosas-, lo que es al mismo tiempo una declaración de intenciones: La última noche no va a andarse con sutilezas, sino que tenderá más a mostrar todo a lo bruto, haya o no justificación.

Así, bajo esta premisa, se sucederán todo tipo de ocurrencias a propósito de temas tan variados y jugosos para el humor de sal gruesa, junto con elementos propios de la flora y fauna italiana –con el añadido de su extrema gestualidad-, como son la infidelidad, el contraste entre las particularidades del mundo civilizados y alegres terroni sureños -clásico del humor italiano, variante de una tendencia del humor mundial de contraste entre lo urbano y lo rural, lo sofisticado y lo popular e idiosincrático-, el sadomasoquismo, las drogas, los playboys de pago, unos peculiares ladrones tamarri muy del cine de Ritchie,…

El resultado es una cinta que combina gracietas divertidas y pasables –poco originales, no obstante- con otras dignas de lo más selecto del repertorio de Arévalo.

             De esta manera, La última noche viene marcada, como es típico en este tipo de formatos, por unos altibajos suplidos con cierto dinamismo narrativo y algún que otro golpe simpático.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 4,5.

Nota del blog: 5,5.

Torrente 4: Lethal Crisis (Crisis Letal)

15 Jul

 “Los españoles están muy dotados para lo cómico. Llegan rápido a lo cruel, y sus fantasías más grotescas contienen frecuentemente algo de sombrío.”

Charles Baudelaire

 

 

Torrente 4: Lethal Crisis (Crisis Letal)

 

Año: 2011.

Director: Santiago Segura.

Reparto: Santiago Segura, Paquirrín, Yon González, Francisco, Tony Leblanc.

Tráiler

 

 

            Gordo, sudoroso, camisa setentera con lamparones y mostrando pecho, palillo, calva disimulada con cortinilla, gafas de sol militares, bigotito fino, guarro, machista, racista, nostálgico recalcitrante y del Atleti. Santiago Segura, un tipo inteligente y con gran sentido de lo cómico, se reía con el personaje de Torrente, y nosotros con él, de todo lo más rancio y decadente del typicall Spanish y del Spain is different empleando sus propias armas. Una subversión del tópico trasnochado de la españolía y los cojones, del macho ibérico, del mantel de ganchillo y la flamenca de porcelana sobre la tele, del a por las suecas y los gayumbos blancos de abuelo, del garrulismo profundo y orgulloso. Una comedia destroyer que se podía entender tanto como parodia, como homenaje y que posiblemente tenía algo de parte de cada uno. Y era una bufonada para no parar de reír.

Visto el éxito, la segunda parte sigue poco a poco la estela de lo que le ocurre a muchas parodias, que acaban convirtiéndose en aquello de lo que hacen mofa. El enorme presupuesto se traducía, además de en efectos y localizaciones imposibles que eran una parte más de la burla –al igual que el absurdo 3-D en esta cuarta parte-, en una fotografía digital horrenda pero muy apta para el mundo al que se destina gran parte de la distribución, como es la pequeña pantalla. Aún las ocurrencias tenían bastante gracia, algunas memorables dentro de su brutalidad, y estaban trenzadas con cierta soltura.

En la tercera, Segura da un paso más y de nuevo criba el tópico dentro del tópico para quedarse con lo más abultado en vez de lo más sutil, con lo que logra igualar a la baja la calidad artística con los chistes, redundantes, ya desgastados. No obstante, el progreso recaudatorio de la saga obligaba al madrileño a cumplir su palabra y completar una particular tetralogía.

            Torrente 4: Lethal crisis no es una película tan lamentable como la precedente pero no logra todavía retomar las cotas de hilaridad de las dos primeras partes. Segura ofrece, sin esforzarse demasiado, más lo que se espera que lo que se podría desear, demasiado atento a la autoparodia y a la autorreferencia, incluso poniendo al día alguno de sus clásicos como la conversión de las 6000 pesetas en 36 euros de güisqui (qué iluso Cañita Brava). Con algún gag con cierta gracia, encuadrados en sus cuatro grupos básicos –escatología, sexo de uno y, preferentemente, otro signo, racismo y famoseo friki-, Segura renuncia de nuevo a estructurar mínimamente la película -lo que, aunque no lo crea, puede matar el ritmo y, así, la efectividad de las bromas-, profundiza en crear repelús con marranadas y encadena con nada, poco o algo de chispa otros mil cameos de gente necesitada, o no, de publicidad o de pasar el rato, al mismo tiempo que conmemora definitivamente su entrega a la España cañí con su alusión ya directa al protohombre ibérico a través de la aparición puntual de un icono del periodo del destape como Fernando Esteso.

Sí hay que concederle en el haber, como opinión muy personal, su intención de rizar el rizo con el partenaire correspondiente de la entrega, que ya ni siquiera es actor profesional, como lo habían sido gente tan apta para la comedia como Javier Cámara, un memorable Gabino Diego o José Mota y Carlos Latre, que no funcionaron nada bien en la tercera entrega, sino que es la actualización de ese mito del español bajito, feo y renegrido pero hedonista y conquistador de bragas, Paquirrín, que sin saber actuar, sólo con ser la imitación de sí mismo, resulta un personaje entrañable y resultón. Una sensación que en comparación debería llenar de vergüenza al intérprete que ocupa su función en el tramo en el que Torrente se encuentra en la cárcel: el guapete Yon González y su deplorable intento de emulación del genial Cuco de Gabino Diego.

Y de vez en cuando, aún menos de lo que debería, me río. Porque todavía estoy algo tonto.

 

Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 4.

Dos colgaos muy fumaos

29 May

“La marihuana no es una droga, es una hoja.”

Arnold Schwarzenegger

 

 

Dos colgaos muy fumaos

 

Año: 2004.

Director: Danny Leiner.

Reparto: John Cho, Kal Penn, Paula Garcés, Neil Patrick Harris, Christopher Meloni, Ryan Reynolds.

Tráiler

 

 

            Las comedias de fumaos encuentran su nacimiento y modelo fundacional en la obra de dos peculiares personajes, el dúo Cheech y Chong (Cheech Marin, luego actor fetiche de Robert Rodriguez, y Tommy Chong), que, a lo largo de las siete películas que ruedan, con títulos como Como humo se va, Cómo flotas, tío o Seguimos fumando, establecen los puntos clave del funcionamiento de dichas comedias, ideadas por y para aficionados al porro: que el espectador identifique por su propia experiencia y se regocije los procesos de colocón de los protagonistas. Así pues, son películas que basan toda su gracia en decir y hacer cosas relacionadas con porros y poco más.

La nueva comedia americana que surge en los noventa, cuyo leitmotiv es la llamada al instinto primario, a lo descerebrado sin cualquier tipo de atadura o pretensión intelectual o de trascendencia, encuentra en el porro, junto a las tetas y los pedos, uno de los tres pilares sobre los que se construye la risión. De este modo, tienen lugar obras –aparte, obviamente, de ser elemento recurrente en otras muchas-, centradas en su totalidad este mundillo marihuanero como Buen rollito o la lamentable Medio flipado -cuyo mejor gag, por único, era el anuncio de la FAD previo a la película-, y que siguen esos principios de hablar de drogas y de fumadas para hacer unas risas.

Algo más simpática y, desde luego, con más clase, es la contradicción entre una señora normal y su faceta de cultivadora y distribuidora amateur de hierba en la inglesa El jardín de la alegría, con muchos puntos de coincidencia con la exitosa serie Weeds.

Ya producto de la factoría Apatow, renovadora precisamente de esa nueva comedia americana dotándola en numerosas ocasiones de un cierto y sutil trasfondo sobre el gamberrismo y la incorrección general, es Superfumados, una comedia alocada con trazos de Tarantino y Ritchie en torno a gente que fuma marihuana, al servicio de las cuestionables dotes cómicas de Seth Rogen y que un servidor ha de reconocer que ni ha visto, ni puede comentar.

           Esta Dos colgaos muy fumaos mezcla esos principios de la nueva comedia americana pre-Apatow con el sentido de buddy movieroad movie de Cheech y Chong, en este caso protagonizada por un joven de ascendencia asiática (John Cho, que tiene cierta entrañable simpatía), representación del pringao formalito, y su amigo del alma, de ascendencia hindú (Kal Penn, ahora director asociado de la oficina de Relaciones y Asuntos Gubernamentales de la Presidencia de EEUU), imagen del rebelde vacío y geta. Ambos iniciarán una odisea hasta la hamburguesería White Castle, fruto de su antojo marihuanero; una parodia de los viajes iniciáticos con metas vitales que ridiculiza de paso, siempre de manera superficial y con regodeo en el trazo grueso, con sus inexcusables chistes de follar, fumar y peerse, muchos de los tópicos de la sociedad americana -elitistas, macarras, policía, beatería, actores estrellados, judíos, sueño americano, etc.-, con un poco de mayor calado y más gracia en cuanto al racismo. Un recorrido pesadillesco en una noche de supuesta diversión que ha sido experimentada en muchas ocasiones en la comedia americana pero que nunca logrará alcanzar el nivel de sonrisa tensa y estrés humorístico del ¡Jo, qué noche! de Scorsese.

           Una comedia poco original, en general con pocos puntos de interés, que se basa prácticamente en buscar esa complicidad del aficionado a las drogas blandas, al que probablemente no se le requiera sereno frente a la pantalla y donde lo más gracioso si acaso viene de la mano de Neil Patrick Harris, el Barney Stinson de Cómo conocí a vuestra madreen el papel de un decadente y trasnochado Neil Patrick Harris.

Hay varias continuaciones en la misma onda, pero probablemente no aparecerán en este blog.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 4,7.

Nota del blog: 3,5.

 

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