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Vengadores: La era de Ultrón

8 Feb

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Año: 2015.

Director: Joss Whedon.

Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Mark Ruffalo, James Spader, Elizabeth Olsen, Aaron Taylor-Johnson, Paul Bettany, Samuel L. Jackson, Cobie Smulders, Linda Cardellini, Claudia Kim, Don Cheadle, Andy Serkis, Thomas Kretschmann, Stellan Skarsgård, Anthony Mackie, Julie Delpy, Idris Elba, Hayley Atwell, Stan Lee.

Tráiler

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          “Tú los destrozarás desde dentro”, le explica el supervillano Ultrón a la Bruja Escarlata, que con sus poderes psíquicos es capaz de enfrentar a cada uno de los vengadores contra sus temores más profundos y ocultos. La duda del superhéroe es uno de los temas principales de Vengadores: La era de Ultrón, una continuación en la que las dobleces y los dilemas internos de los integrantes de este ‘dream team’ marvelita poseen un mayor protagonismo en comparación con la anterior, donde primaba la colisión entre la acción épica y el diálogo afilado, casi de screwball commedy, que define la impronta de Joss Whedon.

En esta secuela, la Bruja Escarlata desnuda al superhéroe ante el espejo del yo, al igual que Mantis podía leer los secretos a flor de piel de aquel a quien tocaba en otra segunda parte, esta vez de Guardianes de la galaxia. Pero mientras que en el caso de Peter Quill estos se referían a una risible tensión sexual no resuelta, en Vengadores: La era de Ultrón se trata de preguntas acerca de la responsabilidad, el significado y las consecuencias de actuar de forma heroica, acerca de qué define la bondad o la maldad de estas acciones y cuán legítimas son las motivaciones y los resultados que estas producen.

Es decir, una introspección en la dualidad entre dios o monstruo que, por ejemplo, también se exponía en la reciente resurrección de Supermán en El hombre de aceroBatman v. Superman: El amanecer de la Justicia, o que, sin salirnos de la factoría, se encuentran en la base de esa relectura del doctor Jekyll y el señor Hyde que es Hulk.

          La diferencia de peso entre los miedos íntimos de Peter Quill y sus primos vengadores será lo que explique que en una se mantenga el tono festivo marca de la casa y en otra se matice hasta, incluso, aproximarse a la trágica negrura de la rival DC, la cual, sin embargo, e independientemente de que obtuviese mejores o peores réditos, apostaba con más decisión y consistencia por este drama personal. Porque en Vengadores: La era de Ultrón este tema queda apenas en apuntes con escaso vuelo, de igual manera que otros planteamientos de cierta enjundia como la identificación entre contrarios que sabe percibir el siempre íntegro Capitán América en los encolerizados hermanos Maximoff o las interpretaciones políticas que pueden entreverse en ese proyecto Ultrón con similitudes al escudo antimisiles de los Estados Unidos rebautizado con el cinematográfico ‘La Guerra de las Galaxias’, seguido de las tradicionales imágenes de la catástrofe colosal impregnadas de los ecos del 11-S, en este caso provocadas por un Hulk que, de este modo, se hermana de nuevo con el Supermán que defiende Metrópolis del ataque de general Zod no sin provocar una cuota de destrucción propia en absoluto desdeñable.

En la misma línea, la irrupción como némesis del automatismo viviente Ultrón presenta un villano que no termina de funcionar en su contradictoria mezcla de imponente figura mecánica e inteligencia orgánica con tendencia al chascarrillo, mientras que su particular propuesta filosófica, derivada de su equiparación de la preservación con la destrucción dentro de una visión de conjunto de su cometido, tampoco tiene finalmente demasiada atención ni alcanza gran altura.

          En cualquier caso, el humor continúa siendo un elemento disruptivo frecuente, capaz de cuestionar códigos del género superheroico como si fuesen fans que lanzan comentarios con sorna sobre la desaparición de mujeres capitales en este universo de alta virilidad -Pepper Pots y la astróloga Jane Foster- o sobre la verdadera utilidad del vilipendiado Ojo de Halcón en este equipo de semidioses. Pero, después de atizar a mansalva al modesto arquero, lo cierto es que Vengadores: La era de Ultrón lo convierte en otro de los ejes de gravedad del drama, puesto que, con su ejemplo de tipo corriente, ofrece las guías reflexivas para sus compañeros.

Ante las disyuntivas, Vengadores: La era de Ultrón traza un camino de reencuentro, un replanteamiento del “¿por qué luchamos?” que apunta a la esencia sublimada de los propios Estados Unidos: la independencia y el valor del ciudadano común; la defensa del hogar y la familia; el sacrificio por los valores y por el compatriota por parte de una persona humilde que asume sus falencias y debilidades pero que es consciente de la fuerza de su propia determinación y de su importancia para cumplir con un deber en el que lo patriótico es indisociable de lo moral… La aceptación de uno mismo como concepto clave.

El toque humano que aporta el ciudadano-guerrero Clint Barton es así fundamental en lo intelectual y, a la postre, se materializará también en la acción. Al fin y al cabo, del primero al último de ellos quedarán igualados en planos secuencia de manifiesta artificiosidad y artificialidad, donde cualquier vestigio físico a uno y otro lado del fotograma queda sumido en un mar de píxeles. También en otro plano secuencia que es casi un reflejo final de la apertura y en el que aparecen plasmados en una escultura de mármol, el material en el que se reconoce a las deidades para la eternidad -por mucho que, igualmente, esté plastificado en textura digital-.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

Los vengadores

4 Nov

“Nadie debería ir al cine si no cree en los héroes.”

John Wayne

 

 

Los vengadores

 

Año: 2012.

Director: Joss Whedon.

Reparto: Samuel L. Jackson, Tom Hiddleston, Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Helmsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, Stellan Skarsgård, Clark Gregg, Gwyneth Paltrow.  

Tráiler

 

 

            Dentro del filón que en el cambio de milenio un Hollywood especialmente huérfano de creatividad encontró en la adaptación de los cómics de DC y Marvel, posibilitado por los avances en las técnicas digitales, la restauración de la saga Batman por Christopher Nolan procedía a abrir un punto ruptura entre dos corrientes quizás demasiado diferenciadas entre sí y con un éxito dispar en sus resultados.

Por un lado, estaría la traslación superficial y palomitera, un espectáculo de luces y colores sin mayor vocación de trascendencia, infantilizado hasta el ridículo y maltratado por su condición de apuesta casi segura en demasiadas ocasiones.

Por el otro, la mirada introspectiva, sin renunciar a la épica explosiva, del superhéroe como elemento de por sí complejo y tortuoso, guardián de los valores fundacionales de su sociedad y, al mismo tiempo, cercano a una contradictoria fantasía fascistoide en sus métodos, dado su carácter de jurado, juez y verdugo.

             Quizás Los vengadores sea, desde su vocación primigenia de puro blockbuster, la película que mejor haya sabido aunar ambas corrientes. Se puede divertir sin tomar a nadie por tonto, se pueden apuntar temas subtextos jugosos y tener un guion estructurado con solidez sin romper el ritmo vertiginoso de la narración.

Bien es cierto que parte de una ventaja esencial que, en otros casos, ha supuesto la principal losa del inicio de una saga heroica: no necesita presentar a los personajes, sus orígenes y su mitología porque las películas anteriores de la factoría Marvel ya se han encargado de tal engorrosa y plomiza tarea. Todo está dispuesto para la acción.

             Y así empieza, de manera directa, con el planteamiento arquetípico y casi ineludible de la lucha del Bien contra el Mal. Loki (Tom Hiddleston, con mayor tino en comparación con su película matriz), hermanastro del dios Thor, repite como supervillano de aire perdedor –y aún un tanto despreciado en sus posibilidades-, en este caso como punta de lanza del Mal absoluto que mora en los lejanos y oscuros confines del universo, dispuesto a someter a su yugo a los débiles y cobardes humanos.

Y contra él, la miríada de estrellas del cómic y la interpretación, Los vengadores de S.H.I.E.L.D., integradas por celebridades como Steve ‘Capitán América’ Rogers (Chris Evans), Tony ‘Iron Man’ Stark (Robert Downey Jr., al que le encanta divertirse luciendo perillas imposibles), Bruce ‘Hulk’ Banner (Mark Ruffalo, tercera encarnación del personaje tras Eric Bana y Edward Norton), Natasha ‘Viuda negra’ Romanoff (Scarlett Johansson, siempre un incentivo que alegra la vista) o el propio Thor (Chris Hemsworth, al que de tanto esteroide se le está poniendo cara de pan), liderados por el apropiado carisma Samuel L. Jackson como Nick Furia.

             El filme propone un espectáculo gigantesco en el mejor sentido de la palabra, calibrando bien la limpieza y coherencia del relato –sencillo, sin resultar simplón- y unos efectivos golpes de humor con los pequeños pero explosivos clímax de acción controlada, favorecidos por la apabullante factura técnica y la solvente dirección de Whedon -hábil para desmarcarse de los cursis guiños formales al cómic frecuentes en el género- que van haciendo avanzar la trama hasta confluir en una batalla final que bordea el pasado de rosca aunque sin dejarse arrastrar al ridículo por la orgía de ruido y adrenalina.

De esta manera, Los vengadores logra evitar una abotargada acumulación para compensar y complementar bien el carácter de personajes tan dispares como el noble y abnegado Capitán América -un héroe plano a la vieja usanza pero con un halo de resignada decepción que le va muy bien- con el torrencial y socarrón Iron Man, tecnologizado y postmoderno hasta frisar un nihilismo egomaníaco, autoconsciente y desmitificador, dudoso en su fondo aunque suavizado en su formato taquillero, todos ellos sometidos por igual al engrasado transcurso del relato.

            Es ese repliegue del héroe sobre sí mismo y su carácter ambiguo el que permite introducir reflexiones críticas sobre su papel, sobre todo en base al siniestro carácter de una organización como S.H.I.E.L.D., totalitaria, omnipotente, omnisciente y con principios tan cuestionables como los de la ultravigilancia o la guerra preventiva, asuntos que trasladan el punto de vista a un mundo contemporáneo tangible.

De la misma manera, destaca la afortunada concepción alegórica del agente Coulson (Clark Gregg), presente en casi todos los capítulos anteriores de la franquicia: es él la representación del aficionado del cómic, el que da sentido a los héroes como punto de unión de todos ellos, como fuente de su alianza y, mirando más allá, su misma existencia.

Palomitas que merecen la pena.

 

Nota IMDB: 8,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

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