Tag Archives: Holocausto

Un lugar donde quedarse

15 Feb

“Si el hombre simplemente se sentara y pensara en su fin inmediato y en su horrible insignificancia y soledad en el cosmos, seguramente se volvería loco, o sucumbiría a un entumecedor o soporífero sentido de inutilidad. Porque, podría preguntarse: ¿por qué debería molestarme en escribir una gran sinfonía o luchar para ganarme la vida, o incluso amar a otro, cuando no soy más que un microbio momentáneo en una mota de polvo dando vueltas por la inmensidad inimaginable del espacio?”

Stanley Kubrick

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Un lugar donde quedarse

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Un lugar donde quedarse

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Año: 2011.

Director: Paolo Sorrentino.

Reparto: Sean Penn, Frances McDormand, Ewe Hewson, Kerry Condon, Olwen Fouere, Judd Hirsch, Sam Keeley, Shea Whigham, Heinz Lieven, David Byrne.

Tráiler

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            Conociéndome como me conozco (poco y mal), lo natural es que no me gustase la interpretación de Sean Penn en Un lugar donde quedarse, donde reluce un copioso esfuerzo de composición gestual, estudio de pose física y aderezos en forma de tics recurrentes. Sin embargo, contradictoriamente, termino por creerme a su rockero en horas bajas, siempre con una maleta de remordimientos y soledad a rastras. Más aún, me da la impresión de que el actor sí desaparece bajo las capas de laca y maquillaje del personaje y le dota de identidad autónoma, independiente de su marcadísimo carácter y su estatus en la industria.

Algo semejante ocurre con el filme, que dentro de su tremenda irregularidad y sus flagrantes imperfecciones y desmesuras –siempre a un paso de hacer descabalgar la obra- logra hacerme partícipe del viaje existencial del protagonista y resultar en conjunto una obra cálida y entrañable. Paolo Sorrentino, entretenido en crear ‘set pieces’ elaboradísimas, articula así el periplo íntimo de una criatura frágil y avergonzada de sí misma, escondida tras su artificiosa parafernalia y, aun así, incapaz de desprenderse de ese simbólico mechón de pelo que le estorba.

            La evidente artificiosidad que aplica a la función el cineasta napolitano no desentona con la naturaleza y las circunstancias vitales de esta estrella angustiada, aislada en su ensimismamiento. Su estilo en la dirección de actores parece también patente en el trabajo de Penn, que construye una máscara análoga a las que Toni Servillo, histrión fetiche de Sorrentino, lucía en L’uomo in più,  Las consecuencias del amor, Il divo premio del Jurado en Cannes, en el que el intérprete estadounidense era precisamente integrante- y La gran belleza.

Por otro lado, el esquema narrativo de esta última, consagración definitiva del realizador con su Óscar a la mejor película de habla no inglesa, tampoco dista demasiado de la que Un lugar para quedarse desarrolla, donde lo relevante no son tanto los individuos y subtramas que descubre el protagonista en su vagar errático –por tanto, sin importar que puedan quedar un tanto descolgadas o inconclusas-, sino lo que expresa cada encuentro insospechado acerca de su convulsa intimidad –con frecuentes y explícitas verbalizaciones, incluso- y, en consecuencia, lo que aportan respecto a su evolución interior.

En este sentido, la puesta en escena surge potente en su juego con el exceso, el desequilibrio y hasta lo onírico para ilustrar esta búsqueda de silenciosa desesperación, sometida a los sempiternos designios judeocristianos de la culpa y la redención, el imperativo espiritual de encontrarle un sentido a la existencia y la necesidad de amor.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7.

El hijo de Saúl

13 Feb

“Me rebelo, luego somos.”

Albert Camus (El hombre rebelde)

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El hijo de Saúl

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El hijo de Saúl

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Año: 2015.

Director: László Nemes.

Reparto: Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Todd Charmont, Jerzy Walczak, Sándor Zsótér, Kamil Drobowolsky, Mihály Kormos.

Tráiler

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             La única rebeldía posible contra el mundo enajenado, la única que tiene sentido, es aquella que reivindica hechos a priori insensatos, iluminados, pero que una vez descubierta su trascendencia verdadera, sirven para enfocar con claridad una realidad antes consciente o inconscientemente velada.

             La febril odisea del sonderkommando Saul Ausländer por enterrar decentemente el cuerpo de un muchacho en un campo de exterminio es la rebeldía irracional y desesperada de un hombre que carga a su espalda con la marca de la muerte y en el rostro congelado la imagen de la deshumanización, en este caso necesario refugio contra otro tipo de deshumanización monstruosa: el Holocausto. Saul cambia sus pasos precisos y automatizados a fuerza de fría supervivencia por movimientos azarosos, obsesivos. Suicidas. Y su levantamiento, realizado incluso en oposición a otras promesas de esperanza, banales en su imposibilidad auténtica, constituye un acto supremo de rebeldía que enfoca, con pavorosa nitidez, una realidad atroz. El Horror.

             Al estilo de excelentes obras como La hora 25 también con la Soah y la Segunda Guerra Mundial en general o Masacre: ven y mira con el Frente Oriental de este conflicto, el itinerario de Saul, en lucha permanente contra la corriente que le arrastra y devora, reconstruye el infierno sobre la Tierra. Registrada mediante ruidos de fondo, entre estrechos y difusos fotogramas, tensísimos fueras de campo y personajes rugosos, la pesadilla que captura resulta todavía más vívida y escalofriante. La anti-Lista de Schindler, considerará Claude Lanzmann, voz autorizada.

             El expresivo prólogo, que configura escenario global y conflicto personal con rotundidad, es absolutamente devastador. El hijo de Saúl arranca con una potencia atronadora, pero no se detiene ahí. Encadenando veraces y absorbentes planos secuencia -fundidos todos ellos con la perspectiva sensorial de su protagonista- László Nemes le agarra a uno por las solapas y no le suelta. La potencia de su narración es descomunal, impropia de un debutante en el largometraje. El filme fluye como un río embravecido, arrollando todo a su paso. Perturbando las emociones y la razón.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 9.

El otro señor Klein

14 Dic

“Desconfío de la gente tibia que no se mete en líos.”

Maribel Verdú

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El otro señor Klein

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El otro señor Klein.

Año: 1976.

Director: Joseph Losey.

Reparto: Alain Delon, Michael Lonsdale, Jeanne Moreau, Juliet Berto, Francine Bergé, Massimo Girotti.

Tráiler

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            Las circunstancias políticas y sociales forman parte indisociable del cine de Joseph Losey, cineasta norteamericano afincado en Europa a causa de la caza de brujas en Hollywood. A pesar de que el guion lo firma un escritor de firme compromiso político como Franco Solinas –auxiliado además por Fernando Morandi y Constantin Costa-Gavras-, a buen seguro que esta paranoia persecutoria de los años cincuenta sufrida por Losey en su propia persona posee una notable influencia sobre El otro señor Klein.

            De atmósfera kafkiana, ambientada en el horror desapercibido aunque tangible y nauseabundo del París de 1942 bajo ocupación alemana, El otro señor Klein desarrolla una turbia mezcla de intriga y denuncia a partir de la surrealista y obsesiva investigación del Robert Klein epónimo (Alain Delon, protagonista amén de productor del filme), marchante de arte enriquecido por la desesperación de los judíos que abandonan el país, en su búsqueda de un presunto doble que le ha traspasado sus propios problemas raciales con las fuerzas del orden.

            Losey plantea un juego de espejos en el que aparecen rasgos de la disolución/contaminación entre personalidades socialmente antitéticas ya explorados en El sirviente. Asimismo, el desolador contexto histórico -la víspera de las deportaciones de judíos a los campos de concentración nazis-, aporta aquí un matiz de concienciación por medio del arbitrario proceso de criminalización del individuo común, ante cual que ninguna persona es invulnerable.

Si el pantagruélico estado austrohúngaro convertía al Gregor Samsa de La metamorfosis en un simple insecto, el fascismo imperante de Vichy y el Reich convierte a Klein -como podría haber convertido a cualquier otro, judío o no-, en una víctima propiciatoria destinada al sacrificio.

            De este modo, aparte del opresivo suspense psicológico, emerge en paralelo una áspera censura de la deshumanización de la sociedad del momento, evidente en su indiferencia acerca de las atrocidades que acontecen a su alrededor –el desasosegante examen médico que abre el filme, la insensibilidad originaria de Klein, un carroñero también capaz de traicionar románticamente a sus amigos; la ciudadanía que atiende al mercado de espaldas a los autobuses de la muerte- y más solapada en puntuales e inconexos destellos del montaje, no obstante inquietantes y amenazadores por lo que sugieren y alertan al espectador –el férreo control de la burocracia, los gélidos preparativos estatales-.

            La brusca narración alimenta el desamparo del protagonista a costa de que la exposición y el desarrollo de la trama resulten en ocasiones un tanto confusas, con giros algo forzados en el devenir de los acontecimientos y en la evolución del protagonista.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

Ida

6 Ago

“Aquí en Europa solo sabemos contar nuestras viejas historias de un pasado lleno de sufrimiento.”

István Szabó

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Ida

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Ida.

Año: 2013.

Director: Pawel Pawlikowski.

Reparto: Agata Trzebuchowska, Agata Kulesza, Dawid Ogrodnik, Adam Szyszkowski.

Tráiler

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           En la primera imagen de Ida, el rostro de la protagonista ocupa solo la parte inferior del plano, como desubicada o, de acuerdo con la regla de los tres tercios de la pintura y la fotografía, sometida bajo dos terceras partes de enigmática inmensidad. Dos tercios desnudos que Ida, novicia polaca huérfana a punto de tomar sus votos de monja, deberá explorar y acaso conquistar a lo largo de este drama interior y minimalista con estructura de road movie.

           Ida describe dos recorridos existenciales interrumpidos por un trauma atroz e indeleble, no solo personal o familiar, sino de la humanidad en su conjunto, latente en el tiempo hasta, probablemente, la eternidad. Nos hallamos así ante una muerte en suspenso y una vida aún entre paréntesis, pendientes de que ese citado nudo que estrangula el pasado se desamarre y libere a ambas. De este modo, el viaje de inmaculada Ida junto a su antitética tía Wanda ‘la Roja’ –la sucinta presentación podría hacerla pasar incluso por prostituta, pese a que en realidad tiene la dignidad de jueza-, avanza desgranando, capa por capa, las emociones –ora particulares, ora compartidas, ora contaminadas-, que se desprenden de estas dos íntimas desconocidas, así como las distintas transformaciones que esta pequeña pero trascendental y abrumadora aventura interior opera en ellas. Aquí, no es casual quién adopta parte activa en la investigación y quién permanece más bien como observadora, en discreto segundo plano.

El remordimiento y la redención; la autodestrucción y la resistencia; el sacrificio y el gozo; el temor y el atrevimiento; la reivindicación y el olvido; la verdad y la mentira; el odio y el perdón. Desenterrar los viejos fantasmas enquistados; enterrar por fin los males y tormentos del pasado. Encontrar el futuro o, por lo menos, conocer su realidad; los matices, entuertos y alternativas que ofrece y esconde, prestos a ser descubiertos, investigados y valorados.

           Pawlikowski propone un trayecto de imágenes estilizadas y armoniosas -que no amaneradas o esteticistas-, dibujadas en un ascético blanco y negro de evocaciones dreyerianas y en el que la austeridad de planos y movimientos –los exactos, los precisos-, supone una afortunada elección formal para hacer aflorar con encomiable delicadeza esta amplísima y a la vez solapada gama de sentimientos, ya sea a través de la tenacidad impetuosa de la magistrada -embarcada en la odisea en un último y desesperado interno de sanar las profundas cicatrices que no han sellado ni el alcohol ni las draconianas sentencias contra los enemigos del pueblo-, sea a través de la límpida y sencilla mirada de Ida –el dónde mira, el cómo mira, el cuándo mira, el por qué mira-.

A este efecto, no es de extrañar la elección para el papel principal de Agata Trzebuchowska, sin experiencia en la interpretación y acreedora de un sobrio e impecable trabajo, bien dirigido por el cineasta y en perfecta química con la veterana y talentosa Agata Kulesza.

           Además, en un hecho coherente con su estilo narrativo, aunque  infrecuentísimo en las tendencias cinematográficas actuales, Ida es lo suficientemente inteligente para durar solo lo que tiene que durar.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 8.

Resistencia (Defiance)

29 Ago

“El escritor necesita una pluma, el pintor un pincel, el cineasta todo un ejército.”

Orson Welles

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Resistencia (Defiance)

Año: 2008.

Director: Edward Zwick.

Reparto: Daniel Craig, Liev Schrieber, Jamie Bell, Alexa Davalos, Mia Wasikowska.

Tráiler

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            Edward Zwick sabe perfectamente cómo manejar los hilos que mueven los éxitos de taquilla, calcular las dosis de emoción, drama humano, gestas épicas y conflicto personal, muchas veces en el contexto de grandilocuentes hechos históricos, que dotan de atractivo a una película. De ahí que suela conseguir cintas resultonas como El último samurai o Diamante de sangre. Pero, por otro lado, Edward Zwick no pasa por lo general de ese envoltorio concebido y orientado para, fundamentalmente, el entretenimiento de las audiencias mayoritarias, sin demasiado espacio para la originalidad que sobresalga del cálculo, para una profundidad que vaya más allá de la convencionalidad.

            Con Resistencia, Zwick retoma la épica bélica tras Tiempos de gloria y El último samurai, en esta ocasión con base en las actividades partisanas en la Bielorrusia ocupada por las hordas nazis, en la supervivencia y lucha heroica de, primero, cuatro hermanos y, progresivamente, miles de personas en los profundos bosques del país, en lo que se convierte una suerte de Sherwood trasladados en el espacio y el tiempo.

            Por supuesto, se trata de una película que presenta una bonita factura artística, buenas interpretaciones y notables atractivos argumentales, con unos héroes inesperados que combaten al malo con más corazón que medios, como último baluarte de la dignidad humana frente a la barbarie, si bien son héroes con pretendidas dudas y oscuridades, tinieblas que finalmente no quedarán más que en el bosquejo, en la apariencia que no disturba un espectáculo que toma recursos y efectos ya vistos en otras películas de géneros bélicos y épicos varios –¿de verdad hacía falta en una película de la Segunda Guerra Mundial una arenga a caballo en plan BraveheartGladiator?- para ofrecer una cinta excesivamente abultada en el metraje, salvada a duras penas por el aceptable pulso narrativo de un Zwick que, una vez más, no aporta nada nuevo en una película que sí, es resultona.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

La ola

3 Jun

“¡Cree! ¡Obedece! ¡Lucha!”

Benito Mussolini

 

 

La ola

 

Año: 2008.

Director: Dennis Gansel.

Reparto: Jürgen Vogel, Frederick Lau, Max Riemelt, Jennifer Ulrich.

Tráiler

 

 

           La ola, opera prima del director alemán Dennis Gansel, lleva a la gran pantalla el experimento de La Tercera Ola, llevado a cabo en Palo Alto en 1967, que trataba de explicar a unos alumnos de Historia el por qué de la connivencia de los ciudadanos de la Alemania del Tercer Reich con el régimen de Hitler a propósito de la permisividad o aceptación del Holocausto contra la población judía, investigación sociológica que consiguió reproducir fielmente y por voluntad y entusiasmo propio de los participantes un estado mental colectivo similar de intolerancia y fascismo, en la línea de las demostraciones de otros experimentos de la época como el llamado Experimento de Milgram, cuatro años anterior, o el Experimento de la cárcel de Stanford, cuatro años posterior, reflejado en el cine precisamente en otra producción alemana de 2001, El experimento, de Oliver Hirschbiegel, luego reconocido director de El hundimiento. Todos ellos demuestran cómo todo ser humano lleva oculta una importante carga de pulsiones supremacistas y atracción por el control y violencia fascista y totalitaria, sobre todo si es escondido, excusado o respaldado por la fuerza de la manada.

            Adaptado primero en forma de novela por Todd Strasser, seudónimo de Morton Rhue, más tarde en un corto para la televisión estadounidense en 1981 y luego en 2000 en ¡un musical!, Gansel traslada la acción a Alemania, núcleo de interés original de todos estos experimentos como cuna del totalitarismo fascista más terrible e irracional de la Historia. Será en este caso un liberal profesor de instituto el que lleve a cabo el experimento con sus alumnos del curso de autocracia, en busca de las razones de la sinrazón y de si es o no posible su retorno.

            La película, a la que hay que reconocer su agilidad y firme pulso narrativo, presenta cómo progresivamente el fascismo se hace fuerte alimentándose de la debilidad, el gregarismo, la insatisfacción, el conformismo, la espiral del silencio, el vacío o la estupidez a través de personajes que representan estereotipos perfectamente reconocibles de la sociedad occidental, una exageración necesaria para hacer patentes las ideas que se pretenden demostrar pero que, en mi opinión, es lo que hace que la película para mi gusto no funcione, demasiado panfletaria, facilona, con intenciones demasiado desnudas y, aunque respaldada por unas actuaciones en general acertadas y el “basado en hechos reales”, demasiado poco creíble; un desarrollo esquemático poco acertado que abusa del tremendismo, lo que incluye llevar a un final que no por tópico o previsible es menos desquiciado.

           Un tema desde luego interesantísimo, necesario y bienintencionado, pero que podría tener mejores resultados en formato documental presentando los hecho reales –o de falso documental incluso, en caso de optar por la ficción- que como película dramática al uso que, desde luego, es incómoda y supone un fuerte pulso contra la supuestamente ejemplar sociedad alemana, extensible a toda sociedad occidental, pero que a mi juicio fracasa, a pesar de su fundamento en la realidad, por esa base en el extremamiento y desarrollo algo simplista de clichés sociales, casi paródico.

O eso o es que soy demasiado individualista y abúlico como para ponerme en la piel de ese grupo de muchachos tan implicados en el proyecto escolar.

No me convence.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,4. 

Nota del blog: 4.

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