Tag Archives: Guerra de sexos

La viuda alegre

20 Oct

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Año: 1935.

Director: Ernst Lubitsch.

Reparto: Maurice Chevalier, Jeanette MacDonald, Edward Everett Horton, George Barbier, Una Merkel, Minna Gombell, Ruth Channing, Sterling Holloway, Donald Meek, Herman Bing.

Tráiler

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          El concepto de guerra de sexos, un paradigma tradicional de la comedia romántica, adquiere en La viuda alegre tintes casi literales, de igual modo que, andando la filmografía de Ernst Lubitsch, también lo hará en Ninotchka a partir de una visionaria guerra fría entre el hedonista Occidente y el disciplinado bloque comunista, tornada finalmente en alianza cálida merced a la sonrisa de la Garbo.

          Apropiación de la célebre opereta -por otro lado profusamente adaptada al cine: antes de ésta se contaban ya cuatro versiones-, en La viuda alegre Lubitsch juguetea con una conquista amorosa transformada en misión política, económica y sexual a cargo de un país ficticio, Marsovia, que se vanagloria de desplegar sus estandartes bélicos solo en pos de la conquista femenina.

Un combate cuerpo a cuerpo en el que las tropas marsovias están oficiosamente encabezadas por su campeón de duelos, el conde Danilo (Maurice Chevalier, justificando la leyenda que le atribuye ser la inspiración del Pepe Le Pew de los Looney Toones), experto en trabar ‘relaciones diplomáticas’ con el bello sexo y que debe seducir a una viuda extremadamente acaudalada para salvar a su nación de la bancarrota. Frente a él, repite su principal pareja artística en este tipo de producciones musicales, Jeanette MacDonald, en la cuarta y última de sus populares colaboraciones con Lubitsch –o quinta, si se cuenta la versión en francés de la película que se rodó simultáneamente-.

          El guion, firmado por Samson Raphaelson y Ernest Vajda, fieles aliados del autor, desarrolla así un torrente de diálogos y sentencias ricas en dobles sentidos y alocadas confusiones. Es ahí donde chispea la vis cómica de la obra, en ocasiones con descacharrante inspiración, y estimulada además por el extraordinario tempo que el cineasta alemán les aplica desde la realización. Lubitsch sabe asumir la naturaleza ligera del original potenciando sus gags y espoleando su faceta coqueta y adúltera sin renunciar por ello a la calidad de la dirección y la creatividad narrativa, desplegada en refinados ambientes aristocráticos y extraordinariamente precisa para dibujar el contexto social y la esencia psicológica de los personajes –como, por ejemplo, la sombra negra que es la viuda transitando por su níveo palacete, donde sus ropajes de luto e incluso su perro faldero son, no obstante, frívolas piezas de su armario, perfectamente intercambiables al antojo de la situación-.

          Vistas desde el presente, estas virtudes humorísticas y los hallazgos expresivos se conservan más frescas que las escenas musicales que jalonan la obra, no especialmente deslumbrantes a pesar de un par de aparatosas coreografías colectivas por los salones y pasillos de la embajada. El tiempo ha pasado por ellas, relegándolas a lo incómodamente accesorio.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

La kermesse heroica

18 May

“Quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista.”

Edgar Watson Howe

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La kermesse heroica

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La kermesse heroica

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Año: 1935.

Director: Jacques Feyder.

Reparto: Françoise Rosay, André Alerme, Micheline Cheirel, Bernard Lancret, Jean Murat, Louis Jouvet, Lyne Clevers, Ginette Gaubert, Alfred Adam, Pierre Labry, Arthur Devère, Delphin.

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            Ante los horrores de la Primera Guerra Mundial, el cine consideró adecuado cuestionar sin pudor el ardor heroico del combate, tan querido históricamente por la ficción épica. Así, cineastas como Charles Chaplin, King Vidor, George Wilhelm Pabst o Lewis Milestone plantarían la semilla de un fructífero subgénero gracias a obras como Armas al hombro, El gran desfile, Cuatro de infantería (Westfront, 1918) o Sin novedad en el frente; el primero de ellos especialmente atrevido además al abordar el asunto desde una perspectiva que no por satírica resultaba menos demoledora gracias a un puñado de escenas en absoluto inocuas y excepcionalmente precisas y expresivas. También en el periodo de entreguerras podría encontrar acomodo dentro de este cine pacifista La kermesse heroica, otra comedia aunque esta vez punteada asimismo con incursiones en el territorio romántico.

            Bajo la apariencia de entremés clásico y ligero, escenificado en los Países Bajos del siglo XVII bajo dominio del rey Felipe IV y su valido el conde-duque de Olivares –el esfuerzo artístico en la ambientación es notorio, con soberbios decorados y abundantes inspiraciones pictóricas de la época-, La kermesse heroica va perfilando su apreciable y actual discurso a través de un juego de oposiciones en el que, el posicionamiento maniqueo que plantea travieso su comienzo –los apacibles flamencos contra los bárbaros españoles-, se revierte de improviso para poner patas arriba estos conceptos prejuiciosos que se fundan sobre la idea del Nosotros y el Otro.

Una revolución conceptual que no solo se aplican al encuentro traumático entre nativos e invasores españoles, sino que también, y con todavía mayor relevancia, se traza en la relación entre el hombre y la mujer. Y, aparte de ello, la dicotomía se desarrolla en paralelo a la oposición entre la cultura y la ignorancia, la presupuesta pesadilla y el sueño real, la vitalidad y la muerte –no es casual por tanto que el cobardón alcalde de Boom considere que fingir su muerte es la solución para sus males, a diferencia de la antagónica alternativa que escogerá su aguerrida esposa-.

            De este modo, en equilibrada complementariedad, el humor contenido en el argumento experimenta una agradable progresión pareja al desarrollo de la lectura moral de la película, que evita con habilidad recargar las líneas del mensaje sin que quede mermada la pertinencia y el coqueto talante subversivo de esta en su apuesta por la comprensión cultural y genérica. No obstante, fue interpretada por muchos en su momento, con razones justificables en vista de las premisas de la trama, como una invitación al colaboracionismo ante la creciente amenaza de la Alemania nazi, lo que siembra una turbia duda sobre ella –especulaciones que, cabe decir, no evitarían que su director, el belga Jacques Feyder, y su esposa y protagonista del filme, Françoise Rosay, tuvieran que exiliarse en Suiza tras la invasión de París en la Segunda Guerra Mundial-.

            Sea como fuere, la inversión absoluta del status quo –la esencia del carnaval que celebra la ciudad, estimulada además por la presencia perturbadora del extranjero exótico-, y que como decimos afecta aquí al desajuste de poderes entre varones y féminas, ofrece en La kermesse heroica una salida para un torrente de gags basados en la guerra de sexos, el intercambio de papeles y los enredos eróticos que consiguen sobrevivir el siempre ingrato paso del tiempo a pesar de su naturaleza tradicionalLisístrata podría erigirse como un referente válido– y la ligera ingenuidad con la que hoy se percibe alguno de ellos –dejando de lado una carnalidad mucho más generosa de la que se tenía acceso al otro lado del Atlántico-.

Igual ocurre con su retrato costumbrista y con el decidido empleo de estereotipos en su formulación dramática, matizados por las variaciones que experimenta sobre ellos el guion, que termina por desmontarlos definitivamente pese al (de nuevo aparente) retorno a la normalidad que, inevitablemente, implica el término de esta festividad extraordinaria.

            Si bien conserva hoy buena parte de su prestigio, quizás su conocimiento popular se deba por otro lado a su elección por François Truffaut, por entonces aún crítico solamente, como la concatenación de ese cine francés que, afirmaba, convenía superar, complaciente en su carácter agradable, artificial en su corrección formal y caduco por todo ello.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

Nunca en domingo

22 Abr

“Cuando la gente no puede controlar sus propias emociones, entonces empieza a querer controlar el comportamiento de otras personas.”

John Cleese

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Nunca en domingo

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Nunca en domingo

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Año: 1960.

Director: Jules Dassin.

Reparto: Jules Dassin, Melina Mercouri, Giorgos Foundas, Mitsos Ligizos, Titos Vandis, Despo Diamantidou, Alexis Solomos.

Tráiler

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            En las Guerras napoleónicas, los soldados británicos solían mofarse, con su idiosincrático labio superior enhiesto, de que sus rivales franceses se mostraban más interesados en beber y follar que en practicar el arte bélico. Para la cultura anglosajona, el Mediterráneo acostumbra a simbolizar la ‘joie de vivre’, tanto en el bueno como en el mal sentido.

Compuesta desde la mirada extranjera del estadounidense Jules Dassin, director y guionista, Nunca en domingo es la síntesis de ese enfrentamiento de estereotipos entre la mentalidad anglosajona racional (e imperialista en su arrogancia) y la espontaneidad expansiva y relajada que se cultiva a orillas del Mare Nostrum –aquí, en el puerto ateniense de El Pireo, concretamente-. Dos cosmovisiones milenarias enzarzadas de este modo en un enfrentamiento que, favorecido por la monumental historia que acoge la localización, adquiere tintes de batalla filosófica.

            En cierta línea de diálogo, el turista Homer (el propio Dassin), arribado a la capital griega para hallar respuestas a la caída de la Atenas de los filósofos y la democracia, tacha de epicúrea y estoica, y por tanto de superficial y decadente a sus ojos, a la despreocupada Ilya (Melina Mercouri): una mujer capaz de levantar en armas una nación, que ejerce la prostitución por placer y con su gusto personal como único requisito para su clientela, que hermana y unifica cualquier corriente política por más que estén polarizadas por la Guerra Fría, y que, en el último de sus atrevimientos, no tiene reparo alguno en desacreditar las conclusiones de sus intelectuales e inmortales ancestros justificándose en el desprecio de ellos hacia el valor absoluto de la mujer y de la felicidad sensitiva e inmediata.

            De estas dos posturas antitéticas nace el conflicto ideológico y dramático de esta comedia romántica, que de nuevo motivada por el escenario cita referencias clásicas como Pigmalión o Lisístrata para sumarse al canto vitalista y arrollador que enarbola, irreductible, superando el arquetipo de ‘prostituta de corazón de oro’, su protagonista femenina, encarnada por Mercouri con un colosal derroche de energía y un sonoro magnetismo.

Se rastrea en Nunca es domingo la huella existencial de Dassin, más allá de compartir lugar de procedencia con su personaje: Middeltown, Conneticut. El cineasta, exiliado de los Estados Unidos desde la infame Caza de brujas macarthista, regala una loa entusiasmada a las virtudes de su patria adoptiva, encarnada por supuesto en la figura de la diva helena, con quien se casará seis años después.

            Esta calidez convierte a Nunca en domingo en una obra que, además de servir un interesante e inagotable debate –al que, como decimos, el realizador aportará por su parte conclusiones personales y proselitistas que uno puede compartir o no-, resulta divertida y contagiosa en su vivacidad soleada y fragante, gracias a la cual logra trascender por otro lado el toque de costumbrismo de postal que entraña la perspectiva original del filme y las ciertas caídas en el interés y el ritmo narrativo que se producen mediado el metraje.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

Crueldad intolerable

2 Abr

“Yo creo en las familias numerosas: toda mujer debería tener al menos tres maridos.”

Zsa Zsa Gabor

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Crueldad intolerable

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Crueldad intolerable

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Año: 2003.

Directores: Joel Coen, Ethan Coen.

Reparto: George Clooney, Catherine Zeta-Jones, Geoffrey Rush, Cedric the Entertainer, Edward Herrman, Paul Adelstein, Richard Jenkins, Billy Bob Thornton, Julia Duffy, Tom Aldredge.

Tráiler                                                 

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            Es coherente que los Coen, expertos en dinamitar las postales del American Way of Life, encontraran en el romance de película un buen filón sobre el que colocar una nueva carga de dinamita satírica. Y eso que la autoría del material original de Crueldad intolerable no es suya, ya que trabajaron a partir de una historia previa firmada por una pareja de discretísimos guionistas de comedia, Matthew Stone y Robert Ramsey, y la cual llevaba unos cuantos años rondando por las catacumbas de los estudios, ya remozada por los propios cineastas de Minnesota en tiempos anteriores e incluso acariciado como proyecto para otro vehículo de lucimiento –uno más- a mayor gloria de los novios de América: Richard Gere y Julia Roberts.

Con todo, el toque de los Coen, de nuevo en posesión del texto, resulta evidente en la cinta, con escenas que llevan su sello de marca –la hiperbólica presentación de esa especie de divinidad terrible y lamentable encerrada en su tétrica torre de marfil- y a través incluso de sus traviesos jugueteos autorreferenciales, como ocurre en el radical cambio de Billy Bob Thornton en la velocidad del habla respecto a la previa El hombre que nunca estuvo allí, dentro de un proceso transformador muy semejante al sufrido por Steve Buscemi entre Fargo y El gran Lebowski.

            Así las cosas, no es de extrañar que la mentira sea la protagonista de la primera y última comedia romántica de los hermanos, o que el culto al dinero como sinónimo de liberación e independencia, tan arraigado en la cultura del país, sea otro irracional factor de (auto)engaño. Y es que, a fin de cuentas, contienen un grado idéntico de verdad –cero- los alegatos del implacable abogado matrimonialista para salvar la hacienda de los millonarios en trámites de divorcio (George Clooney) como las declaraciones amorosas de la cazadora de fortunas con quien entablará un duelo jurídico-sexual (Catherine Zeta Jones). Una guerra de sexos clásica, establecida a través de un duelo jurídico-romántico entre los protagonistas, y por medio del cual los Coen actualizan las ‘screwball comedies’ de los años treinta, con Clooney explotando su histrionismo seductor a lo Cary Grant y Zeta-Jones con la altiva rebeldía feminista a lo Katharine Hepburn –cada uno a su modo, se entiende-.

            Lo malo es que a Crueldad intolerable los gags no siempre le quedan tan medidos en agudeza y tempo como los que podría tener una de esas piezas alocadas de, por ejemplo, Howard Hawks. El libreto contiene algunas líneas con mordiente sarcástica y el metraje transcurre con soltura, pero perdura la sensación de que los cineastas no terminan de colonizar por completo del relato y éste permanece a medio camino entre la genialidad del toque Coen y la convencionalidad de sus hechuras, más evidente conforme se aproxima el desenlace y hasta un tanto contradictorias con el espíritu que, con buen tino, gobernaba la obra.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 6.

Nahid

4 Dic

“Cuanto más local resulta algo, mejor funciona fuera.”

Álex de la Iglesia

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Nahid

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Nahid

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Año: 2015.

Directora: Ida Panahandeh.

Reparto: Sareh Bayat, Pejman Bazeghi, Navid Mohammadzadeh.

Tráiler

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            Aunque esté ambientada en una población iraní en las costas del Mar Caspio, apenas costaría esfuerzo extrapolar el relato de Nahid al extrarradio madrileño o a un suburbio de Sheffield, por poner dos ejemplos algo más próximos en el espacio y la cultura. Al fin y al cabo, Nahid es una película que habla de cuestiones por desgracia bastante universales, como son por un lado el sometimiento de la mujer dentro de las estructuras sociales previstas por el sistema patriarcal predominante y, por otro, la manifiesta ceguera de los mecanismos de justicia para establecer un marco regulador de la convivencia entre las personas, por completo desligados de la naturaleza emocional e incluso física del ser humano; tanto o más si, como aquí sucede, su origen procede de falaces directrices religiosas.

            En este sentido, Nahid encuentra paralelismos con otras obras iraníes exportadas y de prestigio como Nader y Simin, una separación a la hora de expresar este conflicto entre legislación artificial  y sentimientos innatos, enfrascados en un choque incesante que coarta sin remedio la realización existencial de sus víctimas. Además, ambas cuentan en el reparto con los ojos desmesurados de Sareh Bayat, aquí protagonista, encargada de encarnar –con éxito- a un personaje descomunal como es la Nahid del título: una madre coraje obligada por las circunstancias –unas provocadas por ella misma, otras impuestas por el sistema alienante- a sobrevivir en perpetuo juego de equilibrios, saltando de trapecio en trapecio sobre un foso sin red. Sus cambalaches para tratar de pagar el alquiler ejemplifica la constante y abrumadora volatilidad de su propia existencia.

Una vida donde ejercen como cuatro caballos de tiro, a punto de desmembrar su cuerpo a fuerza de dilemas y presiones, la necesidad de conservar la custodia de su hijo, rebelde y arisco como cualquier otro preadolescente; la rémora pasada de su exmarido toxicómano y ludópata; la posibilidad de renacer romántica y económicamente en los brazos de un hombre amable y divorciado como ella, y los impedimentos que se derivan de la absurda ley del país, que condiciona la cesión de su potestad paterna al albur del esposo y que por tanto, generalmente, supone un impedimento tácito a la madre para formar una nueva familia. Además, claro, de la metástasis de este último punto en el moralismo coactivo de la masa, siempre vigilante contra las desviaciones individuales y emancipadas –el uso de las imágenes procedentes de cámaras de seguridad resulta expresivo en este particular-.

            En colaboración en el segundo caso con su marido, Arsalan Amiri, la cineasta Ida Panahandeh dirige y escribe con sensibilidad y gran sentido de la tensión narrativa -consecuencia lógica del opresivo libreto-, además de con manifiesta rebeldía y orgullo femenino, este drama íntimo que, de igual manera que sucede con sus desventuras en pantalla, la valerosa Nahid no duda en cargarse a su castigada pero inquebrantable espalda. La potencia del personaje, la complejidad y los matices de su dibujo, quizás provoca que, en su presencia, los trazos del resto de caracteres se difuminen un tanto. Sin embargo, podría decirse sin vacilar demasiado que su inspiradora independencia y capacidad de resistencia bien lo merecen –o, como poco, lo hacen casi inevitable-.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

Fuera de juego (Fever Pitch)

14 Nov

“Algunos creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho, mucho más importante que eso.”

Bill Shankly

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Fuera de juego (Fever Pitch)

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Fuera de juego (Fever Pitch)

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Año: 1997.

Director: David Evans.

Reparto: Colin Firth, Ruth Gemmell, Luke Aikman, Mark Strong, Neil Pearson, Richard Claxton, Ken Stott, Holly Aird.

Tráiler

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            Fiebre en las gradas no es exactamente un libro feliz. O, mejor expresado, es un relato que termina dejando cierto poso de felicidad… pero a pesar de todo. En palabras del propio Nick Hornby, un obseso no es feliz con sus obsesiones. No le hacen sonreír, sino padecer. Y el retrato que Hornby hace de su relación con el Arsenal –ni siquiera con el fútbol-, es el retrato de una obsesión omnipresente y omnímoda.

Con el eje vertebral de su filiación con el equipo londinense, el escritor vuelca sus vísceras sobre el blanco y negro y, en consecuencia, de las páginas brota una colección de claroscuros en los que, en el mejor de los casos, el Arsenal ejerce de argamasa que repara las grietas de una familia desmoronada y que, a duras penas, recompone los fragmentos de un temperamento taciturno y proclive a la melancolía, rayano en la depresión constante. A su vez, el Arsenal de Hornby aparece como un agente envuelto en alargadas sombras, que construye una personalidad muy definida solo que, por decirlo así, a partir de su proyección en negativo, con filias y fobias desbocadas y asfixiantes, frustración inane y aislamiento generacional y social; traidor hacia los afectos profundos e incondicionales, catalizador de una descomposición moral, social y quizás hasta cultural experimentada desde la absorbente y aturdidora masa humana.

Pero, de ahí el regusto final tenuemente optimista, hasta sus proyecciones negativas pueden tornarse luminosas si se encuadran en el contexto apropiado. Ahí surgen el espíritu grupal, la capacidad de sobreponerse a la adversidad y volver a intentar lo imposible, el aprecio hacia la propia identidad, la conexión con el prójimo más elemental, el idealismo, la enriquecedora pasión de unas emociones exaltadas por la sorpresa y el júbilo.

            Un lustro después de su publicación en papel, Hornby, encargado de componer el libreto del filme Fuera de juego, lima las lacerantes asperezas y dulcifica el acre regusto de su relato autobiográfico para amoldarlo a las formas de la comedia romántica y, de esta manera, hacerlo más amigable hacia el espectador medio, que no tiene por qué compartir su monomanía y ni siquiera una afición comedida por el Arsenal –o como poco, por el fútbol-. Por fortuna, el cambio de tono no traiciona negligentemente el espíritu del original –el propio espíritu de Hornby, en definitiva- y, aunque con una carga íntima menos amarga y más humorística, plasma con rigor esos claroscuros que convierten al protagonista -aquí Paul (acertado Colin Firth)-, y a su equipo -por supuesto el Arsenal-, en todo uno, sin destartalarlos en una burda caricatura.

            Casi más que adaptar el libro, esta película inspirada en Fiebre en las gradas sabe asimilar el encuentro entre Paul y Sarah (Ruth Gemmell) al ritmo de un partido de fútbol, con sus ataques y sus contraataques, sus goleadas vergonzosas y sus arranques de épica inconsciente, sus variaciones en función del estado de ánimo y de forma física de los jugadores, sus rivalidades de amor y odio, y sus triunfos y derrotas. Es decir, al ciclotímico compás de la temporada 1988-89 en la que el Arsenal, en el último minuto del último partido, volvería a conquistar la First Division tras dieciocho largos años de travesía por el desierto.

La dirección de David Evans se limita a ser funcional, trufando la cinta de una banda sonora repleta de música, como cabría pensar en una obra surgida de la sensibilidad de Hornby –autor en este campo de la melanomanía de otro libro también llevado al cine, Alta fidelidad-, pero que deja una sensación de molesta convencionalidad en sus elecciones. No obstante, el encanto de la obra aguanta el tipo y ofrece un entretenimiento simpático, con genuino sabor futbolero.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 7.

Descalzos por el parque

10 Oct

“La belleza es muy superior al genio. No necesita explicación.”

Oscar Wilde

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Descalzos por el parque

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Descalzos por el parque

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Año: 1967.

Director: Gene Saks.

Reparto: Robert Redford, Jane Fonda, Charles Boyer, Mildred Natwick.

Traíler 

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            Se me ocurren pocas parejas cinematográficas más bellas que Robert Redford y Jane Fonda. Apolíneos y deslumbrantes, sus genes deberían haberse fusionado en la vida real por el bien de la humanidad, por mor de la eugenesia científica y estética. Podrían ser expuestos en fotogramas, subiendo y bajando una calle, y se bastarían por sí mismos para justificar un largometraje. Aunque coinciden en pantalla en Me casaré contigo –anecdóticamente-, La jauría humana y El jinete eléctrico, es en Descalzos por el parque donde muestran su mejor cara, valga la redundancia.

            En la plenitud de su físico y en el camino a su estrellato –uno a la espera del primer taquillazo que refrendase su futuro, otra con el anhelo de desprenderse de su imagen de objeto sexual-, Redford y Fonda encarnan en Descalzos por el parque a un matrimonio de recién casados que, después de la fogosa luna de miel en el Hotel Plaza de Nueva York, comienzan sus azarosos días en común en un ínfimo apartamento del Greenwich Village en el que podrán en juego su resistencia romántica, acechada por la carestía material, el extravagante carácter del vecindario y las lógicas diferencias de personalidad que se dan entre el ordenado Redford, mesurado galán sacado del Hollywood clásico, y la vitalista Fonda, rostro del compromiso y la rebeldía social de la década.

Una coyuntura que, convertida en leit motiv del filme, queda reproducida de forma especular y ejemplificadora entre la madre de ésta (Mildred Natwick), tradicional y apocada, y el pintoresco habitante del ático (Charles Boyer), cosmopolita y aventurero.

            Basada en la exitosa obra teatral homónima de Neil Simon, encargado aquí de adaptar su propio texto, Descalzos por el parque resulta una comedia tremendamente simpática y dinámica, a pesar de que la plana realización de Gene Saks –también de extracción dramatúrgica y debutante como director de cine- no logra hacer que los escasos escenarios se desprendan de ese aire teatral del argumento, fundado sobre la velocidad, la incisión y el potencial humorístico de los diálogos, las réplicas y los volcánicos choques de caracteres.

En su mayor parte, el humor resiste sin problemas el paso de los años e incluso a veces sorprende con algún gag de talante pythonesco –el borracho al que llevan a casa- y con sus evidentes sugerencias sexuales. Virtudes que propician la adhesión incondicional del espectador a las aventuras matrimoniales y sociales de este par de jóvenes en busca de hacerse un hueco en el mundo, caricaturescas pero identificables –Simon aseguraba haberse inspirado en su relación con su mujer para escribir el libreto-.

            El excelente acoplamiento del reparto –Charles Boyer y Mildred Natwick, perfecta encarnación de sus personajes, son tan memorables o más que Fonda y Redford -, se encarga de consolidar la vis cómica del texto e imprimirle el tempo adecuado a las escenas. Ayuda, claro que Redford y Natwick conocieran al dedillo su papel: eran parte del reparto original de Broadway.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

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