Tag Archives: Guerra de Indochina

Mando perdido (Los centuriones)

12 Mar

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Año: 1966.

Director: Mark Robson.

Reparto: Anthony Quinn, Alain Delon, George Segal, Maurice Ronet, Claudia Cardinale, Michèle Morgan.

Tráiler

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          Mientras en la realidad exterior el Vietcong comenzaba a torcer a su favor la iniciativa de la Guerra de Vietnam, Mando perdido buceaba en los errores, las atrocidades y la inexorable derrota de los conflictos que recientemente, y aún por aquel entonces, los caducos imperios de la vieja Europa luchaban en unos territorios de ultramar inflamados de ardor anticolonialista.

Con el foco puesto en las cuitas de Francia en Indochina y Argelia, Mando perdido empotra además a un militar-historiador para proporcionar al espectador el juicio de la Historia, que es poco favorable para con el imperialismo occidental. Aunque, en una decisión que rebaja la tensión historicopolítica de la trama, el argumento traslada y resuelve estos asuntos desde una esfera individual, en un drama en el que quedan aprisionados un teniente coronel que afronta la última oportunidad de su carrera, el historiador que contempla con distancia crítica los acontecimientos y la tropa que, sin mayores consideraciones, se entrega a aquello que demanda sus vísceras.

          A partir de ahí, Mando perdido compone un escenario despedazado por múltiples e irreconciliables fracturas: la oposición entre colonizadores y colonizados -los antiguos hermanos de armas ahora enfrentados-, la imposibilidad de quebrantar los estamentos sociales -el hábil oficial de trinchera que se mueve como un pulpo en un garaje en los salones palaciegos-, la discusión entre el éxito marcial y el sentido de humanidad -las vistas gordas y los sapos por tragar en aras del cumplimiento de la misión-…

A medida que avanza la trama, la visión desencantada se cierne sobre el teniente coronel que encarna Anthony Quinn, contaminándolo de una ambigüedad sufriente y desesperada que es acorde a sus facciones, tan bastas como sensibles. Encarnación de la deriva de la guerra en barbarie, el relato lo aleja del hogar, de su naturaleza -la presentación bucólica y eufórica de la casa familiar; la destrucción del bastón-. Bajo la sombra de otros imperios perdidos y olvidados -la noción del Ozymandias de Percy Shelley que transmiten las ruinas romanas-, la suerte de los contendientes se dirime, pues, desde este punto de vista individual.

          El planteamiento es sugerente, aunque el drama no alcanza la debida potencia, en exceso rígido y con los dilemas del teniente coronel finalmente diluidos por la vorágine de esos mismos acontecimientos que condicionan su posición, paulatinamente relegado asimismo en favor del personaje de Alain Delon, más artificial.

El filme queda lastrado también por la falta de brío de sus escenas bélicas. El envejecimiento de su formulación queda en evidencia ante su comparación con ejemplos coetáneos como la furibunda La batalla de Argel, cuya fiereza queda enardecida, cabe reconocer, por las pavorosas resonancias contemporáneas de sus imágenes.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 6.

Sangre en Indochina

26 May

“Esta es la verdad… un huevo… lo blanco se va y lo amarillo se queda.”

Hubert de Marais (Apocalypse Now Redux)

 

 

Sangre en Indochina

 

Año: 1965.

Director: Pierre Schoendoerffer.

Reparto: Bruno Cremer, Jacques Perrin, Manuel Zarzo, Pierre Fabre, Boramy Tioulong.

Tráiler

 

 

            Once años tuvieron que transcurrir desde la decisiva derrota de Dien Bien Phu hasta el primer acercamiento del cine francés –existe una cinta americana precedente, la poco conocida Jump Into Hella los estertores de su imperio colonial.

En unos tiempos en los que esa Guerra de Indochina había dejado ya paso a una Guerra de Vietnam en plena escalada militar estadounidense, será Pierre Schoendoerffer, partícipe de la batalla en el cuerpo cinematográfico del ejército colonial y más tarde cautivo del Viet Minh, quien abra la veda del revisionismo en su voluntaria condición de cronista del ocaso del imperio con Sangre en Indochina, producción franco-española en la que procede a adaptar su propia y exitosa novela, publicada en 1953, previa incluso al definitivo descalabro militar en el sureste asiático.

            Schoendoerffer echa mano de sus recuerdos bélicos para imponer una disciplina  marcial en el equipo de rodaje, adentrándose en la selva camboyana con la ayuda de un cuerpo militar –luego también parte del reparto-, cedido generosamente por el monarca local, Norodom Sihanouk, para lograr una recreación naturalista de la huida desesperada de un desarrapado y aislado pelotón francés y sus colaboradores laosianos en los días previos y posteriores al fin de la Indochina francesa.

Las implicaciones políticas del asunto permanecen en un discreto segundo plano cediendo protagonismo a la penosa epopeya del soldado tras las líneas enemigas, hostigado por las tropas invisibles, esquivas, itinerantes e irregulares de un oponente mimetizado con la jungla. Se diría que es ésta quien los rechaza, un territorio donde el hombre blanco poco ha de decir.

            Es a partir del pesimismo desde donde se realiza la aproximación histórica.

Más que la defensa a ultranza del imperio y una tibia visión negativa del enemigo comunista, queda la nostalgia de una tierra maravillosa abandonada, por la que el sacrificio estaba justificado.

Ideas que se expresan a través del sargento Willsdorf (Bruno Cremer), alter ego del escritor-director, un alsaciano como él –con los problemas de identidad nacional que ello supone-, veterano de la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial, que goza de la practicidad del desengañado, emparentado con combatientes individualistas como el sargento Zack de Casco de acero –con la que presenta ciertos elementos de coincidencia- o el sargento Wells de El ataque duró siete días, tipos con amplia visión de la realidad más cruda de la batalla y conocimiento del verdadero triunfo de la simple supervivencia.

            Es lo inútil y, por tanto, lo trágico del sacrificio en una guerra que se sabe perdida lo que incide en el componente político: el desinterés por sostener decididamente la lucha por la colonia, la impopularidad del ejército colonial en la propia metrópolis. Ante ello, Schoendoerffer propone un relato sencillo -galardonado como mejor guión en Cannes– sobre el recorrido emocional y las relaciones humanas del soldado, una víctima más del conflicto, inmerso a la fuerza en un recorrido físico y espiritual nada glorioso y poco melodramático; sensación de desolación en la que ahonda esa realización austera en medios pero muy acertada en una puesta en escena que explota al máximo la credibilidad de la cinta.

Una cuestión esta de la sangre desperdiciada que Schoendoerffer retomará, esta vez aislándola en su carácter de drama humano, en su posterior Diên Biên Phú.

            La influencia de Sangre en Indochina será palpable en futuros estudios de la ya entonces en curso Guerra de Vietnam como en Apocalypse Now -que en su versión Redux toma prestada incluso la metáfora del huevo: “lo blanco se va, lo amarillo se queda”-, o Platoon.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

El americano tranquilo

22 May

“No veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo. Los temas son demasiado importantes para los votantes chilenos como para que decidan por sí mismos.”

Henry Kissinger

 

 

El americano tranquilo

 

Año: 1958.

Director: Joseph L. Makiewicz.

Reparto: Michael Redgrave, Audie Murphy, Giorgia Moll, Claude Dauphin.

 

 

 

             A finales de los años cincuenta, Hollywood aún se lamía las heridas de la paranoia anticomunista, listas negras y cazas de brujas del nefasto periodo de influencia del senador Joseph McCarthy. A pesar de la caída en desgracia del temible y deleznable censor, el cine de la década aún sufriría las consecuencias de su agresión. En muchos casos prevalecerá todavía la timidez en el tratamiento de contenidos políticos y sociales.

Un americano tranquilo, primera adaptación a la gran pantalla de la novela antibélica de Graham Green The Quiet American, publicada dos años antes, será un perfecto exponente de la situación.

             Joseph L. Makiewicz, uno de los guionistas más reputados de Hollywood, por entonces en vías de experimentación con diferentes géneros tras el triunfo incontestable de películas elevadas a la categoría de obra maestra como Eva al desnudo, Julio César o La condesa descalza, traducía la novela de Green rebajando hasta casi lo anecdótico –sin embargo nada inocente- el contenido político de la obra, decididamente crítico con la política exterior norteamericana.

De esta manera, transferirá aún más el peso dramático de la película al triángulo amoroso entre el veterano corresponsal británico afincado en la Indochina francesa -acertado Michael Redgrave, sacando pleno partido al personaje más interesante y complejo de la función-, su chica de compañía/amante nativa Phuong, y el joven, arrogante y (ahora) inocente, idealista y bienintencionado americano, agente comercial recién llegado a una región en imparable proceso de disputa y transformación, que trataba de sacudirse los últimos retazos de anquilosado colonialismo.

La imagen de todo un mundo inquieto, inmerso en la incertidumbre del cambio en una atmósfera tensionada por la dicotomía de la Guerra Fría. Un mundo que se marchita, el del colonialismo, como campo de batalla entre el también otoñal y anacrónico cronista inglés y un americano con la fuerza de la juventud por una mujer demasiado preocupada por la supervivencia diaria como para decidirse entre una de las opciones de futuro, ambas inciertas por igual.

            Pese a la poderosa puesta en escena y la cuidada construcción de diálogos de Mankiewicz, el suspense inherente al texto se diluye poco a poco a causa la falta de intensidad producida por las carencias de un personaje fundamental en el desarrollo del relato, el americano -un Audie Murphy totalmente falto de carisma además-, desdibujado al eliminarse la gran carga de ambigüedad y misterio de su trasfondo político, destripado de manera poco sutil en un final excesivamente explicativo, con un giro argumental tramposete y rayano en lo propagandístico pro americano.

La intriga del espionaje se pierde en el ritmo irregular de una trama romántica a ratos algo insípida, aquejada a su vez del típico retrato folklórico-caricaturesco hollywoodiense de los nativos, actores occidentales de no demasiado talento, pobremente disfrazados y caracterizados para la ocasión, entre los que la protagonista femenina encarnada por la ¡italiana! Giorgia Moll –el Saigón de la pantalla es una recreación construida en el Cinecittà romano-, no es caso excepcional: un personaje totalmente plano, interpretado con poca gracia y convertido en irrelevante por uno de los considerados mejores escritores de personajes femeninos de la industria norteamericana.

             Una película timorata de la que, ante tanto cambio sustancial, el propio Greene renegaría.

En cambio, el remake de 2002, dirigido por el australiano Philip Noyce, guardará mayor fidelidad con el original pese a describir un recorrido cronológico más amplio.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

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