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Incierta gloria

20 Mar

Incierta gloria

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Año: 2017.

Director: Agustí Villaronga.

Reparto: Marcel Borrás, Núria Prims, Oriol Pla, Burna Cusi, Luisa Gavasa, Fernando Esteso, Terele Pávez, Juan Diego.

Tráiler

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          Aunque ambientada en la Guerra Civil española, no hay (casi) disparos en Incierta gloria, si bien abundan en ella los frentes abiertos y volátiles. Son trincheras íntimas, que atruenan en las entrañas de personajes en conflicto, divididos entre el elemental sentido de la humanidad y un instinto de supervivencia contra el horror que, en realidad, parece más orientado hacia las generaciones futuras -sus hijos- que hacia la propia, ya arrasada y dada por perdida sin remedio. Desgarros viscerales que arrecian dentro de un escenario exterior reducido al absurdo por la supresión de la razón y la moral, y que en conclusión podría ser España como cualquier otro lugar desertificado por el odio y la furia.

          Basada en la extensa y compleja novela de Joan Sales, él mismo combatiente en Aragón, y que ha sido también llevada a la radio y el teatro, Incierta gloria se constituye en un filme descompensado e irregular, con una introducción excesivamente dilatada o lánguida en comparación con el atropellado desenlace y en el que, cuando el relato amenaza con estancarse en cierta indolencia, el pulso dramático y narrativo se recupera con un crescendo de intensidad que camina a la par del descubrimiento de las cicatrices del pasado en las que se siembra el presente. Por desgracia, las revoluciones vuelven a decaer a partir de la reunión familiar en el frente de Teruel y solo se recuperarán, con chispazos fogosos e incluso conmovedores, en el momento de saldar definitivamente las cuentas.

Al respecto, se le puede imputar que los hechos comienzan a encadenarse a empellones y de manera un tanto forzada, expuestos con diálogos a los que en momentos clave parece faltarles por pulir su ascendencia literaria. Pero la principal causa es que, dentro de esta encrucijada de dramas, los desorientados vaivenes sentimentales del último moralista (Marcel Borràs) no poseen tanto magnetismo como las historias de personajes más ambiguos o problemáticos como la Carlana (Núria Prims, la fuerza de la mirada), condenada por propios y extraños a ejercer de trágica femme fatale, y Juli (Oriol Pla), el soñador que, hastiado de la vida envenenada de los hombres, ha abrazado un absurdo donde las únicas verdades tangibles que subsisten -y por tanto el único posicionamiento personal ineludible- proceden de las emociones puras -en todos los sentidos del término- y no del intelecto, tanto o más cuando éste se halla enajenado por la desesperación de las circunstancias.

Son los asideros terminales de la humanidad contra el avance inexorable del nihilismo que trae consigo la absoluta destrucción -material y metafísica- de la guerra.

          Y ante estos lazos y motivaciones viscerales tampoco encuentran sentido las posturas maniqueas -solo se le podría imputar a Agustí Villaronga el empleo de clichés en el barbarismo de los anarquistas, la presentación del sargento fascista o la caracterización del alcalde nacional-; aunque, de nuevo, conducen a otra trinchera, en este caso ocupada por dos amigos que parecen compartir intereses románticos, tal y como remitiría entonces el título, tomado de Los dos hidalgos de Verona.

Una cita literaria a William Shakespeare que también fue empleada en su día en su epígrafe anglosajón -si bien con un sentido bastante alejado del aquí expuesto- por Tres días de gloria, por su parte ambientada en la Segunda Guerra Mundial, otra catástrofe que asomaba asimismo sus garras en la Guerra Civil, tajando sus primeras heridas. Una piedra más, pues, que se sumaría -desde fuera de la película- a ese subtexto acerca del engendramiento del pecado y la herencia de la desgracia.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 6,5.

Beasts of No Nation

22 Jun

“Vivimos en un mundo que a veces es mucho peor que cualquier cosa que podamos imaginar.”

David Lynch

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Beasts of No Nation

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Beasts of No Nation

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Año: 2015.

Director: Cary Joji Fukunaga.

Reparto: Abraham Atta, Idris Elba, Emmanuel Nii Adom Quaye, Teibu Owusu Achcampong, Annointed Wesseh, Kobina Amissah-Sam, Ama K. Abebrese, Frances Weddey.

Tráiler

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           No hay mayor contraste posible para expresar la dualidad moral del ser humano que enfrentar la pureza de la infancia contra la abyecta ferocidad de la guerra. El sacrificio de los inocentes, víctimas de la maldad acumulada por un cuerpo adulto que ha perdido de vista, hasta las últimas consecuencias, los valores innatos de buen salvaje rousseauniano que se les presume a los niños.

Si bien la fórmula más habitual, campo abonado para el pañuelo moquero, es la de introducir al pequeño en un ambiente bélico para convertirlo en víctima sacrificial –y acaso redentora, mediante un martirologio de Cristo redivivo-, también hay obras que le incluyen como parte activa en el conflicto, yendo un paso más allá en el retrato de esas contradicciones entre la esencia de vida que ha de encarnar la infancia –el futuro, el goce, la maravilla- y la crudeza a la que le enfrenta la degradada naturaleza humana –la violencia contra el prójimo, la muerte, el horror moral-. Ambas soviéticas y ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, ahí dejan su ejemplo La infancia de Iván y Masacre: ven y mira.

Pero quizás este conflicto específico, dadas sus características y su lejanía temporal, no es el más favorable para capturar la sensibilidad actual a propósito de la figura del niño soldado. Más reciente en el estreno y la ambientación, cabría mencionar la mexicana Voces inocentes, relato autobiográfico del guionista Óscar Torres acerca de su reclutamiento por el ejército gubernamental de El Salvador en su lucha contra el FMLN. También Alias María, en Colombia. Sin embargo, la perspectiva euro-anglocéntrica vincula este problema especialmente con África, sobre todo por el dominio público de las correrías de señores de la guerra como el ugandés Joseph Kony y su Ejército de Resistencia del Señor. En el cine, este particular ya ha sido abordado frontalmente por cintas como la liberiana Johnny Mad Dog: Los niños soldado, la alemana Heart of Fire o la canadiense Rebelde (Rebelle), nominada al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Este tema sería el escogido por Netflix para continuar con su consolidación como productora y distribuidora de prestigio.

           La plataforma de entretenimiento audiovisual en streaming adquiría así los derechos de Beasts of No Nation, un proyecto en el que el cineasta Cary Joji Fukunaga llevaba trabajando más de un lustro, auspiciado ahora, definitivamente, por el prestigio crítico cosechado con la serie True Detective -que, a su modo, era otro viaje inmersivo en la descomposición moral del hombre contemporáneo-.

Basada en una novela superventas del nigeriano Uzodinma Iweala, Beasts of No Nation captura el viaje al infierno de un niño de un país anónimo del África subsahariana al que las circunstancias arrastran al frente de batalla. La estética escogida por Fukunaga para componer en imágenes la narración de Iweala, adaptada por él mismo, tampoco diferirá en exceso del refinamiento estilístico mostrado en la serie de la HBO, puesto que la pesadilla febril en la que se va sumergiendo el argumento alcanza un grado de elaboración onírica semejante, incluso con recursos formalistas como el coloreado de los fotogramas. A partir de ahí se establece una virulenta confrontación entre la violencia física y psicológica del relato -cristalizada en el correspondiente aunque puntual y contenido grafismo que manan algunas secuencias- y la persistencia enconada de la mirada infantil.

El viaje, de hecho, parte de una situación en la que el filme, salvando las distancias, se esfuerza en asimilar la vida de este niño en territorio neutral con la del espectador occidental, enfatizada a través de elementos como la calidez familiar, las convicciones éticas cristianas, el reflejo divertido de las inquietudes y procesos mentales típicos de su etapa vital, o por detalles ‘civilizados’ que quieren separar el escenario del costumbrismo regionalista, caso de la creencia ingenua del chaval de que los leones solo habitan en los zoológicos. Esta intención de crear una empatía completa entre el ignorante hombre blanco y el sufriente protagonista, a priori tan distante de su contexto cotidiano por localización geográfica como por situación sociopolítica, se refuerza con el empleo de la voz en off con la que el crío verbaliza los sentimientos que despierta en él esta experiencia traumática -este descenso forzado a los infiernos-, subrayando el tono moral del discurso.

           El catalizador de esta espiral demencial y alucinada es la figura carismática, iluminada y barbárica del Comandante, líder anónimo de una facción rebelde que encuentra en el secuestro de niños la base de su batallón. No obstante, su irrupción se percibe pareja inicialmente al resto de monstruos que pueblan el tablero de juego, a espaldas del interés de los países dominantes del orbe o, en el peor de los casos, bajo su anuencia y respaldo –con todo, no vayamos a abusar de criticismo, el personaje foráneo que comparece con mayor claridad ante la cámara tiene de rasgos chinos-.

La influencia a uno y otro lado de la pantalla de este Kurtz nativo, alejado de los vapores lisérgicos y metafísicos de los setenta, terrible por su verosímil proximidad a citados modelos reales como Joseph Kony, es uno de los factores más poderosos de Beasts of No Nation, gracias a la habilidad del realizador para imponer su hechizo sobre el escenario, esté o no presente en él. Aunque, obviamente, aquí la pieza clave es la imponente presencia física de Idris Elba. Aun así, el debutante Abraham Atta no se ve arrastrado por la arrolladora contundencia del líder del reparto y consigue que su protagonista combine, conmovedoramente, dulzura y dureza en sus gestos.

           Hay ocasiones en las que se echa en falta una pizca más de concreción, ya que el metraje queda un tanto descompensado, sobre todo en un tramo final, cuando la campaña se desploma bajo el peso de su propia irracionalidad e inaceptabilidad a la manera de la epopeya de Aguirre, la cólera de Dios o de su emulación coppoliana en Vietnam –resuenan ecos distantes entre las trincheras de la paupérrima mina de oro y el puente de Do Lung-. Un segmento donde, esta vez, parece perderse un tanto la fuerza precedente, pese a ser más proclive para haber abundado en este concepto de enajenación alucinada.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

A Field in England

6 Jun

“Lo inexplicable es una parte esencial de la metáfora. Decodificar un misterio equivale a destruirlo.”

Theo Angelopoulos

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A Field in England

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A Field in England

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Año: 2013.

Director: Ben Wheatley.

Reparto: Reece ShearsmithPeter FerdinandoMichael SmileyRichard GloverRyan Pope, Julian Barratt.

Tráiler

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            La influencia de Amy Jump como guionista –ya había actuado como editora en el cortometraje Rob Loves Kerrysobre la filmografía de Ben Weathley parece conducir a esta hacia una mayor abstracción y hermetismo a partir de su acreditación en la escritura de Kill List, elaborada a cuatro manos con su pareja artística y sentimental. De ahí que se pueda afirmar que, precisamente, el ya iconoclasta debut en la dirección de largometrajes del británico, Down Terrace, es hasta la más clásica -y sin duda accesible- de sus películas.

            De tal modo, la ambientación de A Field in England en la Guerra Civil inglesa del siglo XVII, la anodina fotografía en blanco y negro –hasta aquí se la podría emparentar con el falso documental Culloden– e incluso su neutro título –“un campo en Inglaterra”-, actúan como simples contrastes con la naturaleza alucinada, surrealista y críptica de la obra, influida por la injerencia de la magia, la psicodelia y la metafísica.

Elementos que sirven para empujar el argumento hacia los terrenos del ocultismo y hacia una idea de renacimiento a través de un proceso sobrenatural y circular que, precisamente, parecía encontrarse ya presente en Kill List. La colisión de esta dualidad se dará, de hecho, en una especie de clímax enajenado que se traduce en fotogramas mediante una extensa secuencia de imágenes especulares y estroboscópicas.

            Al igual que ocurre con esas búsquedas cinematográficas y extrasensoriales de Alejandro Jodorowsky, resulta complicado -y probablemente desaconsejable- racionalizar el argumento del filme, no exento de desconcertantes toques de humor –los patéticos arrebatos pictoricistas, de voluntaria obviedad-.

La principal objeción de A Field in England, por tanto, provendría de que no consiga suscitar el necesario trance hipnótico con el que asimilar el estado mental propio a la experiencia de los personajes al otro lado de la pantalla. Quizás ese juego de contradicciones formales y temáticas se vuelva contra ella, al contrario de lo que sucedía con la contraposición entre estética realista y acciones surrealistas que se daba en las precedentes Kill List y Turistas (Sightseers).

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 5.

Sierra de Teruel

21 May

“El arte y la cultura forman otro frente de lucha; escritores y artistas son sus soldados.”

León Trotsky

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Sierra de Teruel

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Sierra de Teruel

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Año: 1939.

Director: André Malraux.

Reparto: Andrés Mejuto, Nicolás Rodríguez, José Sempere, Julio Peña, Pedro Codina, José María Lado, Serafín Ferro, Miguel del Castillo.

Filme 

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           Rodaje de guerra literal, donde cae herida por del fascismo contra el que arremetían sus fotogramas. Obra coherentemente inconclusa. Conocida también por el título francés, Espoir (esperanza), que es casi el de la novela de la que parte, L’Espoir, Sierra de Teruel es la primera y última incursión en el séptimo arte del literato, intelectual y político francés André Malraux. Y, como en su versión en papel, el filme es la recreación de sus memorias bélicas en los violentos inicios de la Guerra Civil española.

Pero Sierra de Teruel es recuerdo y es presente combativo al mismo tiempo, establecido como arma propagandística financiada por el gobierno de la República con el objetivo militar de expandir la conciencia de lucha entre las fuerzas internacionales que, a diferencia de las potencias fascistas, que atisbaron su condición de ensayo para el conflicto mundial venidero, delegaron en cambio en contingentes voluntarios el deber de enfrentarse al monstruo que, voraz, se desperezaba.

           El rodaje de Sierra de Teruel, de hecho, es puro rodaje de guerrilla, emprendido a caballo entre Cataluña y Francia con una mezcla de convicción, carestía material y penurias técnicas, empleando recursos de la tierra –las letras de Max Aub en la adaptación del libro, los payeses de la región como fondo actoral amateur en anticipo del Neorrealismo italiano– y obstaculizada por las explosiones de bombas y la amenaza cotidiana del avance nacional. Precisamente la caída de Barcelona atropellaría la producción, cercenando su relato cinematográfico. Se estrenaría en algunos pases al otro lado de los Pirineos ese mismo 1939, recompuesta a duras penas en la sala de montaje. Las injerencias diplomáticas franquistas y la ocupación nazi del país galo convertirían la supervivencia de la cinta en otra aventura extraordinaria –destrucción de negativos, copias salvadas en Estados Unidos en plena Segunda Guerra Mundial, composición de diversas versiones amoldadas a la realidad de posguerra del momento,…-, la cual culminaría con una nueva restauración a comienzos del siglo XXI.

           Pese a las mutilaciones, la coherencia de sus apenas 68 minutos de metraje es asombrosa, en absoluto embargada por las elipsis obligadas por las circunstancias. Completa en su fragmentariedad capitular, que deja episodios –el asturiano, la dinamita y el desfiladero- al albur del pensamiento del espectador, en la actualidad condicionado por el conocimiento cierto del desenlace último de la conflagración.

En cuanto al argumento, este diálogo entre el pasado inmediatola batalla de Teruel de 1937y el presente de la filmación –la progresiva derrota republicana- queda extraña y conmovedoramente hibridado en los fotogramas de Malraux, en los que convive la crudeza de la guerra y el lirismo de la naturaleza, al igual que trata de componerse un mensaje de esperanza en la causa frente a una noción palpable del fracaso bélico, de consciencia irremediablemente trágica. El documental vívido, apegado a la tierra y permanentemente martilleado por la artillería, contra el lirismo romántico, manado de los ideales y portado en el rostro de los personajes.

Sierra de Teruel ofrece planos de extraordinaria carga poética, de los que a buen seguro tomaría nota Terrence Malick para componer su obra maestra, La delgada línea roja. La naturaleza eterna, inmutable y hermosa que colisiona violentamente con la muerte de los hombres, entre fuego y barro. Una hormiga que deambula indiferente por el visor de la vetusta ametralladora de un avión leal. La bandada de pájaros que alzan el vuelo como escapa el alma orgullosa de quien se arroja a pecho descubierto contra el cañón enemigo. Las aves que emigran como cada año en una peregrinación sagrada, los girasoles que mantienen inmutables su ciclo eterno, irrompible. Imágenes simbólicas que se disponen estratégicamente, insertadas entre los clímax de dolor -y quién sabe si heroísmo- un tanto al estilo de las escenas-almohada del japonés Yasujirô Ozu, otro poeta con cámara en lugar de pluma.

           La atmósfera que dominan las acciones republicanas es más elegíaca que épica, donde el valor del pueblo llano –los municipios que se revelan ante la llegada del opresor-, el compromiso innegociable –el comandante que retorna al frente- y el valor indestructible –el soldado que se lamenta no haber salido antes a pelear-, apenas logran suplir las privaciones militares y logísticas –desde los aviones y el armamento hasta el teléfono y las raciones- que condenan a la ardorosa resistencia. De aquí surge la esencia de sus pretensiones inspiradoras, exaltada en esas conclusiones que se alcanzan después de atravesar tensas y vibrantes secuencias de incursiones aéreas, meritorias en su formulación teniendo en cuenta la inexperiencia de Malraux –quizás habría que conceder crédito al documentalista Boris Peskine, que lo auxiliaría en la dirección-.

Una obra insólita, en definitiva.

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Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 8,5.

Ispansi (¡Españoles!)

21 Oct

“Ser buen director es conseguir que se entienda tu idea a la perfección.”

Álex de la Iglesia

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Ispansi (¡Españoles!)

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Ispansi (¡Españoles!)

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Año: 2010.

Director: Carlos Iglesias.

Reparto: Carlos Iglesias, Esther Regina, Iñaki Guevara, Isabel Blanco, Bruto Pomeroy, Isabelle Stoffel, Dorin Dragos, Eloísa Vargas.

Tráiler

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             Carlos Iglesias ha encontrado un filón de inspiración en los relatos de emigración y desplazamiento. Aparte de que, azares de los tiempos, estos son de nuevo acordes al contexto presente español, se trata de historias donde las emociones son fácilmente palpables e identificables, y que rescatan además episodios nacionales atractivos y desaconsejablemente olvidados. Situado entre las dos miradas atrás que proponen las parcialmente autobiográficas Un franco, 14 pesetas y 2 francos, 40 pesetas, Iglesias prolonga el díptico sobre emigrantes españoles en una trilogía para recordar las tragedias y heroísmos sordos de los republicanos refugiados en la Unión Soviética, atrapados por la enajenación de un mundo entre dos guerras sucesivas que, en realidad, son una sola: la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

             Iglesias, en resumen, tiene entre manos una buena historia. La labor de investigación y el interés por lo que cuenta es manifiesto, extendido al cariño con el que enarbola una visión humanista de unos personajes ante los que la Historia y la política solo pueden resultar injustos y absurdos, desnaturalizándolos de su bondad y empatía.

De nuevo es en la recuperación de esa memoria afectiva del país y de sus gentes donde el realizador, guionista y actor se muestra más ducho, sobre todo en comparación con la impericia, fruto de la inexperiencia, con la que rueda escenas de violencia y agitación bélica como, por ejemplo, los ametrallamientos aéreos. Unos defectos semejantes a los que se pueden achacar al dibujo de unas personalidades individuales que resultan un tanto planas –perjudicadas además por una desacertada dirección del reparto- en comparación con el tremendo escenario que los embarga y al que se enfrentan física, moral y sentimentalmente.

             El texto con el que se construye este discurso en favor de la reconciliación emocional de un país –y un planeta- seccionado en dos mitades, es más cálido y tierno que afilado, incluso en ocasiones donde se precisaría una carga de rabia, amargura y dolor que hiciese más explosivo –o mejor dicho, más incisivo- el legítimo idealismo que exhibe la propuesta, puesto que el contexto lo merece.

Hay crítica a la España fascinada por el rumor, la maledicencia y el cainismo, como se percibía en la ópera prima del cineasta, pero también una reivindicación igual de tópica de un pueblo que parece definirse por anteponer las emociones –loables o condenables- al cálculo racional. Quizás consciente de las limitaciones de su estilo, se diría que Iglesias deja por el camino ciertos guiños que suenan a disculpa –los niños imitando con sorna una escena romántica climática-.

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Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

Un día perfecto

1 Sep

“Una de las consecuencias de la guerra es que priva al hombre de su propio combate individual.” 

François Truffaut

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Un día perfecto

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Un día perfecto

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Año: 2015.

Director: Fernando León de Aranoa.

Reparto: Benicio del Toro, Tim Robbins, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Eldar Residovic, Sergi López.

Tráiler

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           Fernando León de Aranoa, firme defensor en contra la opinión popular de que no sobran sino que faltan películas sobre la Guerra Civil Española, conoce el valor de la anécdota para esclarecer el descomunal y catastrófico absurdo que esconde toda guerra fratricida, esté ambientada en las dos Españas de los años treinta o en los mil y un Balcanes de los noventa. Un absurdo que el cine -que no puede transportar por completo a la sala la histeria de la desesperación más atroz ni el penetrante hedor de la muerte-, incluso permite que pase por humorístico, regodeándose en la esencia patética de la cuestión. Pongamos por caso La vaquilla –y no es casual: en la presente los bovinos protagonizarán su también gag particular-.

           Estandarte del realismo social español, tan concentrado en su voluntad de denuncia que le supuso perder de vista la verosimilitud esencial en sus panegíricos acerca del marginal superviviente contra las injusticias de la sociedad, León de Aranoa ensaya con Un día perfecto un salto internacional que atañe tanto al argumento –las aventuras de un grupo de cooperantes de fontanería en el polvorín de las Guerras Yugoslavascomo en la producción, encabezada en el reparto por estrellas de elevado caché como Benicio del Toro, Tim Robbins y Olga Kurylenko.

Y, a partir de una anécdota –la imposibilidad de extraer un cadáver de un pozo de agua en un pueblo montañoso durante las postrimerías del conflicto, el periodo más propicio para la afloración del sinsentido-, se propone realizar un fresco cercano y humano de la última conflagración sangrienta en el territorio de la civilizada Europa. Un escenario ajeno a cualquier tipo de lógica y en el que la tarea más sencilla y sensata se convierte en una piedra de Sísifo que, a causa de su peso inclemente, potenciado por la mala sangre de la masa humana, la estulticia de una burocracia que hasta dista de ser bienintencionada en su ingenuidad –o ignorancia-, y, en definitiva, de la idiotez del mundo contemporáneo, es capaz de arrasar sin miramientos el aguante de cualquier idealista que se precie.

           Quizás el cambio al inglés ha permitido que el director y guionista recupere el pulso, la naturalidad y hasta el filo ocasional de sus diálogos, sin pretender alcanzar esas sentencias y parábolas ampulosas y excesivamente elaboradas marca de la casa que tanto pecaban de impostura –hay puntuales recaídas pero, eso sí, son menos pomposas- . El calzador se aplicará aquí a algunas piezas de la banda sonora del viaje, en especial al uso que se le da al Sweet Dreams de Marilyn Manson. La situación en sí misma es lo suficientemente elocuente como para no requerir subrayador, por lo que León de Aranoa se concentra en el desarrollo de las relaciones entre personajes, ensilladas en la estructura de road movie de la obra y de tibios hálitos westernianos de la mano sus dos llaneros solitarios de vuelta de todo, ejemplo de esa camaradería característica providencial en la filmografía del madrileño.

Esta dimensión humana y personal se erige así en el discurso clamoroso de la obra contra la deshumanización de la guerra y, asimismo, en lo más destacable de la función, a pesar de la coja construcción del personaje de Kurylenko, que tiene como efecto secundario el desfondamiento de algunas escenas en las que cobra papel principal. Por fortuna, la presencia de Del Toro y su buena química con Robbins ejerce de adecuado contrapeso.

           El cóctel de comedia irónica y drama bélico combina con sabor y sin demasiadas estridencias. Esto es, sin dejarse seducir por los cantos de sirena del tremendismo sentimental o de la bufonada fuera de tono. Pero asimismo, en oposición, Un día perfecto tampoco resulta una cinta especialmente incisiva en el aspecto político-bélico y le queda un retrato de la coyuntura a vuelapluma, bosquejado con loables intenciones pero poco más que eso. Entre los tópicos manidos –la inoperancia o la necedad de la ONU, principalmente-, sobrevuelan hallazgos que, al menos, dejan cierta huella propia, como la diferenciación entre los tipos de humor regionales.

Por su parte, las emociones, con ese citado autocontrol del cineasta, no chirrían, cosa que siempre es de agradecer, pero tampoco estallan y su rabia visceral permanece inusualmente contenida. Es así que, entonces, la película, aunque estimable, disfrutable y querible, permanece pequeña, temerosa -probablemente porque León de Aranoa ha chocado contra paredes de granito en sus últimos intentos-, a la hora de tirar la puerta debajo de una patada. Al contrario que La vaquilla.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

Cleopatra

3 Jul

Cleopatra, la hybris griega y el séptimo arte. Para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

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