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La llorona

17 Nov

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Año: 2019.

Director: Jayro Bustamante.

Reparto: María Mercedes Coroy, Sabrina De La Hoz, Julio Diaz, Margarita Kénefic, María Telón, Ayla-Elea Hurtado, Juan Pablo Olyslager.

Tráiler

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          Como apunta su título, referencia a la leyenda centroamericana sobre el alma en pena de una mujer que arrastra su maldición por un espantoso pecado, La llorona es un relato de terror, con fantasmas y posesiones espectrales. Sin embargo, es una manifestación fantástica y macabra mediante la cual Jayro Bustamante denuncia un terror verdadero, concreto, persistente y, por ello, todavía más estremecedor. La búsqueda de la justicia del espíritu que atormenta la engañosa paz de los vivos se corresponde, por tanto, con la reparación a través de la memoria histórica.

          Bustamante se dio a conocer internacionalmente con su primer largometraje, Ixcanul, primer filme guatemalteco en acceder a la preselección al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. En este debut ya comparecía un sentido crítico hacia la realidad del país, en especial en relación al inveterado racismo hacia la población indígena, que se expresaba también con el solapamiento de elementos sobrenaturales. Su segunda cinta, Temblores, en la que se aproxima a la homofobia predominante en su sociedad, prolongaba esta mirada que, ahora, se confirma de nuevo con La llorona.

El punto de partida de la obra -que incluye la simbólica participación de la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchúse inspira en el fallido proceso judicial al general Efraín Ríos Montt, uno de los dictadores latinoamericanos más despiadados del siglo pasado, condenado por genocidio después de que, bajo su corta presidencia de apenas 17 meses, fueran arrasadas unas 400 comunidades indígenas, masacradas hasta 10.000 personas y desplazadas de sus hogares otras 29.000, según calculan organizaciones de derechos humanos. Aun así, un tecnicismo dejó sin efecto los 80 años de reclusión en prisión militar y Ríos Montt -que a la postre no era más que un continuador de una funesta constante en Guatemala, en guerra civil durante más de tres décadas hasta 1996– falleció en abril de de 2018 a causa de un infarto, bajo arresto domiciliario y mientras sus abogados pleiteaban para conseguir sucesivos aplazamientos de nuevos juicios.

Bustamante encierra pues a su general en una suntuosa mansión que, a pesar del cordón policial, es franqueable para las fuerzas que sobrepasan el entendimiento humano. Desde el arranque, el cineasta sumerge la historia en una atmósfera inquietante -los rezos de la familia y la vista judicial, emparejados con un plano idéntico que se va abriendo- en la que deja percibir la presencia de lo sobrenatural por medio de la sugerencia. Pero los fantasmas del más allá invaden igualmente la casa de forma literal: son las cuartillas con los rostros y nombres de los desaparecidos o asesinados que arrojan, como envoltorio de ladrillos y piedras, la masa de manifestantes concentrada ante el lugar -un omnipresente ruido que, desde el fuera de campo y gracias a un notable trabajo en la realización, mantiene siempre viva la cuestión que subyace de fondo-. Esa parcela de realidad cruda se percibía asimismo en la separación que se traza entre los criollos y los indígenas: los rasgos de los actores, el idioma, la creencia, la posición social, en la arquitectura y en el plano…

          No obstante, La llorona es cine de terror hibridado con el drama familiar, que es la dimensión desde la que se aborda el conflicto en último término, pues es la que ofrece el punto de anclaje para trazar equivalencias entre ambos mundos -el marido desaparecido-, ahondar en la comprensión -el ponerse en la piel del otro y experimentar su trauma en primera persona- y, finalmente, aventurar un brote de redención al que Bustamante dota de un evidente peso femenino -y que, por tanto, podría conectar con la sensibilidad de Temblores y su cuestionamiento de los valores tópicos, tóxicos y cerrados de la virilidad-. A ello se llega a través de un clímax algo brusco en comparación con la exposición precedente y tras una narración de ritmo un tanto moroso, quizás equiparable a la languidez de Sabrina de la Hoz como heredera -y potencial víctima- de un monstruo auténtico.

Cabe decir que la Corte de Constitucionalidad de Guatemala vetó el pasado mayo la candidatura presidencial de la hija de Ríos Montt a las elecciones de junio. Aunque fue diputada en el Congreso guatemalteco entre 1996 y 2012 y sí había logrado presentare a los comicios de 2015, en los que obtuvo cerca del 6% de los votos.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 7.

Ixcanul

3 Dic

“En todo lugar, siempre el misma cosa. Para el rico, el campesino solamente es brazo. Eso creen que somos, puro brazo para trabajar. Mismo sus animales, tratados mejor que nosotros. Muchos años andamos buscando y probando que el rico entienda que el pobre tiene alma y corazón. Que siente. Somos gente pues, todos igual.”

Arturo (El Norte)

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Ixcanul

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Ixcanul

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Año: 2015.

Director: Jayro Bustamante.

Reparto: María Mercedes Coroy, María Telón, Manuel Antún, Justo Lorenzo, Marvin Coroy.

Tráiler

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            Al cine siempre le ha sido grata la exploración antropológica, remontándose a hitos fundacionales como Nanuk, el esquimal del pionero Robert Flaherty o Tabú de F.W. Murnau, que guardaban en su esencia unas pretensiones documentales y didácticas aunque envolviéndolas en un dramático entramado de ficción con el fin de hacerlas más digeribles a los asombrados espectadores. Al fin y al cabo, el séptimo arte encuentra en este tema uno de sus principales atractivos: viajar a territorios exóticos y de ensueño sin moverse de la butaca o asumir la piel de otro ser humano, por distinto que sea, por un plazo limitado y siempre desde las protectoras fronteras de la sala.

            Ixcanul invita al público a trasladarse a la Guatemala maya kaqchikel donde, al igual que los pescadores de Stromboli, tierra de Dios, sus moradores sobreviven penosamente bajo la sombra insalvable del volcán, terrible y fecunda, cadena irrompible al lugar. A través de los negros e insondables ojos de la joven María (María Mercedes Coroy), Jayro Bustamante, director y guionista de la cinta, retrata la miseria cotidiana de este pueblo dejado en los márgenes de la Historia; ni nativos ni hispanizados, ni cristianos ni paganos, ni súbditos ciudadanos ni hombres libres. Eternos parias, ‘ningunos’ equiparables a los empobrecidos campesinos y proletarios de cualquier otra parte el mundo, reducidos a mulos de carga por cualquier clase dominante que atraviese sus campos para adueñarse de sus vidas, ignorados por la cultura oficial dominante de los desmemoriados núcleos urbanos.

Exactamente iguales a aquellos compatriotas guatemaltecos y compañeros de clase social que ya protagonizaban El Norte, uno de los estandartes del cine chicano emergido en los años ochenta y cuya vigencia quedaba probada en el cine con el estreno el año pasado de la producción mexicana La jaula de oro. Y como en El Norte, el sobrecogedor paisaje que captura Ixcanul es una tierra privada de sueños, identificados en último término en el culto por lo estadounidense como nuevo rasgo de la religión sincrética de los nativos, todavía presidida sin embargo por el coloso dormido y amenazador que es el volcán y secundado por la infestación de serpientes de sus campos, símbolo maléfico por excelencia.

            Inspirado por los hechos biográficos que le había referido una muchacha indígena encarcelada, y plasmados en imágenes con un verismo de cuidada estética que desvela un microuniverso telúrico y místico a partes iguales –la presencia del sexo y la presencia de la creencia, esta última por fortuna sin derivar en el sobado realismo mágico latinoamericano-, Bustamante sintetiza esta realidad de privaciones y desesperanza –más cruda si se es pobre, aún más si se es mujer- por medio del relato de la gestación y alumbramiento de una nueva criatura por la adolescente María, objeto de deseo del patrón de la finca.

La hermosura del escenario natural se contrapone a la crudeza de la existencia. A pesar de ciertos lugares comunes propios del género, se respira autenticidad en su historia y, sobre todo, en interpretaciones como la de María Telón -vendedora de fruta y analfabeta al otro lado de la pantalla, tan solo actriz aficionada-; si bien la obra parece quedarse a un paso de estallar en rabia, de profundizar hasta las últimas consecuencias en esta existencia amarga y fascinante –desde la seguridad, insistimos, de la sala-; de sumergirnos con autoridad plena en los ropajes coloridos de estas gentes olvidadas.

Con rotundidad empero, la estructura circular que encierra el filme materializa en fotogramas esta idea acerca de la irrompible condena que ha de soportar el desheredado.

            Primer largometraje guatemalteco en acceder a la preselección al Óscar a la mejor película de habla no inglesa.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

La jaula de oro

5 Feb

Otra de las premiadas obras del nuevo cine mexicano (aunque dirigida por un señor de Burgos). La exclusiva, en El Peliculista.

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Caltiki, el monstruo inmortal

6 Oct

El original, en la sección de cine fantástico de CINEARCHIVO.

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El Norte

27 May

“En el futuro habrá una nueva cultura, una mezcla de lo latino y lo anglosajón, una cultura bilingüe. El futuro de Estados Unidos será latino.”

Gregory Nava

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El Norte

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El Norte

Año: 1983.

Director: Gregory Nava.

Reparto: David Villalpando, Zaide Silvia Gutiérrez, Trinidad Silva, Lupe Ontiveros, Enrique Castillo, Abel Franco.

Tráiler

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            Hijo de las tumultuosas luchas por los derechos civiles de los años setenta, el movimiento chicano concentraba la búsqueda de identidad de la numerosa y pujante población de origen mexicano residente en los Estados Unidos. Una corriente cultural que alumbraba como apéndice orgánico un registro audiovisual propio, materializado a través de documentales televisivos y diversas creaciones de ficción. Toda esta producción se veía favorecida por el particular carácter de la televisión pública -obligada en sus cánones a financiar películas de minorías étnicas-, y su exhibición quedaba canalizada por una serie circuitos alternativos y certámenes como los festivales de Cine chicano de San Antonio y Los Ángeles.

Se trata así de obras firmemente radicadas en la industria independiente norteamericana, si bien en todo caso con un innegociable punto de vista latino, expresado por medio de argumentos regidos por el choque cultural, el mestizaje racial, la segregación social, la convivencia bilingüe, la confrontación de estereotipos y la frontera como constructo artificioso, inmoral e inhumano.

El Norte supondrá la cumbre de este cine chicano.

           Gregory Nava, la cara más visible del movimiento junto con el taquillero Robert Rodríguez, autor siempre con mirada crítica, con mayor o menor fortuna, hacia esa constante cohabitación entre la América anglosajona y la América hispana, se hacía un nombre en el ámbito internacional narrando la odisea de dos hermanos guatemaltecos en su viaje al paraíso prometido de los Estados Unidos.

A pesar de las hechuras de viaje épico del relato, Nava, director y guionista, presenta en cambio un recorrido circular en el que el pobre, el tercermundista sean cuales sean su raíces o su residencia, se descubre aprisionado por las cadenas que le atan a su irreparable tragedia fatalista: la de inagotable mano de obra barata, de despreciable mulo de carga, de prescindible engranaje.

            El Norte construye una decidida denuncia contra la falaz mentira del sueño americano, un engañoso espejismo erigido por el insaciable mecanismo económico imperante, alimentado con seres humanos. Una vulgar y políticamente correcta sustitución del revólver del patrón y el fusil del militar empleados en la patria originaria de los emigrantes a modo de tradicional látigo para el espoleo y el control del trabajador.

            La contundencia de la verosimilitud funciona como el mejor aliado de un filme rodado de forma tensa, firme y fluida pero al que sin embargo no terminan de sentar del todo bien sus ligeras puntadas de realismo mágico y, en especial, de un dramatismo lacrimógeno bastante simplón, subrayado además por el trilladísimo Adagio para cuerdas de Samuel Barber, que en vez de reafirmar la fuerza del conjunto lo disminuye en parte por sus obvias intenciones efectistas.

Porque cuando a la belleza de los planos compuestos por Nava -mediante los cuales la colorista y colorista arquitectura y naturaleza de Guatemala entra en agrio conflicto con la plúmbea y desconchada Los Ángeles, a priori edénica-, se le suma un discurso sencillo pero tristemente creíble –el emotivo y clarividente discurso del padre como mejor ejemplo-, El Norte consigue afirmarse como una película de gran impacto en la víscera y la consciencia.

            Notable, y aún tan pertinente como en el día de su estreno.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

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