Tag Archives: Gitanos

Rey Gitano

29 Jul

“¿Necesitamos la comedia para sobrevivir a la dura realidad? Más bien la realidad ya nos proporciona la comedia preparada para consumir.”

Borja Cobeaga

.

.

Rey Gitano

.

Rey Gitano

.

Año: 2015.

Director: Juanma Bajo Ulloa.

Reparto: Karra Elejalde, Manuel Manquiña, Arturo Valls, María León, Albert Pla, Rosa María Sardá, Charo López, Santiago Segura, Gorka Aguinagalde, Pilar Bardem.

Tráiler

.

            Es difícil comprender cómo un cineasta independiente, con carácter y personalidad como Juanma Bajo Ulloa ha tardado 11 años –18, si se cuenta como su regreso a la comedia- para volver a la escena estrenando un proyecto como Rey Gitano, que tiene potencial de gamberrismo y mala uva, pero termina por ser una obra bastante ramplona, explotada promocionalmente como las rentas de Airbag, quizás la cinta menos característica de su universo aunque sin duda la más popular y recordada.

            Apegada a la España del momento –o de siempre, advierte con tino el director y guionista-, Rey Gitano resulta una especie de cóctel entre las tiras chuscas de El Jueves y las historietas de Mortadelo y Filemón -quienes por su parte han demostrado su cintura para con la actualidad en su último álbum, El tesorero, básicamente para que la grotesca realidad no le pase por encima y le robe los chistes-. José Mari (Karra Elejalde) y Primitivo (Manuel Manquiña), representantes de las dos Españas reconciliables –recurrente y todavía exitoso caldo de cultivo humorístico, como demostró el taquillazo de Ocho apellidos vascos-, observan desde sus ojos de perdedores incurables y melancólicos el estado de la nación y, al menos a uno de ellos, el nostálgico Primitivo, le duele España.

            A la caza de ADN regio por órdenes de un supuesto hijo bastardo del rey, estos dos espías dignos de la TIA recorren los callejones casposos de los poderes fácticos al sol y sombra, la decrepitud de la monarquía y los chanchullos del FMI y las potencias hegemónicas, verosímiles en sus tácticas chabacanas y sus tendencia a la farra de putas y drogas –consultar ‘bunga-bunga’ o la sección lores británicos, por ejemplo-.

Hijos de la chapuza typical spanish y el Spain is different, José Mari y Primitivo retornan al ruedo, como peces en el agua, asimilados por un presente unificado a golpe de cutrerío atávico y eterno, la misma carretera que le ha servido a José Luis Torrente para viajar desde la ranciedad del posdesarrollismo hasta las ruinas de una burbuja de ladrillo y boñiga, pasando por milagro económico de papel de plata, orquesta de pueblo y mundial de fúrbol. Aquella sobre la cual, en una autopista de pago paralela, la nobleza de rancio abolengo, no menos nauseabunda bajo sus ropajes de tela fina y sus modales de colegio concertado, ha sabido asimismo subirse al carro de la modernidad trastocando el paradigma tradicional de señorito dueño de su finca por los conceptos matemáticos de patria-empresa que el cine americano contemporáneo acostumbra a plasmar en medio de una avalancha de codicia y banderas estrelladas.

            El fondo de escenario es sólido y aguerrido, pero la mayoría de sus elementos están dibujados a brochazos, transcurren a trompicones y con previsibilidad y apenas se encuentran conectados entre ellos nada más que por el talento cómico de Elejalde y Manquiña, encargados de apuntalar a base de oficio y presencia la pobre arquitectura de la función, acentuada por la anodina puesta en escena del cineasta vitoriano, falta de chispa y de ese punto de fiereza necesario para que prenda definitivamente el polvorín, a excepción de destellos puntuales.

Así, como parte integrante –aunque marginal- de este microcosmos de mugre, corrupción y fluidos, ¿merecían estos pícaros iletrados –y esta película- semejante condescendencia como las que les depara Bajo Ulloa y ser eximidos de sus pecados? En fin, concedámosles una oportunidad de gracia, que la merecen más que toda la fauna que pulula a su alrededor. Porque España –y el mundo por extensión- es una mierda… concluye apesadumbrado Primitivo.

.

Nota IMDB: 4,1.

Nota FilmAffinity: 3,5.

Nota del blog: 5.

El tiempo de los gitanos

6 May

“El cine es un medio arriesgado, imperfecto y emocional, y todo esto debe, de alguna manera, sentirse en una película.”

David Fincher

.

.

El tiempo de los gitanos

.

El tiempo de los gitanos

.

Año: 1989.

Director: Emir Kusturica.

Reparto: Davor Dujmovic, Bora Todorovic, Ljubica Adzovic, Sinolicka Trpkova, Husnija Hasinovic, Elvira Sali, Zabit Memedov, Suada Karisic.

Tráiler

.

            Después de firmar dos tragicomedias costumbristas en las que el tono fabulesco barnizaba el crudo realismo propio del contexto político y social de los personajes, con El tiempo de los gitanos, Emir Kusturica daba un paso adelante y se adentraba en un realismo mágico a la balcánica que, en puridad, se ajusta perfectamente a la cosmovisión de los romaníes que protagonizan este pequeño cuento moral que, contradictoria y desaconsejablemente, se traduce de nuevo en un voluminoso metraje.

El Perhan (Davor Dujmovic) de El tiempo de los gitanos hereda en cierta manera la obsesión por la hipnosis del Dino de ¿Te acuerdas de Dolly Bell? y el sonambulismo del Malik de Papá está en viaje de negocios, prolongado aquí en unas habilidades telequinéticas que, por otro lado, le provienen de su abuela, prestigiosa curandera y encaladora del poblado chabolista donde habitan. En paralelo, Perhan recoge asimismo la incertidumbre característica de su etapa vital, marcada por su sangre bastarda, por el amor frustrado por una vecina (Sinolicka Trpkova), por la grave enfermedad de su hermana pequeña y por la necesidad de labrarse un futuro personal en medio de la miseria. 

            El argumento encadena así una serie de ritos de iniciación universales, envueltos en el drama social de este pueblo marginal y por lo general aparejados al desencanto, dueños además un patetismo existencial también común a cualquier adolescente de cualquier parte del mundo. Enhebrado con la combinación de crueldad y ternura que componen el estilo narrativo de Kusturica, el camino de Perhan, pese a sus nobles sentimientos, comienza a torcerse a medida que se adentra en el curso de las mafias que gestionan la mendicidad de niños y discapacitados en Italia, imagen del éxito y figuras de poder caciquil en el seno de la comunidad gitana. En consecuencia, el cineasta serbobosnio transforma los sueños bucólicos e idealizados del joven –el sueño de amor de la noche de San Jorge– en metáforas y alegorías más oscuras y funestas, encalladas en un paisaje lluvioso y desolado.

Se trata de detalles de fantasía que se corresponden con la ascendencia casi mitológica del protagonista –hijo de un encuentro entre una “ninfa” de hermosura legendaria y un soldado esloveno desconocido- y que se une al resto de trazos fabulosos del filme, que alcanzan su culminación a través del influjo de la superstición y la religión sobre las aventuras y desventuras de los personajes –las constantes menciones a Dios y el vano intento de hacer pactos con él, cuando en el prólogo se proclama que, en su descenso a la Tierra, el mismo Altísimo no había conseguido ponerse de acuerdo con los gitanos-. Guiños que se intercalan en la descarnada trama que compone el fondo del relato hasta el punto de introducir una serie de rimas simbólicas que dibujan una sensación de ciclo irrompible, casi una maldición eterna que pesa sobre los cíngaros.

            En comparación con el inflado desgarro y el brusco ascenso, caída y redención hacia el que conduce la historia, quizás los capítulos más sencillos y naturales de El tiempo de los gitanos sean los que más emociones despierten, caso la relación entre Perhan y su pavo –si bien recuerda a la británica Kes con un giro cómico y surrealista-, la ingenuidad y pasión de su anhelo romántico, esa reconocible iniciación a la vida adulta o la vida familiar alterada por el voluble temperamento de su tío, seductor por naturaleza, jugador sin fortuna y añorante de Alemania. Aparte, destaca el excelente empleo de la banda sonora, donde Goran Bregovic, líder del popularísimo grupo Bijelo Dugme y aquí en la primera de sus tres afortunadas colaboraciones con Kusturica, extrae inolvidables resonancias de la canción Ederlezi, versión romaní del Đurđevdan serbio, la citada fiesta de San Jorge, capital momento mágico de la obra.

 

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7.

La mujer del chatarrero

22 Sep

“Cambio un Oso de Plata por una vida mejor.”

Nazif Mujic

.

.

La mujer del chatarrero

.

La mujer del chatarrero.

Año: 2013.

Director: Danis Tanovic.

Reparto: Nazif Mujic, Senada Alimanovic, Semsa Mujic, Sandra Mujic.

Tráiler

.

            Si en La segunda mujer –por cierto, ganadora por votación popular de la XXXVI Semana Internacional de Cine de Autor de Lugo donde la vi, tomen nota de la reacción del público y/o de mis entendederas- hablábamos de cómo acumular tragedias sobre un personaje corría el riesgo de lastrar la credibilidad del filme, La mujer del chatarrero –cuarta en una clasificación de cinco, también detrás de El rayo y Gloriaofrece un excelente ejemplo de cómo se puede tratar un argumento crudísimo, a la par que pertinente, con absoluta, emocionante y reveladora naturalidad.

            La mujer del chatarrero relata la odisea mínima de Nazif Mujic, gitano y recolector de ferralla de un poblado bosnio dejado de la mano de Dios, por conseguir que operen a su mujer tras sufrir ésta un aborto natural, ya que ambos carecen de la preceptiva tarjeta sanitaria. Chatarra humana. La épica mísera del desheredado; aquella misma que ya reivindicaba el neorrealismo italiano a través de enseñas inmarcesibles como Ladrón de bicicletas. Esta premisa, que con medios, moralina y sentimentalismos podría fructificar en un John Q., se convierte en una estremecedora reflexión acerca de la deshumanización con la que el sistema (económico, se entiende, ¿acaso hay otro?) se impone sobre las personas hasta desguazar su dignidad.

            Danis Tanovic, en su día encumbrado gracias al Óscar a mejor película de habla no inglesa por la alegórica y comprometida En tierra de nadie –la película que derrotó a Amelie, que por entonces gustaba mucho, aunque ahora haya quien se avergüence de ello-, reverdecía sus laureles internacionales con un Gran premio del jurado en la Berlinale de 2013. Por medio de un estilo situado en la frontera entre realidad y ficción -guion tomado de hechos reales, cámara libre e imágenes inmediatas a las que no incluso no importa que las niñas rompan la teórica cuarta pared-, Tanovic se sirve de la espontaneidad de sus actores amateurs, intérpretes de la tragedia de su propia vida, para anclar la historia en una estoica cotidianeidad que, por veraz y reconocible, impregna quedamente a la denuncia de un devastador desaliento, reafirmado por el delicado recorrido cíclico con el que concluye la narración.

            Desde la austeridad y la sencillez, La mujer del chatarrero desnuda sin paliativos un atroz atentado contra los derechos humanos que, por desgracia, amenaza con ser moneda común también en los países desarrollados después de la infecta campaña contra el Estado del Bienestar propugnada desde el turbocapitalismo más estafador, mezquino y sádico. Con muy poco, el cineasta bosnio cuenta mucho. La obra también desgrana con una desarmante sutileza –aquella que echaba en falta precisamente el desgarrado desenlace de En tierra de nadie– las claves que, de manera particular (o no tanto), caracterizan al país balcánico, como la falacia del nacionalismo –la ingratitud hacia el combatiente- o el racismo solapado en la falta de oportunidades y derechos.

            La última lección del filme provendrá desde fuera de la pantalla. Una vez extinguidos los flashes, las sonrisas y los oropeles de su Oso de Plata, Nazif Mujic arremetía contra la fatua banalidad del cine, poco importa artístico o comercial. Hacinado junto a su familia en una habitación de 30 metros cuadrados en una residencia para refugiados en las afueras de Berlín, a la espera de asilo y trabajo, los premios y parabienes de nada le habían servido para encontrar una vida mejor. “No quiero que mis hijos digan: Éste es nuestro padre. Es el mejor actor, pero no nos ha dejado nada. Nada, excepto una estatuilla de un oso”, confesaba.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 8,5.

Línea no regular

16 Ene

“Si alguna vez hay otra guerra en Europa, será resultado de alguna maldita estupidez en los Balcanes.”

Otto von Bismark

.

.

Línea no regular

.

Línea no regular

Año: 1980.

Director: Slobodan Šijan.

Reparto: Pavle Vujisić, Aleksandar Berček, Mića Tomić, Danilo ‘Bata’ Stojković, Dragan Nikolić, Taško Načić, Boro Stjepanović, Neda Arnerić, Slavko Štimac, Miodrag Kostić, Nenad Kostić.

 .

 .

            Podría haber estado firmada por Luis García Berlanga y haber estado ambientada en la España de la Guerra Civil o el franquismo pero, sin embargo, el retrato patético y cruel que presenta el serbio Slobodan Šijan en Línea no regular es el de la Yugoslavia de comienzos de la Segunda Guerra Mundial.

            Ubicada cronológicamente en el año de la muerte del mariscal Tito y en el despuntar de la industria cinematográfica balcánica –surgen autores como el aquí guionista Dusan Kovácevic con El espía de los Balcanes y Emir Kusturica estrena su opera prima en el cine ¿Te acuerdas de Dolly Bell?-, Línea no regular, malintencionada metáfora de la Yugoslavia atávica e irreductible, se articula entorno a la confrontación de los tipos humanos tradicionales locales concentrados en un destartalado autobús rumbo a Belgrado: un tiránico y usurero revisor con su hijo idiota al volante del vehículo, un orgulloso anciano, nacionalista y veterano de la Primera Guerra Mundial; un germanófilo ultraconservador, racista e hipócrita; un cantante cualquiera que vive de su petulante apariencia de dandy, un torpe apasionado de las armas, un hombre de mediana edad tuberculoso y entrometido, dos lujuriosos y dispares recién casados con poco futuro en el matrimonio, una hierática anciana y una pareja de músicos gitanos, auténticos guardianes de la crónica histórica y cultural del país y que, como tales, ejercen de aedos (o de coro griego, si se prefiere) en esta caótica y ruinosa odisea.

             Son, en su mayor parte, arquetipos unidos de uno u otro modo por un fondo común de mezquindad y miseria moral, imagen despiadada de una Yugoslavia con las heridas abiertas y sangrantes del recién llegado conflicto mundial y, no menos importante, por el cainismo idiosincrásico del lugar, auténtico agente supresor de posibles opciones de tolerancia, conciliación y convivencia –el único pacifista de la cinta yace en una caja de madera a dos metros bajo tierra, con una colérica promesa de vendetta como todo resultado de su obra-.

             Šijan, apoyado en una excelente selección de actores, fisionimías y caracterizaciones, no tiene misericordia hacia sus personajes, ridiculizados a través de su hilarante y vitriólica reducción al absurdo, embarcados en un penoso viaje a ninguna parte.

             Como decíamos en la introducción, Línea no regular impone un acercamiento al costumbrismo negro del país de una manera próxima a la sensibilidad mediterránea. Un esperpento de apariencia inocua y fondo terrible, cargado con una feroz autocrítica que se dosifica con el fin de mantener esa engañosa fachada entrañable y ligera pero que, paulatinamente, Šijan descerraja con sibilino disimulo y precisión de francotirador, dibujando así un crescendo abrasivo finalizado en un desenlace demoledor.

             Porque, en definitiva, la clave de todo el asunto ya la canta ese lúcido, marginal y resignado acordeonista cíngaro en la coda de cada canción del camino: “desafortunado soy desde niño, con toda mi pena canto canciones, ojala, oh madre mía, todo esto haya sido un sueño”.

Y aún no habían estallado las guerras yugoslavas.

 

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7,5.

Garras humanas

6 Nov

“Créeme, en tu corazón siempre brilla la estrella de tu destino.”

Friedrich Schiller

.

.

Garras humanas

.

Año: 1927.

Director: Tod Browning.

Reparto: Lon Chaney, Joan Crawford, Norman Kerry, John George, Nick De Ruiz.

.

             Erudito en literatura gótica, experto conocedor de ambientes marginales y personalidades torturadas, el cine de Tod Browning explora con malsana precisión la condición humana, en la que la deformidad, como concepto que trasciende lo físico para adentrarse en lo emocional, hasta alcanzar lo monstruoso en último término, forma parte intrínseca de la misma.

              Garras humanas expone muchas de las constantes del cine de Browning. De nuevo, el mundo del circo como reproducción viva de la tragicomedia humana, en el que se condensan todas las pasiones y emociones, heroísmos, tragedias, grandezas y mezquindades del ser. También como en su opus magna La parada de los monstruos, el drama, de fuertes interpretaciones psicoanalíticas, gira entorno a un triángulo amoroso. La bella Nanon (Joan Crawford), con una simbólica fobia por las manos masculinas –las ‘garras humanas’ del expresivo título español-, es el tortuoso objeto de deseo disputado por el forzudo Malabar (Norman Kerry) y el enigmático Alonzo el Manco (Lon Chaney, que firmaría en total diez colaboraciones con Browning).

Uno, dueño de unas manos capaces de doblar barras de hierro; el otro, carente de ellas.

              El universo de Garras humanas está determinado por la turbiedad. Rasgo recurrente en la obra de Browning, las apariencias y el engaño juegan un papel fundamental en la composición de los personajes, instrumento con el que el realizador de Louisville experimenta y juega con las reacciones de la platea, con el propio sentir del espectador.

Del mismo modo que la apariencia brutal de Malabar acaba por rendirse a la dulzura de su naturaleza, Alonzo esconde un secreto sombrío bajo su aspecto bondadoso de esforzado superviviente. Su auténtica deformidad solo sale a la luz cuando se libra de su corsé, revelando sus brazos que oculta para huir de un pasado de maldad; su verdadero ser. Pero, al mismo tiempo, es también un hombre capaz de extasiarse al contemplar a su amada Nanon, una sugerida posibilidad escape redentor –las escenas que protagoniza son las únicas que escapan a la atmósfera viciada y tenebrosa del filme, presentadas con un aire onírico virtud a una tela que envuelve el fotograma en una sugestiva nebulosa-.

Está dispuesto a sacrificar todo, hasta sus últimas consecuencias, a cambio de una promesa de amor (condenarse ante la ley, renunciar a sus brazos, vínculo con ese tormentoso pasado de fechorías) que se traduce en obsesión.

              Alonzo es un huracán de emociones en sí mismo al que Chaney, ‘el hombre de las mil caras’, insufla vida con precisión de maestro, capaz de mutar en la misma escena del amor a la desesperación, de la alegría a la ira, arrollador a la hora de desentrañar el mundo en llamas atrapado tras sus ojos. Es un personaje torcido, condenado de antemano a la tragedia por su condición monstruosa, herencia de un pasado imposible de enderezar. La persecución de su amor por la parte buena que parece aflorar desde el fondo de su perfidia, se convierte así en una lucha tan atroz como patética, de una crueldad estremecedora, sentenciada finalmente por un Destino despiadado y burlón.

Poderoso e intensísimo melodrama.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8,5.

El hombre lobo (The Wolf Man)

9 Ago

“Oigo decir a los actores: ‘tengo que ir a trabajar mañana’. Tonterías. Trabajar es estar ocho horas en una mina o en una oficina del gobierno. Levantarse por la mañana, ponerse un divertido bigote, disfrazarse, es jugar, y por ello estamos maravillosamente sobrerremunerados.”

David Niven

.

.

El hombre lobo (The Wolf Man)

.

Año: 2010.

Director: Joe Johnston.

Reparto: Benicio del Toro, Emily Blunt, Anthony Hopkins, Hugo Weaving.

Tráiler

.

             En los agitados sesenta, la factoría británica Hammer decidió recuperar a los buques insignia del terror del Hollywood de la década de 1930, los monstruos clásicos como Drácula, Frankenstein, el hombre lobo, la momia,…, seres que habían muerto de éxito en la década posterior. La principal aportación de la Hammer vino de la mano de las mayores posibilidades técnicas que explotaban una cuidada ambientación con fotografía en color y, sobre todo, la necesidad de nuevas formas de terror para los espectadores del momento, a los que ya no les bastaba con un monstruo aullador y de grotesco maquillaje para revolverse en sus butacas. Así, la imagen que define al nuevo monstruo será la de Christopher Lee con la boca llena de sangre tras morder el cuello de una de sus víctimas.

             Como monstruos inmortales de atracción eterna que son, reflejo de miedos universales del ser humano, el cine contemporáneo tampoco olvida tampoco su influjo, trastocándolos de una y mil maneras, las más de las veces aberrantes, pero también retomando sus modos más clásicos, en busca de su pureza original. De ahí el fallido Frankenstein de Kenneth Brannagh o el destacable Drácula de Francis Ford Coppola, que, no obstante, indagaba en el mito del vampiro para darle un nuevo sentido como obra operística sobre el amor y la muerte.

En el caso de este El hombre lobo, se retoma casi de manera literal el guion de Curt Siodmak para la versión de 1941, segunda producción sobre las andanzas del licántropo. Es, como en el caso de la Hammer, un reboot destinado una nueva audiencia que ha desarrollado callo tras presenciar en gran pantalla horrores de todos los tipos y colores. Es decir, la imaginación se destina principalmente a idear cómo salpicar las vísceras y las partes desmembradas de las víctimas de un hombre lobo que estrena pelaje digital y poco más.

              Y el caso es que el filme no comienza del todo mal, envuelto en unas conseguidas tinieblas góticas que preceden al horror y en las que la tensión se alarga sin llegar a estallar. Y es en la segunda mitad, cuando se desenmascara todo, cuando la película pierde hasta la ambientación e intensidad que la hacían presagiar al menos tolerable, entregada ya a la orgía de sangre de un monstruo al que no se le quiere entregar -más allá de cierta apariencia superficial- un mayor trasfondo dramático y trágico que, como al Drácula de Coppola, le de una consistencia a la función más allá de lo justo y necesario para llenar con rutina, desgana y no demasiado talento un par de líneas de guion.

Tampoco ayuda un reparto irregular, con un Benicio del Toro físicamente muy apropiado para el papel pero que se pierde en muchos momentos en una afectación excesiva y una Emily Blunt que no pasa de poner carita de preocupación durante toda la cinta. Más acertado está un Anthony Hopkins que últimamente se había acostumbrado a poco más que dejarse ver en pantalla y cobrar.

Si al menos hubieran dado más tiempo en pantalla y más sentido a un personaje prometedor como el Abberline del siempre interesante Hugo Weaving…

Aunque no es el monstruo que mejor resista el paso del tiempo, daba para muchísimo más.

 

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 5,5.

A %d blogueros les gusta esto: