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Performance

20 Abr

“Un artista no es un ciudadano que pertenezca a la sociedad. Un artista está destinado a explorar cada aspecto de la experiencia humana, de los rincones más oscuros, aunque no necesariamente; ahora bien, si eso es lo que te atrae, hacia ahí debes encaminarte. No puedes preocuparte por lo que la sociedad considera buena o mala conducta, buena o mala exploración. Por eso, en cuanto uno se convierte en artista, deja de ser ciudadano. No tiene la misma responsabilidad social.”

David Cronenberg

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Performance

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Performance

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Año: 1970.

Directores: Nicolas Roeg, Donald Cammell.

Reparto: James Fox, Mick Jagger, Anita Pallenberg, Michèle Breton, Johnny Shannon, John Bindon, Stanley Meadows, Allan Cuthberson.

Tráiler

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           Performance es la filmación de un universo en cambio por parte de un cine en cambio. En su argumento, un violento matón que no encuentra su espacio en un submundo mafioso regido por el lenguaje empresarial –tendencia que, eso sí, todavía no impregna sus depravados procedimientos- y un músico encerrado en una crisis creativa disuelta en drogas, entrecruzan sus caminos gracias al empuje de los acontecimientos, decididos a desterrarlos de la sociedad, así como a causa de su hermanamiento como artistas marginales -cada uno en su parcela de experiencia-. Chas (James Fox) y Turner (Mike Jagger) son, en resumen, reductos de otra época, parias en un mundo enajenado y huérfano de romanticismo.

           Mientras tanto, a modo punto de partida, Performance se apropia de las hechuras del thriller criminal británico, tradicionalmente áspero y apegado a la realidad social de las islas, y le embute garganta abajo una ración de hongos alucinógenos para poder ablandarlo, deformarlo y reconfigurarlo a su antojo, con la irracionalidad por bandera.

Primer largometraje como director de Nicolas Roeg, acompañado de Donald Cammell, también firmante del guion, y puesta en buena medida al servicio de la incipiente y nunca estelar carrera cinematográfica de Mick Jagger, Performance comienza como una interesante película criminal, febril y nerviosa, donde las pulsiones de violencia y sexo, muerte y placer se entremezclan en la mirada correosa de James Fox, perfecto en su expresión de amenaza, y a través del montaje fragmentado y rabioso de Frank Mazzola -última mano que intervendría en este proceso de postproducción después de un par de composiciones previas desechadas, lo que supondría retrasar el estreno del filme de 1968 a 1970-.

Son estos impulsos contradictorios y subconscientes que se dispararán cuando el agresivo Chas, caído en desgracia, se refugie en el sótano de Turner, ex cantante de éxito enclaustrado en un caserón londinense junto a sus amantes –entre ellas la erótica Anita Pallenberg, por entonces pareja de su compañero Keith Richards y anteriormente de Brian Jones, inspiración parcial para el personaje de Jagger- y sus propios demonios.

           A partir de ahí, el delirio. Algo semejante a Escondidos en Brujas pero diseñado y filmado bajo los efectos del LSD. La apoteosis del ácido, la dualidad sexual y vital, la pérdida y la búsqueda de la identidad, la confraternización del músico y el asesino reconocidos mutuamente como artistas excepcionales dentro de una insinuada fusión o transfusión de personalidad. O, en definitiva, lo que el espectador desee interpretar del maremágnum de símbolos existenciales, viajes lisérgicos y experiencias sensoriales en el que se convierte la segunda mitad de la función, anclada en los libérrimos finales de los sesenta y, en consecuencia, de alto contenido experimental, excesiva y opresiva, demasiado deudora de su época y un tanto agotadora en su inescrutable caos psicológico y psicodélico.

           Parte de la mitología del filme se trasladará al escenario de rodaje por medio de insinuaciones acerca de los contactos reales con el sexo y las drogas del elenco protagonista.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6.

Pasaporte a la locura

19 Abr

“En California tenemos algunos de estos hippies. Para quienes no sepan lo que es un hippie, se trata de un tipo que tiene las pintas de Tarzán, camina como Jane y huele como Cheetah.”

Ronald Reagan

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Pasaporte a la locura

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Pasaporte a la locura

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Año: 1968.

Director: Richard Rush.

Reparto: Susan Strasberg, Jack Nicholson, Adam Roarke, Max Julien, Dean Stockwell, Bruce Dern, Henry Jaglom.

Tráiler

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           Una de las funciones que se pueden extraer del cine es su rol de cronista de la sociedad de la que nace. Un desempeño, no obstante, que suele ramificarse en dos posturas: el retrato analítico, a través del cual diagnosticar su naturaleza y sus males presentes, y la simple postal, donde el periodo retratado ejerce como escenario y aporta una sensibilidad particular, sin profundizar más en este aspecto crítico que sí posee el anterior.

           Pasaporte a la locura –título amarillista donde los haya- ofrece una postal del efervescente y curiosísimo San Francisco hippie de finales de los sesenta. Desde la mirada extranjera de una joven sordomuda y prófuga en busca de su hermano (Susan Strasberg), el filme ofrece un acercamiento casi apologético a las bondades humanas del verano del amor, todo entusiasmo comunal, viajes de ácido, paz y amor.

           En repetición de lo que ocurría en la coetánea The Trip, el libreto original de Jack Nicholson, considerado demasiado experimental por los productores, quedará reconducido hacia terrenos más tradicionales hasta el punto de que el nombre del actor dejará de figurar en los créditos del guion, si bien conservará uno de los papeles protagonistas de la función –aquí, cola de caballo incluida-. Un paso más en su incipiente trayectoria artística y que le valdrá consolidarse como una de las figuras principales de este cine independiente, marginal y psicodélico, en conjunción con proyectos tales como su serie de colaboraciones con el icónico Roger Corman, los acid western A través del huracán (Forajidos salvajes) y El tiroteo de Monte Hellman o el emblema generacional y cinematográfico Easy Rider.

           Con el contrapunto de apenas un par de malos viajes y algunos conflictos a causa del integrismo doctrinal mal entendido, el filme indaga en este remanso de felicidad que abre los brazos a esta joven torturada, hija de un país hipócrita y represivo –la Guerra de Vietnam, la coerción estatal, el puritanismo tiránico, el racismo,…- con unas intenciones laudatorias que, vistas desde el cínico siglo XXI, resultan tan naifs como tiernas.

Supeditado a este fresco colorista y entusiasta, dibujado en imágenes desmañadas y ácratas como traslación de la actitud vital de sus protagonistas, el argumento de Pasaporte a la locura, organizado a través del clásico esquema de búsqueda espiritual que predomina en este momento y este lugar concreto, manifiesta igualmente una gran ingenuidad en su concepción y desarrollo. Ligerísimo, superficial, poco preocupado por su equilibrio y su coherencia interna y con unos cuantos tópicos vagamente existenciales a sus espaldas, tan solo se libra del suspenso gracias ese aire entrañabilísimo que equivale a encontrarse en el baúl de los recuerdos una extravagante fotografía familiar procedente de tiempos extraños y remotos.

 

Nota IMDB: 6.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 5.

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