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The Hunted (La presa)

17 Abr

Benicio del Toro también comería cosas que harían vomitar a una cabra. El síndrome posbélico se perpetúa en The Hunted (La presa), dentro de la segunda entrega del especial de Cine Archivo sobre William Friedkin.

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Enemigos públicos

18 Oct

enemigos-publicos

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Año: 2009.

Director: Michael Mann.

Reparto: Johnny Depp, Christian Bale, Marion Cotillard, Billy Cudrup, Stephen Dorff, Stephen Lang, James Russo, Stephen Graham, David Wenham, Carey Mulligan, Giovanni Ribisi, Jason Clarke, Emilie de Ravin, Domenick Lombardozzi, Channing Tatum.

Tráiler

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           Parece concitarse alrededor del primer cambio de década del milenio una cierta resurrección de uno de los subgéneros capitales del cine criminal: las películas de gánsteres de los años veinte, la Ley Seca y la Gran Depresión. Muestras de ello hay en la gran pantalla –Gángster Squad (Brigada de élite), Sin ley (Lawless)– y en la pequeña -las series Bonnie and Clyde y, principalmente, Boardwalk Empire, la más relevante de esta categoría reciente-. También destaca en el cine Enemigos públicos como uno de sus ejemplos más destacados debido a la importancia de su equipo técnico y actoral y a las dimensiones de la producción. Además, la cinta que retoma una de las figuras más carismáticas de este submundo hampón, John Dillinger, un asaltador de bancos que encuentra una relación irónica pero muy significativa con el séptimo arte: detentador de una celebridad propia de estrella de Hollywood, su muerte acontecería a las puertas de una sala de cine.

           De hecho, Mann reconoce y explota esta idolatría popular por el forajido, tan arraigada en el país norteamericano, a través de alusiones acerca de la fascinación por el dinero y las emociones de una aventura al margen de toda barrera ética o legal, del cuidado del líder criminal por mantener una adecuada imagen pública, de la relación que el propio Dillinger traba con las imágenes de una pantalla de cine donde se proyecta una cinta de gánsteres e incluso con su visita en vida a esa especie de museo improvisado que es el ala del FBI donde se exponen sus fechorías, donde la colección de pruebas se acerca a una exposición mitómana.

           Asimismo, palpitan en Enemigos públicos otras constantes recurrentes del cineasta chicagüense, como puede intuirse precisamente a partir de lo que plantea esta idea sobre la construcción de un completo imaginario en torno al delincuente: Dillinger es un elemento extemporáneo en mitad de unos tiempos cambiantes, destinado pues a extinguirse en una bola de fuego y furia a medida que el fatalismo de sus actos, rasgo idiosincrásico del género, le devora vivo. La noción crepuscular se extiende asimismo a su rival/reflejo argumental: el agente Melvin Purvis, que lucha contra el enemigo número uno del pueblo empleando métodos y hombres de tiempos pasados, de la vieja frontera westerniana, mientras la ley a su alrededor muta hacia procedimientos más científicos, asépticos y amorales de la mano del emergente J. Edgar Hoover y su Oficina Federal de Investigación.

           A partir de esta identificación y enfrentamiento entre contrarios se asienta el duelo antagónico que, de la misma manera, capitaliza buena parte de las obras de Mann, con casos tan conocidos como Heat. El conflicto no alcanza su poderosa intensidad, de igual manera que el filme tampoco posee la pasión melancólica y sentimental de otras cintas sobre el personaje, como la descomunal Dillinger de John Milius, que apuesta por un mayor descarnamiento en su expresión de la violencia y del consiguiente retrato moral de una época y de unos individuos.

Enemigos públicos dedica un amplio esfuerzo a la ambientación histórica hasta deslizarse casi a una aséptica y anticarismática estética publicitaria -¿otra reconstrucción mitificada?-, arroja escenas de acción rodadas con la tensión característica del director y acoge convenciones un tanto más comercialistas, algunas bastante fallidas y acordes por otro lado a las condiciones de su reparto estelar, que fagocita cualquier posible trama o personaje en los márgenes del relato. Entre ellas sobresale en especial el insípido romance que se le ofrece a Johnny Depp y Marion Cotillard.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6,5.

Sicario

2 Dic

“Nosotros creemos que el narcotráfico, no la droga, es el peor flagelo que estamos soportando recientemente en América Latina. Y no defendemos ninguna adicción, pero la vía represiva viene fracasando después de muchas décadas. Entonces nosotros decimos ‘hay que tratar de sacarle la razón de ser, que es arrebatarle el mercado’. La regulación por parte del Estado, que sería el encargado, a través de los servicios de salud, de arreglar la forma en que se vende y cómo se consume, de identificar a la gente, darles una mano y atenderlos. Nos parece la mejor manera de enfrentar el asunto. ¿Por qué? Porque no podemos dejar ese mercado que existe en manos de un negocio que está perturbando todo porque ha traído violencia, el sicariato y, como dicen en México, ‘plata o plomo’; que corrompe los aparatos represivos y que en algunos lugares ha nombrado hasta candidaturas.”

José Mujica

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Sicario

.Sicario

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Año: 2015.

Director: Denis Villeneuve.

Reparto: Emily Blunt, Benicio del Toro, Josh Brolin, Daniel Kaluuya, Maximiliano Hernández, Victor Garber, John Bernthal, Jeffrey Donovan, Julio Cedillo.

Tráiler

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             Retumban tambores de guerra en los títulos de crédito. Sicario es más La noche más oscura (Zero Dark Thirty) que Traffic. El contexto que el filme presenta sobre la lucha de los Estados Unidos contra el narcotráfico es puramente bélico. Como en la película de Kathryn Bigelow, a los personajes les impulsa una anacrónica moral westerniana: vengarse contra los tipos que provocan el desastre en una intervención policial; destruir a quienes aniquilaron a los seres queridos. En efecto, la respectiva estrategia de combate es semejante en ambas, basada en la fuerza maquiavélica y no en la diplomacia –soldados y no abogados-, y con un idéntico espacio simbólico –las torturas enmarcadas en emblemas americanos-, marcado por la indeleble sombra de Afganistán e Irak.

             Sin embargo, la mirada de Sicario hacia las cloacas de la siempre dudosa ‘realpolitik’ –para muestra un botón: aquella turbia relación entre la CIA y el Narco que recuperaba recientemente Matar al mensajerose desembaraza de la cínica ambigüedad de La noche más oscura y es decididamente agria y pesimista. Una tonalidad desesperanzada que se personaliza en la diferente naturaleza y, en especial, la diferente determinación de las acciones de la protagonista. Su papel en la trama, de hecho, tiende a ser más pasivo que activo, casi una extrapolación del espectador anonadado por el delirante mecanismo de relojería de esta espiral de droga, dinero y muerte, sin piedad ni justicia.

A efectos prácticos, pues, su protagonismo es meramente simbólico, dado que, en términos estrictamente argumentales, este rol podría corresponderle perfectamente a individuos bastante más dominantes y tenebrosos, aquí con nómina de secundarios en el elenco.

             En el aspecto de la realización esta vez, también muy westerniano es el empleo del paisaje para definir personajes y tragedia; así como en la dimensión física que cobra el duelo entre antagonistas –la rotundidad invasora con la que Benicio del Toro se impone, incluso literalmente, a sus contrincantes o al resto de pobladores del escenario-. En este sentido, la composición del fotograma de Denis Villeneuve, y el uso de otros recursos como el registro sonoro, es extraordinariamente expresivo. Además, posee una atronadora potencia visual que provoca que vibre de tensión, arremeta con furia y atrape la atención sin remedio este relato acerca de una agente táctica del FBI (Emily Blunt) que se sumerge en cuerpo y alma en los callejones oscuros de los operativos contra la tupida red del narcotráfico internacional.

             Sicario no mantiene la abrumadora intensidad de su incursión en La Bestia, la infernal Ciudad Juarez mejicana y su convivencia estrecha e indistinguible entre la vida y la muerte. Pero, a partir de su retorno a territorio estadounidense, el nervio del filme pasa a descansar en las insondables ojeras de Del Toro: un rostro que proporciona en sí mismo un paisaje y una explícita declaración dramática. Su narración se conserva firme, combinando su vigor con imágenes desatadas, caso de los extáticos atardeceres. Logra sobrevivir así la amenaza difusa que gobierna siempre la frontera, territorio incierto en lo geográfico y lo moral. El epicentro de este thriller subyugante por momentos, de enorme músculo y contundencia.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

El dragón rojo

31 Oct

“Lo trágico no es morir, sino echarse a perder.”

Hannibal Lecter (Hannibal)

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El dragón rojo

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El dragón rojo

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Año: 2002.

Director: Brett Ratner.

Reparto: Edward Norton, Anthony Hopkins, Ralph Fiennes, Emily Watson, Philip Seymour Hoffman, Harvey Keitel, Mary-Louise Parker, Anthony Heald, Frankie Fayson.

Tráiler

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            La esperada confirmación del doctor Lecter como revienta-taquillas con Hannibal dejaría el camino expedito para nuevas entregas de cinematográficas de sus macabras aventuras. Tanto así que el productor Dino de Laurentiis ni siquiera quiso esperar a que la mente de Thomas Harris diseñase una nueva trama, sino que prefirieron revisitar esa primera novela donde aparecía el sofisticado psiquiatra caníbal, El dragón rojo, que dos décadas atrás tantos disgustos le había proporcionado en su traslación al cine con Hunter, una cinta interesante saldada con un fracaso de público. 

De esta manera, Will Graham, el agente especial del FBI con una fidelísima empatía por los psicópatas, retornaba del olvido, ahora con el rostro de Edward Norton, para descender a los infiernos de la perversión humana guiado de la mano de Hannibal Lecter (el sempiterno Anthony Hopkins), su némesis cautiva. Bajo su tutela didáctica y corruptora Graham se empeña así en una obsesiva persecución de El Dragón Rojo (Ralph Fiennes), el asesino en serie inspirado por las pinturas de William Blake y víctima de una tormentosa lucha ínterna entre el monstruo que brota de sus entrañas y sus fragmentos todavía humanos, alentados por la inocencia de Reba (Emily Watson).

            Esta nueva versión de El dragón rojo es una producción menos ambiciosa y más centrada en satisfacer el paladar de los seguidores, por lo que la indagación estética y operística que afrontaba la ostentosa Hannibal se diluye aquí en una factura desprovista de personalidad donde solo el peso específico del elenco y la firma de Harris justificarían una posible vitola de blockbuster de calidad. En este sentido, es sintomática la confianza en Brett Ratner –se tantearía incluso al inefable Michael Bay– para asumir la dirección, un cineasta curtido en proyectos comerciales con escasas pretensiones y que si bien no imprime un sello artístico interesante a la obra, cuanto menos sí sabe dotarla de un ritmo absorbente que la haga entretenida y le permita superar con holgura los problemas de pulso que habían lastrado a su inmediata antecesora.

            La película, pues, busca más la espectacularidad que la introspección y el choque de caracteres entre Graham y Lecter, piedra angular del relato, permanecerá citado de forma superficial para dar testimonio del mismo pero sin abundar más de lo debido en estos terrenos psicológicos privados y retorcidos. Decisiones evidentes asimismo en el retrato más duro y agresivo de Dolarhyde que afronta Fiennes, un actor clásico en la interpretación de personajes inquietantes o perturbados y que da cuerpo con rotunda contundencia a un personaje menos ambiguo que la atípica y más matizada encarnación ofrecida por Tom Noonan en Hunter.

            Dando por bueno el original de Harris, el libreto mantiene textualmente una notable cantidad de líneas de diálogo que ya aparecían en la obra de Michael Mann y reproduce un esquema argumental muy semejante al de El silencio de los corderos, lo cual subraya esa mencionada querencia por reproducir las bases del éxito de la saga.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

Hannibal

30 Oct

“¿Han dejado ya de llorar los corderos, Clarice?”

Hannibal Lecter (El silencio de los corderos)

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Hannibal

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Hannibal

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Año: 2001.

Director: Ridley Scott.

Reparto: Julianne Moore, Anthony Hopkins, Gary Oldman, Ray Liotta, Giancarlo Giannini, Zeljko Ivanek, Ivano Marescotti, Francesca Neri, Frankie Fayson.

Tráiler

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            Al productor Dino de Laurentiis no le había gustado Hunter -la primera inmersión cinematográfica en el universo del doctor Hannibal Lecter-, principalmente porque se había saldado con un claro fracaso de taquilla. Dueño de los derechos del personaje junto a su esposa Martha, cedería altruistamente su posesión a la productora Orion Pictures y su proyecto El silencio de los corderos, que pretendía adaptar la segunda novela del psiquiatra caníbal, publicada en 1988, dos años después del estreno de la cinta de Michael Mann. Empero, una vez comprobado el clamoroso éxito de público y crítica de El silencio de los corderos, los De Laurentiis se encontraron entre manos con un filón que explotar, a la espera de que Thomas Harris, el padre literario del personaje, escribiera una nueva entrega de la saga, la tercera -y a la postre, la última de la tetralogía, desde el punto de vista cronológico de la narración-. Llegaría en 1999, con el título de Hannibal. Entonces, Dino de Laurentiis adquiriría sus derechos por una cantidad récord de 10 millones de dólares.

No se ahorrarían esfuerzos para la secuela, con un presupuesto de lujo y elevadas pretensiones artísticas. No obstante, el director Jonathan Demme, pieza determinante en El silencio de los corderos, rechazaría repetir tras considerar el texto extremadamente violento. El guionista Ted Tally seguiría sus pasos. Les sustituirían dos nombres de altura: Ridley Scott, que en ese momento estaba rodando Gladiator, y David Mamet, que pergeñó una versión preliminar del libreto. Al final, sería Steven Zaillian, prestigioso guionista de La lista de Schindler, quien reescribiera el guion en buena medida. Sin embargo, toda la estructura se tambalearía después de que Jodie Foster descartara volver a ponerse en la piel de la agente Clarice Starling, desconcertada por los cambios que experimenta el personaje en el transcurso de una obra a otra, lo que consideraba una traición a su naturaleza. Las dudas de Anthony Hopkins para encarnar a Lecter sembrarían el terror. Sin él no habría película. Finalmente, el actor británico confirmaría su presencia y, más aún, recomendaría personalmente a la sustituta de Foster: Julianne Moore, con quien había trabajado en el biopic Sobrevivir a Picasso.

            Nívea como una estatua renacentista, Moore interpreta aquí a una Starling presentada desde la introducción con su renovado carácter, curtido en diez largos años donde ha descubierto que los corderos inocentes nunca dejan de chillar, por más que, de vez en cuando, pueda salvar a uno de ellos. Starling duerme antes de emprender una sangrienta redada antidroga. Es un guerrero que reposa, quizás a la espera del resurgir de su némesis, el antagonista absoluto que da sentido a su vida, como el ying y el yang o el día y la noche.

El tono de Hannibal es operístico y desaforado, oscuro y grandilocuente. El duelo entre Starling y Lecter surge en la distancia para acercarse trecho a trecho a medida que avanzan los acontecimientos, intermediados por otras criaturas deformadas por la mente y la mano del doctor, como el codicioso inspector Pazzi (Giancarlo Giannini) o el magnate pedófilo Mason Verger (Gary Oldman).

            El cazador y la presa se difuminan así en una aparatosa y no demasiado coherente revisión del cuento de la Bella y la Bestia regado de sangre y vísceras, y que se separa gradualmente del material original de Harris, todavía más retorcido –y un tanto trasnochado-; mucho de él luego repescado en la serie homónima con notable fortuna. Pero en su intento de construir un artefacto elevado y solemne, a la altura del sofisticado Lecter –de su Florencia de los Médici cercenada por imágenes de cámara de seguridad y fotogramas de vísceras sanguinolentas-, Scott entrega un filme con graves problemas de ritmo, que a pesar de la elaborada factura visual no consigue igualar el poder de fascinación que, paradójicamente, si obtenía un artesano a priori menos dotado como Demme.

Al monstruo le sobra peso, minutaje, engolamiento, así como carece de un contrincante que ejerza de contrapeso como la compleja Starling de El silencio de los corderos, capaz de fascinar a aquel que ve a los hombres como alimento ocasional. Aquí Starling ha sufrido una metamorfosis, pero parece que solo queda una carcasa con la que Moore, que no es ni mucho menos una mala intérprete, no consigue llegar al listón dejado por su predecesora. Desmesurado, el monstruo no seduce tanto como antaño; le falta esa agudeza proverbial para describir la danza macabra de Starling y Lecter, engarzados al borde del abismo, luchando por sobrevivir a él o caer en sus profundidades.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6.

El silencio de los corderos

28 Oct

“A mí no me interesan los corderos. Solo me los como.”

Hannibal Lecter (Hannibal)

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El silencio de los corderos

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El silencio de los corderos

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Año: 1991.

Director: Jonathan Demme.

Reparto: Jodie Foster, Anthony Hopkins, Ted Levine, Scott Glenn, Brooke Smith, Anthony Heald.

Tráiler

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            En 1988, dos años después del estreno de Hunter -adaptación de la primera novela de la saga de Hannibal Lecter-, Thomas Harris, consciente del carisma del psiquiatra caníbal, publicaba una segunda entrega, El silencio de los corderos, de la que, en el futuro, será una tetralogía. En 1991, se estrenaría su versión en fotogramas, la cual catapultará definitivamente al personaje hasta convertirle en uno de los iconos del Mal en el séptimo arteen 2003 sería elegido por el American Film Institute como el mejor villano del cine– y sentará las bases junto a Seven del thriller psicopático de la década –no por casualidad, David Fincher será luego uno de los candidatos a dirigir Hannibal, secuela de ésta-, influyendo asimismo en otros relatos del FBI con componente de terror psicológico-esotérico como Expediente X, Copycat, El coleccionista de huesos o Fallen.

Además del descomunal reconocimiento público, la crítica encumbrará una obra que se coronará como la tercera en la historia –después de Sucedió una noche y Alguien voló sobre el nido del cuco– en conquistar el Óscar en las cinco categorías principales del galardón: película, director, actor y actriz principal, y guion adaptado.

            Sin duda, el mérito de la cinta de Jonathan Demme reside en la confluencia del arrollador magnetismo del Mal con mayúsculas –refinado, elegante, seductor, mortal- con un solvente relato policial protagonizado por un personaje perfilado con idéntica atención y presencia, la novata Clarice Starling, espíritu inocente encargado de bailar con el demonio a la luz de la luna y descubrir de su mano las sombras que proyecta su propio interior –la determinación, la ambición, la tentación-.

Anthony Hopkins y Jodie Foster, en definitiva; envueltos en una rotunda atmósfera tétrica –buen trabajo de fotografía y de banda sonora a cargo de Tak Fujimoto y Howard Shore respectivamente- bastante más tradicional que la propuesta por Michael Mann en Hunter aunque desde luego efectiva. El cado idóneo donde cultivar apropiadamente el caso de Buffalo Bill (Ted Levine), un Ed Gein redivivo, esencia del negro reverso de América. No obstante, la tensión apenas estallará de forma explícita, prescindiendo de golpes de efecto fáciles, y en cambio permanece siempre soterrada, aferrada a las entrañas de los personajes, bajo su piel, en los sótanos de su alma, ocultos en esa lectura angustiosa y tenebrosa de la esencia del país y de la especie humana.

Lecter, por tanto, se erige tan solo en libertador de las inclinaciones innatas, aquellas que ya discutía íntimamente con el agente Will Graham en El dragón rojo, constituido casi en su doble al otro lado del espejo –o del cristal de la celda-.

            Desde la realización, Demme estelariza acertadamente al doctor –la iluminación sombría o deslumbrante, las figuras que se arremolinan atemorizadas en su presencia al contrario que las que se ciernen masculinas y amenazadoras sobre Starling-, ensalzado asimismo por la justamente recordada interpretación de Hopkins.

El pulso narrativo dosifica con precisión la intriga, equilibrando en un espectáculo de grata intensidad y entretenimiento ese ramillete de duelos íntimos –Lecter y Starling; Starling contra sí misma debido a la capacidad de Lecter de desnudar y cuestionar la naturaleza de sus oponentes– y el derivado y por tanto secundario duelo policíaco e ilusoriamente redentor –Starling contra Buffalo Bill, contra su deuda del pasado-.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8,5.

Hunter

26 Oct

“Eres un chico extraordinario. Admiro tu valor. Me comeré tu corazón.”

Hannibal Lecter (El dragón rojo)

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Hunter

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Hunter

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Año: 1986.

Director: Michael Mann.

Reparto: William Petersen, Tom Noonan, Dennis Farina, Joan Allen, Brian Cox, Kim Greist, David Seaman, Stephen Lang.

Tráiler

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            Curiosamente, la primera película en llevar al cine las aventuras criminales del doctor Hannibal Lecter, creado por el escritor Thomas Harris, es quizás la que más desapercibida ha pasado en la cultura popular. Y eso que viene con la firma de un director potente, como Michael Mann, y que contiene suficientes elementos de interés para convertirse en una obra apetecible y sugestiva… aunque aquí, por decisiones de la producción, nuestro buen psiquiatra aparezca bajo el nombre de Hannibal Lecktor.

            Hunter recoge la novela El dragón rojo, publicada en 1981 y que supone la primera de las entregas de la tetralogía literaria del doctor Lecter, esteta, gourmet, antropófago y apasionado estudioso de la naturaleza dual del hombre. No obstante, Lecter no es aquí el protagonista, si bien sí una parte sustancial del argumento.

El relato describe la persecución por parte del agente del FBI Will Graham (William Petersen) de un misterioso asesino en serie con afición a aniquilar familias perfectas durante las noches de luna llena, inspirado por las pinturas de William Blake sobre El gran dragón rojo (Tom Noonan). Lecktor-Lecter (Brian Cox), encerrado en una penitenciaría psiquiátrica de blancura fulgurante y arquitectura art-decó, emerge por tanto como un tercer vértice que, armado por su poder de sugestión, estimula el reverso tenebroso de Graham, el cual es al mismo tiempo su principal herramienta de deducción y la flaqueza innata que le hace caminar junto al abismo, observando fascinado la pavorosa profundidad de su negrura.

            Michael Mann compone un thriller de cuidada estética –aunque puntuales e inexplicables fallos de montaje en las escenas de acción-, abierto con una excelente presentación en plano subjetivo alumbrado con linterna y luego envuelto en sus característicos juegos cromáticos con el neón para componer diferentes ambientes psicológicos, donde la disyuntiva mental de Graham –su ambivalencia como defensor de la ley y su potencial como psicópata- queda un tanto sometida al desarrollo de la investigación sobre el caso. La intensa creación de atmósfera se redondea con una acertada banda sonora de tintes electrónicos, eso sí, más estridente cuando aparecen temas vocales.

La atípica interpretación de Noonan provoca también cierto distanciamiento de esta magnética puesta en escena, mientras que la lucha interna de su personaje antagonista, en cierto modo correlativa a la de Graham –con quien se declara una especie de duelo westerniano también muy al estilo de Mann y un tanto pasado de rosca cuando de hecho se verbaliza-, se resuelve con semejante precipitación.

            Se percibe la mano de Mann en la adaptación del texto, patente en estos duelos entre personalidades marginales y agonizantes, inmersas en un conflicto compartido por su supervivencia dentro un mundo melancólico y degradado –la muerte omnipresente, la amistad sometida a intereses, la fragilidad del núcleo familiar, la infidelidad-, expresado además por una ciudad que se amolda, tétrica, deshumanizada e hipnótica, a las emociones de los antihéroes y antivillanos, enzarzados en una competición a muerte.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 7.

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