Tag Archives: Espada y brujería

Ator el Poderoso

14 Jun

.

Año: 1982.

Director: Joe D’Amato.

Reparto: Miles O’Keeffe, Sabrina Siani, Edmund Purdom, Dakar, Ritza Brown, Laura Gemser, Olivia Goods, Nello Pazzafini, Jean Lopez.

Tráiler

.

         Poderosa era la cabellera de los bárbaros del cine de los ochenta. Probablemente influidos por los héroes del heavy y el glam, el volumen de su melena lucía acorde a los tiempos. Quizás hoy risible, calculo que con una expresión semejante se analizarán en décadas futuras los degradados, rapados laterales, moños y crestas que, con orgullo, arrogancia y coquetería, exhiben los guerreros de las producciones históricas de la actualidad.

Ator el Poderoso es una de las primeras réplicas que se sucedieron tras el éxito de Conan el bárbaro. Y esta celeridad en su producción es una de las razones que provocan que sea una película donde apenas hay nada desarrollado, ya que el relato está compuesto por un armazón arquetípico con abundantes saqueos de la seminal obra de John Milius. No solo por el protagonista -un salvaje que se alza en contra del siniestro culto que domina a los pueblos del entorno, que únicamente cambia la serpiente por la araña- y su acompañante -solo una bella e independiente ladrona rubia, porque no hay más preparación para añadir a otros personajes-; sino también por algunas de las escenas que atraviesa la historia -el asalto a la aldea, las intenciones lascivas de la bruja-.

En paralelo, comparecen otros detalles que parecen tomados de la tradición judeocristiana -la profecía mesiánica- y grecolatina -el escudo y la hechicera que recuerdan, respectivamente, a la cabeza de Medusa empleada por Perseo y al episodio de los lotófagos de la Odisea homérica-.

         Huelga decir que toda la fuerza mitológica de Milius no está presente en Ator el Poderoso. Realizador especializado en el cine de género de serie Z e incluso en el filme erótico -hasta el punto de entremezclarlos en cintas como Emanuelle y los últimos caníbales u Holocausto porno-, Joe D’Amato no se molesta, o es incapaz, de disimular las carencias del proyecto, de modo que es imposible que, de tan birrioso, el terrible imperio del tirano imponga cualquier tipo de sensación de peligro a las aventuras de Ator. Por ello, languidecen y aburren de inmediato a merced de un libreto pobre y rodado, además, sin pulso narrativo alguno, con planos de acción por completo destensados. El verdadero y espeluznante enemigo.

         Nada más estrenarse Conan el destructor, D’Amato correría a filmar también su propia segunda parte, Ator 2: El invencible. Y, superando al modelo original, lanzaría una tercera, Ator: el guerrero de hierro, y hasta una cuarta, Ator: La leyenda de la espada de Graal.

.

Nota IMDB: 3.

Nota FilmAffinity: 3,4.

Nota del blog: 2,5.

El guerrero rojo

25 Abr

.

Año: 1985.

Director: Richard Fleischer.

Reparto: Brigitte Nielsen, Arnold Schwarzenegger, Sandahl Bergman, Ernie Reyes Jr., Paul L. Smith, Ronald Lacey, Pat Roach, Janet Agren.

Tráiler

.

           Aparece cabalgando por las crueles estepas de la Era Hiboria con las toneladas de esteroides y la quijada prieta de Arnold Schwarzenegger, blandiendo un espadón y machacando cabezas de soldados y hechiceros, pero su nombre no es Conan el Cimmerio, sino Kalidor, señor de Hyrkania. La pérdida de derechos artísticos obligó a que esta prolongación de Conan, el bárbaro y Conan, el destructor rebautizase con un nuevo alias al bárbaro que había fundado un pequeño subgénero en la década de los ochenta.

Aunque tampoco sería él el protagonista de esta historia, por más que el productor Dino de Laurentiis se las apañase para que, en lugar de la semana prevista, el bueno de Chuache -desinteresado por las andanzas del personaje después de la tendencia a la aventura familiar del anterior filme de la saga- se pasara un mes completo rodando el que pretendía ser un pequeño cameo como favor al magnate italiano, el cual, a fuerza de trucajes compositivos, acabaría elevando su participación a la categoría de coprotagonista. Para su disgusto, ya que es una de las obras de su filmografía de las que más acostumbra a renegar -que ya es decir-. “El guerrero rojo es la peor película que he hecho. Cuando mis hijos se portan mal les amenazo con verla diez veces seguidas. Ahora ya nunca se portan mal”, confesaría el actor austríaco.

           El guerrero rojo toma para el cine otro personaje creado por Robert E. Howard, Sonya la Roja, aunque en realidad lo adquiere a partir de la reapropiación hecha por Roy Thomas y Barry Windsor-Smith para la Marvel, en la que trasladaban a la espadachina desde el corazón de Europa asediado por el Imperio turco en el siglo XVI hasta la fantasiosa Era Hiboria de Conan. La película posee además otros puntos de encuentro con sus dos antecedentes. Aparte de la aparición estelar de Schwarzenegger, se recupera a Sandahl Bergman, la añorada Valeria de Conan el bárbaro, para encarnar a la villana de la función. Artesano a sueldo de Dino de Laurentiis durante el declive de su carrera, repite Richard Fleischer en la realización y también se dejan caer actores-luchadores como Sven-Ole Thorsen, Pat Roach o Kiyoshi Yamasaki. En cambio, para la amazona que lidera el relato se escoge a la danesa Brigitte Nielsen, modelo de físico tan imponente como su partenaire masculino y de similares capacidades interpretativas -qué manera de recitar ambos-.

           Lo cierto es que el guion de El guerrero rojo parece urdido en veinte minutos. Repite las intenciones de Conan, el destructor de alcanzar un amplio espectro de espectadores y, más allá de la reivindicación del protagonismo femenino -muy actual, de no ser por las puntuales aunque necesarias intervenciones salvadoras de Chuache-, avanza a vuelapluma montando tópico sobre tópico y estereotipo sobre estereotipo sin demasiada preocupación más allá de ofrecer un entretenimiento de espada y brujería que, de tanta ligereza, queda aguado sin remedio. Aunque el ritmo narrativo es liviano por necesidad, cabe imputar asimismo al apartado de dirección el escaso temple de algunas escenas de acción, como por ejemplo la de la máquina de matar.

Pero no todo es negativo. El filme posee un buen diseño de producción -escenarios naturales, decorados y vestuario- y una atractiva banda sonora de Ennio Morricone que, al menos, suman algunas virtudes con las que contentarse. Porque, por ejemplo, bastante peor es el remake Conan, el bárbaro… cuyo fracaso tumbaría además el proyecto de resucitar a Red Sonja.

           “Si esto no mata tu carrera, es que nada lo hará”, le espetaría con escasas dotes adivinatorias Maria Shriver a su entonces esposo a propósito de una cinta que, por otro lado, a ella le supondría una infidelidad precisamente con Brigitte Nielsen, quien en un giro maravillosamente ochentero luego se casaría con el otro gran héroe del cine de la acción hormonada del periodo, Sylvester Stallone.

.

Nota IMDB: 5.

Nota FilmAffinity: 4,3.

Nota del blog: 4,5.

Conan, el destructor

21 Abr

.

Año: 1984.

Director: Richard Fleischer.

Reparto: Arnold Schwarzenegger, Olivia d’Abo, Wilt Chamberlain, Grace Jones, Tracey Walter, Mako, Sarah Douglas, Jeff Corey, Pat Roach.

Tráiler

.

         Aunque puedo equivocarme en esto, me suena haber leído alguna vez a expertos como Adrián Esbilla que, en realidad, Conan, el destructor es una película más acorde al original de Robert E. Howard que la icónica Conan el bárbaro, demasiado contaminada por los espíritus torrenciales de John Milius y Oliver Stone. Tal vez este último concepto sirva para explicar la enorme diferencia que media entre una obra mayúscula y una secuela que, con generosidad, no pasa de entretenimiento ligero.

Y eso que Conan el bárbaro contenía muchos de los defectos que se prolongan en Conan, el destructor, como una ambientación ya un tanto kitsch y envejecida, la cuestionable calidad interpretativa de Arnold Schwarzenegger más allá de su tonelada de músculos, actores secundarios puestos por el ayuntamiento… Y que, en paralelo, Conan, el destructor posee factores positivos -el talento que se le supone Richard Fleischer, un director aventurero que ha firmado nada menos que 20.000 leguas de viaje submarino y Los vikingos; la fotografía de un clásico como Jack Cardiff, la banda sonora de Basil Poledouris, la continuidad de cierta sustancia épica…- que se imponen sobre otros elementos negativos específicos -las injerencias del estudio para el endulzamiento de la trama para su apertura a todos los públicos, el recorte presupuestario…-.

Se puede entender así que la convicción narrativa de Milius, su pasión de aedo anacrónico, es la que conseguía convertir a Conan el bárbaro en una epopeya operística que ni siquiera depende del texto pero que, al mismo tiempo, está fundada igualmente sobre las resonancias de un batiburrillo filosófico y místico, apocalíptico y telúrico, las cuales se canalizan a través del hipnotismo serpentino de Thulsa Doom, tótem al final del viaje existencial que se erige en una variación fabulosa del Kurtz de El corazón de las tinieblas y, en el cine, de Apocalypse Now.

         Conan, el destructor está huérfano de estas volcánicas aspiraciones trascendentales y mitológicas. Su protagonista es el mismo, pero, en último término, su juego es otro, incluso a pesar de las protestas de Schwarzenegger, que finalmente perdería el interés por el personaje para futuras continuaciones. Conan, el destructor es una cinta de entretenimiento. El impulso de contador de historias contra la fórmula industrial.

Quizás se pueda trazar la analogía perfecta entre Conan el bárbaro y Conan el destructor mediante la música de Poledouris: una composición fundamental para elevar el poder intrínseco de la primera que, en esta secuela, no deja de ser un remedo con apenas variaciones perezosas, al igual que el pícaro que secunda a Conan es ahora una réplica, con una acentuación más humorística, de aquel ladrón que encarnaba el legendario surfista Gerry López. También aquí el elenco es extraño, un cúmulo fabuloso de gente procedente de distintas dimensiones. Siguiendo la tradición de López y de Ben Davidson -jugador de fútbol americano-, de nuevo hay un deportista infiltrado, el baloncestista récord Wilt Chamberlain, y aparece además una diva de otro planeta, Grace Jones, que aporta indudable carácter. El sempiterno colega de press-banca de Chuache, Sven-Ole Thorsen, repite oculto bajo máscara y armadura. Son parte de la variopinta banda que, como si fuese Dragones y mazmorras -no faltan tampoco ni el mago ni la princesa inocente-, acompaña al héroe a largo de una trama tópica y no por ello estrictamente consistente.

         Pero el héroe ya no es tan melancólico, y está encarcelado en su esencia de buen salvaje para personificar el Bien, la pureza de la fuerza desnuda, frente al Mal, que por lo general se viste los engañosos ropajes de la magia. Lo cierto es que la recordaba más terrible. Artesano en vías de jubilación, Fleischer aún logra dotar de ritmo a la narración y ayuda a que perviva el sentido de la aventura, aunque esté rebajado para intentar amoldarse a un público demasiado amplio.

.

Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6.

El Hobbit: La desolación de Smaug

24 Dic

Después de retorcerme en la butaca como un mamón durante todo el primer capítulo (¿no podían haber cogido las águilas-taxi desde el principio?), prometí que esta peli me la iba a ahorrar… pero business is business. El Peliculista acude a visitar la Tierra Media con la boina, la cesta y la gallina.

.

Sigue leyendo

El hobbit: Un viaje inesperado

24 Dic

“Ahora vamos con El señor de los anillos, película basada en un famosísimo libro… que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de El señor de los anillos.”

Antonio Gasset

 

 

El hobbit: Un viaje inesperado

 

El hobbit, un viaje inesperado

Año: 2012.

Director: Peter Jackson.

Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Graham McTavish, James Nesbitt, Andy Serkis, Sylvester McCoy, Manu BennettBarry Humphries, Hugo Weaving, Cate Blanchett, Christopher Lee, Ian Holm.

Tráiler

 

 

            El nuevo milenio comenzaba, cinematográficamente hablando, con el fenómeno de El señor de los anillos, un ambicioso y leviatánico proyecto que combinaba tanto la pasión por la adorada obra de J.R.R. Tolkien con el aprovechamiento de unos innovadores y apabullantes efectos especiales y un minucioso estudio comercial destinado a gobernar todas las pantallas del mundo durante tres años seguidos. Sus millones de espectadores -adeptos y ajenos al original literario-, sus incuestionables beneficios económicos de la taquilla y sus derivados y su coronación final con once premios de la Academia confirmaba el éxito de la aventura.

            Admitiendo su impresionante factura técnica, el que suscribe reconoce no ser admirador de la trilogía cinematográfica, así como tan solo un modesto y desenfadado consumidor de sus novelas. En ambos casos, tiendo a valorar la portentosa imaginación de Tolkien, capaz de crear nuevos y ricos mundos, hasta el más mínimo detalle, concatenando un sustrato mitológico paneuropeo, especialmente septentrional, así como la pericia de Jackson para plasmarlo con fidelidad y respeto devoto en fotogramas.

Más allá de esto, vista en detalle, ambas versiones coinciden en emplear con saña el efecto deslumbrante de estas virtudes, dejando tras de sí un relato más bien esquemático y simple, con personajes que traducen y exageran el maniqueismo propio de los cuentos tradicionales pero dentro de un formato que se aleja de la concreción en busca de moraleja y del agresivo y sórdido trasfondo que se adivina tras ellos.

Aparte de establecer una cierta metáfora de la Europa desgarrada por la Primera Guerra Mundial desde un punto de vista humanista pero también marcadamente anglocéntrico y la denuncia de la corrupción inevitable que conlleva el poder, El señor de los anillos queda en una muy disfrutable aventura para leer en la cama antes de dormir, pero poco más.

Por su parte, en el cine, con una terna de películas de casi tres horas, y una vez que los efectos especiales y la colección de criaturas deja de sorprender, se acusa que Boromir, el único personaje tridimensional del relato -interpretado además por un buen actor como Sean Bean-, desaparezca en la primera entrega, si bien la conclusión por todo lo alto de la saga con El retorno del rey dejaba buen sabor de boca, quizás porque no quedaba otra que cerrar de manera espectacular todos las vías abiertas en las dos irregulares cintas anteriores.

            Es posible que cierto pudor por respeto a su original y el agotamiento de tan extenuante cometido influyeran en la reticencia de Jackson para adaptar de seguido El hobbit, novela previa a la trilogía de los anillos y que recuerdo haber leído con más agrado. Sin embargo, en unos tiempos en los que las escasas propuestas para combatir el erial de las salas de cine pasa por una espectacularidad que no puedan garantizar la televisión de plasma y las descargas por Internet, dejar aparcado un proyecto de semejante potencial en taquilla no era factible.

Así, después de que Guillermo del Toro no consiguiera finalmente hacerse con las riendas, Jackson regresaba a los mandos de la nave. Como principal novedad, la discusión sobre si debía hacer se una o dos películas sobre el relato se cierra proponiendo la entrega de otras tres voluminosas películas. Primer pero: El señor de los anillos forma un conjunto de tres libros, con un total que supera las 1.500 páginas; El hobbit en cambio es solo uno, con unas 360 páginas de extensión, según las diferentes ediciones. Los que protestaron, con razón o no, porque la primera trilogía obviaba detalles y tramas secundarias y terciarias, se estarán ahora frotando las manos.

            En El hobbit: Un viaje inesperado, primer capítulo de la nueva serie, esta literalidad se nota. No para bien. Como decíamos, llega un punto en el que, con la Tierra Media ya descubierta y explorada a conciencia, los efectos especiales dejan de sorprender, suenan a ya vistos y uno se queda a solas, frente a frente, con la trama desnuda, con todos sus lunares, pelos y arrugas al aire. Es entonces cuando sucede que Un viaje inesperado repite y magnifica los errores a los que se hacía la vista gorda en La compañía del anillo, alucinante visualmente, tirando a tediosa en lo argumental.

Casi tres horas de metraje, músculo en la técnica, impresionante ambientación y caracterización, pero el asunto no supera la presentación de personajes, con sus héroes muy buenos y villanos muy malos, y de la trama, otra vez el periplo vital en el que la virtud, el compañerismo y el coraje han de ser las armas con las que derrotar al miedo y la maldad que se extiende sobre el orbe.

            Las prisas en este tipo de introducciones nunca son buenas; pasarse por el forro la concisión y el ritmo del filme por pura codicia, tampoco. El hobbit se acartona, se atasca y empacha a causa de escenas alargadas por parlamentos interminables, la farragosa acción presentada a tal velocidad que es imposible apreciar qué carajo sucede en unas secuencias épicas hipertrofiadas, los agotadores planos a vista de pájaro en perpetuo deleite con la sobrecogedora geografía neozelandesa y el abuso manifiesto del deus ex machina, aceptable en este tipo de historias siempre que no se emplee, como aquí sucede, en cada momento climático.

            Una auténtica renuncia a la aventura -el gran valor de su original-, confundida con la sucesión de estallidos de imágenes y sonidos estridentes, sin más objetivo que avasallar a quien así lo quiera y levantar una nueva factoría de películas y juguetes que, como el anillo único, someta a todos los espectadores de nuevo a su yugo. Lo hará.

Hasta 2014, que se resuelva todo esto.

 

Nota IMDB: 8,5.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 4,5.

El dragón del lago de fuego

7 Dic

“Los días para los de nuestra clase están contados. Un único Dios llega para expulsar a los muchos dioses. Los espíritus de los bosques y los arroyos guardan silencio. Así es como debe ser. Sí… es el tiempo de los hombres, y sus costumbres.”

Merlín (Excalibur)

 

 

El dragón del lago de fuego

 

El dragón del lago de fuegoAño: 1981.

Director: Matthew Robbins.

Reparto: Peter MacNicol, Caitlin Clarke, Ralph Richardson, Peter Eyre, John Hallam, Chloe Salaman, Emrys James.

Tráiler

 

 

          Siempre atenta a los caballos ganadores de cada momento, la factoría Disney, renovando su alianza con la Paramount a pesar del rotundo fracaso de Popeye, se apuntaba a la moda de principio de los ochenta: las historias de espada y brujería, que películas como la infructuosa e inacabada El señor de los anillos y la más exitosa Conan el bárbaro estaban pronosticando en el cambio de década.

               Tomando rasgos y arquetipos tradicionales de este tipo de relatos y aprovechando los avances en efectos especiales de la época –el uso del go motion heredado de La guerra de las Galaxias, el croma para el vuelo del monstruo, el hábil modelaje de marionetas-, El dragón del lago de fuego aspira a crear una fantasía medieval con un tono que combina una escenografía y música propia de la ensoñación fantástica con el tono general del cuento clásico, protagonizado por un joven aprendiz de mago que se aventura a derrotar con valor y corazón a un legendario dragón devorador de vírgenes.

Como pretendido toque de distinción, el producto contradice el carácter de filme para toda la familia que se podría esperar de Disney aderezando la película con unas notas de oscuridad que, en cambio, resultan perturbadoras en exceso en determinadas ocasiones –algunos abruptos detalles sanguinolentos están totalmente fuera de lugar- o recuerdan en demasía a otras películas coetáneas, como ese ambiente crepuscular de la magia y los seres extraordinarios, desterrados ante el próximo advenimiento del cristianismo, tal y como sucedía en la superlativa Excalibur.

               Bajo la funcional dirección de Matthew Robbins, El dragón del lago de fuego avanza esgrimiendo una aceptable solvencia narrativa y elementos de interés suficientes como para desprender un entrañable encanto, como un diseño de personajes más trabajado de lo habitual –ese ceremonioso rey Cassiodorus es todo un punto-, si bien los duelos a espada resultan algo desmañados y el ritmo del filme termina por decaer en el tercio final.

Supondría un nuevo tropiezo en la taquilla.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 6.

Heavy Metal 2000

24 Oct

Heavy Metal es rock & roll a todo volumen, mujeres desnudas, extraterrestres,… Lo normal.”

Michael Schlesinger

 

 

Heavy Metal 2000

 

Año: 2000.

Directores: Michael Coldewey, Michel Lemire.

Reparto: Julia Strain, Michael Ironside, Pier Paquette, Billy Idol, Sonja Ball, Rick Jones.

Tráiler

 

 

             Para el cambio de milenio, los adolescentes pajilleros y fumetas (es un decir, con todos los respetos) que en 1983 habían alucinado viendo en pantalla el descaro y la sexualidad explícita de Heavy Metal, ya eran lo suficientemente grandes como para crear su propio juguete: una segunda parte que es un homenaje del homenaje de la popular y libérrima revista de ciencia ficción y erotismo canadiense, traslación de la francesa Métal Hurlant.

             Para la fiesta, los nuevos creadores del proyecto renuncian al mosaico de historietas de la primera parte para desarrollar un relato futurístico, basado en The Melting Pot, novela gráfica ajena a la revista pero de similar sensibilidad, creada por Kevin Eastman (co-autor de Las tortugas ninja y editor en jefe de Heavy Metal desde 1991), Simon Bisley y Eric Talbot, y que recuerda bastante al segmento Taarna de la precedente, incluso con la referencia al striptease invertido de la aguerrida y voluptuosa heroína (cuya voz presta la chica penthouse y actriz de serie B Julia Strain, pareja de Eastman).

             De nuevo, Heavy Metal 2000 presenta la lucha del Bien contra el Mal propiciada por un objeto de resplandor verdoso –también recuerdo del Loc-nar de la anterior- que promete la vida eterna, sumado a una venganza épica familiar y todo ello con el mismo aire de cómic de espada y brujería mezclado con La guerra de las galaxias.

              La animación más lujosa con insertos digitales, el gamberrismo más directo, los guiños al cosmos en el que se inscribe la cinta, los pubis rasurados y algo más de argumento favorecido por el desarrollo de una única trama (aunque su coherencia tampoco es lo realmente importante), marcan el cambio generacional en la realización de este nuevo Heavy Metal. También signo de los nuevos tiempos -y de su carácter de prolongación devota- son un menor encanto, tanto en la factura técnica (el rotoscopio era tan efectivo como entrañable, sobre todo frente a los rígidos y fríos insertos digitales) como en la irreverencia, más impostada, menos auténtica.

               No obstante, el filme es ágil, respeta la hora y media de duración y mantiene el nivel de entretenimiento púber y descerebrado, que es lo que contaba.

 

Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 6,5.

A %d blogueros les gusta esto: