Tag Archives: Economía

Muerte de un corrupto

27 Jun

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Año: 1977.

Director: Georges Lautner.

Reparto: Alain Delon, Ornella Muti, Maurice Ronet, Stéphane Audran, Meirelle Darc, Michel Aumont, Jean Bouise, Daniel Ceccaldi, Julien Guiomar, François Chaumette, Klaus Kinski.

Tráiler

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-El clima político actual es malo. Los documentos publicados perjudican a su país.

-Mi país a usted le importa una mierda

-Cierto. Los demás países también. No manda la internacional proletaria sino la del dinero, Es algo más serio, créame. Beligerantes, aliados… ya no tiene sentido. Ya no tenemos amigos sino socios. Ya no tenemos enemigos sino clientes. El capital ya no tiene fronteras.

-La corrupción tampoco.

-La publicación no cambiará nada. Yo y algunos políticos tenderemos que dimitir. Usted irá a la cárcel, pero nada cambiará.

-Desestima a la opinión pública.

-Su honradez está pasada de moda. Ya no significa nada. De Gaulle llamó a los franceses “becerros”. ¿Qué le importa a un becerro si un ministro se enriquece de repente? ¿Eso afectará a la situación económica? Claro que no. Lo importante es construir, producir, para que los becerros puedan comer, beber, follar. Irse de fin de semana y esquiar en invierno.

         El diálogo pertenece a Muerte de un corrupto, película de 1977 que incuso por su título parece anclada en una realidad presente. Muy presente en España, además, donde el escándalo que espolea la trama -motivado por los documentos de contabilidad en B de un partido político francés que son empleados tanto en forma de herramienta de ataque como de defensa-, no puede dejar de relacionarse con los célebres papeles de Bárcenas y el Partido Popular. Hay quien podría ironizar incluso con la decena de fallecimientos inesperados que se han producido desde la apertura de la Gürtel en 2009 entre personas vinculadas con presuntos casos de corrupción asociados a la formación.

Pero quizás esta proximidad a una realidad sobradamente conocida también puede ejercer como punto flaco del filme, porque, vista de cerca, la arena política suele tender a parecerse más a la que reflejaba La escopeta nacional que a la de House of Cards, la serie que barniza de sensual glamour los movimientos cicateros, mezquinos y charcuteros del alcantarillado político. Esos que sí comparecen con toda su esencia miserable y antirromántica en obras de extraordinaria madurez como The Wire o Show Me a Hero. Por más que la política de la época sea convulsa, parece más ajustado a lo verosímil que los poderes fácticos acudan a recursos más discretos e igualmente eficaces -una campaña de descrédito, una filtración interesada, un retiro generosamente retribuido vía puerta giratoria- en lugar de a una estrepitosa defenestración literal de su objetivo.

         Por otro lado, esta violenta tendencia deja tras de sí unos cuantos agujeros de lógica en el desarrollo argumental, que trata de exudar con demasiado esfuerzo un pesimismo que parece subrayarse con la insistente presencia del saxofón, uno de los muchos detalles ambientales que acercan a Muerte de un corrupto a una estética más norteamericana que francesa, un tanto postiza y no demasiado afortunada, al igual que ciertos detalles horteras de la realización que encuentran su punto álgido en una tosquísima escena en plano subjetivo.

Para este propósito de formular un desencanto acre bien se bastaba la interesante descripción de un sistema putrefacto, endogámico y autorenovable, alimentado por el constante flujo de dinero y capitalizado por entidades sin rostro humano -grupos de inversiones, asociaciones de intereses, holdings y trusts multinacionales…-, para nada alejadas de la aséptica Corporación que antagoniza las novelas criminales de Donald Westlake -por entonces ya llevadas al cine en A quemarropa y La organización criminal– y que someten al individuo como simple pieza del engranaje de mayor o menor entidad -el intermediario, el títere, el secuaz, el primo…-. Porque el verdadero sustento de esta cleptocracia no es un sistema político, sino la hegemonía sobre todas las cosas de un determinado sistema económico y su correspondiente ideología y escala de valores.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

La gran apuesta

15 Dic

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Año: 2015.

Director: Adam McKay.

Reparto: Ryan Gosling, Christian Bale, Steve Carell, John Magaro, Finn Wittrock, Rafe Spall, Hamish Linklater, Jeremy Strong, Brad Pitt, Marisa Tomei.

Tráiler

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           Si La gran apuesta sirve para que numerosos espectadores se informen y desarrollen una conciencia crítica acerca del fenómeno histórico más decisivo del siglo presente –la crisis económica oficializada en 2008, las causas que la sustentan, los fundamentos que se mantienen o reviven años después de la debacle, y su inserción indisociable en la cultura estadounidense y occidental-, bienvenida sea. Su necesidad está entonces sobradamente justificada y es digna de aplauso. Ahora bien, su calidad artística es otro asunto.

           La gran apuesta adopta los códigos del thriller popular contemporáneo para recrear, en tono de farsa aunque con bastante fidelidad, los instantes previos a la confirmación del desastre y los razonamientos lógicos que llevaron a un puñado de buenos observadores -en absoluto visionarios- a preverlo con total certeza.

En paralelo, el acopio de información que maneja queda expuesto casi de forma de documental. No por el estilo narrativo ni por la gramática cinematográfica empleada, como decimos, sino porque se descerraja a través de apartes que rompen con la cuarta pared, entrevistas disfrazadas de diálogos, interrupciones explicativas y textos sobreimpresionados que desgranan la oscurantista jerga ‘neocon’, recapitulan los pasos hacia el desastre y abundan en los detalles y las consecuencias de los mismos. Como hacía Concursante -esa sí bastante visionaria-, pero de manera decididamente más desinhibida y exagerada.

           Por momentos, la película parece una dramatización como esas que aparecen en los programas de sucesos criminales de la TDT, si bien con un reparto de estrellas de Hollywood repletas de compromiso en su propósito de denunciar la jungla sin ley legal o moral en la que depreda un catálogo de malvados, imbéciles y egoístas engendrados por las codiciosas babas de Gordon Gekko y cía -directivas de agencias de calificación que trabajan con gafas de invidente, ese es el nivel de sutileza de sus sugerencias visuales-. Los personajes, reducidos a caricaturas, no poseen entidad propia, de ahí que los puntuales intentos de aportarles relieve dramático resulten ridículos o como poco improcedentes, tal y como ocurre en especial con las dudas y los traumas que arrastra el Mark Baum -rebautización del inversor Steve Eisman– encarnado por Steve Carell.

Algo semejante se produce en el relato, constantemente torpedeado por estos paréntesis aclaratorios que acaban por sacarle a uno por completo de la historia que trata de contar sin que, además, resulten finalmente compensibles los términos financieros que maneja. Al menos tiene la decencia de incluir en ellos un cameo de Margot Robbie.

           Ni buen thriller ni buen documental, en definitiva. Útil en todo caso. Y con cinco nominaciones al Óscar, entre ellas las de mejor película, mejor director y mejor guion adaptado -ofende compararlo con la traslación que Aaron Sorkin y Steven Zaillian realizan en Moneyball: Rompiendo las reglas a partir de otro libro de no ficción de Michael Lewis-.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 5.

Wall Street 2: El dinero nunca duerme

4 Ago

El regreso de Gordon Gekko deja tras de sí un desagradable tufo de mediocre oportunismo por parte de un autor cuya filmografía se ha caracterizado por un saludable espíritu contestatario y de firme compromiso con los valores sociales y democráticos. Para la segunda parte del especial sobre Oliver Stone en Cine Archivo.

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La locura del dólar

2 Ago

El New Deal, según Frank Capra y Robert Riskin, cronistas de la Gran Depresión desde el optimismo y los valores humanos. El original, completo y decoradito, en Bandeja de Plata.

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Wall Street

30 Jun

El precio del capitalismo; joder y ser jodido, que decía Tony Montana. Análisis crítico de Wall Street para la primera parte del especial sobre Oliver Stone en Cine Archivo.

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El caso Mattei

2 Jun

“El petróleo hace caer los gobiernos, hace estallar las revoluciones, los golpes de Estado,… Condiciona el equilibrio mundial.” Enrico Mattei, presidente del Ente Petrolífero Estatal Italiano. Asesinado en 1962 después de tratar de romper el monopolio de las Siete hermanas, tutelado por los Estados Unidos. Un film inchiesta de Francesco Rosi, Palma de oro de 1972, para mi primera colaboración con Esencia de Cine con motivo de su retrospectiva del festival de Cannes.

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La torre de los ambiciosos

4 May

“¿Qué profesiones importan de verdad? A mí me interesan los que limpian las calles, ellos importan de verdad. El dinero siempre está del lado de los idiotas.”

Aki Kaurismäki

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La torre de los ambiciosos

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La torre de los ambiciosos

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Año: 1954.

Director: Robert Wise.

Reparto: William Holden, Fredric March, Barbara Stanwyck, June Allyson, Walter Pidgeon, Louis Calhern, Paul Douglas, Dean Jagger, Nina Foch, Shelley Winters.

Tráiler

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            Los titanes que sostienen heroicamente el mundo sobre sus colosales hombros, que diría la temible Ayn Rand, también tienen sus flaquezas. O eso proclama investigar el prólogo de La torre de los ambiciosos, una cinta que analiza las “tentaciones y tensiones” que igualan con los simples mortales que pululan por el asfalto a esos nuevos dioses los cuales, encaramados a sus altas azoteas de hormigón y acero, rozan el cielo cabalgando sobre sus poderosos gráficos de beneficios al alza.

            A partir del repentino fallecimiento del presidente de una empresa de muebles de diseño, La torre de los ambiciosos desata una mezcla de concurso y juicio entre los aspirantes al trono, descritos con caracteres y tendencias de liderazgo empresarial dispares: el pusilánime segundo de a bordo (Walter Pidgeon), el jefe de ventas extrovertido y adúltero (Paul Douglas), el hombre de vuelta de todo y ya desinteresado por los negocios (Dean Jagger), el vulgar especulador amoral (Louis Calhern), y, como principales contendientes, el frío vicepresidente financiero (Fredric March), adorador de la cifra como deidad infalible, y el romántico vicepresidente creativo (William Holden), comprometido con la calidad y el espíritu humano de la empresa.

            Desde luego, apuntar hacia los prohombres económicos de la nación era tarea harto arriesgada en la primera mitad de los cincuenta, una época azotada por la paranoia anticomunista y embanderada a ultranza en los valores morales y económicos de los Estados Unidos, todo uno.

Partiendo de este contexto histórico, resulta difícil atacar las intenciones humanísticas del filme y su crítica hacia la degeneración del capitalismo, representado por el personaje de March, incapaz de ver más allá de un balance de cuentas, y de su compinche Calhern, cuya reacción ante la desgracia se mide en compra o venta de acciones bursátiles. No obstante, sería también injusto obviar que esa especie de concurso y juicio, el cual parece derivar a una disputa semejante a la de Doce hombres sin piedad entre los antitéticos March y Holden, termina arrojando un desenlace indulgente y poco batallador –sobre todo si se compara con la denodada lucha de Henry Fonda, quien había rechazado el papel que luego recaerá en Holden- el cual, en consecuencia, por mucho que el libreto se esfuerce en conferir inspiradora épica y pasión al discurso, provoca un sentimiento de decepción, visto desde el presente inmediato hijo de la crisis de 2008.

            Quizás pese demasiado el influjo del opresivo clima político del periodo. El asunto es que, al mismo tiempo que ciertas subtramas dramáticas no están construidas convincentemente –los dilemas familiares-, las conclusiones del filme tienden hacia una solución en exceso condescendiente, carente de la garra que exige la deriva de un argumento donde Julia O. Tredway (Barbara Stanwyck), hija huérfana y amante despechada de los anteriores presidentes de la firma respectivamente, pretende encarnar en su desesperación las víctimas emocionales que deja tras de sí el exigente y deshumanizado mundo de las finanzas.

En definitiva, el guion rechaza posturas radicales, rehúye adentrarse en profundidad en las causas y manifestaciones de esta degradación del admirado poder económico nacional  y apuesta en cambio por la reconciliación afectiva con otros de los baluartes, esta vez positivos, de la filosofía económica americana –la dignidad del esfuerzo honrado, la prosperidad mediante el trabajo y el mérito-. Una tibia redención que es eso precisamente: tibia.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

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