Tag Archives: Dinosaurio

Jurassic World: El reino caído

18 Jun

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Año: 2018.

Director: Juan Antonio Bayona.

Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Isabella Sermon, Rafe Spall, Justice Smith, Daniella Pineda, Ted Levine, Toby Jones, BD Wong, James Cromwell, Geraldine Chaplin, Jeff Goldblum.

Tráiler

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          Hay una tendencia en el cine comercial hacia la marca, hacia la franquicia como estrategia. Los antiguos estudios se han reciclado en casas mercantiles, como Marvel o Star Wars, explican los expertos. El cine se serializa mediante la repetición o la reformulación de una receta preestablecida que se controla con visión de conjunto, con independencia de unos capítulos muy pautados, en los que la voz propia del cineasta -que en muchas ocasiones ha sido fan antes que realizador del producto- posee un escasísimo margen de maniobra dentro de esta uniformización del conjunto, que mediante libretos diseñados en base a estrategias casi estrictamente mercadotécnicas, busca tanto la aprobación explícita del otrora ‘friki’ -erigido en ente social normalizado a través de su condición de consumidor poderoso- como la capitalización de su pasión, hasta exprimir la última gota entrega tras entrega. El sentido de la maravilla se agota antes o después. La sorpresa acostumbra a quedarse fuera de la ecuación, pues es un valor artística y económicamente volátil y, además, fugaz por naturaleza.

          “Parque Jurásico fue mi Star Wars“, sostiene Chris Pratt en una declaración orgullosamente generacional. Parque Jurásico es otra de estas marcas refundadas y apenas remozadas. Jurassic World mostraba su autoreconocimiento posmoderno como consciente juguete nostálgico prácticamente como única novedad. Con unos cuantos diálogos de lectura claramente metalingüística -y disculpatoria por parte de los guionistas-, la película llegaba a admitir la imposibilidad de asombrar ya a nadie con una galería de dinosaurios corrientes y molientes. De ahí el indominux rex -que tampoco es que fuese la repanocha de imaginación-. Pero muerto el bicho más grande, ¿ahora qué? El estallido de la isla Nublar, de primeras, recalca la necesidad de clausurar definitivamente el parque.

La parte irredimiblemente tonta de Jurassic World no era ceder a la tentación de ver luchar a un velociraptor junto a un tiranosaurio, el uno cabalgando a lomos del otro. Esa es la indulgencia friki que decíamos. La parte tonta era la trama militar, que ni siquiera tenía gracia como delirio. Pues bien, esa visión presuntamente crítica de la utilización del dinosaurio como superarma biológica centra en gran medida Jurassic World: El reino caído. En realidad, esta decisión parece una evidencia del agotamiento de las posibilidades argumentales de la saga, y de que Derek Connolly y Colin Trevorrow -que cede la silla de director a Juan Antonio Bayona- no saben bien qué hacer con lo que tienen entre manos. El juguete del dinosaurio está bastante visto, perdido el impulso de esta nueva reedición. Al respecto, intentan redoblar la apuesta crítica con una roma admonición acerca de las apocalípticas consecuencias del ser humano que juega a ser Dios, de lo monstruoso como parte íntima de la propia naturaleza de la especie.

          El carisma campechano y relajado de la pareja Chris Pratt-Bryce Dallas Howard, y la presencia de Ted Levine como villano chusquero, apenas logran evitar que Jurassic World: El reino caído, construida sobre clichés del género que hasta ya habían estado presentes en anteriores capítulos de la serie, caiga en la molicie durante sus dos primeros tercios.

En su tramo final, Bayona -un realizador que ha hecho del “parece Made in USA” su sello de prestigio- trata por fin de reconducir el espectáculo hacia un nuevo terreno, el terror gótico -el caserón, la noche, la niña inocente y el monstruo que llama a la puerta-. Pero tampoco funciona. El monstruo está sobreexpuesto, los movimientos de cámara son demasiado artificiosos y no hay sugerencia. Al igual que en todo el metraje precedente, los sustos y los alivios se conocen al dedillo.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 4.

Jurassic World

5 Jul

“Las secuelas son una pérdida de tiempo y dinero. Las películas deben alumbrar nuevas historias.”

Francis Ford Coppola

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Jurassic World

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Jurassic World

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Año: 2015.

Director: Colin Trevorrow.

Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Irrfan Khan, Vincent D’Onofrio, Ty Simpkins, Nick Robinson, Jake Johnson, Omar Sy, BD Wong, Judy Greer, Lauren Lapkus, Katie McGrath.

Tráiler

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           Mal asunto si los guionistas aprovechan el texto para colar excusas. En cierta escena de Jurassic World, Simon Masrani (Irrfan Khan), el multimillonario dueño del parque, y el doctor Henry Yu (BD Wong), jefe de los ingenieros responsables de cultivar sus “activos”, discuten acerca del Indominus Rex, la aberrante criatura creada genéticamente a partir de ADN de múltiples especies de dinosaurios para crear al espécimen más terrorífico posible y satisfacer así a visitantes y patrocinadores, aunque ahora salida de control para desesperación de todos. Después de recibir las furibundas críticas de Masrani contra el clásico juego de ser dios que realiza el laboratorio, el científico replica que él, con obediencia y oficio, se ha limitado a ceñirse a las instrucciones precisas dadas por la dirección del complejo turístico en su memorándum –es decir, por Masrani mismo-, que eran las de subordinar la fidelidad científica de los especímenes extintos –por ejemplo, nota de este articulista, que los raptores sean emplumados- a la crianza de monstruos más grandes, que den más miedo, tengan más dientes, rujan más y sean “más guays”.

Como se puede intuir, este diálogo –que es además la repetición de un soliloquio pronunciado metraje atrás por la protagonista, directora del parque- bien podría leerse en clave metalingüística, sustituyendo a ambos personajes por, respectivamente, el productor ejecutivo –quien, al igual que Masrani, sería un autoproclamado médium del gran público- y los guionistas. “Sentimos la ramplonería argumental de este blockbuster, pero solo cumplíamos órdenes”.

           Más acomodaticios o mercenarios indiferentes que ineptos para el trabajo, los redactores de Jurassic World –de base, el dúo  compuesto por Amanda Silver y Rick Jaffa, firmantes de los muy respetables libretos de El origen del planeta de los simios y El amanecer del planeta de los simiostiran de oficio (o rutina) para plasmar en el guion los designios de los hombres al mando, armados con calculadoras y pronósticos de beneficios, y que han sabido prever que comienza la nostalgia de los años noventa y que la fascinación por los dinosaurios nunca termina –una perspicacia que le ha valido al filme, así de primeras, batir el record de celeridad en alcanzar los 500 millones de dólares recaudados-.

De este modo, Silver y Jaffa –con remiendos de Derek Connolly y el propio director del filme, Colin Trevorrow- se limitan a reescribir el esquema de la película inaugural de la serie, agregándole alguna subtrama tremendamente insensata y ridícula –el delegado militar que pretende convertir a los velociraptores en el arma bélica del futuro-, una avalancha de ‘product placement’ –más les hubiera valido incluir parones publicitarios-, homenajes y citas autorreferenciales a la saga, y una saludable dosis de humor distanciado –o de autoflagelación, que continúan la idea de las disculpas antes referidas-.

           Abonada al entretenimiento sencillo y para toda la familia –a pesar de lo sangrientos que son los dinosaurios-, Jurassic World se levanta sobre un armazón bastante básico –con sus personajes cortados con patrón, sus secundarios sin entidad,…- que, empero, se muestra al menos funcional, dentro de la abundante gama de tonterías que contiene, unas infantiles y algunas aprovechables, caso de la fina sátira hacia el lenguaje mercantil que todo lo devora o de la hipótesis de que hasta los dinosaurios normales y corrientes también puedan caer víctimas de la limitada capacidad de asombro del ser humano –un concepto que puede interpretarse otra vez metalingüísticamente, en cuanto a la relación del espectador con el cine-.

Contribuye a hacerla aceptable para un servidor –y probablemente a irritar buena parte de la platea- el poco respeto que la cinta alberga hacia sí misma; la tendencia a reírse de sus propios clichés y de las exigencias de la producción -¿hay algo más épico y absurdo que un velociraptor “cabalgando” un tyrannosaurus rex?-, incluso hasta bordear la autoconsciencia, ora con agudeza, ora con simpleza, ora con nuevos tópicos ya empleados en el blockbuster desenfadado.

           Ágil, entretenida, con buena acción y con bonitos dinosaurios –que no es poco-; pero no demasiado más.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 5,5.

Parque Jurásico III (Jurassic Park III)

28 Jun

“El problema con una película como Jurassic Park no es lo que hacen los dinosaurios, sino lo que hace la gente.”

Alexander Payne

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Parque Jurásico III

(Jurassic Park III)

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Parque Jurásico III (Jurassic Park 3)

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Año: 2001.

Director: Joe Johnston.

Reparto: Sam Neill, William H. Macy, Téa Leoni, Alessandro Nivola, Trevor Morgan, Michael Jeter, John Diehl, Bruce A. Young, Taylor Nichols, Laura Dern.

Tráiler

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           Viejos protagonistas, nuevos y más poderosos adversarios; idéntica ambición de explotar el gancho popular de los dinosaurios. En 2001, cuatro años después de la segunda entrega y ocho de la primera, y a pesar del cambio en la dirección –Steven Spielberg se reservará labores de productor ejecutivo, sustituido por Joe Johnston como realizador mientras que el libreto no estará basado en un original en papel de Michael Crichton pese a tomar ideas de las dos novelas utilizadas anteriormente-, el parque reabría sus taquillas, ávido de una nueva remesa de dólares cosechados entre los incondicionales de los lagartos terribles.

           Parque Jurásico III es la celebración de la propia saga, repleta de autorreferencias y con un sentido del espectáculo que prefiere la redundancia a la diversificación. Más liviano -y corto, alrededor de hora y media de metraje- que sus precedentes –El mundo perdido ya adolecía de cierta pesadez-, este tercer episodio apuesta por incrementar el peso de la tecnología digital, más avanzada que en el momento de estreno de la serie, aunque sin prescindir de la fisicidad de los muñecos animatrónicos que tan buenos réditos le habían reportado hasta ahora. Johnston demuestra que no es Spielberg con una factura visual menos rotunda pero sí que, al menos, sabe conducir con ritmo un blockbuster, su principal campo de acción en el cine.

Por su parte, el guion, elaborado a seis manos y entre las que destaca Alexander Payne, interesantísimo cineasta, infiltra una mayor dosis de humor en el conjunto de la mano de la desastrosa pareja de divorciados encarnada por William H. Macy y Téa Leoni, en búsqueda de su hijo en común, desaparecido en la isla de Sorna, la zona B de InGen o su criadero de dinosaurios, con la ayuda contra su voluntad del doctor Grant (Sam Neill), protagonista del filme inaugural. A su vez, los redactores se esfuerzan (poco) en dotar de un trasfondo tridimensional a sus personajes –el drama familiar de pérdida y reconciliación; la tentación y la redención-, pero resulta tan tópico y somero que apenas aporta nada.

Respecto a las estrellas del filme, los velociraptores y los tiranosaurios quedan sustituidos –además de manera gráfica en su presentación, con un duelo entre carnívoros que deja las cosas claras en cuanto al poder del bicho en cuestión-, por el mayor depredador conocido entre los dinosaurios: el Spinosaurus Aegypciacus, menos fotogénico que los anteriores. Sin embargo, el culto al velociraptor no desaparece, sino que avanza un nuevo paso hasta dotarlos de una inteligencia que no duda en trasgredir la verosimilitud –que intuyan la desaparición de un par de huevos como un robo recobrable y no como un acto de depredación para alimento por parte de otra especie desconocida-.

           Dado que al fin y al cabo Parque Jurásico III es una película sencilla de ver, que en conjunto tampoco se toma demasiado en serio y en la que siguen apareciendo dinosaurios muy curiosos, consigue pasar el corte. Y, aunque más discretos que Parque Jurásico y El mundo perdido, obtendría unos jugosos réditos en las salas del mundo entero.

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Nota IMDB: 5,9.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 5,5.

El mundo perdido: Jurassic Park

27 Jun

“Detesto a Spielberg y creo que le ha hecho un daño brutal al cine.”

David Trueba

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El mundo perdido: Jurassic Park

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El mundo perdido. Jurassic Park

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Año: 1997.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Vince Vaughn, Vanessa Lee Chester, Arliss Howard, Pete Postlethwaite, Peter Stormare, Richard Schiff, Harvey Jason, Thomas F. Duffy, Richard Attenborough, Joseph Mazzello, Ariana Richards.

Tráiler

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           A Steven Spielberg poco le ha importado las acusaciones de reconducir al floreciente, original y comprometido artística y socialmente Nuevo Hollywood de los setenta por el oscuro sendero del espectáculo para todos los públicos, la infantilización emocional en aras de cosechar millones de dólares y la sustitución del riesgo cinematográfico por la seguridad de la taquilla. O, bueno, le ha importado solo lo justo para, de vez en cuando, intentar el asalto a un cine presuntamente serio o de prestigio –El color púrpura, El imperio del sol, La lista de Schindler, Amistad, Salvar al soldado Ryan, Munich, Lincoln-, en muchas ocasiones también cortado por patrones sobados, asequibles y premiables por la sensibilidad popular.

           En su gran taquillazo de los noventa, Parque Jurásico, el rey Midas de Hollywood había tenido la suficiente perspicacia como para detectar el incalculable valor de los dinosaurios a partir de una novela del escritor de ‘best sellers’ Michael Crichton, adelantándose por unas pocas horas a propuestas como las de James Cameron, quien pretendía comprar los derechos para realizar una cinta bastante más oscura y violenta pero igualmente atractiva para el público general. Con idéntica habilidad a la de John Hammond -impulsor del ficticio ese parque atracciones creado por tipos que jugaban a ser Dios pero que no contaban con el avaricioso Newman como agente encubierto del caos-, Spielberg unía en un solo producto el entretenimiento cinematográfico de primer orden, una imagen de marca mundialmente reconocible –los dinosaurios, el logo del cráneo y la grafía del título, la partitura de John Williamse incluso una línea de merchandising que aparecía ya en los propios fotogramas.

El parque temático estaba montado desde el comienzo del proyecto. Si el blockbuster del milenio entrante encontraría en las atracciones favoritas de Disneyworld la cantera ideal para sus producciones –Piratas del Caribe-, Parque Jurásico avanzaba ésta investigación de márquetin cinematográfico recorriendo el camino opuesto: una película destinada invariablemente a convertirse en una atracción de parque de cine.

           Justo después de purgar su recaída en el comercialismo con la fallida Amistad y la exitosa Salvar al soldado Ryan, Spielberg apostaba por perpetrar un nuevo saqueo de los bolsillos del espectador empleando como arma de asalto una secuela de Parque Jurásico que prometiese más y mayores dinosaurios, El mundo perdido: Jurassic Park, también basada en la novela que continuaba el relato original de Crichton.

Ahora, el argumento del filme planteará una lucha maniquea entre ecologismo –el doctor Ian Malcolm y su familia, quienes deberán redimir los pecados de Hammond y documentar el nuevo hábitat de los monstruos en la isla de Sorna para su posterior preservación- y capitalismo –el sobrino del empresario, que pretende convertir la ínsula costarricense en un safari y luego trasladar a las bestias a una nueva localización en el continente: San Diego-.

Buenista hasta la ingenuidad en este aspecto dramático, El mundo perdido da un paso adelante en la infantilización potencial de la saga mediante un libreto construido de forma perezosa y con abundancia de clichés, extremadamente inane y endeble, limitado a ofrecer el soporte mínimo para que, haciendo gala de un pulso que todavía logra dominar una bestia de desaconsejable tamaña, Spielberg ofrezca una renovada dosis de pasión por los dinosaurios; fastuosa pero tan vacía y repetitiva que la tensión y el entusiasmo por el filme decaen irremediablemente.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 5,5.

Parque Jurásico (Jurassic Park)

26 Jun

“En nuestro interior, todos tenemos un dinosaurio que lucha por salir afuera.”

Colin Mochrie

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Parque Jurásico (Jurassic Park)

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Parque Jurásico

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Año: 1993.

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Joseph Mazzello, Ariana RichardsBob Peck, Martin Ferrero, Samuel L. Jackson, Wayne Knight.

Tráiler

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            David Foster Wallace, escritor maldito ahora reciclado en ‘trending topic’, citaba a Parque Jurásico como epítome de lo que el denominaba “porno de efectos especiales”. Además, no recuerdo qué crítico de cine se lamentaba que, siguiendo esta idea de Wallace, eran estos efectos especiales los verdaderos y únicos protagonistas del filme de Steven Spielberg, otro de los descomunales taquillazos de su rentabilísima carrera. Tienen razón… a medias. Es innegable que el uso de animación por ordenador y sobre todo el espectacular rendimiento de los animatronics componen el plato fuerte de la función que ofrece Parque Jurásico. Pero, en sí mismos, esos efectos y esas marionetas no alcanzan por sí mismos tanto valor como para convertir Parque Jurásico en una película tan popular durante tantos años –ya son más de dos décadas desde su estreno- y hasta tantas generaciones.

El mérito, pues, recae en poner ese material tecnológico y frío al servicio de unas de las criaturas más fascinantes que jamás han existido sobre la Tierra, capaces de alentar la imaginación enfebrecida de millones y millones de niños y adultos a lo largo y ancho del planeta, germen de fábulas y mitologías admiradas y aterradas desde la noche de los tiempos, tal es su potencia de impacto sobre las capas ancestrales del cerebro humano, quien se reconoce vulnerable e impotente ante semejante fuerza indomeñable de la naturaleza. Y, con ello, servir un espectáculo de cine festivo, ilusionante y gozoso, realizado con artesanal buen gusto y los imprescindibles gramos de pasión narradora.

            Recuerdo al detalle cuando, de niño, acudí a verla a los cines Tomás Luis de Victoria de Ávila acompañado de mi madre, santa mujer. No llegaba a los siete años, porque tengo asimismo presente en mi memoria que mi amigo Raúl, quien también andaba por ahí con su respectiva madre sufridora, insistía vehementemente en que yo no podía entrar a ver una película no recomendada para menores de siete años. Por supuesto, el muy bastardo los había cumplido apenas un par de meses antes. El asunto -que es a donde iba todo esto-, es que un servidor, con sus seis años y once meses, asistía a la sala de cine contento como unas castañuelas pero también perfectamente consciente de que algunas de las estrellas protagonistas –el Tyrannosaurus Rex, el Triceratops, el Velociraptor,…- no pertenecían al periodo Jurásico, sino al Cretácico; que además los velociraptores no medían tanto como los ejemplares de la pantalla –dimensiones que sí alcanzaban los Deinonychus, primos suyos de la familia de los dromeosaurios-, y que los Dilophosaurus que aparecían en pantalla eran pura mamandurria nacida de a saber qué mente de Hollywood. Es decir, que un niño como yo no iba al cine a ver efectos especiales en sí mismos –bastante credibilidad y miedo les concedía a los efectos especiales de la correosa serie B-, sino a contemplar, casi como vueltos a la vida, a esos lagartos terribles que tanto me encandilaban. O, lo que es lo mismo, a comprar mi pase a distancia para ese parque jurásico que ¡vive Dios! tenía que haber existido en realidad.

            Vista con un poco más de distancia, aunque con el nervio infantil por fortuna todavía palpitante, Parque Jurásico aguanta la pegada en su aspecto visual –los dinosaurios no se han acartonado demasiado, sobre todo ese colosal Tyrannosaurus Rex- y continúa siendo un entretenimiento magnífico porque su esquema, sencillísimo, se halla resuelto con una energía envidiable –Spielberg, guste o no, es un tipo que conoce su oficio al milímetro-. Las dos horas de metraje –que no es poco tiempo-, aún se pasan voladas.

Herencia de su escenario, el filme funciona como un parque de atracciones, con sus sustos en el paseo de los monstruos, sus carreras a velocidad de vértigo a un pelo de ser devorado y su aventura de supervivencia esencial. Los personajes y la trama presentan clichés –diría que parte de ellos conformados a posteriori debido a la influencia de la película-, pero considero que guardan suficiente respeto por el espectador para que éste, a pesar de su filiación por los dinosaurios y su favoritismo especial por uno ellos –el velociraptor, obviamente-, permanezca de lado de los frágiles humanos, puesto que, si bien elementales, los percibe como sus pares y no se distancia de ellos, indiferente a su suerte.

            En conclusión, Parque Jurásico posee la acción trepidante, una sensación de peligro bien plasmada y la consistencia dramática justa para acompañar y complementar de forma adecuada esta ofrenda de veneración hacia su colosal protagonista: el dinosaurio. No es simple porno de efectos especiales.

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Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

Viaje a la prehistoria

29 Ago

“Cuando fui un museo, en uno de los espectáculos había un niño que no podía tener más de seis años. Sus pies ni llegaban al suelo. Cada vez que aparecía un dinosaurio, gritaba «¡Tyrannosaurus!» «¡Stegosaurus!». Estuvo así durante una hora entera, y pensé «¿qué tendrán los dinosaurios para resultar tan fascinantes?»”

Michael Crichton

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Viaje a la prehistoria

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Viaje a la Prehistoria.

Año: 1955.

Director: Karel Zeman, Fred Ladd.

Reparto: Vladimír Bejval, Petr Herrman, Zdenek Hustak, Josef Lukás.

Tráiler

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            De tan elemental, la concepción de Viaje a la Prehistoria captura la esencia y el aroma de una de las mayores ilusiones que puede albergar la mente de un niño con un mínimo de imaginación y curiosidad: un regreso al pasado hasta reencontrarse con esos monstruos terribles y eternamente fascinantes que son los dinosaurios y demás criaturas antediluvianas.

            Con su espíritu didáctico y respetuoso siempre en equilibrio respecto a las tradicionales ansias de espectacularidad y magia que caracterizarían a las producciones americanas, Viaje a la Prehistoria -creación de la imaginativa industria checa y de su más ilustre representante, Karel Zeman, aquí debutante en el largometraje-, remonta el río de la Historia desde la mirada de cuatro intrépidos y simpáticos muchachos que, a golpe de envidiable fantasía y riguroso entusiasmo, deciden emular las visionarias novelas de Julio Verne –sobre las que ‘el Méliès checo’ haría gravitar su filmografía- y embarcarse en una expedición científica hacia el mismo centro de sus sueños y deseos infantiles.

            Desde el Pleistoceno, dominio de los mamuts y los rinocerontes lanudos, hasta las profundidades del Cámbrico, patrimonio de los abundantes trilobites, la expedición contempla las inagotables maravillas de la naturaleza, reproducidas por medio de animaciones, marionetas y un stop motion por control electrónico que visto hoy resulta un tanto más rígido del que disfrutaba el Hollywood del maestro Ray Harryhausen.

            No hay apenas trama que distraiga del objetivo de este safari romántico y admirado. Viaje a la Prehistoria se desarrolla con una extrema sencillez que, al contrario de lo que pudiera parecer, favorece la saludable regresión mental del espectador, alistado como un tripulante más en la barquita de estos entrañables exploradores.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7.

Proyecto dinosaurio

12 Oct

“- Bueno, tendrá todo el dinero del mundo, pero hay algo que nunca podrá comprar, Marge.

– ¿El qué?

– … ¡un dinosaurio!”

Homer Simpson (Los Simpson)

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Proyecto dinosaurio

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Proyecto dinosaurio.

Año: 2012.

Director: Sid Bennett.

Reparto: Matt Kane, Richard Dillane, Peter Brooke, Abena Ayibor, Natasha Loring, Stephen Jennings, Andre Weideman.

Tráiler

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            Parece mentira, pero las producciones de terror no se cansan en su apuesta por el recurso del metraje encontrado –película que simula la reconstrucción de segmentos documentales inéditos, prohibidos u ocultos-. A pesar de tampoco se trata de un formato en absoluto novedoso -habría que retrotraer sus raíces hacia el cine mondo y el gore italiano de cintas como Holocausto caníbal-, la fiebre del falso documental de terror provocada por el rentabilísimo estreno de El proyecto de la Bruja de Blair, ha servido para “sacar a la luz” desde entonces, con saldo desigual, a ectoplasmas, zombis, monstruos abisales, selenitas, trolls, parásitos mortíferos e incluso dinosaurios supervivientes del periodo Cretácico, como la presente cinta británica cuyo responsable, Sid Bennett, había ya transitado el terrero del ‘found footage’ con Sirenas: el descubrimiento.

            De tan sobado, el truco no colaría a estas alturas ni con la mejor campaña promocional del universo, pero Proyecto dinosaurioPesadilla Jurásica al otro lado del Atlántico- insiste en el cliché presentado la cinta como un conjunto de fragmentos recompuestos y sin alterar del material filmado por una expedición británica en busca del legendario ‘Mokèlé-mbèmbé’ congoleño, equivalente centroafricano del monstruo del lago Ness.

             Aparte de recrear con torpeza de amateur –magra excusa es el preceptivo empleo de la mareante cámara en mano- el sueño dorado de cualquier chaval que se precie –encontrar un dinosaurio, vivo o muerto-, la película resulta una mezcla de El mundo perdido y Baby, el secreto de una leyenda perdida, rodada con el rigor narrativo de las aventuras en 3D del Imax aunque menos emocionante.

El florido ramillete de tópicos que compone la trama -incluidos el sempiterno conflicto paternofilial, el esoterismo nativo, la crítica de los desmanes de la televisión del espectáculo y una cerúlea denuncia ecologista- queda hilado por medio de un texto que de tan manido y elemental llega a alcanzar unas nada desdeñables cotas de idiocia, tan solo equiparables a la linealidad en el dibujo de personajes –hasta el arrojado explorador emula a Indiana Jones en su atuendo- y la impersonalidad e inexpresividad de la ramplona puesta en escena.

             Dado que estas carencias argumentales son rasgos compartidos por este tipo de productos en su conjunto, epidérmicos por definición, sí cabe entonces destacar un problema mayor: el de la total incapacidad de Proyecto dinosaurio para generar una inquietud suficiente como para cautivar y mantener el interés del espectador. Se apunta la culpa en este caso el flagrante desprecio por la credibilidad de la historia que se está contando –un factor siempre independiente de lo más o menos fantasioso del relato-, donde la perpetua agitación del plano aspira a suplir la adecuada y necesaria modulación del tempo fílmico. Sin éxito, por supuesto.

             No logran compensar el visionado el beneficio de que aparezcan unos dudosos dinosaurios –con un homenaje al de por sí fabulado dilophosaurio de Parque Jurásiconi la breve extensión de la película –una selección de entre nada menos que 100 horas de metraje original se comenta al inicio, qué cantidad de morralla grabaría esa gente-.

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Nota IMDB: 4,6.

Nota FilmAffinity: 4,9.

Nota del blog: 4.

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