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La parada de los monstruos

11 Feb

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Año: 1932.

Director: Tod Browning.

Reparto: Harry Earles, Olga Baclanova, Wallace Ford, Leila Hyams, Henry Victor, Daisy Earles, Rose Dione, Edward Brophy, Matt McHugh, Roscoe Ates, Daisy Hilton, Violet Hilton, Schlitze, Angelo Rossitto, Johnny Eck, Frances O’Connor, Prince Randian, Josephine Joseph, Koo Koo, Elvira Snow, Jenny Lee Snow, Peter Robinson, Olga Roderick, Martha Morris.

Tráiler

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          En su juventud, Tod Browning había desempeñado multitud de trabajos en el circo y las ferias de variedades, un universo que lo había fascinado desde la infancia. Antes de dar su salto el cine, que no dejaba de ser otro espectáculo de barraca de feria, Browning había encontrado su espacio en este mundo extraño donde lo grotesco y lo más allá de lo marginal comparte dimensión con lo increíble y lo maravilloso, unificado por el lenguaje de la atracción, del asombro, de lo extraordinario. Esta realidad alternativa, que se desarrolla oculta a la sociedad convencional como un magnético y morboso rincón de misterios desplazados por la uniformidad deseable, forma parte de la concepción misma que Browning desarrollará en su obra cinematográfica, donde el circo y la rareza surgen como elementos recurrentes que, debido a ese conocimiento e identificación existencial, se abordan desde una mirada por completo ajena a las fronteras que delimitan la normalidad y la deformidad -aunque en el plano de la apariencia, no en el moral-.

La parada de los monstruos es su paradigma. La radicalidad de su discurso en defensa de la diferencia, enunciado por aquellos que son considerados diferentes, la pagaría con el repudio entre los compañeros de producción -repugnados por compartir comedor con los cuerpos maltrechos de muchos de los participantes en el rodaje-, el desastre en la taquilla, el veto en numerosas salas de otros tantos países y el comienzo de su decadencia artística, que para más inri venía de alcanzar su cénit con Drácula.

          Browning había configurado La parada de los monstruos a partir de la sugerencia del actor Harry Earles de adaptar la novela Spurs, en la que un enano de circo sufre la estafa continuada de una femme fatale con las formas de una sensual trapecista, contra la que terminará clamando venganza. Esta premisa seminal se preservará -con Earles asumiendo el primer personaje- pero con una vuelta de tuerca que, a pesar de las clasificaciones argumentales, no deriva tanto el filme hacia el cine de terror, sino más bien hacia un intenso drama en el que se arremete contra la verdadera desfiguración del espíritu humano para redefinir a la especie sobre la base de un valor inmarcesible: la dignidad.

El relato, de tendencia maniquea, establece tres tipos de personajes: los villanos -seres de belleza y fuerza sobrehumana, con nombres de semidioses y reinas-, los ‘freaks’ y monstruos -dotados de un sentido solidario de la comunidad- y varias figuras empáticas, comprensivas y amables que, en cierta manera, sirven para guiar la posición del espectador.

          De este modo, la crueldad colisiona contra el lirismo, el amor contra la depredación, la maldad contra la benevolencia. Browning se detiene a observar embelesado y a mostrar al espectador con sus ojos la vida cotidiana de unas personas insólitas, dotadas de deseos, sentimientos y honorabilidad, equiparables en definitiva a los de cualquiera de los asistentes a la platea, acepte o no el brindis de hermanamiento que se le propone desde la pantalla. “Estos podrían ser ustedes por un capricho de nacimiento”, advierte ya en la introducción de una película en la que las mutilaciones y desvíos impuestos desde la jefatura de producción perturbarían incluso el osado mensaje concebido por el realizador, al igual que aspectos narrativos como el montaje. Pero el choque resultante conserva toda su potencia poética, primero, y terrible después, cuando -en una aparente contradicción conceptual- se desencadena un horror que, esta vez sí, posee una atmósfera propia de dicho género, de tiniebla y elementos desatados.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 8.

Border

14 Ene

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Año: 2018.

Director: Ali Abbasi.

Reparto: Eva Melander, Eero Milonoff, Jörgen Thorsson, Sten Ljunggren, Ann Petrén.

Tráiler

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            Después de cuatro meses de arduas negociaciones, los socialdemócratas suecos parecen haber logrado persuadir a dos partidos del bloque conservador para formar un gobierno estable que contrarreste los escaños de Demócratas Suecos, la formación de extrema derecha que obtuvo los terceros mejores resultados en las elecciones generales de septiembre de 2018. A pesar de este pacto en pro de las libertades y los derechos civiles, no es buena noticia que el auge de los grupos ultranacionalistas, xenófobos y racistas haya alcanzado un país al que se le presumía una especial firmeza en estos ideales y que es ejemplo del Estado de Bienestar.

El cine, que es un cronista atento, refleja en películas como Border estos tiempos convulsos, marcados por las tensiones entre la globalización, la multiculturalidad, la necesidad de la inmigración en un Occidente envejecido y los conflictos por la convivencia con el diferente, así como la progresiva conquista de cuotas de poder por parte de partidos que prometen la renovación desde la nostalgia folclórica y de presuntos cirujanos de hierro que incluyen una importante carga de odio en sus postulados políticos. Son cuestiones que bien puede atestiguar el director Ali Abbasi, iraní afincado en Suecia.

            Border se basa en un relato corto de John Ajvide Lindqvist, literato que cosechó notoriedad internacional con la novela y el guion de Déjame entrar, una historia íntima en la que un niño se enfrentaba a terrores rotundamente cotidianos -la soledad, la ausencia de amor- de la mano de una pequeña vampira. Al igual que aquella, Border otorga protagonismo a otra criatura mitológica, el trol, para profundizar de nuevo en problemas muy humanos. La ruptura de lo fantástico como elemento para ampliar la lente del drama.

El filme de Abbasi se centra en el conflicto de identidad de Tina, una mujer de rasgos grotescos y cualidades sobrenaturales para rastrear, literalmente, el estado anímico de las personas. El diferente, el otro, el monstruo al que quizás temer. Pero la narración, que la retrata con notable ternura, la rodea de un entorno donde se pone precisamente en tela de juicio las características del monstruo, con matices además que huye de posiciones maniqueas y que contrasta asimismo con la bucólica belleza y el lirismo de los espacios naturales donde ella encuentra puntual refugio y conexión. En la misma línea, el discurso muestra madurez en su falta de complacencia a la hora de repartir aberraciones y, en vista de ellas, plantearse las posibilidades de reconciliación.

También se le exigirá al espectador, puesto que, en el desarrollo de la encrucijada de la protagonista, el realizador no duda en arriesgar su empatía con escenas que desafían gráficamente sus cómodas convenciones y que, por tanto, pueden desasosegarlo tanto física como moralmente; todo uno a fin de cuentas.

            Así las cosas, en definitiva, la resolución del interrogante ontológico, el quién somos -en el que sobresale un factor recurrente como el dilema sobre la pertenencia genética o afectiva, expuesto a partir de la contraposición de un ‘yo’ liberado de toda atadura moral no menos clásico en estas historias de punto de vista del ‘no humano’ criado entre humanos-, es lo que ofrece las claves para afrontar el segundo problema, qué es lo que define al monstruo aterrador.

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Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 7,5.

El hombre que ríe

12 May

“Confío en el poder de una sonrisa.”

Will Smith

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El hombre que ríe

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El hombre que ríe

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Año: 1928.

Director: Paul Leni.

Reparto: Conrad Veidt, Mary Philbin, Olga Baclanova, Cesare Gravina, Brandon Hurst, George Siegmann, Stuart Holmes, Josephine Crowell.

Filme 

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           Es curiosa la querencia del cine mudo por el Extraño, por el fenómeno como encarnación melodramática de las emociones humanas. El payaso triste, el bufón enamorado, el histrión que mora en un circo cuya carpa abarca el mundo al completo, con sus esperanzas y desilusiones, sus alegrías y sus tormentos; arrollados todos ellos por el Destino caprichoso. Valgan como muestra las colaboraciones circenses entre Tod Browning y Lon Chaney, o la elección del estudio Metro Goldwyn Mayer de El que recibe el bofetón para constituir su primera producción de prestigio con la que comenzar a cosechar laureles en el séptimo arte.

           El hombre que ríe sigue esta misma línea de obra de altura, basada en un relato de Víctor Hugo y ambientada en la Inglaterra a caballo entre los siglos XVII y XVIII donde un hombre, brutalmente desfigurado para mostrar una sonrisa de burla permanente –inspiración para el Joker que diseñaron Bill Finger, Bob Kane, y Jerry Robinson como archivillano para hacer frente a Batman-, lucha por recobrar el respeto y la dignidad patrimonio de toda persona. Una batalla plasmada, cómo no, por medio de la conquista romántica, redentora en su pureza e inocencia. Los puntos de encuentro con otra creación del literato francés, Nuestra señora de París, son así manifiestos.

           De orígenes expresionistas, Paul Leni impone un arranque de poderosas imágenes, conformando un cuento grotesco desbordado de crueldad y muerte –la dama de hierro, la mutilación de un niño, madres muertas bajo árboles de ahorcados, los cuervos que todo lo dominan,…-. A continuación, se oponen contra ello las imágenes apacibles, incluso idílicas, de una familia encontrada –el protagonista aceptado por marginales como él, un filósofo metido a dramaturgo, la doncella ciega capaz de ver lo que los demás ignoran al percibir desde el corazón-.

A pesar de ser una cinta predominantemente silente, aparece ya la irrupción primaria del sonido que, voluntaria o involuntariamente, ayuda a componer un entorno que resulta igualmente perturbador en su caos abarrotado e ininteligible. No obstante, los fotogramas, como evidenciaba esa citada apertura, son todavía los que llevan la batuta expositiva, lo que quedará de nuevo patente en la presentación de la duquesa Josiana, toda lubricidad desinhibida bajo el cuerpo y la mirada insinuante de la Olga Baclanova más madonniana.

En este universo, la tiranía, el sadismo, la tortura, el engaño y la lujuria son las monedas con las que se negociará la tragedia, y contra las que se enfrenta este Gwynplaine dotado con la expresividad, esta vez clavada con la fuerza de una prótesis, de uno de los iconos del periodo: el alemán Conrad Veidt.

           El hombre que ríe, no obstante, muestra cierta descompensación narrativa, evidente por ejemplo en el peso inicial que se le concede a Baclanova, que termina por parecer una simple estratagema para explotar comercialmente la sexualidad que irradia la actriz. Quizás Leni trate de compensar ese estancamiento o de ese desequilibrio a través una media hora final que es puro frenesí, donde la desesperación de los personajes se exuda con ese estilo tan físico y emocionante que solo se lograba alcanzar en el cine mudo.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7.

La torre de los siete jorobados

22 Nov

“Pedirle a un hombre que cuenta historias que tome en consideración la verosimilitud me parece tan ridículo como pedir a un pintor figurativo que represente las cosas con exactitud. Hay una gran diferencia entre la creación de un filme y la de un documental. En un documental, Dios es el director. En una película, el director es dios, Él es quien crea la vida.”

Alfred Hitchcock

 

 

La torre de los siete jorobados

 

Año: 1944.

Director: Edgar Neville.

Reparto: Antonio Casal, Isabel de Pomés, Félix de Pomés, Guillermo Marín.

 

 

 

             Con formación cinematográfica como guionista en las versiones en español de las producciones de la MGM y ya director de relevancia en el panorama nacional en el periodo previo a la Guerra Civil, Edgar Neville, IV conde de Berlanga de Duero, será uno de los autores preferidos por la crítica y el público en la España de posguerra, años marcados por la miseria moral y económica heredada del conflicto y, en el cine, por la pobreza creativa, la escasez de medios, el vacío dejado por el exilio de numerosos artistas y el férreo control de la censura del Régimen. Son tiempos en que la actividad de Neville, sobresaliente dentro de este erial casi absoluto, se ve favorecida por su posicionamiento favorable al bando alzado durante la guerra, para quien rodaría incluso algunos documentales. 

            La torre de los siete jorobados es considerada por muchos su obra maestra. Una cinta que es toda una rareza, enmarcada dentro de la trilogía de cine policíaco del director junto con Domingo de Carnaval y El crimen de la calle de bordadores pero con rasgos que cruzan una base fantástica, con apariciones fantasmagóricas, ciudades subterráneas y enigmas arqueológicos medievales, junto con elementos de intriga policial y rasgos costumbristas, con amplio margen para el humor, campo en el que Neville había mostrado ya predilección en cine y teatro.

Así, Neville convierte a Madrid en una clave más de un relato gótico más propio del terror expresionista, de quien recoge numerosas influencias en la ambientación y puesta en escena –un fantasma que parece familia del doctor Caligari, el Madrid viejo bañando por pronunciadas sombras nocturnas, la escenografía retorcida de la ciudad subterránea, la deformidad física de los personajes incluso-, o de la serie B norteamericana, evolución de la anterior con el protagonismo de muchos de sus artífices originales.

Es en este entorno donde el joven y supersticioso Basilio trata de satisfacer las demandas del fantasma de un arqueólogo asesinado, camelar a su bella sobrina y desentrañar el misterio de un edificio abandonado del casco viejo, acceso a unas cavernas pobladas por los judíos tras la expulsión de 1492 y ahora guarida de un grupo de jorobados dedicados a la falsificación de moneda.

            La película cuenta como mejor baza esa lograda ambientación, un Madrid de finales del siglo XIX que puede ser tanto escenario de sainete como pesadilla febril, un ejemplar trabajo artístico de Neville al servicio de un guion no menos alucinado y un poco caótico en el que tanta indefinición, sumado a un desarrollo con unas escenas y unas interpretaciones a las que los años les ha pasado factura, le resta atractivo al conjunto de la obra. Es curioso que los destellos de humor, siempre más perecederos, que aportan cierta ironía y distanciamiento, sí conserven una sorprendente efectividad.

            Interesante acercamiento a un género extraño en el cine español hasta tiempos muy recientes.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6.

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