Tag Archives: Concurso

Magnolia

29 Jul

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Año: 1999.

Director: Paul Thomas Anderson.

Reparto: Tom Cruise, John C. ReillyMelora Walters, Philip Baker Hall, William H. Macy, Jeremy Blackman, Jason Robards, Julianne Moore, Philip Seymour Hoffman, Emmanuel Johnson, Melinda Dillon, April Grace, Henry Gibson, Michael Bowen, Alfred Molina, Michael Murphy, Luis Guzmán, Ricky Jay.

Tráiler

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          Si Lawrence de Arabia es el ejemplo del cine épico convertido en cine intimista, se podría situar a Magnolia como ejemplo de cine intimista resuelto a escala épica, plagas bíblicas -la lluvia, las ranas- incluidas. Y citas tomadas de las sagradas escrituras acerca de castigos heredados y el mal compartido en la sangre.

En Boogie Nights, Paul Thomas Anderson ya había demostrado su talento para desplegar el fresco social de todo un periodo a través de una intrincada galería de personajes y situaciones entrelazadas, tanto en el fondo como en la forma -los movimientos de cámara ejemplificados en poderosos planos secuencias, el uso de la steady cam para seguir sus recorridos cruzados-. Magnolia eleva este entremado a la enésima potencia para retratar el desgarro de la sociedad del cambio de siglo, concentrada en Los Ángeles -y en buena medida en torno al Magnolia Boulevard-, y sintetizada en un ramillete historias que parecen encadenadas entre sí por el azar, cuando en realidad poseen mimbres comunes a partir de un concepto problemático de la familia, así como de la culpa, de la frustración y de los trastornos del afecto asociados, con sus múltiples manifestaciones. El cáncer que extiende su metástasis en las entrañas de la comunidad, pudriendo su interior oculto con escasas opciones de esperanza -el perdón, el amor-.

Es de suponer que el cineasta, que tenía a su padre postrado en el lecho mortuorio por esta enfermedad -al igual que ocurre con el patriarca alrededor del cual se diría que orbita todo pese a la inmovilidad de este-, vuelca una importante carga personal en la concepción de un drama que mira tanto desde la perspectiva del hijo como de la de aquel que salda su balance existencial al término del camino.

          Tres ejemplos sobre terribles o sarcásticas coincidencias abren el filme para asentar las bases de la narración por venir, del tono de la función y, por qué no, para contribuir a la suspensión de la incredulidad, dado el ejercicio de equilibrismo que entraña la composición del libreto, armado igualmente por Anderson. Pero, luego, es realmente la gramática visual la trabaja para proporcionar cohesión, coherencia y credibilidad a esta coralidad de ramales -más allá de señales, signos y detalles que aparecen dispersos, y por fortuna sin caer en el subrayado-.

Además del soberbio montaje y de la fluidez de los planos y del tempo de las escenas -ajustadas en su aceleración o reposo a la naturaleza del personaje y su estado psicológico-, la música cobra una importancia capital. La banda sonora -y en ocasiones también el silencio, en un recurso de oposición- ejerce de hilo conductor de los relatos, enhebrándolos entre sí, incluso superpuesta a la música diegética –la comunión literal con el Wise Up de Aimee Mann quizás ya sea rizar el rizo, aunque no desentona dentro de este relato donde puntean notas que, desde esa discusión entre casualidad y predestinación, juegan con una nota sobrenatural-.

Esta conjunción de narración textual y visual -el cine, en definitiva- ubica a los protagonistas al borde del desastre, compartiendo un contexto de enorme tensión emocional. El estrés creciente del concurso también puja en esta dirección, guiando el drama al completo incluso hacia una auténtica tragedia en directo -donde brilla la extraordinaria interpretación de Philip Baker Hall-.

          El más difícil todavía, pues, encumbraría a Anderson.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 9.

La caja de las sorpresas (The Wrong Box)

18 Jun

El primer dossier en español acerca del cineasta británico Bryan Forbes. Dentro de la primera entrega del mismo, The Wrong Box en Cinearchivo.

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Perseguido

11 Jul

“El problema es que la televisión amalgame y convierta en papilla informe la realidad, la ficción, lo fundamental, lo secundario, el divertimento y la reflexión.”

Jean Renoir

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Perseguido

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Año: 1987.

Director: Paul Michael Glaser.

Reparto: Arnold Schwarzenegger, María Conchita Alonso, Richard Dawson, Yaphet Kotto, Marvin J. McIntyre, Jim Brown, Jesse Ventura.

Tráiler

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            Una crisis económica de proporciones apocalípticas que ha llevado a la institución de un régimen dictatorial ultramilitarizado, destrucción catastrófica a gran escala por fenómenos naturales adversos producto de una naturaleza viciada y entretenimiento audiovisual de ínfima calidad, todo sexo y casquería, como única tabla de salvación para la mente atemorizada por el Estado, el hambre y la muerte, todo uno. Es el año 2017 que prevé Perseguido, basada libremente en un texto de Stephen King.

            Para el cine de la década de los ochenta, ni el futuro era luminoso, ni la tecnología era nuestra amiga. Los setenta, sobre todo desde la inquieta vivaracha y ocasionalmente visionaria serie B, ya habían apuntado el retorno del pan y circo más brutal, posibilitado por sistemas autocráticos y marciales impuestos y sustentados en el control de la tecnología, como sucede en Rollerball o en La carrera de la muerte del año 2000.

En el caso de Perseguido, este espectáculo de gladiadores como opio del pueblo tiene el formato de un omnipresente concurso televisivo al que van a parar los despojos de todo el sistema, culpables o inocentes, para ser exterminados ante la audiencia soberana, entre ellos el descreído y apolítico militar caído en desgracia interpretado por un Arnold Schwarzenegger que disfrutaba de los años dorados de su popularidad y que ya había tomado parte en un futuro distópico amenazado por la tecnología, Terminator (así como más tarde también lo hará en Desafío total y El sexto día).

            Sin embargo, no se aprecia en Perseguido la calidad argumental combinada con el espectáculo palomitero del que sí hacía gala la anteriormente mencionada. Paul Michael Glaser, el conocido detective Dave Starsky de la serie televisiva Strasky y Hutch, desarrolla una cinta de acción con unas buenas premisas de base, susceptibles de crear un interesante debate sobre el poder y el uso de los medios de comunicación de masas, pero que finalmente queda sustentada por un guion simplista rendido al lucimiento y la apología del héroe -que bien se encarga de llamar a la acción más que a algo tan improductivo como pensar-, al que conmemora alguna de las frases lapidarias más lamentables de un género que nutre buena parte de su humilde atractivo en la efectividad de las mismas.

Ni siquiera la acción, organizada a modo de videojuego arcade en el que se superan niveles de dificultad progresiva en forma de villanos interpretados por caducas glorias del wrestling -no así Brown, que saltó al cine desde la NFL-, raya a gran altura, un paso atrás en rusticidad en comparación con la sólida contundencia de la época.

Posiblemente daba para más.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 4,5.

Concursante

29 Ene

“¿Sabes qué es el capitalismo? ¡Joder y ser jodido!”

Tony Montana (Scarface)

 

 

Concursante

 

Año: 2007.

Director: Rodrigo Cortés.

Reparto: Leonardo Sbaraglia, Chete Lera, Miryam Gallego, Luis Zahera, Fernando Cayo.

Tráiler

 

 

            Alrededor de 2007 parecía que todos nos habíamos vuelto ricos. El liberalismo sonreía ufano, repartiéndose cómplices codazos con los neocons del mundo entero y la banca encendía puros con billetes rosas. El Tigre Celta rugía orgulloso, el único problema de Grecia era decidir entre el viejo héroe Charisteas o el melenudo y eficiente Samaras, Berlusconi aún podía descansar tranquilo en Villa Certosa sin preocupaciones que le formaran improbables arrugas y Zapatero repartía a manos llenas los beneficios que sobraban al Estado.

A Rodrigo Cortés, receloso como buen gallego, algo le olía raro. Al fin y al cabo, ¿qué puede salir mal en un sistema del que su hegemonía mundial es el mejor ejemplo de su perfección?

             Surgido del feraz mundo del cortometraje nacional, Cortés saltaba a las arenas del largo con la escritura y dirección de Concursante, una negra farsa que indaga en los oscuros callejones del supuesto éxito del capitalismo desenfrenado.

Y, como decimos, antes de que nadie hablara de crisis.

Concursante sumerge al espectador en las trampas fundacionales de todo un sistema en el que, como es obvio, siempre gana la banca, a través del hilo conductor que es Martín Circo Martín (Leonardo Sbaraglia), joven profesor asociado de historia de la economía y ganador de un concurso televisivo que lo condena a la pobreza y la esclavitud que supone ser rico sin serlo. Un personaje que ofrece una voz en off con toda la carga de ironía sobre el absurdo que solo la muerte es capaz de dar, al estilo de El crepúsculo de los dioses o American Beauty.

El ascenso y caída, sobre todo caída, del triunfador capitalista.

            Cortés despliega un barroco virtuosismo en la forma –curioso contraste con la concisión de su posterior Buried– para narrar un fondo cimentado en torno a una argumentación lúcida pero, sin embargo excesiva. Y es que Concursante funciona mejor como campo de entrenamiento y experimentación y como furibundo alegato profético que como película.

             Desde luego, el realizador gallego logra demostrar su fuerte personalidad, su innegable atrevimiento, sus aptitudes en la puesta en escena y su capacidad de sugerencia en la creación de imágenes. Sin embargo, no todas funcionan, muchas están metidas de regalo por el mero hecho de lucir músculo, con el efecto distractor consiguiente.

Lo mismo sucede con un guion en el que algunos personajes se pierden en su sarcástica deformación, disipando su ferocidad al no guardar la contención necesaria, a lo que se añado, por otro lado, un exceso de discurso, en ocasiones clase de economía en vivo y en directo, que no le hace ningún bien a una cinta que no es documental, sino película. Es decir, que la explicación debería integrarse más en la historia, entreverarse y filtrarse disimuladamente de entre las rendijas que sugieren relato e imágenes en lugar de aparecer tanto y tan en crudo.

Un fallo de inexperiencia que contribuye a restar cohesión a un libreto en el que esa voz en off, cicerone del espectador, cometido en el que puntualmente Sbaraglia rompía incluso la cuarta pared, queda olvidada en el frenesí de la segunda mitad del filme.

             Razonamientos creíbles –nada más que se lea un periódico- e impactantes, si bien yo diría que ya latentes en la conciencia de una ciudadanía cuyo problema, empezando por el que suscribe, es más la falta de rebeldía que de conocimiento.

Meritoria, prometedora, sorprendentemente profética, pero aún mejorable.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

La rifa

19 Ago

“Ser actriz es la sublimación de la feminidad.”

Monica Bellucci

 

 

La rifa

 

Año: 1991.

Director: Francesco Laudadio.

Reparto: Monica Bellucci, Giulio Scarpati, Massimo Ghini.

Tráiler

 

 

            Monica Bellucci, Diosa entre las diosas, hacía su entrada en el Séptimo Arte con La rifa, después de una exitosa carrera como modelo internacional.

            Sucesora natural de la belleza y las curvas de las maggiorate clásicas de Italia, su debut será nada menos que en una historia similar a la que había protagonizado Sophia Loren –de quien más tarde se considerará precisamente su heredera- en el filme Boccaccio ‘70, en el que interpretaba a una mujer que, acuciada por la penuria económica, decidía subastar su cuerpo en una lotería.

            La rifa presenta a una reciente viuda en la sureña ciudad de Bari que recibe el legado de todas las inabarcables deudas de su difunto e infiel marido, abandonada y traicionada progresivamente por todos sus allegados, desde la familia a sus supuestas amigas, pasando por unos hombres que la consideran un precioso pedazo de carne en oferta. Nadie estima en su altura a una mujer que es sensual, fuerte y decidida a partes iguales, a la que no se le caerán los anillos por deshacerse de sus lujos, trabajar de vendedora o, finalmente, servirse de su irresistible atractivo para garantizar el futuro de su hija.

Consciente de que su poder consiste en arrastrar a hombres y mujeres por medio de la promesa de sexo, empleará esa ambición de placer para sus propios fines.

Es decir, una madre coraje como luego será Demi Moore en la denigrante Striptease.

            El caso es que La rifa no comienza excesivamente mal a pesar del feísmo atroz de su realización artística –incalificable también la invasión de esa banda sonora al más puro estilo de los thrillers noventeros norteamericanos-, mostrando esa lucha entre una mujer valiente, revestida con la frialdad de la decepción, de quien lo ha perdido todo –actuación bastante potable de la Bellucci, teniendo en cuenta su nula experiencia y su no demasiado virtuosa carrera interpretativa posterior-, que se enfrenta a la machista sociedad del mezzogiorno italiano, vacía de valores morales y escrúpulos, donde cualquier oportunidad, como la penuria económica ajena, es buena excusa para depredar los mejores culos de rebajas.

            Pero es en una segunda parte calamitosa donde Laudadio, en su doble función de director y guionista, pierde totalmente el norte, introduciendo pésimamente lo que promete ser un cuento de hadas de lo más ñoño, con su impostado y por completo increíble príncipe azul correspondiente, para cambiar luego brevemente a thriller judicial y terminar en un final de comedia amable tremendamente mal abordado, lo que da al traste con cualquier remota posibilidad que podía haber albergado la película.

            Ya se las vería de nuevo la Bellucci en Malèna, más arrebatadora que nunca, capaz de derretir el hielo de los polos, de convertir al ateo en devoto, con las traicioneras consecuencias de su inenarrable belleza sobre la población de un pequeño pueblo de la conservadora e hipócrita sociedad siciliana de la Segunda Guerra Mundial, otra vez deseando la suerte de la fea.

Desaprovechada.

 

Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 4,1.

Nota del blog: 3,5.

Bombón, el perro

20 Jun

“No, yo cine argentino, no veo…”

Rafael Belvedere (El hijo de la novia)

 

 

Bombón, el perro

 

 Año: 2004.

Director: Carlos Sorín.

Reparto: Juan Villegas, Walter Donado, Gregorio.

Tráiler

 

 

           Siguiendo el éxito de su anterior Historias mínimas, un buen film, sensible, íntima y emotiva, Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián, el argentino Carlos Sorín dirigió su cámara hacia otro relato pequeño sobre grandes valores del sentimiento humano, costumbrista y de cariñosa y veraz mirada sobre gente llana y anónima.

           Como ya hiciera en una de las tres tramas que confluían en la anterior, la cuestión gira en torno a un perro, animal que simboliza como ninguno la fidelidad incondicional ante cualquier adversidad, el apoyo sincero frente a la soledad. Gran ejemplo de ello es la magnífica Umberto D., película clave del Neorrealismo italiano, con quien Bombón, el perro comparte no pocos puntos de coincidencia, como la relativa marginalidad, el desamparo económico y casi afectivo del protagonista y la ya mencionada figura del can como sostén de los rescoldos de ánimo.

Una obra ésta que presenta las andanzas de un hombre que atraviesa una penuria económica y moral tras perder su trabajo y que recobra ilusiones y esperanzas gracias a un enorme y precioso dogo argentino, el cual promete ser campeón de torneos y fuente de prosperidad como semental, quizás símbolo también del país y su futuro, al igual que podría interpretarse en la siguiente película de Sorín, El Camino de San Diego.

            Sorín repite localización en la remota Patagonia, casting amateur, concediéndole el protagonismo al peculiar rostro, entre complaciente y asustado, de Juan Villegas -con quien contaría en pequeños papeles también en sus dos siguientes proyectos- con un personaje homónimo, y una realización que persigue la verosimilitud a través de la ausencia de efectismos visuales, con una amplia presencia de tomas de inspiración documental. La parte argumental también mantiene constantes del cine de Sorín como la búsqueda de la emotividad por medio de la pequeña historia de unos personajes entrañables y reconocibles, retratados con ternura, en cuyas evoluciones se puede palpar cierto halo de optimismo en el porvenir pese a la miseria que se impone tanto en sus vidas como en el país.

             Unas intenciones que, en mi opinión, se resuelven de manera menos convincente que en otros ejemplos notables como Historias mínimas o El camino de San Diego, en lo que resulta una película simpática, honesta, de cierto poso amable, pero de menor calado, con un ritmo menos fluido y unas pretensiones de emotividad que a mi juicio esta vez no logran alcanzarse del todo.

Esta vez obtendría el Premio Especial de la Crítica en el Festival de San Sebastián.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 6.

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