Tag Archives: Colombia

Monos

11 Nov

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Año: 2019.

Director: Alejandro Landes.

Reparto: Sofia Buenaventura, Moises Arias, Julianne Nicholson, Karen Quintero, Laura Castrillón, Deiby Rueda, Paul Cubides, Sneider Castro, Juan Giraldo, Wilson Salazar, Jorge Román.

Tráiler

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          La cabeza de un cerdo ensartada en un poste pone a las claras las referencias. Monos se aproxima a El señor de las moscas poniendo el foco sobre un comando guerrillero infantil en las profundidades de un país latinoamericano. Es el tercer largometraje del colomboecuatoriano Alejandro Landes y el primero que puede considerarse plenamente de ficción. Aunque, como en las precedentes Cocalero y Porfirio, no falte en él compromiso con la realidad.

          No obstante, a diferencia del primero -una obra documental- y del segundo -un documental representado desde el hiperrealismo por sus propios protagonistas-, Landes encara esta realidad conflictiva desde una tendencia a la abstracción a la que apunta ya esa ausencia de nombres y enclaves concretos, y en la que el realizador profundiza a través de la composición estética. Los niños que conforman este destacamento -los Monos que dan título a la cinta- aparecen aislados en paisajes sobrecogedores. En la montaña nebulosa primero, en la impenetrable jungla después.

Es decir, un escenario que parece desgajado casi de cualquier anclaje reconocible, lo que le sirve a Landes para dar pie a una intensa e hipnótica atmósfera que se adentra en un estadio primitivo, delimitado por unas férreas normas tribales y en el que el contacto con la problemática de fondo -el secuestro, el enfrentamiento armado- se manifiesta con tonalidades alucinadas. Las imágenes y el sonido juegan con lo lisérgico, con lo absurdo, rastreando en estas sensaciones la esencia que, de fondo, rige la situación.

          Con estas poderosas formas, Landes busca más la experiencia sensorial y subconsciente que el análisis sociopolítico, en cuyos orígenes, causas o razones no se profundiza, como tampoco se hará en el desarrollo de unos personajes perfilados desde el arquetipo. Monos contrapone en igualdad de condiciones el juego y la guerra, la inocencia y la crueldad, como preguntándose si la primera tiene cabida, o es siquiera posible, en semejante contexto. Con todo, podría entenderse que esta apuesta sugerente e inmersiva entraña una contradicción en un remate que, al igual hacía en Porfirio, termina buscando los ojos del espectador, interpelándolo frontalmente, denunciando hechos concretos con una mirada que grita.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7,5.

Triple frontera

24 Abr

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Año: 2019.

Director: J.C. Chandor.

Reparto: Óscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam, Garret Hedlund, Pedro Pascal, Adria Arjona, Reynaldo Gallegos.

Tráiler

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          Triple frontera enclava su acción en un impreciso lugar entre Brasil, Colombia y Perú, con la selva del Amazonas a un flanco y la cordillera de los Andes al otro. Su relato, paralelamente, parece atravesar otros tres géneros o subgéneros: arranca como una heist movie protagonizada por mercenarios desencantados, se adentra luego en el western y deriva por momentos hacia una cinta de supervivencia. A lo largo de esta trayectoria, el libreto de Mark Boal se carga con la amarga mirada existencialista, herida de desilusión y absurdo, de los narradores-aventureros de las generaciones perdidas, como el Ernest Hemingway de El viejo y el mar y el John Huston de El tesoro de Sierra Madre.

          “Estos trabajos en seguida se vuelven oscuros”, reflexiona uno de los militares de vuelta de todo que regresa por sus fueros por razones en absoluto románticas. En concreto, asaltar la fortaleza de un narcotraficante para robar su dinero a espaldas de las fuerzas internacionales de la ley y de las agencias subterráneas subcontratadas por el Gobierno estadounidense para ejecutar cualquier tipo de trabajo sucio. El acercamiento que realiza Triple frontera hacia los cánones espectaculares que parecen propios de su argumento es revirada y agria, próxima incluso al bélico fangoso y desmitificado, teñido de cine criminal, de Doce del patíbulo, Mercenarios sin gloria o Los violentos de Kelly.

Los cinco veteranos se embarcan en esta misión estrictamente privada porque no podrían hacer otra cosa. Y lo hacen, por tanto, con ese cierto grado de cinismo resignado ante la dolorosa corrupción del mundo que poseían otros mercenarios, los de Los profesionales, encargados de desmontar otra revolución más con la formalidad, efectivamente, de unos profesionales.

          No obstante, el guion no trata de embaucar al espectador con coartadas falaces, aprovechándose de la empatía innata que suscita cualquier protagonista de fotogramas. La turbiedad moral del contexto se extiende así por unos personajes cargados de cicatrices y abiertos a contradicciones, flaquezas y matices -y bien interpretados por un reparto en el que hasta Ben Affleck muestra solventes prestaciones-. También a la sobria y contundente puesta en escena de J.C. Chandor, que a pesar de firmar lo que parece una película de encargo para Netflix, ya cuenta en su haber con otros largometrajes donde una serie de individuos trata de mantenerse a flote, con su integridad ética más o menos intacta, en mitad de un pantano de podredumbre, como sucede en el conglomerado de especulación de Margin Call o en los submundos mafiosos de El año más violento, dos filmes en los que costaría esfuerzo identificar cuál pertenece a una historia criminal y cual a una empresarial.

Aquí, hay dos conceptos que surgen ocasionalmente en los diálogos: el alma y el merecimiento. Los distintos puntos de vista acerca de ambos -la legitimidad de una acción ilegítima, el precio y la recompensa, los caminos de resarcimiento materiales y espirituales- son los que ofrecen tensión dramática al periplo de estos guerreros en conflicto.

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Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 7.

Pájaros de verano

8 Mar

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Año: 2018.

Directores: Ciro Guerra, Cristina Gallego.

Reparto: José Acosta, Carmiña Martínez, Natalia Reyes, Juan Bautista Martínez, José Vicente, Jhon Narváez, Greider Meza, Aslenis Márquez, José Naider, Luisa Alfaro, Sergio Coen.

Tráiler

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         En tiempos de la consagración del narcotraficante como icono pop, con El patrón del mal, Narcos, Escobar: Paraíso perdido y Loving Pablo como puntas de lanza del renacimiento de la figura de Pablo Escobar en el caso de Colombia, otra producción del país sudamericano, Pájaros de verano, ofrece una vuelta de tuerca a la temática al ambientar su relato en el seno de una comunidad indígena que sufre una profunda transformación a cuenta de los réditos de venderle marihuana al gringo -la conocida como bonanza marimbera de los años setenta y los primeros ochenta-.

En una analogía un tanto brusca, la obra podría equipararse a pasar los códigos del cine de mafia por el filtro del realismo mágico acuñado literariamente en el país o, cuanto menos, de la cosmovisión de los wayúu, un mundo a espaldas de los arijunas, del extranjero. Este enfoque diferencial se manifiesta en el influjo del simbolismo esotérico, de la creencia, del presentimiento y de lo onírico -aparte de imágenes próximas al surrealismo, como esa arquitectura moderna plantada en mitad del desierto de La Guajira- como planos espirituales comunicantes con la realidad material, esta última progresivamente colonizada por el culto a la acumulación de riquezas y por la crueldad física. De este juego nacen fotogramas de estética poderosa y una atmósfera anómala y penetrante.

         A través de estos mimbres, Pájaros de verano entrega una película acerca de la venta del alma de un pueblo aborigen y su inexorable corrupción bajo la influencia contaminante de las fuerzas exteriores que lo cercan. No obstante, su tono pesimista apunta asimismo hacia el interior de la tribu de la mano de una matriarca que parece sacada de un texto shakesperiano pero cuyo arco dramático a fin de cuentas, en vista de su defensa fundamentalista y maquiavélica de la familia, es el que encontrará finalmente equivalencias con el arquetipo del capo mafioso romántico, como un Michael Corleone que se debate entre el misticismo de su naturaleza y el tajante pragmatismo de sus actos.

         El fatalismo propio del género no se cierne pues sobre el individuo, sino que se extiende a un pueblo por entero, enraizada en dos clanes que protagonizan un enfrentamiento de evocaciones ancestrales y mitológicas, enzarzados en una espiral de sangre irresoluble que lleva consigo la marca de la condenación. Porque la cinta se aleja tanto de la glamurosa épica del gángster como del regodeo en el exotismo en su retrato etnográfico, y su adscripción se ajusta más a una tragedia lírica y violenta que al thriller propiamente dicho a pesar del componente de intriga de su argumento, pero en Pájaros de verano están muy presentes los cánones tradicionales del filme criminal. Es evidente en su estructura narrativa, que dibuja el característico proceso de ascenso, caída y quizás redención que lleva haciendo fortuna desde la década de los treinta.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,4.

nota del blog: 7,5.

El abrazo de la serpiente

22 Feb

“Nada ha cambiado; nuestras fijaciones dogmáticas, nuestra indiferencia hacia sufrimientos y genocidios reales y cercanos, nuestros silencios cobardes… persisten.”

Constantin Costa-Gavras

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El abrazo de la serpiente

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El abrazo de la serpiente

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Año: 2015.

Director: Ciro Guerra.

Reparto: Nilbio Torres, Jan Bijvoet, Antonio Bolívar, Brionne Davis, Yauenkü Migue.

Tráiler

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             El abrazo de la serpiente es una odisea mística enmarcada en una frontera absurda, plantada por el hombre en medio de la selva amazónica indomeñable. Pero la verdadera frontera, a través de la cual evoluciona el relato, es la que se traza entre el hombre blanco y el indígena. Dos mundos que colisionan y se transforman, parasitados o hibridados, nunca mutualizados.

             El colombiano Ciro Guerra plantea la obra entrelazando dos tiempos –tres, si se incluye pertinentemente el presente del espectador, al que interpela el discurso-, fundidos entre sí por medio de un personaje nativo trascendental, de dos búsquedas distintas por un explorador foráneo y de dos estilos de fotografía, el primero un blanco y negro que emula los retratos de principios de siglo, de majestuoso contraste, y el segundo con una escala de grises con mayor definición que emula a la de los años cuarenta.

Pero, a pesar de que el chamán Karamakate ejerce el mismo rol en ambos y que el botánico es percibido por su guía como una proyección reencarnada de su antecesor, ninguno de los dos es idéntico a su imagen del pasado: uno, consumido por la decepción, la duda y el remordimiento, es la sombra de sí mismo –su chullachaqui-; el otro, ha tornado una a priori búsqueda de vida en a priori una búsqueda de muerte. El escenario que les envuelve ha mutado en consecuencia, degrado por el entendimiento imposible –o peor, por el apareamiento forzoso y malinterpretado- entre dos concepciones opuestas de la existencia, del universo y de lo sagrado.

             Inspirado por los diarios del etnólogo alemán Theodor Koch-Grünberg y del biólogo estadounidense Richard Evans Schultes, El abrazo de la serpiente es una historia de extinción y olvido pero sobre el que, a través del aprendizaje y de los clarividentes esfuerzos de Karamakate, último de los suyos, se trata de sembrar la última semilla de creación, de esperanza. Sus fotogramas despiertan una hipnosis repleta de lirismo, ora sobrecogedor por las emanaciones telúricas de la Naturaleza, ora desolado por la huella de las acciones del hombre –del hombre colonial se entiende; ávido depredador de los de su especie, paternalista hacia perspectivas que no son la suya en el mejor de los casos-. La potencia visual conquistada -y que se convierte en el armazón expresivo del argumento, parte de su fondo y de su huella-, es el principal triunfo del filme.

La película conecta asimismo con las aventuras amazónicas y congoleñas del diplomático Roger Casement en su lucha contra la barbarie de las explotaciones de caucho, figura histórica que serviría de semilla a Joseph Conrad, con quien coincidió en vida, para escribir El corazón de las tinieblas, luego plasmada en celuloide en la inconmensurable Apocalypse Now, una de las citas recurrentes que se han empleado para describir precisamente la aquí comentada.

             También flota El abrazo de la serpiente cierto aire de pesadilla lisérgica, plasmado de forma evidente en los capítulos en la misión de La Churrera, aunque la alucinación no pervive durante la narración al completo –para su desgracia, pues su vigor estético e ideológico es notable-. Su recorrido es otro, más orientado hacia cierto despertar metafísico a la conciencia –simbolizado por la yakruna, flor de los dioses- y donde, pese a sus buenas intenciones –o quizás por la fuerte convicción de las mismas-, la vertiente espiritual-esotérica de la fábula ecologista e indigenista resulta bastante más convencional, simplista por su condición de herramienta para componer un mensaje un tanto plano y manido.

             Primera nominación al Óscar a la mejor película de habla no inglesa para una producción colombiana –realizada en colaboración con otros países de la región y donde la ausencia de apoyo financiero europeo parece entroncar con la esencia de la propia cinta-.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7,5.

Colombiana

15 Ago

“Nunca he recibido la influencia del cine, ya que ni siquiera tuve televisión hasta los 16 años. Mi estilo es un reflejo del mundo que he conocido (…). Nunca fui al cine, no sé mucho de sus grandes maestros.”

Luc Besson

 

 

Colombiana

 

Año: 2011.

Director: Olivier Megaton.

Reparto: Zoe Saldana, Michael Vartan, Jordi Mollá, Cliff Curtis, Lennie James, Beto Benites.

Tráiler

 

 

            Luc Besson, uno de los más activos representantes de la acción por la acción en su faceta de director y, sobre todo, de productor, repite esquema una vez más sin remilgos ni disimulo.

            Colombiana, realizada por uno de sus nuevos discípulos y protegidos, el director de temible nombre Olivier Megaton, recoge la maltratada excusa de la venganza por el asesinato de amados familiares para perpetrar una hora y media de ruido y furia continuado con origen en la imagen más tristemente tópico-folklórica del país sudamericano, la de los cárteles y la violencia, si bien en este caso auspiciada por los entresijos de los bajos y turbios fondos de la política internacional.

            Como en Nikita, dura de matar, la obra que puso el nombre de Besson en los oídos del cine internacional, la rabia tiene atractivas formas de mujer (Zoe Saldaña, tratando de sacudirse los píxeles de Avatar), cuya sensualidad es explotada con modosidad de videoclip musical. Una princesa guerrera dura y delicada, solitaria e incomprendida con la inocencia rota, condenada a renunciar a su vida para responder ojo por ojo a un mundo hostil y con un conato amoroso como posible luz sanadora y redentora al final del túnel.

             O no, porque el guion, sin consistencia ninguna y con apariencia de haber sido improvisado en cinco minutos, con pausa para café y cigarro mediante, se construye a partir del viejo de recurso de no dejar respirar al espectador con un bombardeo de planos que creen la sensación de que quizás haya algo detrás de tanto frenesí engañosamente entretenido y de la acumulación de sencillas situaciones estereotipadas destinadas a que no pierda el hilo, ni le haga falta esforzarse lo más mínimo.

Es decir, fast food fácil de tragar, barato, ramplón, insípido, olvidable.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 4.

María, llena eres de gracia

16 Mar

“Colombia es un país de víctimas, no de criminales.”

Shakira

 

 

María, llena eres de gracia

 

Año: 2004.

Director: Joshua Marston.

Reparto: Catalina Sandino Moreno, Yenny Paola Vega, Guilied López, John Álex Toro, Jaime Osorio Gómez.

Tráiler

 

 

            Cuando unimos Colombia y narcotráfico, surgen en la mente figuras e imágenes como Carlos Lehder en una mansión suntuosa o Pablo Escobar en traje blanco, las FARC escondidas en la selva indómita, infructuosas operaciones de la CIA, la violencia callejera de los sicarios,… un universo que se traduciría en el cine en grandilocuentes relatos de épicos ascensos y caídas, de pobreza, poder, gloria y autodestrucción.

María, llena eres de gracia presenta en cambio la otra cara de la moneda de este lucrativo negocio: la participación del ciudadano de a pie en la pantagruélica maquinaria del narcotráfico internacional, no exento tampoco de una cierta épica privada.

            Coproducción colombiana y estadounidense capitaneada por la sección cinematográfica de la prestigiosa HBO, María, llena eres de gracia elige a una chica cualquiera de un lugar cualquiera del país sudamericano, reclutada como mula para transportar un cargamento de cocaína de Bogotá a Nueva York.

El debutante Joshua Marston, que poco se prodigará de aquí en adelante en la gran pantalla, rueda imágenes crudas, directas y poco ampulosas, si bien sin adscribirse en la forma al lenguaje pseudodocumental. Se agradece que esta naturalidad se prolongue a un libreto en el que no se plantean maniqueísmos ni clichés en los personajes. El narco aparece como una figura creíble en el paisaje, apacible, en la que se intuye solo en ciertas ocasiones, en la sombra, su intimidante poder; las chicas reclutadas combinan las necesidad creadas por la falta de porvenir con una cierta ignorancia o ingenuidad, mientras que con mimbres sencillos pero efectivos se crean momento de gran inquietud y tensión emocional –el tragado de la droga o el viaje en avión, por ejemplo-.

            Sin embargo, pesa que esa parábola del sacrificio de la mujer, símbolo de pureza y futuro en un mundo injusto y despiadado de trágicas tentaciones inmorales que promete el título no pase de ahí. Es este el drama de una joven menos como situación de necesidad que como acto de rebeldía púber o postadolescente en su huida de un presente nulo y una vida mísera e insípida a cambio de un futuro desde luego incierto pero quizás rutilante en esa concepción suya, con la candidez y el atrevimiento de la juventud.

Una búsqueda de una tierra prometida que muestra de manera bastante autocomplaciente –prima la producción norteamericana, recordemos- unos Estados Unidos que son un dechado de derechos civiles, comprensión humana y oportunidades para los parias de este mundo cruel.

            Queda para el recuerdo la excelente composición, rica en matices e intensidad, de la bogotana Catalina Sandino Moreno, trabajo que le valdría una nominación al Oscar y el Oso de Plata en Berlín, exaequo con Charlize Theron.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6.

El amor en los tiempos del cólera

7 Mar

“El realismo mágico de Márquez es infilmable.”

Arturo Ripstein

 

 

El amor en los tiempos del cólera

 

Año: 2007.

Director: Mike Newell.

Reparto: Giovanna Mezzogiorno, Javier Bardem, Benjamin Bratt, Fernanda Montenegro, John Leguizamo, Catalina Sandino Moreno, Alex Ugalde.

Tráiler

 

 

           Pocas literaturas parecen menos permeables al cine que la del colombiano Gabriel García Márquez, quien cumplió ayer 85 años. Un autor dueño de una escritura construida sobre frases sutiles e imperceptibles, pequeñas gotas de irrealidad emanadas de sentimientos universales, historias inabarcables en el tiempo y, por qué no, sometidas a través de él a un eterno retorno de ligeras variaciones descritas con luminosa lucidez y con rotunda minuciosidad, hecho que, en cierto modo, la hace deslizarse, en su sedosa cadencia, hacia una estructura casi espiral, quizás incluso redundante por momentos para el que suscribe.

            Es por ello que el empeño de trasladar a la pantalla El amor en los tiempos del cólera, una de las novelas más populares e influyentes de Gabo, se antoja un proyecto exigente. Primero por esa poca receptividad cinematográfica de su literatura. Segundo, por su carácter de obra archiconocida, generalmente destinada al mismo público que ha leído y disfrutado el original y que va a ser de todo menos clemente con la plasmación en imágenes –en ese carácter de “realidad” que en cierta manera supone el cine- de un mundo casi inmutable e intransferible del que se habían enseñoreado.

            Es el deseo de satisfacer a este público previamente conocedor de la obra el que inspira un guion que podría catalogarse como un resumen bastante aceptable de la novela. Los personajes hacen cosas y dicen cosas reconocibles. El espectador rememora pasajes adaptados con un respeto que conduce a la literalidad. La recreación escenográfica es notable, con bellos paisajes urbanos coloniales y la potencia abrumadora de la selva amazónica; la banda sonora, con participación vocal de la barranquillera Shakira, se ajusta con eficacia a la historia y el artesano Mike Newell rueda con pulcritud, aunque sin lujos.

Es decir, la parte técnica hereda los propósitos del resumen que presenta el argumento. Solvente, pero sin alardes. Un buen trabajo técnico, sin trasfondo artístico. Sin alma. No se capta el ambiente de esa exégesis del sentimiento amoroso que ofrecía García Márquez, la pervivencia de una pasión eterna e indestructible como medio y como fin de la vida, como su razón, su sentido.

El libreto ofrece una reconstrucción mecánica, de origen identificable por la acumulación de citas textuales, de guiños, con nula intensidad –cosa que podría haberse logrado con una mayor concentración de episodios-; huecos en definitiva. Se fotografía la cubierta, no se consigue trasladar el intenso aroma a piel, flores, saliva, café, sudor, humedad, de sus letras.

            Parte de la culpa de podría achacar, del mismo modo, a un casting poco adecuado, que cojea sobre todo por un personaje que debería ser arrollador en lo físico e indeleble en lo psicológico como es el de Fermina Daza, eje sobre el que gravita el relato, entregado a la macilenta Giovanna Mezzogiorno, que no consigue en ningún momento asir lo que debería ser una mujer monumental, construir su rotundidad.

Una apuesta por la actriz italiana que, sumada al español Javier Bardem y al norteamericano de ascendencia peruana Benjamin Bratt, podría responder a las aspiraciones desde la producción de internacionalizar la cinta con valores emergentes en el panorama cinematográfico mundial.

Lastimosa renuncia a la presencia de una mujer latina, de incomparable belleza, para el protagonismo. Muestra de ello es cómo Catalina Sandino Moreno eclipsa con su sola presencia cada plano que comparte con su compañera de reparto.

Fallida.

 

Nota IMDB: 6,2.

Nota FilmAffinity: 5,5.

Nota del blog: 3,5.

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