Tag Archives: Ciclo Ranown

Nacida en el Oeste

16 Mar

“¿Por qué el western tiene tanto éxito en todo el mundo? Es porque un hombre dice: Voy a hacer algo. Y lo hace.”

Anthony Mann

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Nacida en el Oeste

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Nacida en el Oeste.

Año: 1959.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Karen Steele, Michael Dante, Andrew Duggan, Virginia Mayo, Michael Pate.

Tráiler

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            Tradicionalmente, se considera que son siete las películas que dan forma al ciclo Ranown, la saga de lacónicos y abstractos westerns que nacería de la alianza artística entre el productor Harry Joe Brown, el actor Randolph Scott y el director Budd Boetticher, bautizado así por la productora fundada por los dos primeros –en realidad solo ejecutora como tal de un par de títulos-.

Cabe decir que, por tanto, el ciclo aúna entre estos siete filmes excepciones administrativas como Tras la pista de los asesinos, el pistoletazo de salida de la serie, financiado por Batjac, la productora de John Wayne, o Nacida en el Oeste, que sería gestionada por el estudio Warner Brothers, en concreto a través de la iniciativa de Henry Blanke. No obstante, la repetición de los principales rostros del proyecto, así como la coherencia argumental y estilística que muestran respecto al conjunto de la saga, permite englobarlas sin problemas bajo esa denominación única.

            Nacida en el Oeste –incomprensible traducción del original Westbound, otrora también conocida como El correo del oroes el único ejemplo del Ranown ambientado durante la Guerra de Secesión estadounidense, si bien se tratará de un elemento de escasa repercusión en el argumento, reducido a un simple agente más que incentiva la confrontación entre el bien, de nuevo representado por la solidez granítica de Scott, y el mal, encarnado por unos cuatreros adueñados de uno de los puntos clave en la ruta de transporte del oro nordista.

Para más inri, el respetable líder de la banda será un viejo amigo del protagonista, enriquecido y corrompido por múltiples negocios fraudulentos y desposado con su antigua enamorada, la bella Virginia Mayo.

            Permanecen intactas señas de identidad del ciclo como la eterna fatiga del héroe, el jinete desfacedor de entuertos errante a perpetuidad, sin hogar, ni amor, ni victoria completa. Repescado en su cometido de explorador y pionero por parte del ejército de la Unión, Scott hace frente a esta doble traición, política y romántica, con la fuerza de su valor y su integridad sin fisuras.

            Sistemáticamente despreciada como uno de los puntos más bajos de la serie, Nacida en el Oeste demuestra sin embargo un apreciable pulso en la narración de los avatares del protagonista, enfrentado a un villano con suficientes dobleces morales -e incluso líricas y emocionales a causa de las implicaciones sentimentales de la lucha- como para constituir un foco de interés que supere con suficiencia la tibieza del posible maniqueísmo.

Boetticher relata la historia con su característica economía, tan elegante como enérgica, mientras que Randolph cumple con eficiencia el único cometido adaptado a sus escuetas capacidades interpretativas: aportar presencia, firmeza y cierto halo doliente a su personaje.

 

Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,1. 

Nota del blog: 6,5.

Cabalgar en solitario

9 Sep

“La mejor manera de conocer el lejano oeste es viajando a través del mismo.”

Budd Boetticher

Cabalgar en solitario

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Año: 1959.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Pernell Roberts, Karen Steele, James Coburn, James Best, Lee van Cleef.

Tráiler

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             Después de encadenar los que suelen considerarse sus dos capítulos más flojos, Buchanan cabalga de nuevo y Nacida en el oeste, el ciclo Ranown, esa conjunción artística entre el productor Harry Joe Brown, el director Budd Boetticher y el actor Randolph Scott, retornaba, en cierta manera, a sus orígenes.

             De nuevo con el indispensable Burt Kennedy a los mandos del guion, Cabalgar en solitario comienza como a Boetticher más le gustaba: el héroe, apareciendo en un entorno áspero, de polvo y piedra, azotado por el viento, dejando tras de sí una larga caminata física y espiritual, cargado con el pesado fardo de una conciencia que lo atormenta, un vacío o una ausencia que llenar.

Randolph Scott, caballero de la triste figura, surge, más tieso y huraño que nunca, luciendo esposas al cinto, mientras desde el fondo del plano, un inquieto, desafiante y juvenil asesino se enfrenta a su autoridad de hombre de justicia venido a menos, de honrado sheriff a innoble cazarrecompensas. Ben Brigade, un personaje monomaníaco, doliente, todo pasado, hosco, desnudo de sentimientos, transformado en una roca más del paisaje.

            Como en Tras la pista de los asesinos, primer título de la saga, el trayecto de huida-persecución se convierte en un recorrido en el que Scott deberá cerrar el círculo de su andadura, purgar el mal que lo reconcome de forma obsesiva, somatizado en el hermano mayor del bandido que escolta hasta Santa Cruz, interpretado por uno de los grandes villanos del Oeste, Lee van Cleef, aún lejos de su etapa de popularidad.

A su lado, como en la anterior, y del mismo modo que también sucederá en Estación Comanche, insospechados y ambiguos compañeros de fatigas –una de las especialidades de Kennedy, eficaz escritor de personajes-, los forajidos interpretados por un Pernell Roberts pre-Bonanza y el debutante James Coburn. Una amenaza latente que guarda, a medio enterrar, dudosos asuntos pasados pero que, al igual que el héroe, se encuentran embarcados en una presunta búsqueda de redención. La semejanza de su naturaleza es tal que de la boca de Roberts aparece alguna sentencia pronunciada por Scott en Los cautivos.

Y, como no podía ser menos, la chica (Karen Steele, en su tercera participación en la serie), fortín de la nobleza y la bondad y de las segundas oportunidades.

            Terreno conocido en el que todas sus partes se mueven como pez en el agua, narrado con la intensidad de su concisión habitual, con fuerza y alientos épicos, dentro de las limitaciones de sus hechuras, por Boetticher, que logra salvar con un sordo grito de rabia un desenlace al que el libreto conduce y resuelve de manera no del todo convincente.

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

Buchanan cabalga de nuevo

22 Ago

“Yo no sé lo que el cine del Oeste significa para los europeos, pero para nosotros significa la esencia misma de nuestra vida nacional. Me refiero a la última frontera. El espíritu de la frontera es inseparable de la ciudadanía norteamericana.”

William S. Hart

 

 

Buchanan cabalga de nuevo

 

Año: 1958.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Manuel Rojas, Tol Avery, Barry Kelley, Peter Withney, Craig Stevens, L.Q.Jones.

Tráiler

 

 

            Quizás el inicio del filme sirva como premonición. La quinta entrega del ciclo Ranown, fruto de la acertada colaboración entre el productor Harry Joe Brown, el protagonista y coproductor Randolph Scott y el director Budd Boetticher, comienza de modo atípico en comparación con el resto de la saga.

             Scott, el Buchanan del título, por lo general circunspecto por el peso del largo y desafortunado camino que carga en sus espaldas, entra con una abierta sonrisa en el pueblo fronterizo de Arby, y no desiste de ella a pesar de la hostilidad manifiesta de las fuerzas vivas del villorio -tres hermanos que ocupan los cargos de gerente de hotel, sheriff local y juez con elevadas aspiraciones políticas- y al fatalismo que parece inherente a este caballero de la triste figura.

Quizás, decíamos, esa apretada sonrisa de Scott señala la mayor ligereza del argumento en comparación con la sombría intensidad marca de la casa.

            El forastero que se inmiscuye en los asuntos locales, entre dos bandos -el de los opresores, blindados por la falsa respetabilidad de su cargo, y el de los honestos agraviados-, para acabar construyendo el suyo propio, al más puro estilo Cosecha roja -cuya versión western más conocida será Por un puñado de dólares-.

Una premisa jugosa que no despunta sobre todo a causa del pobre guion de Charles Lang -firmante del libreto de la precedente y más que meritoria Cita en Sundown-, endeble, con algún personaje desaprovechado –ese intrigante Carbo del que nunca se llega a explotar su potencial- y con demasiadas lagunas y torpezas que acaban en un final de simplona apariencia shakesperiana.

            Sin embargo, Boetticher, haciendo gala de su gran oficio, logra sacar adelante el asunto en forma de película modesta –en este caso no solo debido a la escasez de medios- pero entretenida, filmada con pulso firme desde ese estilo sencillo pero poderosamente expresivo –las barras metálicas de la puerta del sheriff cruzándose en la cabalgada del recién llegado, casi a modo de premonición; Buchanan espetando que es una ciudad donde todo cuesta diez dólares mientras mira de medio lado a una mujer-.

Más menor que de costumbre.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,2.

Nota del blog: 6.

Cita en Sundown

18 Jul

“Antes de embarcarte en una venganza, cava dos tumbas.”

Confucio

 

 

Cita en Sundown

 

Año: 1957.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, John Carroll, Noah Berry Jr., John Archer, Karen Steele, Valerie French, Andrew Duggan, Ray Teal, Vaughn Taylor, James Westerfield.

Tráiler

 

 

            En el cuarto episodio del Ciclo Ranown, el triplete artístico conformado por el productor Harry Joe Brown, el director Budd Boetticher y el actor Randolph Scott, elementos inmutables del mismo, como el paisaje árido y aislado, como la sensación de ausencia y el aparente círculo irrompible que gobierna estas cintas, relevaría temporalmente al eficaz Burt Kennedy a los mandos del guion a favor de Charles Lang, al igual que sucederá en la posterior Buchanan cabalga de nuevo.

             Sin embargo, permanecen constantes esenciales y recurrentes de la serie. De nuevo, un hombre con un vacío interior en forma de mujer, provocado por una viudez trágica, metáfora de un país que aún sangra por las heridas de la fratricida Guerra de Secesión, que en esta oportunidad, como sucedía en Tras la pista de los asesinos, ha de rellenarse con la venganza, entendida como pura y simple necesidad visceral, contra el hombre que actuó como desencadenante del drama, un playboy venido a más que ejerce de tirano local en la pequeña Sundown, antiguo paraíso y hoy villorrio moralmente desahuciado, con el interior de su ser corrompido por los vicios de la violencia o el silencio.

              El ciclo se aproximaba al western psicológico, convirtiendo una venganza amorosa generada por una deuda que saldar más imaginada que real en un motor de reacción social que despierta al pueblo contra la mano de hierro del cacique con pies de barro, que ve minada su autoridad con la sola presencia desafiante del forastero.

              Es una vendetta cegada por la ira, una maniobra de defensa contra del dolor. Su origen obsesivo se refleja en la aparición del siempre cariacontecido Scott: rauda, atípicamente agresiva, enfrascado en cuerpo y alma en una misión para la está en guardia en todo momento.

La propia naturaleza de la misma, desentrañada poco a poco durante un filme que si bien no es el más tenso de la saga sí es uno de los más intensos, descubre al mismo tiempo el profundo pesimismo que subyace bajo Cita en Sundown, revelado, gracias a la sencilla genialidad de Boetticher, en la mirada de un cantinero escarmentado de la condición humana, en la insobornable firmeza racional del doctor, único superviviente verdadero de los viejos tiempos, en la vergüenza propia de un pueblo de ovejas, en la estupidez o inutilidad, en el mejor de los casos, de los actos de los personajes.

Muy recomendable western.

 

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,4. 

Nota del blog: 7,5.

Los cautivos

24 Jun

“Los westerns son películas que todo el mundo puede ver y disfrutar. Siempre dan dinero y siempre aumentan el número de seguidores de un actor.”

Randolph Scott

 

 

Los cautivos

 

Año: 1957.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Richard Boone, Maureen O’Sullivan, Henry Silva, Skip Homeier, John Hubbard.

Tráiler

 

 

            Después del estreno de Tras la pista de los asesinos, el trío conformado por el productor Harry Joe Brown, el director Budd Boetticher y el actor Randolph Scott, con la frecuente colaboración de Burt Kennedy, notable guionista, luego menos reconocido realizador, tuvo a bien prolongar su sociedad artística durante otros seis westerns concisos, austeros, abstractos, expresivos y contundentes.

Un microcosmos propio en el que parece acontecer un relato recurrente, entrelazado, cíclico. Variaciones de todo un mundo concentradas en unas praderas pedregosas impregnadas del mismo aroma y la misma melodía, tan melancólica y sufrida como la expresión eternamente circunspecta de Scott, esforzado e inmutable héroe en todas ellas.

             Como queriendo contradecir este fatalismo inexorable y pese a iniciarse con una de esas tomas con las que Boetticher quería expresar el largo y penoso camino que antecede al protagonista, Los cautivos comienza con un tono amable, en el que incluso Randolph aparece alegre y risueño por las esperanzas de un futuro apacible que le aguarda en sus recién adquiridas tierras a las afueras de Sásabe.

Poco durará su felicidad. Ya lo advierte su llegada a la posta de correos: no es lugar para extraños.

Es este un mundo próximo a abalanzarse al cambio traumático y civilizador del ferrocarril, tiempos de incertidumbre, agresividad a flor de piel y conductas movidas a la desesperación. En su vuelta a casa, despojado ya de su suerte por una frustrada apuesta bravucona, el destino se lo aclara con un recibimiento oficiado por tipos con el aspecto patibulario de Richard Boone y Henry Silva, salteadores de caminos con un botín personificado en una rica y solitaria heredera, accidental acompañante de Scott, que promete más oro y peligro del que pueden soportar y del que pueden renunciar.

             Kennedy hace buena la historia de Elmore Leonard y siembra el guion de frases y diálogos ásperos y rotundos, que restallan secos y llenos de empaque, perfectamente acomodados a la crudeza y precisión estilística de Boetticher, para narrar el encuentro entre dos almas solitarias paralelo al duelo entre dos hombres iguales en el fondo pero moldeados de manera distinta, sin elección ni redención posible –a pesar de lo que desea creer Scott, a su manera atado a un personaje y unos actos determinados, casualmente positivos- a causa de unas circunstancias despiadadas, por ese mencionado fatalismo que hace presa a todo el ciclo. Uno, estoico héroe y abnegado caballero; otro villano irreconciliable con la sociedad; ambos obligados a sobrevivir, de uno u otro modo, con la ley del plomo.

             Otro de los pequeños grandes westerns de un ciclo que goza de una regularidad admirable.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

Tras la pista de los asesinos

12 May

“Siempre que comienzo a rodar, lo hago con un plano general muy largo en una zona de rocas desoladas: vemos a un jinete que avanza lentamente hacia la cámara o que cabalga paralelo a ella. En unos segundos, el personaje existe antes de que haya pronunciado una sola palabra, antes de que le veamos en primer plano incluso. Y sentimos la enorme longitud de su camino, su soledad. Adivinamos entonces que este hombre ha tenido que matar para llegar hasta allí y que ha empleado toda su vida en la caminata en que ahora está embarcado.”

Budd Boetticher

 

 

Tras la pista de los asesinos

 

Año: 1956.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Gail Russell, Lee Marvin, Walter Reed, John Larch.

Filme

 

 

            La llanura desolada por la tormenta. Un rayo surca el cielo; retumba un trueno. Surge un hombre a pie, en medio de la nada.

Con esta aparición telúrica, fantasmagórica, comienza Tras la pista de los asesinos, de igual modo que se inicia el viaje de Budd Boetticher junto al actor Randolph Scott y el productor Harry Joe Brown, artífices de la productora Ranown, nombre que servirá para aunar dichas colaboraciones. Un ciclo de siete películas que dibujan círculos en su recorrido sobre los territorios perdidos y desolados del western. Parajes áridos y pedregosos por los que deambulan personajes marcados por la pérdida, por una búsqueda eterna y sin solución. Siempre con el rostro apesadumbrado de Scott, actor no demasiado dotado pero útil para el perfil de estos papeles, y que revitalizaba así su alicaída carrera.

            Siete son también los asesinos que asolaron el pueblo de Silver Springs, cobrándose un botín de $20.000 y dejando en pago la muerte de una mujer.

De nuevo, el guion del debutante Burt Kennedy, hombre en la sombra, partícipe imprescindible en cinco de los títulos de la serie, traza un relato sobre los remordimientos de un hombre (Scott, por supuesto) y su transferencia de deudas y deberes de protección en la figura de una mujer que reproduce aquello que por estúpido orgullo ha perdido y aún le arde en las vísceras, en este caso la bella Annie Greer (una preciosa Gail Russell, sugerida por su amigo John Wayne, también productor del filme con su Batjac y opción original para el protagonismo), en búsqueda junto con su apocado marido de un futuro dorado en el paraíso lejano, casi inalcanzable, de California.

Un viaje compartido hacia el Sur, a Flora Vista, donde han de encontrarse los destinos: la redención intermediada por el plomo, el último paso a la tierra prometida garantizado por el oro.

             Un recorrido enigmático, obsesivo, físico pero también espiritual, en un mundo sin lugar para la inocencia, donde las únicas relaciones humanas parecen trabarse en el transcurso de un encarcelamiento, jalonado de peligros que bordean la alucinación –los indios coahuilas, pobladores ancestrales de unas tierras inhóspitas, devenidos por la mano del hombre blanco en espectrales devoradores de caballos- y con la asociación forzosa de unos indeseables compañeros de fatiga: una pareja de buitres que husmea la carroña de una posible recompensa que arrebatar a los forajidos, liderada por el ambiguo, cínico y sibilino pistolero Masters (Lee Marvin, haciendo casi palpable el impacto de su presencia, los claroscuros de su mirada).

             Tras la pista de los asesinos ofrece una historia sólida, con un uso juicioso del ritmo, rodada por Boetticher con su rotundidad y precisión habitual, maestro a la hora de extraer potencia de la sencillez del lenguaje (un hombre llega caminando de noche al cubil de dos forajidos, se escuchan disparos fuera de campo; de día, el hombre camina junto a dos caballos). Acaso podría reprochársele cierta falta de garra en el duelo final, consecuente, no obstante, con el estilo directo del cineasta.

Un western eficaz, entretenido y lleno de sabor.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

Estación Comanche

25 Mar

“Los buenos westerns le pueden gustar a cualquiera. Frente a la debilidad natural del ser humano, todo el mundo quiere ver a gente buena, a grandes héroes.”

Akira Kurosawa

 

 

Estación Comanche

 

Año: 1960.

Director: Budd Boetticher.

Reparto: Randolph Scott, Nancy Gates, Claude Akins, Richard Rust, Skip Homeier.

Tráiler

 

 

            Tocaba a su fin la colaboración de siete películas entre la Ranown, fundada por el productor Harry Joe Brown y Randolph Scott, que sería la principal estrella de la misma, y el director Budd Boetticher, cineasta que solía someter, sin caer nunca en el academicismo, la expresión de posibles rasgos de autoría a la pasión lisa y llana de narrar historias. De hecho, la desaparición definitiva de la Ranown significaría el retiro casi total para Scott, solo recuperado años después por Sam Peckinpah en su magnífico western crepuscular Duelo en la Alta Sierra.

            En Estación Comanche, Cody (Scott) es un hombre en eterna búsqueda. La búsqueda de su propia mujer, secuestrada durante una razzia de los indios comanches años atrás, somatizada en su empleo de rescatador de mujeres blancas robadas.

Un artífice de finales felices que nunca serán el suyo.

            De nuevo, elementos recurrentes en la obra de Boetticher. La carga de un pasado sin cicatrizar se entremezcla con el de la soledad incurable, sobre la que la recién recuperada señora Lowe (Nancy Gates) quizás podría arrojar algo de luz, como gesto de justicia de la Providencia. Siempre, claro, que se sobreviva a la vuelta a casa, acosados por el Indio y por la cuadrilla de deshechos humanos que comparten su incierta travesía: un viejo conocido del ejército y sus dos jóvenes acompañantes, uno representación de quien hace el mal pues se ha habituado a ello empujado por las circunstancias; otro, inquieto, dubitativo y por ello más trágico, en el que aún pesa la moral antigua, ya desterrada, inculcada por sus antecesores, desaparecidos sin remedio.

Seres acaso demasiado similares a él mismo, supuesto héroe. Caras de una misma moneda diferenciados en el control o no de sus impulsos, su uso resguardado o no en cierta moralidad o justificación.

            En unos tiempos en los que se anunciaba ya el ocaso del que posiblemente era el género más estrictamente cinematográfico de todos, sin apenas relevancia en otras expresiones artísticas, Estación Comanche ofrecía su particular acercamiento al fin de una forma de entender la existencia, servida por uno de los elementos que, del mismo modo que el ferrocarril o el telégrafo, significaba su extinción, su paso a la estabilidad sedentaria, la ley y la civilización: la mujer, elemento siempre extraño en el Salvaje Oeste, generalmente todavía un accidente aislado, tasable elemento de riqueza y disputas, como las reses. Boetticher muestra a hombres hablando de ella. En un detalle que evidencia tanto su calidad como director como estas premisas antifemeninas –más que machistas-, la cámara no revela su misma presencia, conscientemente ignorada, hasta que terminan.

            Es este un filme parco en medios y sencillo en sus premisas pero honesto, bien planteado y acometido. Boetticher muestra un gran trabajo y un absoluto respeto por sus personajes, positivos y negativos, bien trazados, sin abandonarlos en el arquetipo.

La acción transcurre con fluidez, sólida, sin concesiones a la galería en el fondo o la forma, siempre sometida a la historia, expresiva, con inteligencia y habilidad.

Pequeño pero más que recomendable western.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

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