Tag Archives: Charlot

La quimera del oro

24 Sep

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Año: 1925.

Director: Charles Chaplin.

Reparto: Charles ChaplinMack Swain, Georgia Hale, Tom Murray, Malcom Waite, Henry Bergman.

Filme

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         Durante un tramo de La quimera del oro, un minero enfebrecido por el hambre persigue con un hacha a Charlot para devorarlo. El humor de Charles Chaplin, que no había tenido una vida fácil, nace de la consciencia de la crueldad de la existencia humana. Aparte de la irreparable condición penosa y marginal del propio Charlot, su sentido cómico puede apuntar al abandono infantil, al asesinato en serie, a la guerra, al nazismoY, a partir de estos horrores, extrae ternura. Depura los sentimientos más limpios y cristalinos que también puede albergar el alma humana para, con ellos, redimir a la especie.

Las miserias del ser humano, no obstante, operan asimismo a menor escala. Georgia, el objetivo romántico del pequeño vagabundo en esta película, demuestra ser una harpía poco recomendable que usa a Charlot bien para dar celos a su recio galán, bien para divertirse a su costa. Hasta entonces, de hecho, el recién llegado era literalmente invisible a sus ojos.

         Encadenada a esta premisa de redención última, una noción kármica domina La quimera del oro, si bien desde la perspectiva de una diosa Fortuna que goza igualmente manipulando a sus títeres, como en un teatrillo de pueblo. La lucha de Charlot es contra el universo. Todo está dispuesto en su contra, todos los personajes están por encima suyo: el buscador Big Jack, el forajido Black Larsen, el seductor Jack… Machos alfa contra los que Charlot, síntesis de las virtudes y defectos del hombre corriente, se enfrenta solo con el arrojo de su dignidad y de sus pasiones, alimento de un optimismo casi inconsciente, que por esa bendita ignorancia es capaz de obviar los peligros de su odisea -la desolación del desierto de nieve, el oso a su espalda…-.

Puro sentido romántico y puro heroísmo en acción, sometidos al absurdo a causa de la sordidez y la roñosidad -física y moral- del mundo que lo rodea. Un juego de contrastes que Chaplin emplea como material humorístico. Como poner civilizadamente la mesa para zamparse una bota.

         Probablemente esta sea una de las cintas donde el personaje demuestra menos dobleces, donde su sombra de mezquindad, también tan reconocible, está menos presente. En La quimera del oro, Charlot es casi exclusivamente un soñador que sueña con enriquecerse en la fiebre del oro, pero sobre todo con conquistar la verdadera riqueza que en el mundo hay. Los sueños, en este sentido, ofrecen en cierta escena la única posibilidad de realización que parece darse, la fantasiosa válvula de escape donde conseguir el éxito amoroso frente a una realidad que lo muestra triste y solo, en comparación con una eufórica celebración de Año Nuevo.

En La quimera del oro, todo golpe de humor tiene su reverso trágico: uno sabe que el entrañable baile de los panecillos es simple fábula, los vaivenes de una casa en vilo al borde del precipicio oprimen con el angustioso sello de la muerte. El equilibrio entre contrarios, la exacta medición de la risa y de la lágrima, son el secreto de la mina de Chaplin.

         El propio autor proclamaría en cierta ocasión que La quimera del oro era la obra por la que quería ser recordado. La película fue reestrenada en 1942 con una reedición del montaje y una narración en off escrita y locutada por Chaplin. Sin embargo, esta voz no hace sino constatar la capacidad expresiva de las imágenes del cine mundo, lo prescindible -e incluso molesto- que puede llegar a ser la palabra en el séptimo arte.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,4.

Nota del blog: 8.

El circo

29 Mar

Maestro de maestros, Charles Chaplin concita bajo la carpa de El circo lo trágico y lo cómico, lo bello y lo terrible, lo trascendente y lo humano. De la miseria puede brotar una obra luminosa. La película que Ingmar Bergman veía invariablemente cada cumpleaños, la película que elevaba al éxtasis a Pier Paolo Pasolini, para la sección de cine clásico de Bandeja de Plata.

 

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Tiempos modernos

18 Ene

“Yo intento reflejar el mundo en el que vivimos, y sin mucha suerte intento hacerlo con risas o con lágrimas. En esto, Chaplin sigue siendo el mejor. El mayor genio del cine, no el único, pero sí el mayor.”

Aki Kaurismäki

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Tiempos modernos

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Tiempos modernos

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Año: 1936.

Director: Charles Chaplin.

Reparto: Charles Chaplin, Paulette Goddard, Henry Bergman, Tiny Sandford, Chester Concklin.

Tráiler

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            Naturalmente, un artista con la calidez humana y con la melancolía optimista de Charles Chaplin no iba a renunciar así como así al universo que había caracterizado su obra y que mejor se adecuaba a la tonalidad de sus personajes y su sensibilidad autoral. Tiempos modernos, estrenada en 1936, es en esencia un filme mudo, como todavía lo era cinco años atrás Luces de la ciudad, primera película de Chaplin donde aparecía –anecdóticamente- el sonido. Es más, con gran significación para el discurso de la obra, la mayor parte de las voces que parecen ceder a la presión de los gustos coetáneos y aparecen en el metraje no proceden de manera directa de personajes: están intermediadas por una máquina.

            Tiempos modernos depende todavía en gran medida del sentido físico del gag de Chaplin, expuesto a través de espectaculares coreografías que en ocasiones, en su detallismo e imaginación, arriesgan incluso a alargarse más de la cuenta –la máquina de alimentación de los operarios-. También se incorporan gags sonoros, quizás pendientes de perfeccionar -los rugidos de tripas de la mujer del reverendo-. Pero, lo más importante, Tiempos modernos conserva indeleble la capacidad del cineasta de expresar multitud de emociones e ideas subversivas sin necesidad de recurrir a la palabra.

Contra la robotización del hombre, Chaplin danza.

            Con un mensaje tan sincero como visceral -y desde luego vigente-, Tiempos modernos se convierte en una llamada de atención acerca de la alienación y la deshumanización del individuo contemporáneo, consumido por la dictadura de la producción por la producción y del materialismo por el materialismo. Es el capitalismo, donde los espíritus libres no tienen cabida.

Chaplin disfraza esta crisis cotidiana y terrible con ropajes tan épicos como afectuosos a través del combate contra la adversidad de este trabajador despedido de una cadena de montaje en el marco de un periodo de convulsión laboral generalizada. No obstante, como suele suceder en la filmografía del genio, la incomprensión, el egoísmo y la desigualdad que deriva de la desviación o de la corrupción del espíritu humano, tiene aún una vía de redención, en este caso reflejado en los ojos chispeantes y la vitalidad de Paulette Goddard, adolescente marginal.

            Chaplin crea fotogramas chispeantes y vívidos para condensar esta visión sobre el género humano que se debate entre la crítica y el cariño, entre el humor y la decepción, entre el pesimismo y el optimismo. Imágenes que forman parte de la memoria colectiva del cine. Los personajes conviven permanentemente en la alegría y la tristeza, asediados por las circunstancias que provee, inclemente, esta sociedad occidental enfebrecida.

Debido a este cúmulo de infortunio inducido por el sistema, la resolución del filme no apunta tanto hacia esta eventual exoneración de los pecados del hombre de hoy. Su postura, aunque siempre inspiradora, no es exactamente esperanzada. Parece opinar Chaplin, con cierto poso de desencanto, que la única solución que nos queda pertenece al inquebrantable poder de resistencia de uno mismo, apoyado en un valor capital y, ojalá, ajeno a mercaderías: el amor. El amor, único libertador de estas ovejas desesperadas.

            En Tiempos modernos, el entrañable vagabundo Charlot muestra su voz por primera vez. Y, en consecuencia, se despide del cine.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 8,6.

Nota del blog: 9.

Luces de la ciudad

4 Feb

“Charlot no es uno, es muchos. Es un tipo polifacético. Un vagabundo y un caballero. Un soñador, pero con sentido práctico. Te puede hacer creer que es un profesor de física o un jugador de polo, y aunque es un tipo orgulloso, no tiene inconveniente en recoger del suelo una colilla, robar el caramelo a un niño y, si está enrabietado, dar una patada en el culo a una dama.”

Charles Chaplin

 

 

Luces de la ciudad

 

Luces de la ciudad

Año: 1931.

Director: Charles Chaplin.

Reparto: Charles Chaplin, Virginia Cherrill, Harry Myers.

Filme  

 

 

           Da igual que nieve, llueva o haga sol. Que el gobierno en pleno robe, que la injusticia se legisle como justicia, que como es norma los de abajo lloren para que los de arriba rían, que los números importen más que las personas, que competir se imponga a compartir, que se beatifique a Arbeloa para demonizar a Messi. Siempre, en todo momento, en cualquier circunstancia, una película de Charles Chaplin será capaz de redimir a la especie humana, de hacer exclamar a los cuatro vientos que hay esperanza y que ¡sí!, podemos.

Porque Charlot es el resumen y la sublimación del hombre. Es mezquino cuando le interesa, egoísta, vago, cobarde, misántropo. Pero cuando se rasca las motas de mugre de su superficie, nada más que una costra producto de una sociedad cínica y deshumanizada que ha perdido el rumbo, uno encuentra que ese vagabundo tristón y tierno es todo corazón y sentimientos, un ser que guía su conducta por los más elevados valores: la generosidad, la solidaridad, la fraternidad, la bondad, el amor.

            Por más de mil veces que haya sido imitada, pocas historias de amor consiguen ser tan conmovedoras como Luces de la ciudad, o poseer su ardoroso espíritu crítico y subversivo contra esa sociedad de la riqueza como sinónimo de virtud, de la banal imagen exterior como espejo del alma.

            Chaplin decide permanecer mudo pese a la explosión de sonido del cine a su alrededor para seguir entretejiendo gags físicos y visuales descacharrantes y de (solo) apariencia inofensiva a la vez que compone una obra indeleble en lo emocional. Porque aún algunas imágenes valen más que mil palabras.

            Luces de la ciudad es una rutilante joya creada por el conflicto desgarrado entre tristeza y humor; una película que rebosa comicidad, romanticismo y sensibilidad; divertida y agria en las andanzas de un vagabundo irreparable perdido en la hipocresía de la alta sociedad, patética y enternecedora en el desesperado combate de boxeo de un hombre al que solo le duele el sufrimiento de su amada, melancólica y apasionada en el desenlace de un melodrama romántico vivido a flor de piel.

            Da igual lo necios que seamos tratando de demostrar que se equivoca. Chaplin siempre tendrá razón. Deberá tenerla, más nos vale.

 

Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 8,6.

Nota del blog: 9.

El chico

9 May

“Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia.”

Charles Chaplin

 

 

El chico

 

Año: 1921.

Director: Charles Chaplin.

Reparto: Charles Chaplin, Jackie Coogan, Edna Purviance.

Filme

 

 

            Charles Chaplin, el universal genio de la comedia, prestidigitador de sentimientos que atraviesa generaciones enteras con un humor imperecedero, desde el más prosaico slapstick hasta el más amargo y crítico con la condición humana. El hábil alquimista de emociones capaz de arrancar la carcajada del espectador para después encoger su corazón en un puño y, más tarde, de nuevo, transformar sus lágrimas de tristeza en un desbordante llanto de risa.

Actor, director, productor, guionista y músico, tirano minucioso y perfeccionista, creador a través de Charlot, ingenuo superviviente, icónico alter ego, mito del cine, del arte, del ser humano, muchos de los más bellos cantos a las virtudes humanas, al amor puro y  verdadero, a la soledad y la melancolía observada desde una indecible ternura, a la inocencia, la ingenuidad, la bondad natural del hombre que siempre aflora contra las circunstancias adversas, contra la miseria, contra la sociedad hostil y deshumanizada.

Unas virtudes destinadas a establecer un final feliz que aspira a trasladarse, sirviendo como instrumento de inspiración, a la vida misma. 

            En El chico, obra capital en el desarrollo de su carrera, Chaplin carga de sentimientos los apenas 50 minutos de metraje con buena parte de recuerdos y emociones de su propia vida: su infancia de pobreza y desarraigo familiar, la tragedia de haber perdido un hijo recientemente, nacido de forma prematura.

             De nuevo, se dan cita el humor desternillante es el medio de supervivencia contra un entorno desgarradoramente trágico, la soledad y la necesidad del otro y la pureza de la infancia como necesaria medida de un mundo insensible ante el que Chaplin también sabe mostrarse crítico –“una mujer cuyo único pecado era ser madre”-, parte del compromiso social que de una u otra manera aflora en la mayoría de sus obras.

Es significativo que sea la toma de responsabilidades con la adopción del niño expósito por ese pícaro Charlot, individuo polimórfico, mezquino en ocasiones, capaz de plantearse tirar a un niño abandonado por la alcantarilla, la que lo transforme en un ser decidido, valeroso hasta la médula con tal de defender ese pedacito de salvación universal de cabellos rubios y sonrisa contagiosa (impresionante trabajo del niño Jackie Cooper, con el que Chaplin acierta a establecer una inigualable complicidad).  

             Y tal y como promete –cosa que podría condensarse en el rapto salvaje del niño por las autoridades de la casa de huérfanos como secuencia paradigmática, absolutamente arrolladora y magistral-, Chaplin compone una historia llena de ritmo, cargada de contenido, emotividad y magia, con el poder de hacer reír y, quizás, provocar alguna lagrimita.

 

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,5.

Nota del blog: 9.

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