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El golpe

24 Abr

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Año: 1973.

Director: George Roy Hill.

Reparto: Robert Redford, Paul Newman, Robert Shaw, Charles Durning, Eileen Brennan, Dimitra Arliss, Charles Dierkop, Ray Walston, Harold Gould, Dana Elcar, John Heffernan, Jack Kehoe, Robert Earl Jones.

Tráiler

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         El golpe ofrece todo lo que se le puede pedir a una gran producción del Hollywood de las estrellas. El glamour de dos astros plenos de fotogenia, una historia tan inteligente como divertida y una atmósfera atractiva y estimulante. Hasta con cierto aire de autohomenaje en esa apropiación del estilo visual de las películas de gángsteres de los años treinta, desde el logo de la Universal hasta las portadas de los capítulos, pasando por los recursos empleados para la transición entre escenas.

         Es decir, que El golpe es una película que invita al espectador a dejar atrás su grisácea vida cotidiana para viajar a través de los fotogramas a otra época y otro mundo, y participar así con dos pillos encantadores en el espectacular timo a un villano que, por violento y cruel, bien se lo tiene merecido. Esa hermandad de los buenos ladrones, constituida en industria seria, posee la fascinación que se desprende observar cómo unos especialistas hacen su trabajo de forma impecable. Con camaradería, con dignidad; valores que suscitan empatía frente a la brutalidad de ese irlandés que ni bebe, ni fuma ni va con mujeres. Humildes proletarios en un terrible contexto de Gran Depresión, en el que las promesas de prosperidad del país de las oportunidades han quedado desmentidas. Si acaso, solo puede aspirarse a ellas desde fuera de los cauces de este sistema que, al fin y al cabo, está igualmente amañado.

         Hay un sentimiento de entretenimiento en toda la trama que se reconoce abiertamente y se abraza. Los estafadores hablan de sus planes bajo el término ‘play’, que es el mismo que se utiliza tanto para definir el acto de jugar como las obras de teatro. Y es que, en el fondo, todo lo que hacen es un teatrillo, una representación. Tanto de cara al malvado Doyle Lonnegan como para el público al otro lado de la pantalla, a quien se puede decir que también le está reservado algún truco propio del oficio.

La belleza, el encanto y la química de Robert Redford y Paul Newman también está ahí para satisfacernos, para darnos el gusto -y, por qué no, para deslumbrar al igual que lo hace la ayudante de un mago-. George Roy Hill, clásico sin sacrificar el halo romanticismo, se entromete lo justo para afinar la orquesta y que todo suene bien. Sabe que no le corresponde demasiada cuota de protagonismo y se dedica a plasmar con perfecto saber hacer -elegante saber hacer- el relato. A gestionarlo con pulso, a que la tensión de la intriga quede bien distribuida y no decaiga nunca. A salvaguardar la autenticidad tanto del complot de los buenos como de la película que nos regalan.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,6.

Nota del blog: 9.

Pickpocket

18 Abr

“Bresson es el cine francés, como Dostoievski es la novela rusa, como Mozart es la música alemana.”

Jean-Luc Godard

 

 

Pickpocket

 

Año: 1959.

Director: Robert Bresson.

Reparto: Martin LaSalle, Marika Green, Pierre Leymarie, Jean Pélégri, Kasaggi.

Tráiler

 

 

            Robert Bresson, autor de un cine inclasificable, hermético, simbólico, hipnótico, con una austeridad formal que desvela aún más si cabe la casi inabarcable riqueza y complejidad de su fondo, se había labrado un enorme prestigio nacional –sería respetado hasta por los ya contemporáneos iconoclastas de la Nouvelle Vague, radicales del concepto de autoría- e internacional gracias a filmes como Diario de un cura rural o Un condenado a muerte se ha escapado. Creador introspectivo, intermitente y ermitaño, Pickpocket constituía su tercera y última obra en la década de los cincuenta dentro de una carrera que tan solo abarca trece títulos.

            Desde su habitual estilo frugal y ascético pero preciso y penetrante, que renuncia al empleo de recursos sintácticos y efectistas habituales para la creación de emociones, de giros dramáticos e identificación del espectador con los personajes y la trama, Bresson se introducía en el mundo de la pequeña delincuencia parisina de la mano de un carterista que trata de labrarse un escueto porvenir con su habilidad, aún en desarrollo, para el hurto de carteras, relojes y demás nimiedades.

            Así, según sus propias palabras, Pickpocket huye del policíaco aproximándose más a una radiografía social personalizada en un hombre sin futuro y con apenas vínculos de presente -abandonada y moribunda su madre, renegado de la religión-, más allá de un amigo que trata infructuosamente de enderezar su rumbo, sus compinches de correrías, el policía que sigue sus pasos con aire comprensivo y paternal y la hechizante vecina con la que mantiene una relación ambivalente de atracción y reproche.

Son las circunstancias de una vida las que empujan al individuo al crimen, alentado más tarde por la fascinación y sensación de poder de un arte presentado casi a modo de liturgia, descrito con uno de los pocos incisos de música, grave, trascendente, determinante en los procesos interiores del protagonista, que Bresson concede a lo largo del metraje.

            Es esta, por tanto, una obra descarnada, que parece dibujar un tenue camino a la redención tortuoso e inescrutable, quizás aquí demasiado incluso para el espectador, producto de los modos ásperos que presiden una cinta sin embargo más que interesante, de una cruda y enigmática belleza.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

Manos peligrosas

7 Ene

“El de Sam Fuller es cine… inmediato, intachable, irrepetible, cine dado y no asimilado, digerido, pensado.”

François Truffaut

 

 

Manos peligrosas

 

Año: 1953.

Director: Samuel Fuller.

Reparto: Richard Widmark, Jean Peters, Thelma Ritter, Richerd Kiley, Murvyn Vye.

 

 

 

            Con su carrera en la dirección ya firmemente asentada, pero todavía sin lograr totalmente su ansiada independencia de creador outsider –lo hará con la fundación de su productora Globe Enterprises-, Sam Fuller se encargaba de rodar una cinta de cine negro para la Twenty Century Fox –que lo había contratado por siete películas tras su éxito con Casco de acero-, la cual acabaría por convertirse en una de las más reconocidas de su filmografía: Manos peligrosas.

            La película se construye en torno al tópico del ratero de baja estofa, aquí Skip McCoy (Richard Widmark, por entonces asociado a papeles de gángster retorcido e impetuoso o, cuanto menos, ambiguo), al que el azar, sus hábiles dedos de carterista y la imprudencia de una atractiva joven de relación dudosa con la legalidad, atrapan entre los dos frentes que componen la policía por un lado y unos mundanales espías comunistas por otro en una trama a gran escala: la conspiración para el envío de microfilmes secretos al enemigo soviético.

No es casual, se filma en el año del traumático proceso y ejecución de los Rosenberg.

             Fuller desenfunda sus armas: un amplio conocimiento de los bajos fondos, producto de su pasado de reportero, y su dilatada experiencia como guionista, que le sirven para construir con veracidad y energía unas situaciones y diálogos creíbles y unos personajes con empaque, como el de McCoy o el de Moe (impecable Thelma Ritter), la entrañable informante de la policía, en los que radican las mayores virtudes de un filme que se desenvuelve mucho mejor en esas calles oscuras, sucias y miserables de Nueva York que en los salones de unos conspiradores comunistas cuya idiosincrasia se presenta con rotundidad por medio del personaje de Joey (Richard Kiley): un cobarde que actúa escondido tras una mujer impetuosa pero lo suficientemente despreocupada como para ser incauta y sin dudas solo a la hora de matar ancianas o de disparar a chicas a sangre fría.

No es, no obstante, un canto rendido al patrioterismo más rastrero y deleznable propio de unos tiempos en los que aún se vivía bajo la gélida y temible sombra del mccarthismo. McCoy viene a simbolizar el ideario de Fuller, recurrente en sus filmes: es descreído respecto del sistema, un individualista que solo confía en sí mismo y en aquellos a los que quiere. Un anarquista que si decide actuar contra un complot político al que tampoco le hubiera importado servir a cambio de unos dólares no es enfundándose una bandera en defensa de los valores de la patria y los ideales, sino como reacción visceral surgida por el ataque frontal a personas muy concretas, parte de su círculo privado.

             Es el Fuller que rueda de manera enérgica y directa, sin concesiones aparte de un romance que se sostenía con mayor solidez y atractivo cuando sus motivaciones consistían en el puro interés de ambos implicados. Un desarrollo algo simplista, quizás inevitable para estos años de código y moralidad exacerbada, que lamentablemente reduce el magnetismo de esa astuta, lúbrica y sudorosa Jean Peters, personaje capital de la película, perfecta contrapartida para ese Richard Widmark que nunca sería ni un completo malvado, ni un completo héroe, aunque siempre íntegro a su manera.

 

Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7.

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