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Caza salvaje

13 Sep

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Año: 1981.

Director: Peter Hunt.

Reparto: Charles Bronson, Lee Marvin, Andrew Stevens, Carl Wathers, Angie Dickinson, Ed Lauter, August Schellenberg, Maury Chaykin, Scott Hylands, Amy Marie George.

Tráiler

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         Un año antes de que John Rambo regresara del Vietnam para verse convertido en una alimaña a la que acorralar, el trampero Albert Johnson ya demostraba en las inexpugnables montañas del Yukon canadiense que estaba entrenado para ignorar el dolor, las condiciones climatológicas, vivir de lo que da la tierra, comer cosas que harían vomitar a una cabra y, por supuesto, matar o morir. No por nada portará el rostro de un legendario tipo duro como Charles Bronson, imprescindible para escapar del hostigamiento del sargento de la Policía Montada Edgar Millen, que rivaliza con él en virilidad desde las curtidas facciones de Lee Marvin.

         Caza salvaje es un relato que se inspira -muy libremente, transformando la naturaleza de los personajes a su antojo- en la considerada como la mayor caza al hombre del país norteamericano, que es la que, en la década de los años treinta del siglo pasado, trató de cercar y cobrarse, perros, rifles y dinamita mediante, la cabeza del conocido como ‘El trampero loco de Rat River’.

Para narrar esta persecución feroz se había contratado a un experto en plasmar la violencia, Robert Aldrich, que ya había comandado a Bronson y Marvin en Doce del patíbulo. No obstante, terminaría renunciando a dirigir el filme por desacuerdos de producción. Lo reemplazará Peter Hunt, curtido en la edición y la realización al servicio del agente 007. Curiosamente, la carestía del proyecto se evidenciará en factores como los tosquísimos cortes del montaje, que llegan incluso a afectar al natural desarrollo de la historia.

         Al menos, esta rudeza formal concuerda con la noción de irracionalidad que preside una cacería enloquecida hasta el delirio, en la que rechina por tanto el papel del veterano Marvin y de su joven e inocente ayudante al lado de la turbamulta de garrulos y degenerados que pueblan este territorio al margen de las leyes de la civilización.

El argumento, mínimo en el fondo, avanza adusto y rocoso, con olor de testosterona revenida y con una banda sonora que hasta incorpora un crispante sonido de cuchillos amolándose. Encajonado en un decorado natural tan portentoso como hostil, el escenario es igualmente áspero y descreído -un perro moribundo es el desencadenante de la sinrazón irrefrenable; la mitad de los desdichados que buscan sus sueños en la última frontera perecen congelados, como avisa el tendero-.

         Dentro de la acción, y a través del desarrollo de personajes -a pesar de que deja descolgada como mujer florero nada menos que a Angie Dickinson y de que prestar más atención al sargento que al trampero, simple forastero westerniano-, Caza salvaje también intenta infiltrar detalles de crepuscularidad que hermanan a perseguidor y perseguido, identificados como caracteres en peligro de extinción. De ahí las similitudes que se pueden trazar -por supuesto con un lirismo mucho menor- con Los valientes andan solos, incluida la persecución aérea como signo aciago de un futuro sin honor ni humanidad.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 6,5.

En busca del fuego

13 May

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Año: 1981.

Director: Jean-Jacques Annaud.

Reparto: Everett McGill, Rae Dawn Chong, Ron Perlman, Nicholas Kadi.

Tráiler

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         Es complicado encontrar un sentido dramático completo a las vivencias del ser humano antes de la invención de la escritura, que es la encargada de transmitir la dimensión espiritual, psicológica y emocional de unos individuos de los que nos separan centurias e incluso milenios de distancia. Quizás sea esta lejanía la que, tradicionalmente, ha convertido la prehistoria en un campo abonado para apenas espectáculos elementales que explotan una fantasía entendida desde las convenciones tópicas. Aun con su concepción desacreditada científicamente y por tanto igualmente fabulosa, En busca del fuego quizás sea la producción más madura ambientada en este vastísimo periodo. Le seguiría en esta línea otra adaptación literaria, la de la popular El clan del oso cavernario, y recientemente hay otras, como Alpha u Ötzi, el hombre de hielo, que podrían sumarse en cierta manera a su herencia.

         En busca del fuego desarrolla su relato a partir de la expedición de tres trogloditas en pos de una llama con la que reavivar el fuego comunal de la tribu, destruido por el bárbaro ataque de otros homínidos más atrasados. El filme adapta una novela de comienzos del siglo XX, como decíamos con su visión hoy en día muy desfasada del Paleolítico y del linaje homínido en general, tanto en su disposición cronológica como en sus costumbres probables. Sin embargo, hay una cierta pretensión de verosimilitud en la mímica de los distintos personajes, así como en el desarrollo del lenguaje de las tribus -que corre a cargo del literato Anthony Burgess, que ya se había inventado un idioma, el nadsat, en su más célebre novela, La naranja mecánica-.

En cualquier caso, Jean-Jacques Annaud -un cineasta frecuentemente interesado por la relación entre el hombre y la naturaleza- emplea esta base de aventura, narrada de forma realmente entretenida, para indagar en la esencia del ser humano. En busca del fuego habla así, de manera concentrada y sencilla pero suficientemente expresiva, del descubrimiento de la curiosidad, de la risa, de la fidelidad, del entendimiento, del amor. La verdadera luz en medio de la terrible oscuridad. El futuro. Además logra dotar de personalidad propia a los protagonistas para elevarlos por encima del monigote y que gocen de carisma y capacidad de generar empatía.

         “El impacto del filme de Jean-Jacques Annaud fue tremendo. Hizo más por la difusión de la prehistoria, del conocimiento de sapiens y neandertales, que muchos tratados”, aseguraba Eudald Carbonell, vicepresidente de la Fundación Atapuerca y uno de los directores de las investigaciones en el yacimiento burgalés.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7.

Los demonios

31 Ene

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Año: 2015.

Director: Philippe Lesage.

Reparto: Édouard Tremblay-Grenier, Vassili Schneider, Sarah Mottet, Laurent Lucas, Pascale Bussières, Victoria Diamond, Yannick Gobeil-Dugas, Alfred Poirier, Bénédicte Décaty, Pier-Luk Funk.

Tráiler

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         El primer amor es una de las fantasías recurrentes de la ficción, por lo general construido desde una psicología adulta embebida de nostalgia que, además, acostumbra a ambientarla en verano, la estación del año que parece destinada a concentrar los ritos iniciáticos de la humanidad. Ahí está Verano del 42 como ejemplo diáfano en el cine, o la reciente Call Me by Your Name como muestra de la pervivencia de su éxito.

Los demonios se adentra en este tópico, pero su visión no es en absoluto idealizada. El primer amor del pequeño Felix es un asunto inconcreto, tremendamente confuso y que se afronta desde una exploración sin referentes aceptables. A tientas, repleta de incógnitas, de dudas e incluso de miedo. Por tanto, ni siquiera sus sentimientos poseen ese romanticismo cristalino que tradicionalmente se le atribuye al tema.

         La honestidad de Philippe Lesage está fuera de todo cuestionamiento. Su filme se asienta sobre la verosimilitud para que el espectador se reencuentre con emociones quizás perdidas en el olvido o que, probablemente, hayan mutado a causa de estos clichés literarios y cinematográficos que influyen en el subconsciente colectivo, así como por la noción de que cualquier tiempo pasado fue mejor, otra falacia más.

El director y guionista canadiense, debutante en el largometraje de ficción, asienta la cámara a la altura de los ojos de Felix y, desde esta perspectiva, observa con él el mundo que le rodea, prácticamente en plano subjetivo. En especial, orienta su mirada hacia las relaciones adultas, a través de las cuales perfila esta aproximación que no es tanto al amor, en un sentido naif e infantilizado, como realmente al despertar sexual.

         Lesage introduce la cuestión desde la aparición en pantalla de un cuerpo desnudo, casi gratuito y por ello igual de sorprendente para el niño y para el público. A partir de ahí, se dibuja la tensión sexual del protagonista y su respuesta a los impulsos que nacen en su interior. El misterio y la inquietud del descubrimiento laten en los fotogramas, a través de esta investigación torpona y en ocasiones humillante o dueña de remordimientos también desnortados, de nuevo producto de una falta de educación -o una mala educación- procedente del entorno -los padres que anticipan el potencial fracaso afectivo de todo enamoramiento, los adolescentes todavía tan despistados como él mismo-.

         Dentro de esta confrontación entre niñez y sexualidad, el cineasta considera oportuno ensayar una desviación hacia los delitos de pederastia, una alusión a los monstruos que habitan la realidad, que son siempre más terribles que los de las películas de terror. Pero Lesage no gestiona adecuadamente ese cambio del punto de vista, hasta entonces y posteriormente tan ligado a los ojos de Felix. Por esta causa, la subtrama encaja en el metraje entre chirridos, como una añadidura un tanto artificiosa y desde luego menos lograda, o menos interesante, que las vivencias y los sentimientos del personaje principal. De su maduración, en definitiva.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,1.

Nota del blog: 7,5.

Solo el fin del mundo

10 Ene

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Año: 2016.

Director: Xavier Dolan.

Reparto: Gaspard Ulliel, Nathalie Baye, Léa Seydoux, Vincent Cassel, Marion Cotillard.

Tráiler

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            Comentaba con un amigo de referencia -sobre todo si corresponde hablar de Xavier Dolan-, que el director, guionista y actor canadiense debía de haber sido un gran observador de su propia madre, a tenor de la finura, la complejidad, la compasión y finalmente el amor con la que retrata a esta figura trascendental en toda existencia, que además supone un pilar capital en sus crispados y turbulentos retratos familiares -a excepción de Los amores imaginarios, matizaba su tocayo Javier-. Lo cierto, me informaba, es que el propio cineasta así lo había reconocido en alguna de sus entrevistas. Esta capacidad brilla de nuevo en Solo el fin del mundo, lo que puede percibirse como parte de las remodelaciones que Dolan efectúa sobre la obra teatral de Jean-Luc Lagarce, de elevada carga autobiográfica -una adaptación de piezas dramatúrgicas a la que Dolan, habitual diseñador de sus propios libretos, solo había acudido en Tom en la granja, aunque no cabe duda de que el original contiene inquietudes que coinciden de pleno con las evidenciadas en su filmografía-.

La madre, decíamos, es posiblemente el personaje más luminoso y cabal de Solo el fin del mundo, dentro de que también comparte la desorientación que atormenta al conjunto de criaturas reunidas para celebrar el regreso a casa de uno de los hijos, huido del hogar por motivos privados doce años atrás. El filme, por tanto, se afilia el esquema del encuentro familiar como campo de batalla; un tópico recurrente a partir del cual Dolan desarrolla una puesta en escena muy elaborada -hasta la puntual ampulosidad- que sobresale por encima de la teatralidad no despojada de los diálogos, que tienden a la torrencialidad y, en ocasiones, a la sobreabundancia.

            Después de una presentación en la que se manifiesta el juego de relaciones y jerarquías que configuran el ambiente enfermizo y obsesivo de este núcleo familiar disfuncional -de igual modo que el trayecto en taxi hasta la vivienda parecía apuntar a la existencia de otros hogares que nada tienen que ver con los falaces patrones tradicionales-, Solo el fin del mundo mantiene un esquema de patente raigamente dramatúrgica con encuentros entre el protagonista -enfermo terminal que retorna a los orígenes de su trauma, la familia, para intentar demostrar que ha conquistado el pleno dominio de su vida- y el resto de personajes. Son escenas en las que prácticamente se convierte en un agente pasivo a la escucha de los respectivos desahogos de sus interlocutores, a través de los cuales se despliegan los rituales, las heridas, la memoria colectiva, las poses autodefensivas y los vínculos afectivos que componen esta comunidad limitada y universal.

Mientras, él reacciona a sus efectos -el examen de las cicatrices aún dolorosamente visibles en el presente y su responsabilidad en ellas; el recuerdo eufórico que bien tiene forma de videoclip de manual, bien parece remitir a Marcel Proust por la aparición de un olor o un contacto-. De este modo, se expone su angustia emocional frente a la evaluación de sí mismo que supone este reencuentro; este final infortunado que trata de unirse con el principio infortunado en pos de una catársis definitivamente satisfactoria.

            Desde esta base, Dolan confecciona una película irregular, donde su personalísima inmoderación desemboca en detalles de una notable calidez e intensidad íntima -el proceso que desde el silencio atraviesa el protagonista, que al fin y al cabo es el meollo de la cuestión, y en especial, de nuevo, la comunión maternofilial-. Y, a la par, también en otras escenas sobredirigidas y sobredialogadas -sobreexcitadas en definitiva-, donde sus criaturas parecen demasiado sujetas a los dictados del guion y del creador que las piensa, ahogadas bajo el peso del texto y la imagen, irritantes en su vociferante frenesí encerrado en planos saturados y sudorosos.

            No es esta bipolaridad, sin embargo, un rasgo inesperado o extraño a Dolan, que para bien o para mal siempre apuesta fuerte en sus proyectos, siempre fieles hacia su propia sensibilidad personal, hacia su propia voz cinematográfica y hacia su propia ambición autoral; innegociables frente a sus no escasos detractores. Respecto a esta disparidad interna -en el saldo del filme, en su estilo- y externa -en su acogida-, para muestra un botón: Solo el fin del mundo arrancó sonoros abucheos de la platea de la crítica durante su exhibición en el festival de Cannes para luego alzarse con el Gran Premio del Jurado del certamen.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

Enemy

24 Ene

“En el mundo del cine, seguramente no hay nadie que resulte tan superfluo como el autor del libro original en el rodaje de la película basada en su texto.”

John le Carré

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Enemy

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enemy.

Año: 2013.

Director: Denis Villeneuve.

Reparto: Jake Gyllenhaal, Mélanie Laurent, Sarah Gadon, Isabella Rossellini.

Tráiler

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           Adaptar una novela-ensayo de José Saramago es una tarea que roza lo suicida. ¿Cómo plasmar en fotogramas esa permanente búsqueda existencial, lingüística, social, cultural e incluso política?

Los ejemplos precedentes –La balsa de piedra, A ciegas-, no salieron precisamente airosos de tan dificultoso lance, limitados a la extraña y alegórica epidermis argumental del ensayo sin apenas conseguir penetrar en la complejidad subyacente en su fondo. Enemy, aproximación a El hombre duplicado, una reflexión acerca de la naturaleza de la identidad del individuo, tampoco consigue profundizar más allá de ella.

           La película de Denis Villeneuve encuentra serios problemas para trascender la arquitectura superficial de su insólita trama –un apocado profesor de historia con problemas para establecer relaciones personales duraderas encuentra su doble en un actor de tercera categoría, crápula y a la espera de un hijo-, por mucho que así lo pretenda la gravedad de su banda sonora, el desolado filtro amarillento de la fotografía o los tics recurrentes de Jake Gyllenhaal.

           El guion del español Javier Gullón escarba sin fuerza el tema original del yo como fundamento del sujeto, sometido aquí a la amenaza de una disolución absoluta que, en consecuencia, se correspondería ineludiblemente con la disolución absoluta de la existencia de los protagonistas. Un proceso alienante incentivado además por las servidumbres que la sociedad contemporánea impone al hombre y donde la sobreinformación y la egolatría imperantes contribuyen paradójicamente a la sumisión y licuación de la identidad personal.

Más allá de las peligrosas fracturas abiertas por una hiperburocracia kafkiana, no hay más que observar los fenómenos virales que se imponen en las costumbres sociales, la evidente similitud de un muro de Facebook a otro o los fingimientos de la personalidad y el estado emocional que por lo general se manifiestan en ellos.

           La escasa incidencia metafísica de un filme anclado en la anécdota y no en el contenido provoca que Gyllenhaal, en su doble papel, quede reducido a un pelele paranoico que corre de un lado para otro porque hay un tipo que se le asemeja sospechosamente. La narración de Vileneuve remite, con menor intensidad, a la premisa del enemigo interior estelarizada por la filmografía del también canadiense David Cronenberg –aquel que despierta repentinamente en la vida del protagonista para ejercer sobre él una transformación traumática y decisiva-.

En este sentido, su desarrollo tiende a la composición de un tibio cuento moral sobre el combate íntimo entre el Bien y el Mal aparejado a la fantasía del cambio radical de vida que uno podría disfrutar con mayor fortuna en cintas como Una historia de violencia -la discusión y conciliación entre un despreciable yo pasado y un parcialmente impostado pero respetable yo presente-, aderezado en esta ocasión con pálidos simbolismos –las arañas- a propósito de esas redes tiránicas que la sociedad contemporánea tiende sobre la persona.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 5.

Mommy

11 Dic

“La vida está llena de cosas buenas y malas, de felicidad y dolor.”

Park Chan-wook

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Mommy

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caraA.eps.

Año: 2014.

Director: Xavier Dolan.

Reparto: Anne Dorval, Antoine-Oliver Pilon, Suzanne Clément, Patrick Huard, Alexandre Goyette.

Tráiler

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            Xavier Dolan debutaba como director en 2009 con Yo maté a mi madre, un drama en el que describía, de manera parcialmente autobiográfica, la turbulenta y voluble relación entre una madre y un hijo que solo intiman por medio de constantes discusiones pero que, en el fondo, se aman profunda y secretamente. Después de explorar los vericuetos del amor en los márgenes de la sociedad, los géneros y las convenciones en sus siguientes tres películas –Los amores imaginarios, Laurence Anyways y Tom à la ferme-, el precoz autor canadiense –apenas tiene 25 años- retorna con Mommy a los avatares del universo maternofilial, en este caso de la mano de una viuda (Anne Dorval, también la madre de aquella opera prima), que lidia como puede con su hijo, paciente de un trastorno de déficit de atención con hiperactividad (Antoine-Oliver Pilon).

            Si en Yo maté a mi madre el espectador debía sobreponerse a 15 minutos de irritante histeria para comenzar a descubrir una cinta muy matizada y ponderada, en Mommy la espera se alarga a una hora de vociferio y aspavientos tan estudiadamente epatantes que, dejando de lado el realismo en el acercamiento a la enfermedad psicológica del chaval, en definitiva solo se consigue transmitir cierta frialdad respecto a este conflicto familiar extremo y desgarrado.

No es hasta la hora de metraje, decíamos –la película suma unos algo inflados 139 minutos-, cuando se comienza a percibir por fin que nos encontramos ante unos seres humanos vulnerables y dolientes, cuya vida se halla constreñida la mayor parte del tiempo en el angosto formato vertical que ofrece la fotografía de 1:1,25: una decisión insólita que nada tiene que ver con el simple capricho formal, sino que se convierte en un formidable recurso expresivo. Menor fortuna experimentarán por su parte unos arrebatos esteticistas de manual de publicidad que únicamente se revelan útiles en el momento de descerrajar el desenlace de la obra.

            Cineasta más maduro en el discurso de lo que su edad, lo controvertido de sus temáticas recurrentes e incluso su apariencia física puedan insinuar, considero que Dolan no busca con ello la provocación gratuita. Se intuye que esta dilatada introducción pudiera ser el reflejo sin concesiones de cómo una morbosa mirada superficial y externa observa sin comprender esta dificultosa crisis íntima. Pero, además de ese empeño demasiado evidente y calculado, quizás se trate asimismo de una espera excesiva -siempre de acuerdo con la tolerancia de cada cual, claro-.

En cualquier caso, en adelante la película toma cuerpo y gana en complejidad para indagar en las desafortunadas carencias e inquebrantables fidelidades afectivas de una familia disfuncional en la que cabría integrar a la tímida vecina tartamuda (Suzanne Clément, inseparable del director), contrapunto de equilibrio entre personajes al límite.

            Dolan escribe con decisión y elocuencia la exposición del contexto, las dudas, los vínculos amorosos y los sacrificios que genera una situación crítica en la que la condición de víctima queda compartida indiferentemente se trate de paciente o cuidador, incentivados por factores apuntados con mayor o menor ligereza como la inmadurez del adulto medio o la ausencia de garantías de solidaridad en un sistema cada vez más deshumanizado y en el que se fomenta el individualismo intransigente como valor esencial.

 

Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7.

Tucker & Dale contra el mal

8 Dic

“La ignorancia es el germen de la ira.”

Richard Gere

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Tucker & Dale contra el mal

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Tucker & Dale contra el mal.

Año: 2010.

Director: Eli Craig.

Reparto: Tyler Labine, Alan Tudyk, Katrina Bowden, Jesse Moss, Philip Granger, Brandon Jay McLaren, Christie Laing, Chelan Simmons, Travis Nelson, Alex Arsenault.

Tráiler

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            La parodia es una de las clases más bajas de humor, ya que consiste en burlarse de creaciones, ideas y aspiraciones ajenas más o menos elevadas dándoles un giro de 180 grados con el cruel objetivo de reducirlas al absurdo. Es facilísima, parasitaria y cobarde, pero, además de ocasionalmente efectiva a causa de su muy asequible juego de contrastes, si está realizada con inteligencia también puede arrojar nuevos ángulos de luz sobre temas del todo desgastados.

            Bajo su apariencia desenfadada, Tucker & Dale contra el mal esconde una parodia sobre el slasher –ya saben, el de jovencitos descocados que, aislados de la civilización, son asesinados brutalmente y uno a uno por un asesino despiadado, improvisado garante de la moral establecida-, la cual, no obstante, se desmarca de chabacanerías inmediatas e insípidas tipo Scary Movie para ofrecer una película más entrañable, divertida e inspirada.

            Tomando como punto de partida el choque de civilizaciones entre el entorno urbano y rural -foco de violento conflicto en películas como Defensa o La presa y, ya pasando al puro gore, en Viernes 13 o Las colinas tienen ojos-, centralizado en la tradicional cabaña perdida en la indómita y paupérrima Virginia Occidental, Tucker & Dale contra el mal juega con los estereotipos cultivados por el subgénero para, aparte de desarrollar un hilarante intercambio de roles fomentados por una serie de desdichados malentendidos, dialogar en paralelo acerca de cómo la ficción en general y el cine en particular modela la percepción y los prejuicios del individuo.

Es decir, que, siguiendo esta idea, el guion avanza a la metalingüística e inteligente La cabaña en el bosque, donde, a lo largo del metraje, los protagonistas acomodaban paulatinamente su comportamiento a los dictámenes que exigían de ellos los arquetipos del slasher y el cine.  La mención a la relevancia de las apariencias es de hecho explícita en alguna escena.

            Así, dos apacibles ‘rednecks’ locales –los simpáticos Tyler Labine y Alan Tudyk- sufren el barbárico asedio de unos universitarios sugestionados por los mitos del séptimo arte y por la violencia salvaje que reprimen con poco éxito sus modales urbanitas. La propuesta combina con acierto el gag físico (y sanguinolento) con el humor verbal y conceptual, virtudes que la permiten resistir con solvencia durante el metraje al completo sin que ni la ocurrencia, ni el cachondeo decaigan o pierdan vuelo.

            El agradecimiento por parte de los fieles de este campo del cine de terror se plasmaría en el reconocimiento de la obra como mejor película en el especializado Festival de Sitges en la sección Panorama -premières en España de títulos de temática fantástica y de horror con vocación independiente-.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

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