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El mago de Oz

20 Feb

“Puedes crear, soñar, diseñar el más hermoso lugar en el mundo, pero necesitas gente para hacer tu sueño realidad.”

Walt Disney

 

 

El mago de Oz

 

El mago de Oz

Año: 1939.

Director: Victor Fleming.

Reparto: Judy Garland, Ray Bolger, Jack Haley, Bert Lahr, Frank Morgan, Margaret Hamilton, Billie Burke, Clara Blandick.

Tráiler

 

 

             La pequeña Dorita (Dorothy, para los anglófilos puristas) se despierta sobresaltada cuando el caserón de sus tíos se posa de nuevo en el suelo. Todavía bajo los efectos del susto provocado por el tornado, se dirige a la entrada junto con su fiel terrier, abre la puerta y, entonces, ante ella se despliega un surrealista y alucinante mundo de bullente colorido. “Totó, me parece que ya no estamos en Kansas”, exclama.

             Este tránsito de una realidad cotidiana escrita con una fotografía sepia a una dimensión paralela fantasiosa a todo color expone de manera meridiana la naturaleza del cuento clásico: la conversión de una realidad prosaica, antipática u oscura en una alegoría épica, moralizante y encaminada hacia un final feliz que sirva de marco para la ejecución de o bien el rito de paso necesario en la transición de la niñez a la edad adulta, o bien la ejemplificación de un comportamiento ético para la reflexión y asunción por parte del lector, generalmente infantil.

             El mago de Oz, suntuosa adaptación al cine del popular relato de Lyman Frank Baum, recoge con lealtad y respeto esta tradición literaria, ahora cinematográfica, para transformar de este modo a la aislada, polvorienta y sufrida Kansas rural en una tierra extraña repleta de exotismo y magia; a una niña rebelde, bondadosa e incomprendida en la heroína de una increíble aventura, a una vecina codiciosa e intransigente en la horrible bruja del Oeste, a unos peones agrícolas en simpáticos compañeros de viaje y representación de los valores necesarios para completar la aventura (soñada y real) con éxito –la sensatez, los sentimientos, el coraje-.

            Con Victor Fleming, artesano de la casa con demostrado sentido para la aventura iniciática (Capitanes intrépidos) al frente del proyecto, la Metro-Goldwin-Mayer, firma experta en historias clásicas y adaptaciones literarias fastuosas, aprovechaba las innovaciones técnicas en el apartado cromático para acometer con la debida fidelidad, magnetismo y eficacia los avatares en el país de Oz de Dorita en busca de su vuelta al hogar en compañía su perrito Totó, el espantapájaros sin cerebro, el hombre de hojalata sin corazón y el león sin valor a través del camino de baldosas amarillas.

             La película resulta así un deslumbrante canto a la imaginación como válvula de escape y a la vez de aprendizaje, a la amistad, la honradez y la solidaridad.

Un filme que bebe en gran medida de los parámetros estéticos y temáticos fundados por la Disney en Blancanieves y los siete enanitos, intercalando las premisas dramáticas originarias del cuento con una desbordante fantasía visual –poderosa factura que, a su vez, sería de enorme influencia en obras y cineastas posteriores- y abundantes y lujosos números musicales, algunos tan icónicos como ese Over the Rainbow premiado con el Oscar a la mejor canción –en consonancia a la también galardonada banda sonora de Harold Arlen– y unido indisociablemente al tierno candor de la actriz juvenil Judy Garland, elevada a la categoría de estrella por el éxito de la cinta.

            Una garantía de entretenimiento con el encanto y la atemporalidad de los cuentos morales clásicos, impulsado por un atractivo visual que ejerce funciones de antioxidante al mantener encendida gran parte de la vida de la obra gracias al generosísimo empleo del color.

             Hay que decir, se disfrutará todavía más y mejor entre los adeptos al  estilo Disney. Casualidad o no, la poderosa productora ya tiene preparada una precuela, Oz, un mundo de fantasía, cuyo estreno está previsto para marzo.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

Excalibur

27 Dic

“Siempre he pensado que ver películas es una experiencia muy semejante a soñar.”

John Boorman

 

 

Excalibur

 

Año: 1981.

Director: John Boorman.

Reparto: Nicol Williamson, Nigel Terry, Helen Mirren, Cherie Lunghi, Nicholas Clay, Paul Geoffrey, Gabriel Byrne.

Tráiler

 

 

            John Boorman había acariciado durante largo tiempo la adaptación al cine del Ciclo Artúrico. Ya en 1969, realizaba una primera propuesta a la productora United Artist, que decidió declinarla, si bien ofreciendo a Boorman en contraprestación las riendas de otro proyecto de igual magnitud como era la traslación al celuloide de otra saga fantástica, esta vez contemporánea: El señor de los anillos. Las megalómanas ideas que el inglés puso sobre la mesa provocaron que su futura participación en la película fuera también descartada, aunque la influencia de ciertos conceptos artísticos se haría notar en la que sería la cristalización definitiva de la materia de Bretaña: Excalibur, que llegaría en 1981.

            En colaboración con el guionista Rospo Pallenberg, con quien había trabajado ya en la continuación de la exitosa El exorcista, una cinta puramente alimenticia, y tomando como base La muerte de Arturo, de Thomas Malory –uno de los escritos artúricas más conocidos, centrado en su etapa de declive y rico en alegorías cristianas-, Boorman despojaría al mito de cualquier contenido histórico para transformar el relato en una ópera romántica ambientada en un universo propio, intemporal, fantasioso, mágico, casi de ensoñación.

             Unas musculosas hechuras neorrománticas que se apoderan de la esencia de la leyenda definidas por unas interpretaciones de calculado histrionismo y un vestuario hipertrofiado que apoyan la atmósfera onírica e irreal del filme junto con unos escenarios monumentales, de gran simbolismo y estética orgullosamente dionisíaca, arrebatada; ocasos heridos de sangre y fuego y bosques eternos que refulgen en verde y plata donde los reinos se siembran en la lujuria, el amor traspasa hechizos y juramentos y el bien se enfrenta al mal por la esperanza de los hombres.

Personajes portentosos movidos por valores y pasiones absolutas a los que la partitura de Wagner –incluido el decisivo acorde de la ópera Tristán e Isolda– conduce siguiendo la estructura metafórica y espiritual de la epopeya de la vida.

Nacimiento –primario, oscuro, brutal-, cenit –racional, virtuoso, próspero, pero también crepuscular para elementos arcaicos como la magia de Merlín, el deísmo atávico y la primigenia conexión con la Naturaleza- y decadencia, cuando la antigua vitalidad y orgullo de Arturo, el esplendor argénteo y el verdor de los feraces campos se torna herrumbre, lodo y cansancio por los pecados de la traición, la vanidad y la envidia entre los que medra el mal antes escondido en rincones más ocultos del reino, de uno mismo: la maga Morgana, hermana de Arturo, y su progenie, a los que la verdad, la lealtad y la bondad han de sojuzgar en épico sacrificio postrero; las virtudes reveladas y renovadas –el Santo Grial– que reverdecen la gloria del rey y su reino, todo uno, los bríos de la ejemplar e inmortal caballería que resurge y cabalga mientras resuena el O fortuna de los Carmina Burana de Orff.

Fascinante, imperecedera.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 10.

Conan el bárbaro (2011)

8 Dic

“Él es Conan, el Bárbaro, él no llorará…Yo lloro por él.”

Subotai (Conan el Bárbaro)

 

 

Conan el bárbaro

 

Año: 2011.

Director: Marcus Nispel.

Reparto: Jason Momoa, Rachel Nichols, Stephen Lang, Rose McGowan, Ron Perlman.

Tráiler

 

 

            La revisión de las fórmulas de éxito de la década de los años ochenta, de sus códigos, sus temáticas y sus formas, destinada a sacar los cuartos de los exangües bolsillos de aquellos que crecieron entre los grandes dinosaurios de la acción, la ciencia ficción distópica y el futurismo psicodélico de efectos casposos o las aventuras marca Amblin, también implica la revisión de uno de los principales subgéneros de aquellos años: el cine de espada y brujería, con Conan el bárbaro como modelo quintaesencial.

            Una remodelación que pasa por la supresión de aquellos aspectos más difíciles de digerir para las nuevas generaciones -teóricas amantes del cine de consumo rápido, la imagen histérica y el sonido ensordecedor, del más difícil todavía-, además de la asimilación de modelos más cercanos y reconocibles para los mismos.

En el caso de este Conan recauchutado con 3D significa la eliminación de esas soberbias formas de ópera romántica wagneriana, de escenarios épicos y crepusculares y la excepcional partitura de Basil Poledouris de fondo -excesivo quizás, pero de enorme impacto y atractivo, con imágenes que permanecen en el recuerdo, más allá del espectáculo de la lucha a muerte entre forzudos errantes, seductoras brujas malvadas y tiranos despiadados- y la asunción, en cambio, de la trilogía de El Señor de los Anillos como gran referente para la aventura fantástica de la nueva centuria.

            Aun reconociendo no ser admirador de esta última, el Conan el bárbaro de Marcus Nispel queda lejos de ambos cimientos, perdido en un mejunje de batallas inconexas, muchas veces justificadas y ofrecidas con poca lógica, formalmente justitas y de nula garra, producto de un guión deplorable, de acongojante simpleza, que, si bien es cierto que acumula más palabras que la original, aquella era una cinta de desarrollo más cohesionado o, cuanto menos, intenso, dentro de su sentido de epopeya eminentemente visual.

En cuanto al reparto, Jason Momoa se mete en los músculos de Schwarzenegger, un papel poco exigente, ajustado a su rocoso físico y recia expresividad, como ya había demostrado, gruñidos y mamporros mediante, con su Khal Drogo en la serie Juego de tronos. El resto se queda en personajes accesorios, refrito sin sabor de otros muchos, y acometidos con poco desparpajo o capacidad, como unos Stephen Lang o Rachel Nichols perdidos en sus pobres papeles.

             Feísmo visual caricaturesco –Nispel ya había demostrado cómo convertir un relato tradicional nórdico en delirante orgía metalera en El guía del desfiladero-, escaso espíritu aventurero y ausencia total de carisma o personalidad. Hollywood a día de hoy.

 

Nota IMDB: 5,2.

Nota FilmAffinity: 4,3.

Nota del blog: 3.

Tygra, hielo y fuego

14 Ago

“Para bien o para mal, lo que sí que puedo decir acerca de mi arte, si se me permite citar a Sinatra, es que lo hice a mi manera.”

Frank Frazetta

 

 

Tygra, hielo y fuego

 

Año: 1983.

Director: Ralph Bakshi.

Reparto (V.O.): Randy Norton, Cynthia Leake, Steve Sandor, Sean Hannon.

Tráiler

 

 

            Tygra, hielo y fuego es la primera y única incursión en el mundo del celuloide de Frank Frazetta, el más importante ilustrador de la fantasía épica y la espada y brujería; un género entonces en pleno auge debido al éxito de Conan el bárbaro, cuya imagen arquetípica era precisamente fruto del lápiz de Frazetta.

            Para llevar a cabo su proyecto cinematográfico, Frazetta se uniría a un director con experiencia en el terreno como el israelí Ralph Bakshi, responsable de la incompleta y muy criticada adaptación de El señor de los anillos, de la cual heredará como técnica de animación el uso del rotoscopio, lo que se traducirá en unos personajes bastante esquemáticos en comparación con el barroquismo en su definición del que Franzetta hacía gala en el papel, junto con unos escenarios oscuros, poco detallados, obra de otro destacado ilustrador como James Gurney, autor de Dinotopía, que ayudan a crear esa imagen de épica fantástica más turbia, de una tosquedad más agresiva que otras similares rodadas con personajes reales, más próxima a unos cómics donde este tipo de historias se desarrollaban con mayor naturalidad que en pantalla.

            Por otro lado, Tygra, hielo y fuego presenta muchos de los elementos paradigmáticos de la espada y brujería, con esa lucha maniquea entre Bien (el fuego, los hombre rubios y apolíneos) y Mal (el hielo, hechiceros y protohombres morenos y salvajes), enmascarados misteriosos, brujería, el entorno fantástico de un pasado remoto lleno de monstruos y amenazas a derrotar, monstruos, ese jugueteo con el erotismo de unas mujeres voluptuosas de escasísimo vestuario,… explotados a través de un guion flojito, casi puro accesorio de las imágenes, en el que si acaso se agradece que, aunque no siempre estén bien enlazadas entre sí, no dejan de suceder cosas, lo que permite que al menos la película, no demasiado lucida por lo demás, se deje ver en su conjunto.

            Como resultado, el filme supuso un gran fracaso para su afamado autor, que no contaría con el beneplácito ni de la crítica, ni del público, si bien más adelante pasará a ser obra de culto para sus seguidores.

 

Nota IMDB: 6,5.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 5,5.

La conquista de la tierra perdida

30 Jun

“Algunos me tienen por loco porque siempre intento escapar de los límites, ser un terrorista del género. Me mantengo dentro pero, de vez en cuando, pongo una bomba para intentar volarlo por los aires.”

Lucio Fulci

 

 

La conquista de la tierra perdida

 

Año: 1983.

Director: Lucio Fulci.

Reparto: George Rivero, Andrea Occhipinti, Sabrina Siani, Conrado San Martín.

Tráiler

 

 

            En cine italiano, que tantas obras maestras había legado en las décadas anteriores, se encontraba ya en los ochenta sumido en una decadencia absoluta, envilecido por la perversión de la commedia all’italiana en forma del éxito de la commedia erotica all’italiana, paralela al destape español, y por producciones que basaban todo su ser en la copia indisimulada de los modelos en boga en el cine norteamericano, desde el spaghetti western y el peplum, el giallo como vuelta de tuerca propia del thriller estadounidense y la ciencia ficción hasta todo tipo de películas de explotación y el terror, películas rodadas con escaso presupuesto, exageración hasta el desquiciamiento de sus códigos arquetípicos y la renuncia a gran parte de la calidad a cambio de la cantidad. No obstante, surgen creadores de cierto talento que renuevan, innovan y extienden nuevas formas de entender estos géneros, influyendo decisivamente en autores posteriores que reivindicarán sin tapujos esta herencia trash o de serie Z.

Este es el caso de Lucio Fulci, músico, productor, director, guionista, actor…, creador de películas de violencia tratada de forma casi pornográfica, provocadoras, tan cínicas como macabras, considerado uno de los padres del gore y reverenciado y referenciado en muchas de sus obras por Quentin Tarantino, en el icono de la posmodernidad cinematográfica.

            Los años ochenta verían nacer el auge del cine de espada y brujería de la mano del éxito de Conan, el bárbaro, que derivará posteriormente en multitud de copias e imitaciones a uno y otro lado del Atlántico (El señor de las bestias, Ator el poderoso,…). La conquista de las tierras perdidas es una coproducción española-italiana-mexicana que busca precisamente sumarse a esta corriente, experimento que sería también probado en tierras patrias en un par de producciones de Paul Naschy, imagen del terror nacional, Los cántabros o La bestia y la espada mágica. La película contiene muchos de los elementos característicos de este cine, como la localización en un remoto y mítico pasado inconcreto, el musculoso y rubicundo héroe errante libertador, perversos tiranos enmascarados, brujas sicalípticas,…

Fulci imprime su carácter a la obra -pese a ser totalmente de encargo como reconocería más tarde, ante las acusaciones de decadencia de su cine-, con la hipertrofia de las fórmulas que supuestamente hacía triunfar a estas películas, en este caso una ración doble de tetas, seres monstruosos y sangre y grotescas escalpaciones craneales, con un par de números gratuitos de gore de lo más desagradable que incluyen entre sus víctimas a la sobrina de Camilo José Cela, a la sazón actriz, Violeta Cela.

             Por lo demás, la película sigue más o menos el esquema tradicional de epopeya del héroe (Mace, el mexicano George Rivero, bastante mejor actor que otros forzudos del estilo) y su compañero y su encuentro con una malvada tirana y sus secuaces, que subyugan con violencia y terror todo un territorio, y a quien no cabrá más remedio que quitar de en medio atravesando mil y una aventuras que mezclan, sin demasiado sentido, elementos fantásticos, bárbaros y detalles de mitología griega.

Con una banda sonora, efectos de sonido y una estética tremebunda sacados de lo peor de los ochenta –que ya es decir- La conquista de las tierras perdidas ofrece una serie Z pura, de diálogos, escenografía y calidad artística deplorable, aunque si bien con una acción dinámica favorecida por la buena ración de bizarros enemigos que saldrán al paso de los héroes y un cierto punto interesante en la fotografía brumosa, con un desmedido gusto por las imágenes a contraluz, que dan un curioso aire onírico a la cinta que, no obstante, no convendría haber extendido a todo el metraje, que se ve fatal.

A grandes rasgos irritante, pero con algún ocasional encanto tonto e inexplicable.

 

Nota IMDB: 4,8.

Nota FilmAffinity: 3,8.

Nota del blog: 3.

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