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Colorado Jim

8 Nov

“Una película del Oeste acepta cualquier tipo historia ¿Cómo no vamos a sentirnos fascinados por el western?”

Lawrence Kasdan

 

 

Colorado Jim

 

Año: 1953.

Director: Anthony Mann.

Reparto: James Stewart, Janet Leigh, Robert Ryan, Ralph Meeker, Millard Mitchell.

Tráiler

 

 

             Los parajes idílicos del western, las altas cumbres nevadas y sus valles con prístinos lagos y praderas henchidas y fragantes de flores, no siempre contemplaron epopeyas de virtud, heroísmo y conquista valerosa. Anthony Mann bien lo sabía, experto en emplear las evocaciones de esos pedazos vírgenes de paraíso según su propia conveniencia. De hecho, ateniéndonos a su trama, Colorado Jim bien podría haberse ambientado en el sótano nauseabundo de un tugurio de Chicago o en las sórdidas calles del San Francisco de los años de la depresión.

             En las sobrecogedoras e inexpugnables Montañas Rocosas aparece de improviso, mientras restalla la música, la espuela de un jinete surgido de la nada y conmemorado a la caza del hombre.

Anthony Mann despliega un western turbio, oscuro, inscrito en la incipiente vertiente psicológica del género. Tres hombres sin piedad escoltan hasta la horca, a cambio de oro, al brutal y sibilino forajido Ben Vandergroat ante los ojos atónitos de la joven compañera de éste, cada uno de ellos con unas pesadas alforjas a cuestas –un corazón traicionado de la peor manera, una mala suerte irreparable, una deshonrosa licenciatura militar apuntillada por una execrable violación-.

             Como observa el mismo Vandergroat, elegir la manera de morir es fácil; elegir la manera de vivir es lo realmente difícil. Colorado Jim describe un camino tortuoso y obsesivo, un proceso interior abierto a la festiva naturaleza de una escenografía de belleza abrumadora.

El guion de los debutantes Sam Rolfe y Harold Jack Bloom emplea frases ásperas, precisas e incisivas como instrumento con el que desenterrar poco a poco los vestigios del atroz pasado de la funesta comitiva, cuyos miembros quedan enzarzados en un combate febril por espantar los voraces fantasmas que hacen presa en un corazón noble –Howard Kemp, transmutado inexplicablemente en ese Colorado Jim epónimo en el doblaje español, encarnado por un James Stewart impecable en su tormento privado- o por conseguir la libertad a cualquier precio, componiendo un teatro de títeres en el que jugar con la mente de sus captores –Robert Ryan, una réplica un tanto deslucida como maquiavélico bandido-.

             Al contrario que en la metafórica partida de ajedrez entablada entre el rudo y honesto Van Heflin y el astuto y educado villano Glenn Ford en El tren de las tres y diez a Yuma, con la que podrían establecerse comparaciones temáticas y atmosféricas, en Colorado Jim es el héroe quien ofrece un arroja en los fotogramas un contenido volcánico y contradictorio –James Stewart, en la tercera de sus cinco colaboraciones con Mann vuelve a demostrar, como en las anteriores Winchester ’73 y Horizontes lejanos, su poder para, desde su aspecto de ciudadano medio, traslucir un trasfondo dudoso en un viaje de redención-, monomaníaco, obstinado con la idea de revertir su infeliz fortuna a costa del cuello de otro hombre con el que se apunta, desde un presente de odio irracional e innegociable, a un pasado común marcado por unas deudas sin saldar de cuyos detalles nunca llegará a hacerse partícipe del todo al espectador.

Kemp es un mar de incertidumbre, rencor y desolación que amenaza con ahogar la bondad que aún se vislumbra en él a cuentagotas, revelado a través puntuales rebrotes de lucidez fecundados por el carácter constructivo y civilizador que caracteriza a la figura de la mujer en el western. En este caso, una puerta de salvación con los rasgos de una Janet Leigh de moral cuestionable, capaz de reparar el juicio y la confianza -una crisis que parecerá ser devuelta por Mann al año siguiente, desde el otro lado del género, en el personaje herido pero más entero interpretado por Ruth Roman en Tierras lejanas– de un individuo con la fe ciega de quien está dispuesto a tropezar dos veces en la misma piedra.

             Otro ejemplo de la nunca suficientemente reconocida calidad de Anthony Mann en el género.

 

Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8,5.

El día de los tramposos

7 Sep

“No estoy seguro de si soy el estadista más viejo del cine, o la puta más vieja en el negocio.”

Joseph L. Mankiewicz

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El día de los tramposos

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Año: 1970.

Director: Joseph L. Mankiewicz.

Reparto: Kirk Douglas, Henry Fonda, Michael Blodgett, Hume Cronyn, John Randolph, Warren Oates, Burgess Meredith, C.K. Yang.

Tráiler

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            La megalómana producción de Cleopatra y su posterior fracaso supuso un punto de inflexión en Hollywood, que abandonaría el sistema de grandes estudios y las anquilosadas superproducciones de cartón piedra en favor de la apuesta por un cine más cercano a la realidad de los Estados Unidos, más en contacto con la sensibilidad y los modos del momento.

Por otro lado, Cleopatra también significaría un duro golpe para la carrera de uno de los creadores más reputados de la industria, Joseph L. Mankiewicz -cuyo montaje inicial del filme había sido además totalmente destrozado- que entraría en su etapa final de declive, un hecho no obstante más ligado a la aceptación del público coetáneo que a la calidad de sus obras.

            Puede que fruto del desengaño por la ingratitud de la industria hollywoodiense, el resto de películas de MankiewiczMujeres en Venecia, El día de los tramposos y La huellallevarían como sello de distinción un ácido y amargo cinismo. También es posible que el nuevo fracaso de la primera de ellas llevara a Mankiewicz, celoso elaborador de los guiones de sus filmes, a limitarse a dirigir este El día de los tramposos, cuyo libreto se encargan de rubricar David Newman y Robert Benton, precisamente unos de los principales exponentes de ese Nuevo Hollywood a causa del éxito de su revisión sangrienta y pop del gángster que había sido Bonnie & Clyde.

De la misma manera, Mankiewicz acabaría renegando del montaje posterior, adelgazado 40 minutos, sobre todo por la parte del personaje de Henry Fonda.

             Así, más que un western -aquí la ambientación es casi anecdótica, reduciéndose a aportar elementos para una vitriólica desmitificación de sus arquetipos-, nos encontramos en El día de los tramposos con una malintencionada comedia carcelaria que se presenta ya desde un inicio disfrazada de cuento inocente y más tarde de sólido divertimento en el que van surgiendo personajes equívocos, torcidos, hijos de una mal llamada civilización: un bandido encantadoramente manipulador, un sheriff crepuscular menos honesto de lo que cree ser, viejas leyendas que aún se hacen llamar Kid, timadores de tres al cuarto con relación cuasimatrimonial, filibusteros malencarados que se mean sobre el mitificado código del criminal, prohombres viciosos,…

            Hechos que rebelan la idea subyacente bajo la farsa, como es el poco festivo y nada complaciente retrato de un mundo que aparenta estar cuerdo y que en realidad se encuentra del todo desquiciado, en el que nada es lo que pretende aparentar, dominado por el egoísmo, la brutalidad, la podredumbre y el caos.

Una comedia de corazón amargo.

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Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 8.

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