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Master and Commander: Al otro lado del mundo

4 Ago

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Año: 2003.

Director: Peter Weir.

Reparto: Russell Crowe, Paul Bettany, Max Pirkis, James D’Arcy, Robert Pugh, David Threlfall, Lee Ingleby, Max Benitz, Bryan Dick, Chris Larkin, Billy Boyd.

Tráiler

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          La guerra en el mar parece gozar de un aura romántica de la que el combate en tierra firme carece. En ella no comparece el barro de la trinchera, el encontronazo desesperado entre batallones que se masacran entre sangre y mugre. Su lucha se libra en espacios abiertos e infinitos, bajo el limpio empuje de unos elementos que se tragan de inmediato a los que perecen, entre contingentes reducidos que parecen preservar códigos de honor y de reconocimiento mutuo desvanecidos sobre el campo de batalla terrestre, todo histeria y degradación -si acaso, cabría mencionar como excepción justas singulares como la que entablan los francotiradores de Enemigo a las puertas-.

Algo así reflejaban Michael Powell y Emeric Pressburger en La batalla del río de la Plata, un duelo donde sobrevivía una noción de caballerosidad entre combatientes a pesar de estar basada nada menos que en un episodio de la Segunda Guerra Mundial, el horror absoluto. Y algo de ello se percibe también en Master and Commander: Al otro lado del mundo, donde la persecución y huida recíproca entre la fragata británica Surprise y el buque de guerra francés Achelon, enfrentados por los avatares de las Guerras napoleónicas, deja a su paso evidentes paralelismos entre ambos contrincantes -“lucha como tú, Jack”- y cierta sensación de respeto recíproco, casi deportivo, dentro de una lid eterna.

          El filme se inspira en la serie de novelas históricas y náuticas de Patrick O’Brian protagonizadas por el capitán Jack ‘Lucky’ Aubrey y el naturalista y cirujano Stephen Maturin, aquí encarnados por Russell Crowe y Paul Bettany, respectivamente -quienes por cierto venían de triunfar como cabezas de cartel de la oscarizada Una mente maravillosa-. Master and Commander hace gala de abundante documentación para describir la vida cotidiana a bordo del navío con minucioso realismo, aunque insertándola asimismo como parte de la aventura. Esto se debe a que esta faceta a priori accesoria le sirve a Peter Weir para ir dibujando la personalidad, los vínculos y los rituales comunitarios que dan cuerpo a este colectivo en estrecha convivencia.

De este modo, dentro de la acción aventurera -la navegación y la contienda, quizás un tanto confusa en ocasiones-, la psicología de los personajes tampoco queda descuidada -los contrastes de la camaradería, la lealtad, la hostilidad y la volatilidad de la tripulación; el escepticismo racionalista de Maturin, intermediario del espectador para conocer los detalles de la jerga naval y ofrecer un punto de vista más moderno de la odisea; la complejidad de Aubrey, un hombre bajo la sombra del héroe Horatio Nelson, atado al deber con el Almirantazgo y sus hombres, al orgullo propio, a su leyenda afortunada, a la tentación de la hibris…-. Rasgos dramáticos que aportan madurez a la obra, en conclusión.

          No obstante, el verismo de la realización de Weir se combina con elementos propios del fantástico y el terror para crear suspense, en concordancia con el sobrenombre de “fantasma” que recibe el barco enemigo, el cual emerge de improviso desde las profundidades de un banco de niebla o aparece al acecho empleando el punto de vista subjetivo.

El conjunto se completa además con una reconstrucción histórica sobre un tiempo en el que el descubrimiento de la maravilla -el trabajo como biólogo de Maturin, con manifiestos ecos darwinianos; los avances técnicos, aunque sean de aplicación bélica- están aún en conflicto con pulsiones arcaicas -las supersticiones marineras, la defensa del autoritarismo como garantía del orden social-, lo que configura un doble escenario de lucha: el marcial y el científico.

          El resultado es una película muy equilibrada, de agradecido sentido aventurero, fundada sobre principios adultos y elaborados; estimulante en su ambientación y aderezada con detalles reflexivos de interés.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 8.

Life Aquatic

18 Mar

“Me encanta la forma en la que escribe Wes Anderson. Me gusta mucho la manera que tiene de rodar, y me gusta ÉL. Me encanta la forma en la que trabaja y la pasión que pone en su vida. Es una lección para todos: coger lo se ama y trasladarlo de la forma en la que se vive consigue repartir amor por el mundo.”

Bill Murray

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Life Aquatic

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Life Aquatic.

Año: 2004.

Director: Wes Anderson.

Reparto: Bill Murray, Owen Wilson, Cate Blanchett, Anjelica Huston, Willem Dafoe, Jeff Goldblum, Michael Gambon, Seymour Cassel.

Tráiler

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            No cuesta imaginar a Wes Anderson como alguien que, a través de una ficción diseñada a medida, intenta proteger su inocencia infantil frente a una realidad exterior hostil y malencarada, ávida destructora de su bondadosa (y un tanto engreída) ingenuidad de buen salvaje. No por nada, el entusiasta y obcecado protagonista de Academia Rushmore poseía una carga autobiográfica en absoluto desdeñable.

            Confirmado oficialmente como una de las grandes promesas surgidas del cine indie de los noventa gracias a la nominación a mejor guion original por Los Tenenbaums. Una familia de genios -firmado junto a su amigo y colaborador Owen Wilson-, Wes Anderson buceaba en su universo naif, surreal y colorista en búsqueda de Steve Zissou, documentalista marino en franco declive, torturado por la sangrienta muerte de un fiel amigo durante su último proyecto y supuesto padre inesperado de un señor de Kentucky aparecido de improviso.

            En cierta escena, el atribulado Zissou (Bill Murray, encarnación del estoicismo) exclama “¡Es un documental! ¡Todo esto está sucediendo en realidad!” a propósito de una toma cochambrosa y desde el obvio decorado que constituye su estrafalaria fusión de submarino y barco científico. Con Life Aquatic, Anderson se sumerge el cine de aventuras pasado por el filtro de su particular sensibilidad de autor, lo que le sirve para componer un discurso acerca de las mentiras e imposturas que dominan la vida cotidiana, factores de alienación y desencanto ante los que conviene imperiosamente despertar y liberarse –aunque sea por medio de una caída por las escaleras, al igual que el protagonista-.

Son, en definitiva, fingimientos tan burdos como esos documentales atados a un guion tan repleto de dramatismos; tan patéticos como el caricaturesco Zissou, trasunto de Jacques Cousteau, naturalista estrella con desprecio por los animales y encantado de conocerse.

Códigos sociales y convenciones cinéfilas convertidas en traviesos y melancólicos juegos y peripecias -un tono lúdico que recuerda por cierto a los safaris del ¡Hatari! de Howard Hawks-, alrededor de los cuales se reúne una galería de personajes inmersos en una obra de teatro autoconsciente, escrita con fotogramas de radiantes colores sólidos, criaturas sorprendentes, tramas estrambóticas, versiones bossa-nova de David Bowie y abundante ‘product placement’. Sujetos que necesitan aferrarse imperiosamente a su punto de vista subjetivo de la existencia para sobrevivir a la deriva en esa indiferente, aséptica y cruel realidad que se cierne entorno a ellos. Lo existencial y lo metalingüístico quedan así entreverados de manera indisociable.

            El asunto es que, por momentos, uno no sabe si sentir ternura o, una vez empalagado por tanto infantilismo artificial y redicha reflexividad cinematográfica, ensayar una imitación de lo que hiciera Gene Hackman durante el rodaje de Los Tenenbaums, agarrar por las solapas a Anderson e instarle a que deje de creerse Peter Pan y se haga adulto de una maldita vez.

 

Nota IMDB: 7,3.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

Aguas mortales

20 Ago

“El mal gusto es creativo. Es el dominio de la biología sobre la inteligencia.”

Salvador Dalí

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Aguas mortales

Año: 2009.

Director: Hans Horn.

Reparto: Lavinia Wilson, Hubertus Grimm, Fahri Ögün Yardim, Katja Weitzenböck.

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           Aguas mortales viene a demostrar que los muchachos de Merkel son capaces de hacer un telefilme fantástico de bajo nivel como una auténtica potencia mundial, con una unión de tópicos universales recogidos de películas de catástrofes, de misterios submarinos y crisis sanitarias que henchiría de orgullo a cualquier proyecto de unión de civilizaciones. Así, se pueden rastrear elementos característicos de películas como Tiburón –es entrañable como persisten los códigos de los clásicos tras más de treinta años desde su estreno-, Abyss o Estallido, como el manido alcalde poco comprensivo ante la muerte de sus conciudadanos, el empresario sin escrúpulos, el científico de desordenada genialidad, el chulito que aprende valores humanos, los conflictos familiares de turno o una historia de amor tan forzadísima como la poco creíble villana de rigor, a la que el guion mueve con una falta de juicio pavorosa.

            El peso del misterio recae en Aguas mortales sobre unas eucariotas que surgieron desde el fondo de los mares para colonizar y descomponer los cuerpos de los nativos de Hamburgo y evolucionar en minutos en vez de millones de años. A menos, que lo impidan el variopinto equipo conformado por un encantador investigador del ministerio, una doctora con recientes pérdidas familiares y un biólogo marino trasnochado.

Desde mi escaso conocimiento, sospecho que la película tiende a ser biológicamente poco plausible y físicamente bastante improbable, sobre todo en parte de investigación submarina. Cosa que tampoco era de esperar.

            No obstante, teniendo en cuenta todo lo anterior, con esos tremendos fallos de lógica, sus estereotipos metidos con calzador y demás, la película sabe esconder buena parte de sus carencias, presentando una realización sin demasiadas pretensiones artísticas que al menos no se abandona al mal gusto y cierta solvencia en el reparto. Tampoco es de las más aburridas.

Las hay mucho peores, si sirve de consuelo.

 

Nota IMDB: 4,2.

Nota FilmAffinity: -.

Nota del blog: 4.

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