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Aguas pantanosas

27 Feb

Aguas pantanosas es uno de los seis o siete momentos cumbres de la obra de Renoir. El desconcierto se produce porque no se trata del comienzo de un cambio, sino de su fin. Y alguien dirá que a la salida de una curva el campeón pisa a fondo el acelerador para volver a correr a tumba abierta. Esto es lo que hace Renoir en un plano estético.”

Jean-Luc Godard

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Aguas pantanosas

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Aguas pantanosas

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Año: 1941.

Director: Jean Renoir.

Reparto: Dana Andrews, Walter Brennan, Anne Baxter, Walter Huston, Virginia Gilmore, Mary Howard, Ward Bond, Guinn ‘Big Boy’ Williams, John Carradine, Eugene Pallette, Russell Simpson.

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            Aunque oteara sus truenos entre las inconscientes frivolidades de los aristócratas de La regla del juego, la Segunda Guerra Mundial atraparía casi por sorpresa a Jean Renoir, que abandonaría el rodaje de Tosca para refugiarse en los Estados Unidos, siempre receptivo a acoger en su seno cinematográfico a los grandes talentos europeos en el exilio por uno u otro motivo.

            En Hollywood, la primera obra de Renoir sería Aguas pantanosas, una cinta a la que los historiadores de cine acostumbran a achacarle las dificultades que el cineasta galo sufrió en su adaptación a los industrializados modelos de producción de las ‘majors’ –la Fox en esta ocasión-, si bien su estreno cosecharía una notable popularidad en taquilla. Es significativo, en cualquier caso, que Renoir no apareciese acreditado en la redacción del guion, como había sido su costumbre de autor, firmado aquí en exclusiva por Dudley Nichols a partir de una novela de Vareen Bell. También que el productor Irving Pichel se hubiera de hacer con las riendas de la dirección en algunas escenas del rodaje, sin reflejar asimismo en los créditos.

En realidad, quizás sea precisamente el libreto uno de los puntos flacos de Aguas pantanosas, porque a pesar de presentar un conflicto con posibilidades el posterior desarrollo de los personajes, de las relaciones entre ellos y de la evolución de la narración no es excesivamente elaborado, ni sorprendente –no hay más que ver el rudimentario duelo paternofilial-.

En este sentido, la realización de Renoir, plástica incluso dentro de su presunto desconcierto o de los automatismos del recién llegado que pueda arrastrar, dueña de imágenes líricas y terribles por igual, potencia la atmósfera enrarecida que atenaza a este pueblo del sur recóndito, aislado por un impenetrable bayou que simboliza la perdición y el descalabro de la humanidad –omnipresente, imposible de eludir-. Una plasmación en imágenes que, en conclusión, consigue que el texto se afile y sea un tanto más incisivo.

            Vistos los tortuosos mimbres temáticos del drama que subyace bajo este escenario de aventura, cabe imaginar que no le vendría mal a Renoir su profundo conocimiento de las apariencias y los engaños que propicia la vida en sociedad –La regla del juego otra vez-, puesto que excita estas tinieblas ocultas bajo el bucolismo rural desnudando las miserias morales de una comunidad enfermiza –las traiciones emocionales, el egoísmo vanidoso, la maldad asilvestrada-, contrapuesta a los presuntos seres salvajes del relato –el forajido (el gran Walter Brennan), su indomable hija (la bella Anne Baxter)-, figuras de aspecto desastrado pero en armonía consigo mismos, honestos, naturales y libres –dicotomía eterna que se repetirá en la venidera El hombre del sur (El sureño)-.

Volviendo a Aguas pantanosas, son estas las dos corrientes, en definitiva, entre las que navega, con riesgo de ahogarse, el ingenuo protagonista (Dana Andrews), con la mente todavía de arcilla fresca.

            En 1952, Jean Negulesco dirigió una nueva revisión de la obra con Un grito en el pantano, con Brennan repitiendo papel.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 7.

Down by Law (Bajo el peso de la ley)

14 Feb

Polos iguales que se repelen, cárceles exteriores e interiores y un personaje antijarmuschiano que revienta por los aires la soledad, la incomunicación y la desidia habituales en las criaturas del autor estadounidense. Down by Law (Bajo el peso de la ley), una neo-beat-noir-comedy. Tercera toma de Jim Jarmusch para Ultramundo.

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La presa

30 May

“El infierno son los otros.”

Jean-Paul Sartre

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La presa

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Año: 1981.

Director: Walter Hill.

Reparto: Keith Carradine, Powers Boothe, Fred Ward, Lewis Smith, Les Lannom, T.K. Carter, Alan Autry, Franklyn Seales, Peter Coyote, Brion James.

Tráiler

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            En 1972, John Boorman proponía en la magistral Deliverance el enfrentamiento a muerte entre los enormes contrastes de los Estados Unidos: la América urbana, cosmopolita y (supuestamente) civilizada frente a la paupérrima, recóndita y salvaje América rural del Sur profundo.

Es el choque de las contradicciones de un país (y del mundo), al mismo tiempo que el despertar de un terror sepultado en el subconsciente colectivo: el retorno del todopoderoso ser humano, del orgulloso hombre blanco occidental, a su condición atávica de indefensa pieza de caza en medio de la abrumadora e ingobernable Naturaleza. En último caso, la premisa del hombre como lobo para el hombre en su sentido más literal, tema que en el Séptimo Arte remite al clásico inmortal de El malvado Zaroff, con todas sus múltiples revisiones, adaptaciones y variaciones ulteriores.

            Una década más tarde, si bien dentro un contexto cronológico tan solo un año posterior en su argumento, Walter Hill, por entonces ya guionista (La huida, El hombre de Mackintosh, Con el agua al cuello), director (El luchador, Driver, The Warriors, Forajidos de leyenda) y productor (Alien, el octavo pasajero) de cierta reputación, empleará estas mismas claves de Deliverance para trasladar la ferocidad de la guerra -principal producto de la condición irracional de ese hombre presuntamente ilustrado- a un entorno más reconocible que el del enfrentamiento bélico puro: una guerra minúscula, antiépica, cutre, desencadenada por una estupidez trivial producto de una absurda ilusión de superioridad, y en la que se revela la condición posible del hombre como depredador caníbal que caza a otra alimaña, el hombre como presa que se transforma en una bestia cegada por su instinto de supervivencia.

             Siguiendo una estructura similar al ya aplicado en The Warriors, icono del cine de tribus urbanas según la leyenda basado en la épica Anábasis de Jenofonte, Hill presenta a un desastroso cuerpo de la Guardia Nacional de Luisiana –cuerpo irregular de ciudadanos militarizados- en huida desesperada entre los impenetrables bayous del estado sureño frente al sádico acoso y hostigamiento de los aislados cajunes nativos –población francófona, incidiendo en la sensación de incomunicación y diferencia entre semejantes-, sedientos de sangre.

Desempeñando un gran ejercicio de dirección, patente sobre todo en la superlativa creación de atmósfera, apuntalado por el creíble trabajo del reparto y el inestimable acompañamiento de Ry Cooder, habitual colaborador de Hill, en la banda sonora, La presa expone el caso de unos ciudadanos corrientes –el tipo irónico e inteligente, el hombre de estudios, el paleto con aspiraciones de cowboy, el hombre de la comunidad, el inútil que juega a ser un comando,…- sumergidos hasta el cuello en una pesadilla agobiante, cautivos de un entorno natural colosal, indómito y adverso, un escenario descomunal que contagia permanente tensión y desasosiego, de luz mortecina, desvaída por la humedad del pantano, de sonidos estridentes y hostiles, todo barro, mugre y aguas estancadas que calan hasta los huesos, sonidos estridentes, siempre con la gélida presencia de la amenaza latente e invisible de un mal conocido, capaz de aflorar en el espíritu de toda persona según su capacidad de resistencia a la llamada de lo salvaje.

El mísero infierno del hombre sobre la inmunda Tierra.

 

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 8.

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