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High Flying Bird

17 Abr

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Año: 2019.

Director: Steven Soderbergh.

Reparto: André Holland, Zazie Beetz, Melvin Gregg, Sonja Sohn, Kyle MacLachlan, Bill Duke, Jeryl Prescott, Justin Hurtt-Dunkley, Zachary Quinto, Caleb McLaughlin, Bobbi A. Bordley.

Tráiler

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          “La gran mayoría de traspasos ocurren por motivos financieros, con el objetivo de liberar espacio salarial para próximas temporadas y hacer honor a la frase: Esto es un negocio. Está claro que la dinámica de traspasos es diferente en ambos casos. En Europa, un traspaso implica un acuerdo entre dos clubes, además del consentimiento del jugador. En la NBA, los traspasos es un tema que compete únicamente a las franquicias sin que el jugador tenga, teóricamente, ni voz ni voto”, explicaba Pau Gasol sobre la rescisión de su contrato con San Antonio Spurs fuera del mercado de fichajes.

El deporte de élite en los Estados Unidos es la expresión del modelo capitalista sobre el que se asienta su sistema económico, social e incluso ideológico -y que ya hace amagos de expandirse al modelo que rige el deporte rey de Europa, el fútbol, a través del insistente planteamiento de una superliga continental prácticamente exclusiva para las grandes potencias, muchas de ellas convertidas en el juguete a tiempo real del propietario millonario de turno-. Películas y series ambientadas en las bambalinas del béisbol, el fútbol americano o el baloncesto –Moneyball, Un domingo cualquiera, Una mala jugada, Ballers…- son el reflejo de que la competición despiadada se libra realmente en los despachos de los tiburones que manejan los distintos poderes que vertebran este show que, como dice el dicho, siempre debe continuar.

          En la NBA, el cierre patronal -lockout- de 2011 por las negociaciones del convenio colectivo se podría medir en términos deportivos -la supresión de la pretemporada y la reconfiguración de una temporada regular que arrancó con tres meses de retraso y tuvo que prescindir de 16 partidos-, pero también financieros -pérdidas de unos 400 millones de dólares para propietarios y jugadores, que en el caso de los deportistas se tradujo en una media de 220.000 dólares por persona, amén de la destrucción de 400 empleos directamente vinculados a la organización de la liga y los equipos-. Muchos de los baloncestistas terminaron emigrando temporalmente a escuadras europeas para capear el temporal. Aunque enfrentados a los magnates al frente de las franquicias y en apuros por la congelación de sus ingresos, no eran la parte más débil de la cadena, como se puede apreciar.

High Flying Bird encuadra su argumento en un ficticio lockout, el cual se aborda desde la mirada protagonista del agente de una empresa de representación de jugadores con el agua al cuello y, además, con remordimientos de conciencia por la tragedia de un primo y representado que se las tuvo que ver con el lado oscuro del éxito. Este es el enfoque que adopta Steven Soderbergh, a través del libreto de Tarell Alvin McCraneyoscarizado junto a Barry Jenkins por el guion adaptado de Moonlight-, para realizar una áspera crítica al ultraliberalismo que domina la sociedad estadounidense, siempre verticalmente -los escalafones de privilegio por el estatus económico, la clase social, la raza…-.

Los paralelismos entre los efectos del lockout y la devastación producida por la crisis económica de 2008 saltan a la vista, y el filme los retrata recorriendo pasillos, juntas de reunión, oficinas y otros lugares de negocio, por lo que sus semejanzas se trazan no con el cine deportivo, por supuesto, sino con dramatizaciones en torno a la recesión tipo Margin Call o La gran apuesta, con el añadido de que, en esta última, también se trataba de ganar por la mano a un sistema legalmente amañado.

          Curiosamente, al igual que en Perturbada, Soderbergh escoge herramientas ultralivianas y baratas para rodar la cinta: un iPhone, que bien puede mover con un trípode y una silla de ruedas, como hacían los kamikazes de la Nouvelle Vague con las cámaras ligeras a pie de calle y los carritos de la compra. Al mismo tiempo, la movilidad del equipo le permite exhibir recursos estéticos elaborados, como los trávelings.

De hecho, a High Flying Bird puede que incuso le sobre atención al detalle de estilo y en cambio le falte intensidad narrativa y emocional, dado que el conjunto posee esa frialdad que en ocasiones se puede achacar la filmografía del director de Atlanta. Se nota la rabia latente en el relato, aunque tampoco termina de aflorar en la maraña de encuentros, de idas y venidas, y de maniobras subterráneas. Pero, en especial, esa pasión vitalista por el juego, por la vocación, que invita a no perder para dar sentido a la existencia, no se percibe en modo alguno. La cólera del rebelde que apuesta todo por el valor de lo inmaterial, en contra de los poderes fácticos, no explota.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5,2.

Nota del blog: 6.

Movie 43

26 Jul

“Los humoristas somos como los ginecólogos: trabajamos donde los demás se divierten.”

Moncho Borrajo

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Movie 43

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Movie 43

Año: 2013.

Director: James Gunn, Peter Farrelly, Will Graham, Griffin Dunne, Elizabeth Banks, Brett Ratner, Bob Odenkirk, Steven Brill, Steve Carr, Rusty Cundieff, James Duffy, Patrik Forsberg.

Reparto: Kate Winslet, Hugh Jackman, Naomi Watts, Liev Schreiber, Jeremy Allen White, Anna Faris, Chris Pratt, Kieran Culkin, Emma Stone, Richard Gere, Kate Bosworth, Justin Long, Jason Sudeikis, Uma Thurman, Kristen Bell, Christopher Mintz-Plasse, Chloë Grace Moretz, Gerald Butler, Seann William Scott, Johnny Knoxville, Halle Berry, Stephen Merchant, Terrence Howard, Elizabeth Banks, Josh Duhamel.

Tráiler 

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            Este hijo cultural de los noventa convivió durante sus momentos de adquisición del uso de razón (o pérdida, según se mire) con el auge de la comedia de los hermanos Farrelly, el paso adelante en el caca-culo-pedo-pis de la comedia gamberra norteamericana con respecto a su nacimiento en los últimos setenta y madurez en la década de los ochenta.

Quiero decir que, se quiera o no, del mismo modo que ese tío que abochorna al resto de parientes repitiendo los mismos chistes guarros en cada cena de Navidad y uno no sabe si adora o le repele, las ocurrencias escatológicas y la incorrección inmadura de los Farrelly forman parte de la familia. Un tío al que ya desde hace algún tiempo las generaciones recientes marginan e ignoran. Un anciano bufón gastado, olvidado y triste, sin el favor de la corte.

            No obstante, irreductible y guerrera, Movie 43 aún recoge la herencia de los Farrelly entremezclándola y adaptándola a sensibilidades y temáticas contemporáneas en mortal alianza con otros longevos supervivientes de la comedia estadounidense, caso del humor absurdo-costumbrista de los sketches del Saturday Night Live, y otros iconos actuales de dicho universo, tales como caras conocidas procedentes de la vulgar renovación de los legendarios ZAZ –toda esa serie de recientes tropelías paródicas acabadas en ‘Movie’- y algún que otro descendiente de la factoría Appatow.

            Es así una auténtica batalla de salvajadas y estrellas que recuerda a aquellas películas corales de la commedia alla Italiana o, con mayor precisión, al Made in USA de John Landis. El zapeo de aquella es aquí sustituido por la navegación en Internet con el fin dar cabida a una cabalgata de rostros cotizados y respetadísimos, embarcados todos ellos con absoluto desparpajo y asombrosa falta de pudor en una serie de pequeños cortometrajes que se ensamblan por medio de aplicar con brocha gorda una serie de clasiquísimos ganchos infalibles: sexo, vergüenzas fisiológicas y lenguaje sucio y explícito.

Caca-culo-pedo-pis.

Humor de vieja escuela, superado ampliamente, de inofensiva capacidad transgresora, por ello rancio y aburrido en muchos casos, pero descerrajado de nuevo sin complejos, a lo bruto, con entusiasmo juvenil y directo al grano. Como si fuese la primera vez.

             Movie 43 podría calificarse como una recopilación incesante de clímax provenientes de este tipo de filmes incontenidos y cerriles. Como sucede con toda obra coral, la irregularidad preside esta auténtica prueba de resistencia. El asunto es que la juerga comienza por todo lo alto, con el ínclito Peter Farrelly a los mandos del duelo entre tipos tan serios como Kate Winslet y Hugh Jackman -que no por groserísimo y repulsivo es menos descacharrante-, y con una hilarante visión de la educación en el hogar, tan racional y humana ella, firmada por Will Graham y protagonizada por Liev Schieber y Naomi Watts.

A partir de ahí, se suceden escenas menos ingeniosas, envejecidísimas, unas todavía simpáticas, algunas con un buen punch y otras intrascendentes, dispuestas a arrasar como Atila ‘supuestos’ tabúes contemporáneos como la coprofilia, la mujer convertida en objeto o la menstruación.

             Un desenfadado regreso al pasado, en definitiva, que con la debida condescendencia y la imprescindible afición al estilo, es aún capaz de arrancar un buen par de carcajadas. Y de desesperar por completo, en otros casos.

 

Nota IMDB: 4,4.

Nota FilmAffinity: 3,9.

Nota del blog: 6.

Una mala jugada

18 Jun

“Mi parte en Space Jam no es demasiado espectacular, pero hay que tener en cuenta que el protagonista es Jordan, es su película. Creo que es una película entretenida que gustará a los niños. Espero que todo el mundo la disfrute. Bueno, a decir verdad me da igual. Ya me han pagado”

Charles Barkley

 

 

Una mala jugada

 

Año: 1998.

Director: Spike Lee.

Reparto: Denzel Washington, Ray Allen, Milla Jovovich, Rosario Dawson.

Tráiler

 

 

           El cine negro cambió su acepción en los inicios de la década de los noventa, ligado ahora al surgimiento de un nuevo cine con películas dirigidas por autores de raza negra y de temática frecuentemente asociada a la cultura afroamericana. De entre todos, el más reconocido será Spike Lee, cineasta dotado de un estilo propio y siempre comprometido en asuntos raciales y sociales en lo que viene a denominarse como “realismo social negro”. Muestra de ello son su primer gran éxito, Haz lo que debas, análisis de los conflictos raciales en el barrio neoyorkino de Brooklyn, o el militante biopic del líder negro segregacionista Malcolm X.

A finales del milenio, las acusaciones de explotación comercial del racismo, sus contradicciones personales y profesionales y su frecuente uso de la controversia, junto con la menor repercusión de sus películas y la decadencia de la moda por el cine afroamericano, propició que Lee se desmarcara en parte de su habitual discurso agresivo hacia temáticas más generales e, incluso, comerciales.

            En Una mala jugada, Lee devuelve el protagonismo a Denzel Washington tras su  encarnación de Malcolm X, esta vez para meterse en la piel de Jake Shuttlesworth, un preso que es liberado bajo vigilancia por una semana con el único propósito de convencer a su hijo Jesus (Ray Allen, jugador de la NBA, por entonces en Milwaukee Bucks y aún en activo), promesa nacional del baloncesto, para fichar por el equipo del gobernador del estado.

            Una forzada premisa que es también parte de las intenciones de Lee, que se dedica a jugar con clichés y estereotipos –que no evita que algún detalle melodramático resulte excesivamente impostado- para lo que inicialmente parece ser un cuento dulce con tres vertientes –la tensa relación entre padre e hijo, el acoso a la joven estrella por todo tipo de chupasangres que huelen la fama y una pseudohistoria de amor entre Jake y Dakota, la prostituta interpretada por Milla Jovovich- pero que progresivamente se torna en amarga y turbia pesadilla, sobre todo por la que es la parte de largo más interesante y convincente del film, la de la travesía por el desierto de Jesus en su toma de decisión sobre su futuro enfrentándose a todo tipo de Judas, demonios y tentaciones.

            Aún con una ligera reflexión racial presente –no olvidemos que el deporte profesional, sobre todo el baloncesto, es una de las escasas válvulas de escape y promoción social para la población afroamericana-, Una mala jugada es una obra en la que Lee vuelve a hacer gala de sus innegables aptitudes para el montaje, atractivo, ágil y con influencias del videoclip, con un baloncesto filmado casi como un ballet coreografiado; y para analizar cuestiones sociales como ese acoso a la estrella, pero que, en cambio, promete más de lo que finalmente concede, desinflándose a partir de la mitad de la película, en parte por su excesivo metraje y en parte por la irregularidad de sus otras dos historias colindantes, con una relación paternofilial que sin ser mala necesitaba una mayor concreción, ya que queda un poco descolgada en ocasiones, y sobre todo con la historia referente al amor entre Jake y Dakota, del todo superficial e innecesaria, sensación que se incrementa por la mala interpretación de Jovovich. En cambio, Washington cumple en un personaje de santurrón con matices hecho a su medida y Allen contradice con un trabajo competente a precedentes como Jordan, O’Neal -quienes también aparecen fugazmente junto con otras figuras de la NBA- Rodman y, puede que en el futuro, LeBron.

Una obra a la que le sobraban posibilidades y virtudes pero a la que le faltó precisión.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

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