Tag Archives: Autodestrucción

A esmorga

12 Sep

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Año: 2014.

Director: Ignacio Vilar.

Reparto: Miguel de Lira, Karra Elejalde, Antonio Durán ‘Morris’, Melania Cruz, Covadonga Verdiñas, Patxi Bisquert, Alfonso Agra, Ledicia Sola, Mela Casal, Mónica García, Sabela Arán.

Tráiler

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         Obra fundamental de la literatura gallega contemporánea, ya llevada a la gran pantalla -aunque trasladada fuera de sus fronteras originales- por Gonzalo Suárez en Parranda, la recuperación de A esmorga era un hito casi obligado en la floreciente producción cinematográfica gallega actual, reverenciada por la crítica por la audacia formal de unas propuestas que acostumbran a cabalgar entre el documental y la ficción, pero también poseedora de otros largometrajes de narrativa más clásica, entre los que Ignacio Vilar se revela como uno de los realizadores más activos.

         Rodada en gallego y ubicada en la ruta por donde transcurre la novela de Eduardo Blanco Amor, una odisea etílica que abarca alrededor de una jornada y que se convierte en un tremendista descenso a los infiernos en un país opresivamente tormentoso, A esmorga escarba entre los restos de esta herencia idiosincrásica y ubica al Castizo, el Bocas y el Milhomes en un régimen franquista que es todo miseria, frío, crueldad, sabañones y desesperación.

En ocasiones comparada con El extranjero de Albert Camusque también consta de su propia adaptación al cine-, A esmorga muestra a unos seres abandonados en la nada, sometidos a la opresión de las circunstancias que simbólicamente pueden reflejarse en el azote de la lluvia, el cual, de hecho, condiciona en parte el arranque de la aventura de Cibrán ‘O Castizo’: un tour de force de marcados tintes fatalistas del que el protagonista no logra -o subconscientemente no quiere- despegarse. Cabeza de un buen cásting, al personaje lo interpreta Miguel de Lira, actor de probada popularidad en Galicia al igual que Antonio Durán ‘Morris’, mientras que cierra el terceto un agente foráneo, Karra Elejalde, que puede ejercer de llave para la venta exterior de la cinta.

         Arropado por la pictórica fotografía, Vilar encuadra la travesía de los tres amigos bajo cielos siempre encapotados, en una perpetua humedad que cala hasta los huesos, subrayada en sus sensaciones por una banda sonora demasiado obvia. Los espectaculares escenarios naturales y urbanos conducen sus pasos, que se resuelven en un basural de aspecto apocalíptico, hacia una dimensión casi fabulosa o legendaria, lo que refuerza ese sentido de destino irreparable y lo dota además de un halo atemporal. 

Bajo estas condiciones se expone un relato de angustiosas pulsiones autodestructivas en el que, en un caldo violento, se recuecen trastornos sociales, económicas y sentimentales. Sin embargo, se echa en falta sentido de la embriaguez, de la alucinación dipsómana, para que A esmoga bulla definitivamente y la espiral de este impío via crucis, de esta huida hacia delante, arrastre con todo.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6,5.

A estación violenta

25 Jun

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Año: 2017.

Directora: Anxos Fazáns.

Reparto: Alberto Rolán, Nerea Barros, Xosé Barato, Laura Lamontagne, Xiana Arias, Antonio Durán ‘Morris’.

Tráiler

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         Anxos Fazáns pega la cámara a sus personajes, sigue sus movimientos encuadrándolos estrechamente, de igual manera que ellos se relacionan con un contacto constante, entrelazados por momentos. Más que con las palabras, es esta cercanía la que revela, a retazos sueltos, la intimidad de los protagonistas, tomados de la novela homónima de Manuel Jabois e inmersos en un relato de reencuentros y desencantos generacionales. Los fotogramas logran exudar la permanente y desorientada resaca que padece el escritor, el influjo magnético con el que Claudia atrae hacia sí los cuerpos, las emociones y, parece, el drama. Las imágenes son sensitivas, casi tangibles, lo que constituye la principal baza de una cineasta novel que, en la fecha del estreno en salas de este primer largometraje, acababa de cumplir los 26 años.

         Si esa fisicidad parece aspirar a no dejar nada sin revelar -la desnudez literal-, el libreto, en cambio, apenas permite intuir los ocho años de vacío, en un sentido narrativo que es también existencial, que transcurren entre dos baños capitales en la trayectoria vital de los personajes. De nuevo, el presentimiento de los conflictos, de las piezas faltantes su interior y de los atisbos de regeneración personal proceden del contacto directo de la cámara con los protagonistas, trasladados ahora a un limbo de música y naturaleza que, observa ella, es incluso demasiado ideal.

         En este contexto, hay decisiones de dirección que rompen con la reconcentración en este trío de amigos y su situación particular -y conjunta-, pero les falta afinación. Algo semejante ocurre con unas líneas de diálogo un tanto envaradas en su formulación y su declamación, con un aire teatral que contrasta con la acertada elección del físico de los actores, en especial de Nerea Barros. Al igual que el regodeo en los clichés del realismo sucio que contiene la historia -la autodestrucción con aroma a alcohol, droga y sexo del potencial artista maldito-, este es uno de los factores que provocan que A estación violenta no termine de cuajar narrativamente e impiden uno consiga sentirse del todo parte de este drama a tres.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,3.

Nota del blog: 5,5.

La herida

15 Dic

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Año: 2013.

Director: Fernando Franco.

Reparto: Marian Álvarez, Manolo Solo, Rosana Pastor, Ramón Aguirre, Andrés Gertrúdix, Ramón Barea, Patricia López, Luis Callejo.

Tráiler

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         Es curioso como la representación puede ser una herramienta empleada para reflejar la verdad de una manera más auténtica que el documental. Porque, por ejemplo, La herida era una obra concebida originalmente en formato documental con la que el director Fernando Franco pretendía mostrar la vida de personas con trastorno de personalidad. Sin embargo, debido a que la cámara alteraba por sí sola presencia el comportamiento de los sujetos de su observación, hubo de mudar el proyecto hacia el drama de ficción. Eso sí, adoptando un estilo verista, con secuencias sin apenas cortes que contemplan a los personajes como si el objetivo estuviera en los ojos de otra persona que convive con ellos, yendo de un rostro a otro de la conversación sin emplear el plano contra plano, asimilado a los pasos de quien camina, inmiscuido en la intimidad de su hogar.

Una decisión estilística que, según reza la vieja sentencia, comporta una cuestión moral y mantiene abierto el eterno debate sobre si el cine, que siempre es composición fingida, puede -o siquiera debe- aspirar a alcanzar la verdad de la existencia.

         Sea como fuere, Franco ofrece con La herida una película cruda, en la que el retrato de la vida privada de una mujer con un trastorno psicológico autodestructivo (Marian Álvarez) no regatea los aspectos más dolorosos de la misma, como la cleptomanía, las autolesiones, los problemas de socialización o la distancia emocional. Un conjunto de elementos que muestran en pantalla a una joven atrapada en sí misma, impotente dentro una cárcel que aborrece y que la oprime.

         La herida es cine sin concesiones, donde se compromete la conexión empática con la protagonista en aras de la sinceridad hacia su naturaleza y sus circunstancias. El cineasta es frugal pero comprensivo en su exposición, y por tanto no cae en la frialdad inflexible de, por ejemplo, un Michael Haneke. Anita aparece ciclotímica y antipática, pero también entrañablemente frágil, pavorosamente desorientada y con un gran sentido de la entrega al prójimo, sensible ante una aterradora decadencia física o psicológica que puede manifestarse, desoladoramente -gran detalle de narrador-, por medio de un simple dato de conexión o en un reencuentro tras meses de distancia.

En ese aspecto, resulta fundamental la actuación de Álvarez, en especial a través de unos ojos volcánicos, que vibran en sentimientos y emociones poco o nada comunicadas. Franco intenta así que uno pueda asimilarse a Anita, tanto en sus buenos momentos como en los malos. Y, por supuesto, no es un contacto placentero. Lo contrario sería engañarse.

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Nota IMDB: 6,4.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7,5.

La dolce vita

18 Oct

Un descenso a los infiernos de fiesta en fiesta, de amanecer en amanecer bailando la conga al son de Pérez Prado. La dolce vita, Los inútiles también pueden camuflarse en la metrópolis, entre ambientes de pretendido glamour.

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El asesinato de la hermana George

4 Sep

Robert Aldrich vuelve a la carga, una vez más, contra el showbusiness y su colección de juguetes rotos. El asesinato de la hermana George para la segunda parte del especial sobre el cineasta estadounidense en Cine Archivo.

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Luis II de Baviera, el rey loco

19 Ago

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Año: 1973.

Director: Luchino Visconti.

Reparto: Helmut Berger, Romy Schneider, Trevor Howard, Silvana Mangano, Gert Fröbe, Umberto Orsini, Helmut Griem, Sonia Petrovna, John Moulder-Brown, Izabella Terezynska, Heinz Moog.

Tráiler

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          Siete años después de su estreno oficial y cuatro años más tarde de la muerte de su director, Luchino Visconti, llegaría a las salas la versión íntegra, tal y como había sido originalmente concebida por el cineasta milanés, de Luis II de Baviera, el rey loco, monumental semblanza de casi cuatro horas de duración y colofón de la trilogía germánica del realizador. Y no es este un metraje exagerado para adentrarse en una figura turbulenta y fascinante, soñadora e irresponsable, frágil y extravagante; controvertida hasta su misma muerte, ocurrida en circunstancias sin esclarecer. Un enigma para siempre.

          Luis II de Baviera, el rey loco arranca desde una promesa de esperanza, de esplendor del arte y la ciencia, y concluye en una noche oscura, tormentosa y funesta. Con la minuciosa y fastuosa ambientación histórica típica de su obra, Visconti expone la colisión entre la sensibilidad del idealista y la prosaica realidad con la que le grava la política de su cargo, a las que se suman las imposiciones de la convención social lanzados al acoso del diferente, del incomprendido -lo que abarca también uno de los elementos clave de su filmografía: la homosexualidad-.

El director arroja sobre los fotogramas una frustración histórica y amorosa que se va marcando en el rostro del protagonista, encarnado por Helmut Berger, quien asume sus circunstancias y sus demonios como si se tratase de una ópera romántica de su admirado Richard Wagner (aquí un Tervor Howard bien caracterizado). El montaje paralelo sella con un beso el anuncio de la desgracia.

          Enfundado en la armadura de Tristán, Luis II cabalga de la ilusión a la paranoia y la autodestrucción, incapaz de interpretar la realidad que le rodea, zarandeado por la amenaza de la locura congénita, de las ambiciones imperialistas de Prusia y Austria, de la ruina de su Estado, de las intrigas palaciegas. Entre testificaciones judiciales que ofrecen distintas versiones de su psicología, los planos se centran en los cristalinos ojos azules de Berger para manifestar su paso del deseo a la desorientación, apagándoles progresivamente entre capas de rugoso maquillaje. Frente a ello, se opone el escapismo de la fantasía épica, el disfrute culposo y enfangado de los placeres terrenales, aparente único privilegio de la libertad del rey.

Visconti muestra a Luis II y a su prima Isabel de Baviera -otro de los grandes nombres de la ficción trágica y romántica de la monarquía, para el que Romy Schneider retoma su papel más popular- como seres vulnerables, cruelmente encerrados en una jaula de oro.

          Un dios del Olimpo entre hombres mezquinos. En su espíritu anacrónico y su orgullo megalómano, la biografía colosal de Luis II recuerda en parte a la de Lawrence de Arabia, otro hombre en rebeldía contra todo y contra sí mismo. Pero el retrato de Visconti, aunque sabe capturar la pasión que desprende el halo del monarca bávaro, no es tan arrollador como el de David Lean, y su fulgor estético no exuda con tanta potencia su conflicto interno, sino que termina acumulando demasiado peso en su bagaje. El colorismo de los fotogramas, por momentos incontenido por el uso de la iluminación, le otorga incluso un toque kitsch casi más cercano al de los desaforados biopics que rodaba por entonces Ken RussellY, al contrario que Lean, Visconti se apoya menos en el contexto histórico del personaje -también complejo, tumultuoso y atractivo, pues se enmarca nada menos que en el proceso de unificación nacional de Alemania-, gracias al cual el inglés dotaba de dinamismo al drama íntimo de T.E. Lawrence.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 6.

Trainspotting

3 Mar

trainspotting

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Año: 1996.

Director: Danny Boyle.

Reparto: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Jonny Lee Miller, Kevin McKidd, Robert Carlyle, Kelly Macdonald, Peter Mullan, James Cosmo, Eileen Nicholas.

Tráiler

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           Cinta generacional para los chavales criados en los años noventa y principios de los dosmiles -como Terminator 2: el juicio final, La lista de SchindlerForrest Gump, Pulp Fiction, Cadena perpetuaSeven o American History X entre otras, tan comentadas y compartidas en los pasillos del instituto-, Trainspotting supo aunar el eterno desencanto de la juventud del periodo -idéntica a la que otrora, y sin salir de las islas británicas, habían reflejado obras desalentadas como Sábado noche, domingo mañana-, junto con la fascinación por las drogas y la marginalidad contestataria frente a las imposiciones de una sociedad incomprensiva respecto al diferente -como es todo adolescente que se precie, en definitiva-, una estética ajustada a las fórmulas y gustos del momento -la proximidad al videoclip mediante una trabajada sección musical y cortes ágiles de montaje- y, además, unos personajes carismáticos: Renton, Sick Boy, Spud, Tommy y Begbie; tipos inmersos en mil desventuras rebosantes de sentido cinematográfico que implicaban desmadre con sustancias tabú, placeres y problemas con las chicas; estimulantes situaciones de riesgo y autodestrucción, conversaciones cinéfilas, melómanas y futboleras; rebeldía y libertad atolondrada, y a la vez una denuncia dramática que por su parte también queda rebajada por la comicidad de los aprietos escatológicos en los que se ven envueltos nuestros antihéroes favoritos.

           Sin la conciencia crítica que ostentaban pese a todo sus posibles antecedentes de los Angry Young Men -caso de la citada Sábado noche, domingo mañana o Alfie o, mejor dicho, con la conciencia disuelta por las ansias de alardeo crápula y glamour cinematográfico, Trainspotting se deja llevar por la simpatía de sus protagonistas y convierte su patetismo -la adicción a la heroína y todas las tragedias que ello conlleva- en travesuras con encanto, renunciando a cualquier distanciamiento reflexivo o desmitificador en favor de una plasmación visual y psicológicamente atractiva -el narrador ocurrente, la música arrolladora, festiva o con un punto sarcástico allà Scorsese; una puesta en escena dinámica, de estimulantes colores, angulaciones y ritmo que se salen de lo tradicional…-. Rasgos formales que, a la postre, resultarían bastante influyentes y serían profusamente empleados y desgastados en los años venideros.

           Pero, no obstante, el filme trata de lanzar andanadas elementales contra la sociedad de consumo escocesa -versión ‘mísera’ de la opulenta sociedad inglesa, por ejemplo, y más o menos equiparable a la del resto de países de Europa-, y con ello contra la inmoralidad inherente que sustenta sus principios, la vacuidad existencial a la que conduce su escala de valores y las adicciones admitidas culturalmente que alivian sus penurias -el alcohol, el juego, los barbitúricos…- Así pues, un tanto al estilo de esa Norteamérica atiborrada de pastillas legales que retrataba otra novela/película de culto juvenil de la década, El club de la lucha. Es, en resumen, el toque de desobediencia civil, familiar e incluso personal que engancha sin remedio a cualquier carácter en proceso de autoconocimiento y autodefinición que tenga respeto hacia sí mismo.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 7.

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