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First Man (El primer hombre)

30 Oct

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Año: 2018.

Director: Damien Chazelle.

Reparto: Ryan Gosling, Claire FoyJason Clarke, Kyle Chandler, Corey Stoll, Patrick Fugit, Olivia Hamilton, Shea Whigham, Ciarán Hinds, Brian d’Arcy James, Christopher Abbott, Lukas Haas, Pablo Schreiber, Luke Winters, Connor Blodgett, Lucy Stafford.

Tráiler

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         Antes de que finalicen los créditos de apertura de First Man (El primer hombre), se percibe el zumbido de una nave. Y este se convierte en estrépito en cuanto aparece el primer plano del filme, encerrado junto al piloto en una cabina claustrofóbica e inquietantemente precaria, con los componentes del avión que atruenan zarandeados, a merced de unos elementos inimaginables ya para el hombre corriente, a punto de desmontarse en un amasijo de hierros.

First Man se adentra en la gran aventura, en la conquista de la frontera definitiva, con una plasmación muy humanizada. La épica espacial que reconstruye es, por así decirlo, muy terrenal. Porque su épica es la de niños jugando con maquetas -como acusa atemorizada la señora Armstrong- que osan alcanzar las estrellas a bordo de latas fabricadas con cuatro chapas atornilladas, un puñado de cables pelados y enganches que se pueden obstruir con cualquier inmundicia que haya por el suelo. Lo eterno, pues, se conquista desde este esfuerzo, esta curiosidad y esta audacia humana, primigenia, sin fanfarrias.

Esta manera de mostrarla, su dimensión tan física y palpable, retrotrae la experiencia de Neil Armstrong, efectivamente, a la ensoñación infantil en permanente búsqueda de la maravilla. Aunque este romanticismo del visionario -en su trabajo colectivo- o del pionero -en su arrojo individual- está por supuesto trabado por la amenaza cierta y ubicua de la muerte, de unas fuerzas y unas dificultades que, a priori, superan con mucho las capacidades humanas.

         Se puede entrever aquí un nuevo acercamiento de Damien Chazelle a la cultura del éxito. La carrera con la Unión Soviética, las dudas respecto del sacrificio y el coste de tocar la gloria. Los entrenamientos y los ensayos de los astronautas son metódicos, constantes hasta alcanzar cierto punto obsesivo que se refrenda por la base rítmica que acompaña a la exposición del cineasta, que ya había desarrollado un monomaníaco entrenamiento, esta vez literalmente musical, en Whiplash, una obra de dudosas lecturas morales en este sentido.

         Dentro de este armazón dramático se encaja la tragedia íntima del héroe, afectado por la muerte que lo rodea, en especial en el sanctasanctórum del hogar, de la familia. Por su incapacidad, humana de nuevo, de no poder obrar el milagro -o todos los milagros-.

Su premisa no se desarrolla con excesiva convicción y tampoco termina de tener una presencia totalmente dominante en el texto, lo que no obstante se agradece, dado que es un tanto plana en su formulación. Con ello, y a juego en cierta manera con lo planteado en anteriores párrafos, First Man tampoco acude -al menos no por completo- a esa tentación de convertir al retratado en materia literaria, en protagonista de una tragedia trascendente, más grande que la vida, como tratan de forzar determinados biopics.

Sea por acierto o por defecto del libreto, Armstrong no se configura como un superhombre ni por sus pasiones ni por sus aflicciones a pesar de vivir hechos extraordinarios, los cuales por tanto no quedan sepultados por esa fractura sentimental, que permanece en el discreto tono triste, luctuoso, que contrasta con ese a priori relato de éxito. La interpretación de Ryan Gosling, que es un actor a quien algunos acusan de inexpresivo, impasible o directamente pasmado, se mantiene en esta línea, en ese carácter introvertido ante el desgarro que todo lo puede invadir -ya que estamos con el elenco, Claire Foy continúa demostrando que es una actriz más que competente-.

         Siguiendo con esta coherencia de conjunto, la cámara se comporta como si fuera un personaje más que comparte escenario con el resto, frecuentemente a escasos centímetros de estos. El objetivo observa inestable y se muestra nervioso, sobre todo, significativamente, en los momentos de tensión emocional, más que intriga ante el peligro físico. Los fotogramas, de grano duro y textura añeja, imperfecta, se amoldan igualmente a esta concepción, en contraposición después con el triunfo universal del alunizaje, evocado ya sí con solemnidad y en sobrecogedor silencio, y con una ambigua sensación personal por parte de esa figura individual, privada, sobre la que se carga la victoria.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 7,5.

Ágora

2 Jun

“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos.”

Heinrich Heine

 

 

Ágora

 

Año: 2009.

Director: Alejandro Amenábar.

Reparto: Rachel Weisz, Max Minghella, Oscar Isaac, Ashraf Barhom, Michael Lonsdale.

Tráiler

 

 

            Alejandro Amenábar es de esos afortunados directores que saben aunar en su obra una innegable capacidad artística junto con la habilidad para conseguir el atractivo del público, algo precisamente extraño en una industria cinematográfica en crónica decadencia como la española, en ocasiones sostenida artificialmente por cuotas obligatorias de mercado y subvenciones. Es, además, un realizador innovador e inusual que se aleja de los arquetipos tradicionales del cine español actual, con menos incidencia en la temática social, presente casi en exclusiva en Mar adentro a propósito de la cuestión de la eutanasia, y con mayor peso de géneros considerados más propios del cine foráneo pero abordados con enorme talento desde su primer éxito con Tesis, magnífico thriller sobre las snuff movies, seguido de otro interesantísimo ejercicio de intriga de tono surrealista sobre los límites de la realidad y la mente en Abre los ojos -que consiguió despertar la atención internacional por su cine, como demuestra el posterior remake hollywoodiense Vanilla Sky y más tarde con su confirmación mundial con Los otros, una destacable obra de terror gótico con estrellas internacionales, y su reivindicación propia con un cambio de tercio hacia el drama emotivo y de sueños de libertad de la efectiva pero, para mi gusto, de menor calidad que las anteriores Mar adentro, que no obstante conseguiría también un amplio reconocimiento de crítica y público.

             Demostradas sus cualidades como cineasta, Amenábar se proponía un nuevo reto: una película de recreación histórica, rodada en inglés y con abundancia de medios; una temática por lo general tratada en ámbitos nacionales para rememorar las glorias patrias pasadas y perdidas y con irregulares resultados, más malos que buenos en los últimos tiempos, como bien muestra la deleznable Alatriste, basada en la serie de novelas de Pérez Reverte, y otros episodios de recreación en la última década, la mayoría de enorme regusto televisivo, guiones de saldo y poca imaginación.

Por el contrario, el director de origen chileno apuesta por la Alejandría del crepuscular Imperio Romano del siglo IV para reflexionar sobre un tema que, en cambio, no es sino universal, constante a lo largo de la Historia del hombre: el conflicto entre saber e ignorancia, entre razón y brutalidad. Una indagación en la figura de la filosofa y astrónoma alejandrina Hypatia en un contexto dominado por la lucha entre el entonces cristianismo en violenta expansión y el resto de religiones del lugar.

           De esta manera, confluyen en Ágora varias tramas, con ese conflicto entre lo racional enfrentado al fanatismo religioso, poderoso escudo de la irracionalidad ciega y atrevida, junto con una ligera historia de amor platónico a tres bandas, que acaba por tratarse de manera algo superficial, entre la inalcanzable maestra alejandrina, su esclavo y uno de sus discípulos, posteriormente prefecto de la ciudad, y otra tercera sobre los progresos de Hypatia en sus descubrimientos astronómicos sobre el heliocentrismo y las trayectorias planetarias, un tema que sirve de perfecta contraposición para mostrar, en fondo y forma, con esos planos cenitales desde el espacio, lo insignificante del ser humano y sus luchas sin sentido por supuestos dioses de un universo en realidad vacío, inmutable, frío, indiferente a la suerte de esas criaturas.

           Así pues, Ágora vuelve a ser la demostración del gran dominio técnico de Amenábar, que construye una obra de loables intenciones, con un buen desarrollo de unos personajes vivos y complejos, bien interpretados por un reparto decente con la siempre sugerente Rachel Weisz a la cabeza, y con una espectacular factura que consigue una lograda ambientación, de indiscutible categoría, en una obra que pretende cierta trascendencia pero que, finalmente, acaba por resultar demasiado fría y discursiva y, por qué no, aburrida por momentos; en especial por la irregularidad de las tramas, en especial la referida a los progresos de la  astronomía de Hypatia, puede que necesaria para las intenciones del director pero que se muestra mucho menos interesante que el resto.

Un pequeño paso en falso con una obra interesante pero, en mi opinión, fallida.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 6.

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