Tag Archives: Asedio

El guerrero nº 13

24 May

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Año: 1999.

Director: John McTiernan.

Reparto: Antonio Banderas, Dennis Storhøi, Vladimir Kulich, Omar Sharif, Maria Bonnevie, Neil Maffin, Daniel Southern, Clive Russell, Richard Bremmer, Tony Curran, Erick Avari, Asbjørn ‘Bear’ Riis, Oliver Sveinall, John DeSantis, Diane Venora, Sven Wollter, Anders T. Andersen.

Tráiler

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         Escritor y guionista, Michael Crichton debutaría en la dirección de cine con Westworld, almas de metal, una declaración de principios acerca de que la Historia podía entenderse o convertirse, literalmente, en un parque de atracciones para disfrute del visitante. En esta concepción puede encuadrarse El guerrero nº 13, adaptación a la gran pantalla de su novela Devoradores de cadáveres y en la que, finalmente, el propio Crichton tendrá que rodar algunas tomas de posproducción para tratar de remontar los pésimos resultados de los pases de prueba previos al estreno. Aun así, no se conseguiría evitar el estrepitoso fracaso en taquilla del filme.

         El argumento de El guerrero nº 13 parece una especie de revisión del mito de Beowulf al que se le pretende otorgar cierta pátina de fundamentos históricos, aunque paradójicamente desde una aproximación que es por completo fantasiosa. Este tono de festiva ficción se percibe asimismo en la ambientación de la película, como por ejemplo en las heterogéneas armaduras de ese irregular contingente de luchadores que, al igual que los siete samuráis de Akira Kurosawa, acude altruistamente a la llamada de socorro de un recóndito poblacho en peligro. En este caso, de una amenaza de tintes sobrenaturales, de horror ancestral.

         En realidad, nada de lo que ocurre en El guerrero nº 13 tiene demasiado sentido. La lógica del relato es bastante arbitraria y, más todavía, no duda en introducir alguna que otra trampa para hacerlo avanzar. Por fortuna, por aquellos tiempos no se consideraba que una obra de semejantes características -una epopeya fantástica orientada al consumo masivo- poseyera un volumen de metraje análogo a sus pretensiones épicas. La función apenas sobrepasa una correcta hora y media, lo que permite que el ritmo narrativo se mantenga engrasado y a punto. Y, otra señal de un estilo pasado, no se dejará llevar por el frenesí más de lo debido.

La realización es correcta en su mezcolanza de aventura y terror, aunque patina un tanto en esta segunda vertiente. Mientras que John McTiernan consigue insuflar ciertos patrones míticos desde el punto de vista del poeta árabe que interpreta Antonio Banderas -ese estoico e imponente jefe Biliwyf de Vladimir Kulich-, trasposición de la mirada ajena de un espectador ávido de fascinación, se desaprovecha en cambio formalmente la oportunidad de presentar a los wendol con un mayor impacto visual o de reforzar una abstracción que probablemente hubiera estimulado el sabor de su naturaleza misteriosa, como sí se aprecia al menos en planos clásicos con el uso de la niebla sobre el imponente paisaje.

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Nota IMDB: 6,6.

Nota FilmAffinity: 5,7.

Nota del blog: 5,5.

Los siete magníficos

18 Jul

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Año: 1960.

Director: John Sturges.

Reparto: Yul Brynner, Steve McQueen, Horst Buchholz, Charles Bronson, James Coburn, Eli Wallach, Robert Vaughn, Brad Dexter, Vladimir Sokoloff, Rosenda Monteros, Jorge Martínez de Hoyos, Pepe Hern, John A. Alonzo, Rico Alaniz.

Tráiler

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          Las mitologías tienen unidades universales, invariables a través de las formulaciones de las distintas culturas. El ronin honorable japonés, antiguo samurai condenado a permanecer en los márgenes de la sociedad en la que hace justicia, conecta directamente con el arquetipo del forastero errante del western. Los siete magníficos es la simbiosis natural de un mito muñido en un todavía más lejano Oeste. En la década de los sesenta, el género, cada vez más desviado del clasicismo, enjugaba por entonces su evolución a través de relatos de duelos librados en las interioridades psicológicas del protagonista, de crónicas que cuestionaban la celebración histórica oficial de la conquista, de aproximaciones a un realismo sucio desmitificador, de elegías de redención crepuscular. También incorporará elementos procedentes de más allá de la frontera, a medio caballo entre el homenaje y la parodia, a raíz del éxito de la Trilogía del dólar de Sergio Leone, la cual se abría precisamente con Por un puñado de dólares, que Akira Kurosawa denunciará como un plagio de su Yojimbo (El mercenario) que, por su parte, reproducía un esquema muy similar al de Cosecha roja, referente de la literatura noir.

          Heredera de Los siete samuráis -una de las más grandes obras del séptimo arte-, Los siete magníficos entronca con esa citada noción del fin de una era, la cual estaba ya firmemente presente en la cinta de Kurosawa. En el lirismo agónico de unos hombres que arrastran consigo el peso de su pasado hasta que, conscientes de que se les ha agotado el futuro, deciden inmolarse cometiendo un acto ético; la reprobación última del perpetuo cinismo con el que han tenido que vivir su existencia de pistoleros. En un mundo en cambio -y no necesariamente a mejor-, es la conquista suicida y postrera de un botín estrictamente moral, análoga a las que estallan en los fotogramas de otros hitos del periodo como Los profesionales y Grupo salvaje.

          Los siete magníficos consigue tener personalidad y carisma propio. Tal es así que, si bien no fue un gran éxito de taquilla en los Estados Unidos, contará con numerosas secuelas e imitaciones. No es parco logro, dado el colosal antecedente que le precede. El reparto, sin duda, es una gran baza para ello, rebosante de virilidad y presencia: Yul Brynner, Steve McQueen, James Coburn, Charles Bronson, Eli Wallach… incluso a pesar de la célebre disputa que tuvieron los dos primeros durante el rodaje. El argumento incorpora ligeras modificaciones -la fusión de dos personajes en el joven arrogante que encarna Horst Buchholz, la variación de la estructura del asedio para evitar unas repeticiones que, todo sea dicho, no pesaban en la original- y mantiene la fuerza de su reflexión acerca de las vertientes del valor y de la cobardía, del orgullo y del miedo, de la humanidad y de la civilización.

Al mismo tiempo, Los siete magníficos observa la leyenda del género, juega con ella y la admira, pero también la expone a sus dudas, explora sus dobleces y debilidades. La mezcolanza entre la epopeya enardecedora y el fatalismo amargo está conjugada con sentido dramático y poético, lo que dota de claroscuros y profundidad a la épica intrínseca del relato.

          Una dignísima apropiación. Valga decir que, en esta ocasión, Kurosawa quedaría tan complacido que, en reconocimiento del trabajo realizado, le regalaría una catana ceremonial a Sturges.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 8.

Al despertar el día

4 Abr

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Año: 1939.

Director: Marcel Carné.

Reparto: Jean Gabin, Jacqueline Laurent, Arletty, Jules Berry.

Tráiler

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         Algo ocurre con los remakes de las películas de Jean Gabin, porque tanto los productores de Argel como de Noche eterna trataron de destruir, afortunadamente sin éxito, todas las copias de las originales Pépé le Moko y Al despertar el día, respectivamente.

         Estandarte del realismo poético francés, Al despertar el día envuelve la tragedia afectiva y criminal de François (Gabin), un hombre cualquiera, en una atmósfera de sombras y luces que acarician su rostro, que aportan sentido romántico a unas imágenes que, paradójicamente, buscan asimismo el retrato urbano, con decorados que simulan estar a pie de calle y de fábrica, con sonidos procedentes de la realidad cotidiana que se inmiscuyen en la escena.

Iniciada por una apertura de música luctuosa, sumergida en tonalidades melancólicas y dolientes, y coronada por una composición final de abierto onirismo -el cuerpo tumbado, la niebla que lo arropa, el espejo roto-, la película transcurre entre la opresión psicológica del presente -el protagonista asediado en su habitación- y las circunstancias que aportan contexto a su situación, expresadas por medio del recuerdo.

         La hábil alternancia de los flashbacks -innovadora para la época y aún resistente por pleno derecho- recompone un misterio con dos vértices, equivalentes al rostro de Gabin, que siempre muestra “un ojo alegre y otro triste”. Por un lado, dos mujeres antagónicas; por el otro, un extrañísimo personaje con el que se cierra una especie de cuadrado amoroso.

En el primer caso, Al despertar el día trasciende la tradicional oposición entre la joven inocente y redentora, y la femme fatale que induce al pecado y a la perdición, pues las dos mujeres están modeladas desde la dignidad a pesar de la presentación antitética de ambas -escenarios bucólicos o cuanto menos de esperanzadora intimidad frente a un espectáculo de baja estofa y un desnudo explícito-. En el segundo, arroja a la pantalla a un embaucador particularísimo, una criatura sorprendente y enmarañada sobre la que solo una cosa se percibe cierta: su influjo malicioso, condenatorio. Con él también se juega con la contradicción, ahora respecto de François. Mientras el obrero aparece rudo, físicamente imponente y pretendidamente digno, en lo bueno y en lo malo; su rival es refinado y está dotado de una soberbia labia, por más que su naturaleza sea abiertamente ambigua e incluso impúdicamente patética.

         Con historia de Jacques Viot y adaptación de Jacques Prévert, entre el lirismo de los fotogramas también destaca la composición de personajes. Una chiquilla que, debido a su dura ascendencia, acepta las mentiras a cambio de una migaja de amabilidad; una mujer curtida por las mil batallas de la vida y dueña de una consciencia que no se deja engañar por la engañosa belleza de la narración; un hombre torturado por los engaños amorosos que, a su vez, no se aclara entre dos aguas.

Además, todos ellos se enmarcan en un retrato social desencantado, que expone a la masa como un hervidero de chismes infundados, de buitres a la espera del morbo, hasta desafortunados en sus gestos de solidaridad. De hecho, el Gobierno de Vichy censuraría la obra acusándola de ser “desmoralizante”.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 8.

Chuka

14 Sep

“El western es un mundo masculino, y me encanta”

Glenn Ford

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Chuka

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Chuka

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Año: 1967.

Director: Gordon Douglas.

Reparto: Rod Taylor, Ernest Borgnine, John Mills, Luciana Paluzzi, James Withmore, Victoria Vetri, Louis Hayward, Michael Cole, Barry O’Hara.

Filme

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          1876. Fort Claudennon sufre el asedio de los indios arapahoes, que llaman a sus puertas en busca de alimentos y munición. El contingente de caballería se atrinchera tras los muros, pero el enemigo se encuentra en el interior del fuerte, dentro de ellos mismos.

          Como ocurría en parte en Solo el valiente, otra cinta de Gordon Douglas ambientada en territorio marcial, la violencia y la tensión de Chuka se proyecta hacia las entrañas de los personajes, los cuales se despliegan como una legión de desarrapados carcomidos por sus deudas personales, decrepitudes morales y necesidades de redención ante la mirada de forastero que da nombre al filme (Rod Taylor), protagonista del relato y también dueño de sus tormentos de pistolero errante.

Así, incentivado también por la carestía del presupuesto, el escenario se reduce prácticamente al baluarte militar, abandonado en medio de la nada a causa de sus pecados y cuya alma enrarecida queda presentada, después de atravesar apocalípticas tormentas de nieve y arena, con una ración de latigazos administrados con rostro impasible.

          Los compromisos de sangre, los episodios de cobardía, los deberes masculinos de responsabilidad y los amores trágicos colisionan de este modo con la crónica de una caída militar –el metraje se abre con el desastre ya anunciado- que, a su vez, enraíza en la podredumbre de la conquista norteamericana, fundada sobre el abuso y el martirio de los indígenas, acorde a la agonía acre y descreída que experimentaba el género por aquel final de los sesenta. El purgatorio y el infierno a las puertas.

La atmósfera de Chuka, por tanto, es lúgubre y desesperada, y sobre ella solo sobresalen chispazos de complicidad viril forjados por el alcohol y la brutalidad, así como inesperadas e improbables esperanzas de futuro de femeninas curvas.

          Acompañado por Taylor -que no es un gran actor pero le aporta un curioso matiz más humano y accesible a su jinete solitario-, a quien se arropa por su parte con un atinado elenco de secundarios, este contexto dramático, repleto de jugosos contrastes y contradicciones, es el aspecto más destacado de una obra a la que, por el contrario, se le descubre cierto acartonamiento y pobreza en los decorados, en ocasiones también afectada por ciertas redundancias y caídas en el ritmo.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 6,4.

Nota del blog: 6,5.

Los siete samuráis

2 Feb

Convertir un género popular en una obra de arte repleta de enjundia filosófica, profundidad humana y arrollador entretenimiento. Eso es el gran cine. Eso es Los siete samuráis. Un diez rotundo para Bandeja de Plata. Aquí, un resumen.

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La patrulla perdida

25 Abr

“Si aparecen caballos, es un western”

Leo Siegel (Argo)

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La patrulla perdida

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La patrulla perdida.

Año: 1934.

Director: John Ford.

Reparto: Victor McLaglen, Boris Karloff, Wallace Ford, Reginal Denny, J.M. Kerrigan, Billy Devan, Alan Hale, Brandon Hurst, Douglas Walton, Sammy Stein, Paul Hanson.

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            Entre 1927 y 1938, desde Tres hombres malos hasta La diligencia, John Ford no rodaría ningún western. Una afirmación que, no obstante, puede que no sea del todo exacta. Los soldados ingleses de La patrulla perdida, extraviados tras las líneas enemigas en el despiadado desierto de Mesopotamia durante la Primera Guerra Mundial, bien podrían ser los mismos que protagonizarán las películas de la Trilogía de la caballería, sustituyendo en este caso al enemigo indio por el árabe. De hecho, como en Fort Apache y Río Grande, entre sus filas se encuentra también otro sargento Quincannon, de idéntica afición a la melopea.

            Remake de la cinta británica del mismo nombre, rodada silente en 1929 y con Cyril McLaglen en el papel principal que aquí heredará su hermano mayor Victor –que, otra casualidad, era veterano de la campaña descrita en el argumento-, La patrulla perdida propone una aventura de supervivencia extrema que no descuida, sino que más bien prioriza, el estudio individualizado de caracteres –asimismo uno de los rasgos fundamentales de la citada Trilogía de la caballería-.

Aunque estimable, este recorrido por la distinta naturaleza, motivaciones y talante bélico de la tropa, a estas alturas algo sobado, padece el desgaste lógico producto del paso de los años, lo que afecta a los resultados generales de la obra. Un capítulo, en el que se suma además la oposición entre el sobrio protagonismo de McLaglen, actor fetiche de Ford durante los años treinta, y el descontrolado histrionismo de un Karloff poco o mal dirigido.

            El filme resulta por ello un tanto estático en parte de su metraje y sufre en ocasiones una relajación en su tono y su corrosivo pesimismo que no le sienta del todo bien.

Por el contrario, la función se alegra a medida que el cineasta norteamericano introduce cuidadosamente la correspondiente y electrizante carga de tensión psicológica dentro de este paisaje desolado y mortífero, gobernado por una muerte sin rostro y en el que resuenan ecos de un castigo divino provocado por la sinrazón y la maldad del hombre, reducido a la condición de fiera absurda –el pelotón, carente de órdenes o destino en su agonía, vaga por las ardientes arenas en medio de una guerra invisible, sin sentido y no por ello menos atroz-.

Un Ford menor.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 6.

Siete mujeres

10 Mar

John Ford sí que sabía cómo despedirse. Aquí, las mejores jugadas. En Bandeja de Plata, el partido completo en Full HD. ¡Pinche el enlace, carajo!

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