Tag Archives: Artes marciales

Redada asesina (The Raid)

24 Oct

“Vamos a llevarnos bien, porque si no van a haber hondonadas de hostias aquí ¿eh?”

Pazos (Airbag)

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Redada asesina (The Raid)

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Redada asesina (The Raid).

Año: 2011.

Director: Gareth Evans.

Reparto: Iko Uwais, Donny Alamsyan, Pierre Gruno, Ray Sahetapy, Joe Taslim, Yayan Ruhian, Tegar Satrya, Iang Darmawan.

Tráiler

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            Cuando a al cine de acción de occidente se le suelen agotar las ideas -cosa que ocurre a menudo-, acostumbra a volver la vista al lejano oriente: el Hong Kong de los Shaw Brothers primero y de John Woo después, la furia japonesa del cine de yakuzas, la creatividad y el virtuosismo formal de la corea contemporánea,… Industrias prestigiosas y consolidadas que, al final, en un acto de simbiosis, depredación o parasitismo por parte de Hollywood, terminan por exportar a América sus técnicos y realizadores más cualificados, así como, en forma de remake, la plantilla de sus obras más conocidas.

            Una de las sensaciones en el cine de acción de las últimas temporadas provino también de las costas asiáticas del Pacífico, si bien desde la pequeña factoría indonesia, con escaso predicamento internacional en salas e incluso certámenes especializados –eso sí, el director y guionista es el galés Gareth Evans, no obstante radicado en el país y su cine desde tiempo atrás- . El asunto es que, entre las rendijas del boca a boca, los pases en festivales como Sundance y Toronto y el empuje de las plataformas piratas, Redada asesina (The Raid) se coló como uno de los productos del año en el género. Su secreto: el estilo directo, sin contemplaciones ni excusas innecesarias, amén de unas coreografías espectaculares que no dejan respiro ni a intérpretes ni a espectadores.

            La excusa argumental, que recuerda a precedentes hongkoneses como Peace Hotel y Breaking News, no puede estar más esquematizada: un grupo de policías de élite se adentra en un bloque de edificios donde reside el Mal; es decir, todos los delincuentes, narcotraficantes y asesinos de los bajos fondos, refugiados por un patrón de la mafia yakartesa. Aunque a la trama tampoco le falta la coartada melodramática tradicional en el cine oriental de artes marciales –los hermanos antitéticos, con el héroe inmaculado y la oveja descarriada- ni cierto repaso a la corrupción endémica del estamento policial nativo, el livianísimo peso del libreto, reducido a apenas microgramos, permite que Redada asesina vuele a velocidad supersónica en un torbellino de hostias de todo tipo y calibre.

Un clímax de violencia continuada y rodado en tomas donde el montaje pasa desapercibido en favor de la fluidez del movimiento de los personajes a lo largo, ancho y alto de un escenario de interminables habitaciones y pasillos; imparable aunque en absoluto caótico. No hay más. Como si el séptimo de caballería se hubiera metido, caballos incluidos, en la despedida de soltero de Toro Sentado; como si John McClaine hubiera retornado después de lustros de entrenamiento en Tailandia para reventar a base de bien el Nakatomi Plaza secuestrado por Hans Gruber; como [•Rec] convertido en un ballet brutal de zombis con machetes y ametralladoras.

            Hollywood ya prepara el remake. Indonesia ya ha estrenado su secuela.

 

Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 6.

Indomable (Haywire)

9 Oct

“No tuve problema en pegarle a Gina Carano, porque no era Michael Fassbender quien lo hacía, sino el personaje que interpretaba. Además, en la vida real Gina podría partirme la cara con los ojos cerrados. Quiero decir, ¿has visto alguna vez videos suyos en YouTube?”

Michael Fassbender

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Indomable (Haywire)

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Indomable (Haywire).

Año: 2011.

Director: Steven Soderbergh.

Reparto: Gina Carano, Antonio BanderasMichael DouglasEwan McGregorChanning TatumMichael Fassbender, Michael Angarano, Mathieu Kassovitz, Bill Paxton.

Tráiler

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            Visionar Indomable (Haywire) me produce una sensación similar a los bares de diseño. Es decir, aquellos en los que la decoración y la elaboración de las bebidas desencadena el impulso irrefrenable de fotografiar con tu mejor filtro de Instagram la copa de balón de ese gin-tonic repleto de verduras y condimentos. Todo pulcro, estilizado, armonioso, que entra bien por los ojos. Perfecto para que uno exhiba su sofisticación y su billetera. Pero se da la circunstancia de que este articulista prefiere los bares de barrio, con tapas de cocina sabrosas y sustanciosas, de las de mojar pan, y con cerveza de grifo asequible para ponerse apasionadamente chuzo en un marco estético acorde al suyo personal: recio, honrado y un poco feo. Lo que en el thriller, de nuevo en el campo cinematográfico, podría equivaler a remontarse a la fisicidad y la contundencia de los descreídos setentas.

            Indomable es un thriller de diseño a cargo de Steven Soderbergh, cineasta clave del indie de los noventa al que, como a otros de su generación –Gus van Sant, Richard Linklater, Spike Lee-, siempre le ha gustado desconcertar a la audiencia y la crítica alternando obras de autor con productos casi prefabricados o de géneros con códigos muy marcados, si bien aproximándolos en mayor o menor medida a su propio terreno de juego. A su aire, con o sin apoyos.

            En esta ocasión, el libreto del filme, bastante esquemático pese a su ágil montaje de saltos temporales, permite que la trama se desarrolle de manera fluida y, sobre todo, quede un holgado margen para el lucimiento estético de Soderbergh, que aquí despunta en la envoltura cromática de los distintos episodios o la inhabitual y atractiva planificación en ciertas escenas de acción, como el uso de planos conjunto de duración más larga de lo frecuente, la eliminación del sonido ambiente en favor de un ritmo determinado por la jazzística banda sonora o la supresión por completo de la banda sonora.

Las secuencias de pelea, como viene siendo habitual tras la irrupción de Jason Bourne –el relato también gravita aquí sobre la premisa del superagente traicionado en busca de respuestas y/o venganza-, arrojan coreografías de primer nivel, limpias y aseadas, a las que el historial como luchadora profesional de Gina Carano contribuye a dotar de veracidad e impacto.

            Como actriz, Carano demuestra por su parte una apreciable soltura y una combinación fotogénica de dulzura y brutalidad que destila un poderoso magnetismo, arropada además por un selecto elenco lleno de rostros conocidos y amigos del director estadounidense. Es decir, que la exgladiadora posee la suficiente presencia como para desear verla prodigarse en un género falto de renovación de estrellas con carisma y credibilidad.

 

Nota IMDB: 5,8.

Nota FilmAffinity: 4,8.

Nota del blog: 6.

Woochi, cazador de demonios

9 May

“El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.”

Proverbio japonés

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Woochi, cazador de demonios

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Woochi, cazador de demonios.

Año: 2009.

Director: Dong-hoon Choi.

Reparto: Dong-won Kang, Hae-yin Yoo, Yun-seok Kim, Su-jeong Lim, Jin-mo Jun, Sang-ho Kim, Young-chang Song, Yun-shik Baek.

Tráiler

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            Conocido por su particularísima y adictiva reinvención del noir y el thriller, el cine coreano también importa de manera más esporádica ciertas obras excéntricas en las que pueden apreciarse asimismo la posesión de unos cánones propios y exóticos.

            Woochi, cazador de demonios mezcla en su coctelera el relato folclórico local, el estilizado cine histórico de artes marciales, el thriller sobrenatural y el humor fundamentado en la hechicería como La bruja novata y el anacronismo como Los visitantes. Woochi, el protagonista del filme, un mago gamberro, fanfarrón y justiciero que persigue demonios en compañía de su perro con cuerpo humano, contagia su espíritu burlón e iconoclasta a una película que es todo desenfado y desprecio por limitaciones temporales, temáticas o estéticas.

            Con su argumento ambientado a caballo entre el siglo XVI -periodo de la dinastía Joseon– y la actualidad, Woochi, cazador de demonios propone una película de vocación netamente popular en la que convive la acción de ribetes mágicos con la predominancia de un humor blanco y simpaticón, basado principalmente en la confrontación entre solemnidad y absurdo, tradición y modernidad. No obstante el guion, entre el despiporre de gags y efectos especiales, deja también abierta una pequeña puerta a la aparición de puntuales destellos de crítica social.

La combinación funciona con eficacia aunque con cierta irregularidad, ya que la diversión se alterna con una ocasional sensación de cansancio. Una apreciación que transcurre paralela a unos personajes interpretados por un reparto con fuerza y que, en definitiva, consiguen resultar carismáticos y entrañables, si bien, al mismo tiempo, tienden a veces a quedarse a un solo paso de empachar con su extravagancia.

            En ambos casos, parte de la culpa cabe achacarla a un metraje excesivo para una producción de estas características. Un rasgo, no obstante, patrimonio también de un tipo de cine no facturado específicamente para consumo occidental, dueño de sus propias reglas de ritmo y duración.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,6.

Nota del blog: 6,5.

The Grandmaster

20 Mar

La vida como crepúsculo. The Grandmaster en OcioÁvila.

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Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time)

9 Mar

“En las películas, las diferencias las marca el director, no el argumento.”

Akira Kurosawa

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Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time)

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Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time).

Año: 1994.

Director: Wong Kar-Wai.

Reparto: Leslie Cheung, Tony Leung Ka Fai, Brigitte Lin, Maggie Cheung, Tony Chiu Wai Leung, Jacky Cheung.

Tráiler

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            No solo Francis Ford Coppola se atrevió a revisar y reeditar una de sus obras maestras, Apocalypse Now, para configurarla de acuerdo con la evolución de su sensibilidad cinematográfica, cultivada por la experiencia. Catorce años después de su estreno original, el cineasta chino Wong Kar-Wai decidía elaborar su versión ‘Redux’ de Este contraveneno del Oeste (Ashes of Time), su primera incursión en el wuxia, el género histórico caballeresco y de artes marciales chino; un auténtico fracaso de taquilla en su día.

            Al contrario de lo habitual en la estajanovista industria hongkonesa, Wong Kar-Wai, cineasta minucioso y perfeccionista, se había tomado un par de años en elaborar esta obra con la que trasladaba el wuxia a su territorio particular, siempre preocupado por la relación entre las quebradizas y explosivas pasiones humanas y el inmisericorde tiempo que todo lo devora.

Es por tanto una cinta que, más allá del vestuario y la imaginería correspondiente, no presta demasiada atención a su contexto histórico, el siglo XII, para en cambio potenciar el aspecto universal de un relato fragmentado y laberíntico, ambientado en un escenario de grandilocuente presencia mitológica, cósmica y telúrica, observado y regido por los astros, desarrollado en un espacio colosal y sobrecogedor, determinado por el curso de las estaciones y el choque entre esencias antitéticas o complementarias.

No obstante, esta pretendida estructura capitular no se ciñe a las servidumbres de la narración aristotélica. Este contraveneno del Oeste plantea un discurso basado en las sensaciones, en la colisión casual o predestinada de las emociones de los distintos personajes. Su cronología interna transcurre libre e inaprensible, a imitación de una historia repetida ad eternum.

            Anticipación de la vertiente más estilizada y esteticista del género, aquella que pocos años después exportará al bárbaro Occidente el triunfo de Tigre y dragón y otras películas como Hero o La casa de las dagas voladoras, Este contraveneno del Oeste, una obra en ocasiones desmesurada y en exceso recargada en sus arrebatos operísticos, exacerba el potencial estético del impresionante desierto de Gobi mediante un tratamiento cromático de tonos incendiados, fantásticos, y explota las virtudes de una espectacular iluminación en el rodaje de los trabajados escenarios interiores, productos ambos del entendimiento entre Wong y su fiel director de fotografía, el australiano Christopher Doyle.

            Los personajes del filme viven, aman y desaparecen bajo la aplastante inmensidad del cosmos y de su Destino preestablecido, entrelazado por el azar. Wong propone una exploración del amor y el desamor como perpetuo juego entre contrarios, establecido por la oposición antagónica aunque amistosa entre Ouyang Feng, futuro señor del Poniente, un cínico intermediario de mercenarios martirizado por el recuerdo de una deuda romántica, y Huang Yaoshi, futuro señor del Levante, entregado al olvido como manera de sanar sus profundas cicatrices sentimentales.

Alrededor de esta dicotomía primigenia y de la sede de su encuentro –la gruta establecida como base de operaciones por el primero de ellos-, surge un puñado de individuos y de relaciones incardinadas que ofrecen con su testimonio nuevas variaciones acerca de esta naturaleza dual, inapelable y en continua lucha, guía a su vez para la íntima indagación afectiva del taciturno Ouyang Feng, nacido bajo el influjo del eclipse y, por tanto, condenado a la penuria amorosa.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 6.

Nota del blog: 7.

El hombre de los puños de hierro

27 Abr

“Si una película consigue que un individuo olvide por dos segundos que ha aparcado mal el coche, o que no ha pagado la factura del gas o que ha tenido una discusión con su jefe, entonces el cine ha alcanzado su objetivo.”

Billy Wilder

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El hombre de los puños de hierro

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El hombre de los puños de hierro

Año: 2012.

Director: RZA.

Reparto: RZA, Russell Crowe, Rick Yune, Byron Mann, Lucy Liu, Jamie Chung, Dave Bautista, Daniel Wu, Gordon Liu, Pam Grier.

Tráiler

 

           Sin duda alguna, Quentin Tarantino es amigo de sus amigos. Un tipo generoso. Bien lo puede asegurar RZA, reputado rapero que había colaborado en algunas bandas sonoras del cineasta de Knoxville –Kill Bill: Volumen 1 y Volumen 2, Django desencadenado-, con posteriores aspiraciones interpretativas y, ahora, con la dirección de cine como nuevo horizonte creativo bajo la maternal figura de Tarantino.

            Aparte del prestigioso aval de su firma y la cesión amistosa de varios de sus contactos y protegidos para guarnecer al cineasta novel –el inefable Eli Roth en el guion y la producción; Lucy Liu, Gordon Liu y Pam Grier en el reparto, testimonialmente en el caso de los últimos-, esta mezcla andante de cineasta, estrella y género cinematográfico accede de manera más que probable a la tutoría artística o, cuanto menos, a servir como guía e inspiración.

            En El hombre de los puños de hierro, la adscripción de RZA a los modos, maneras y gustos de Tarantino es evidente, al menos en su aspecto más superficial, aquel que, por otra parte, ha sido saqueado hasta la saciedad con frecuente poca fortuna.

Ambientada en la China del siglo XIX, de rasgos ancestrales pero con hueco para la entrada de la modernidad más cruda y más pop en forma de desopilantes armamentos, la propuesta de RZA samplea con desparpajo esos infragéneros populares y peleones adorados por su mentor: el cine hongkonés de artes marciales –con el lavado esteticista de autores contemporáneos como Ang Lee, Zhang Yimou y demás-, la blackxploitation y el spaghetti western.

Una confluencia que, de manera más que obvia, quedará corporeizada por el propio argumento a través de la entente establecida entre ‘los buenos’ de la película. A saber: el estoico RZA, herrero afroamericano desilusionada y cínicamente neutral; un satirizado e hilarante Russell Crowe, que hace buena la manga ancha concedida para actuar de (voluminoso) contrapeso del inexpresivo protagonista como amoral forastero cazatesoros, y Rick Yune como representante local, encarnación del noble príncipe en lucha contra sus corrompidos hermanos de clan, con menor peso dramático.

            Debido a que, como es lógico, huelgan las comparaciones con su modelo originario, El hombre de los puños de hierro ha de ser medida en todo caso con esa serie de epígonos e imitaciones surgidas al calor de la popularidad de Tarantino. Y cabe decir que, pese a la opinión general, tampoco saldría perdedora a mi parecer.

Más fresca y menos petulante –acaso involuntariamente, dada la experiencia de su hombre al mando-, la película adquiere la jocosidad y ligereza de la serie Z de forma natural, elevándose como un vehículo de puro entretenimiento kitsch y alocado gracias, en buena medida, a la falta de complejos y el sorteo de la caída gratuita en el guiño nostálgico y cursi –aquí quizás entre en juego la pretensión de RZA, tampoco conseguida, de marcar su propia personalidad como autor-, además de por el respaldo de una serie de personajes bastante resultones –Crowe, que siempre llena la pantalla cuando aparece, y ese simpático villano de estética rock star ochentera, bien interpretado por Byron Mann-.

Todo ello a pesar del abuso de tics tarantinianos –cómico y turístico coqueteo con el gore en las escenas violentas, pizpiretas alusiones sexuales, exageración de efectos de sonido- y la autopromoción a destiempo con el profuso y cuestionable empleo del hip-hop en la banda sonora.

            De hecho, suele sobrevolar sobre la cinta la amenaza de caer en el ridículo, problema que hubiera sido inevitable si la fuerza de la dirección –desde luego lejos de ser magnífica, con abundantes movimientos de cámara exhibicionistas y poco lucidos- hubiera sido un pelín inferior.

Sin embargo, RZA consigue que al menos que el ritmo no decaiga y que el espectador logre pasar un gozoso lapso de distracción, lo cual, dado el carácter de la producción, es lo más que se le podía pedir al asunto.

 

Nota IMDB: 5,5.

Nota FilmAffinity: 4,5.

Nota del blog: 6,5.

El imperio de los lobos

25 Abr

La presente entrada es una copia. El original, coquetuelo y con fotografías, en CINEARCHIVO.

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