Tag Archives: Anime

Your Name

10 Abr

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Año: 2016.

Director: Makoto Shinkai.

Reparto (V.O.): Ryûnosuke Kamiki, Mone Kamishiraishi, Ryô Narita, Aoi Yuki, Nobunaga Shimazaki, Kaito Ishikawa.

Tráiler

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            El amor es superior al destino; es una fuerza redentora frente a cualquier tragedia o cataclismo. En Las tres luces, Fritz Lang plasmaba la odisea de una mujer por salvar a su amado de la guadaña de la Parca, que le concedía insólitamente tres oportunidades de librarle del fatal destino que pesa inexorablemente sobre la existencia humana. Emociones que son más grandes que la propia vida, que se encuentran en sintonía con el universo mismo.

Algo de ello hay en Your Name, que parece arrancar bajo la premisa cómico-romántica del intercambio de cuerpos -aquí una muchacha que reside en un aislado pueblecito y un joven natural de Tokio- para, paulatinamente, adentrarse en cuestiones místicas, adscritas a una cosmovisión sintoista, que empujan al argumento hacia un territorio en el que el destino de estos dos adolescentes se entrelaza a través del tiempo y el espacio en una trama de salvación que es, al mismo tiempo, sentimental y literal -la caída de un meteorito-.

            A pesar de tamaña complejidad -o de tamaño popurrí temático- el cóctel logra funcionar durante buena parte del metraje, con una evolución en la que no se aprecia impostura dentro de la notable ambición filosófica y poética que subyace en el texto. Deja gotas de humor que se incorporan con eficiencia al desarrollo, sin que entren en contradicción con el afloramiento de las lecturas espirituales y trascendentes de la historia, o con la dimensión onírica, fantástica e incluso astral en la que se mueve la película, a la vez tan apegada al paisaje natural y urbano del país -con su belleza particular, con sus paradojas, con su nostalgia y sus cambios presentes- como a elementos intangibles y misteriosos -el crepúsculo como seno de todos ellos-. Y, asimismo, aunque con menor fortuna, hace concesiones populares por medio de una estridente banda sonora de notas pop, esta sí bastante chirriante.

Son puertas que se cierran y que se abren, lazos trenzados que se extienden por aquí y por allá, uniendo o distanciando el relato vital de los seres humanos.

            Pero es en el desenlace, cuando las vidas paralelas de los personajes comienzan a confluir, cuando Your Name pone el filme a unas revoluciones tan excesivas, exige tanta atención para los giros espaciotemporales y recurre a tantas repeticiones verbales y visuales para clarificar el discurso, que la parte emocional de la función, que debería explosionar en este clímax trepidante, termina resintiéndose, ahogada en la agitación.

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Nota IMDB: 8,6.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 6.

Mind Game

19 May

“Lo importante es disfrutar rodando. Imaginar qué podría haber sido la película es absurdo; lo interesante es lo que ocurre.”

Álex de la Iglesia

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Mind Game

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Mind Game

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Año: 2003.

Director: Masaaki YuasaKôji Morimoto.

Reparto (V.O.): Kôji Imada, Sayaka Maeda, Takashi Fujii, Seiko Takuma, Tomomitsu Yamaguchi, Toshio Sakata, Jôji Shimaki, Rintarou Nishi, Kenichi Chujou.

Filme

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           El “¿y si…?” como reflexión introspectiva es uno de los grandes tormentos psicológicos autoinfligidos del ser humano, especialmente entre los indecisos, los sensibles o, en fin, los que entran dentro de la etiqueta social de perdedores. Y si hubiese escogido la vocación en lugar de la obligación. Y si hubiera plantado cara en vez de callarme. Y si hubiese confiado en mis posibilidades. Y si hubiera escogido animar otro equipo de fútbol. Y si hubiese ido por el camino contrario de la encrucijada. Y si me hubiera atrevido a expresar mis emociones con aquella chica -madre de todos los ‘y si…’-. “Es un error de Dios no haber dado al hombre dos vidas: una para ensayar y la otra para actuar”, sintetizaba Vittorio Gassman.

           Como expresa su título, Mind Game parte de un manga homónimo en el que, al modo de un juego mental terapéutico de notable carga autobiográfica, su autor, Robin Nishi, volcaba en tinta y papel la miríada de posibilidades, aspiraciones y sueños rotos que torturaban su interior irrealizado para, habilitado por la capacidad taumatúrgica de la ficción, reconquistarlos y enderezar el sentido de su existencia. Una extraordinaria y fantasiosa segunda oportunidad concedida en este caso por una deidad burlona, de descacharrante polimorfismo, pero comprensiva hacia aquellos que ha creado imbéciles por puro capricho -¿a su imagen y semejanza, cabe pensar?-.

Patetismo confeso que, obviamente, no se refiere solo al personaje principal, sino también, como explicitan los flashbacks dispersos por el montaje, a las numerosas vidas que se entrecruzan con la suya. A cualquiera de nosotros, en definitiva.

           Mind Game es un arrollador despliegue de deseos y delirios que tratan de materializarse precisamente a imitación de las decisiones del protagonista resurrecto –y quizás luego inmerso en un purgatorio con forma de vientre de cetáceo-. Esto es, por medio de la incontención más absoluta. De la ruptura rabiosa contra la tiranía de las convenciones sociales –y artísticas por extensión-, muchas de ellas abrigadas por el seno de una personalidad sumisa. Del lanzamiento de bombazos contra la frustrante realidad para fragmentar su caparazón y penetrarla salvajemente, hasta atravesarla de lado a lado.

La película es un puro frenesí de colores incontrolados, formas atropelladas y digresiones tanto visuales –la combinación de fotografía con animación- como temáticas –la progresiva invasión de la ilusión y la fantasía en el relato hasta su colonización por completo del escenario y el argumento-.

           Imperiosamente escatológica como plasmación de los apetitos esenciales e insatisfechos de la especie, excesivo por definición y no siempre bien medido –surge puntalmente cierta irregularidad en este equilibrio del desequilibrio-, el filme se embarca en una adictiva epopeya lisérgica, realizada con desbordante imaginación, y donde, literalmente, todo puede suceder. El fin de los “¿y si…?”.

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Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

El viento se levanta

23 Dic

“No voy a hacer películas que digan a los niños «desilusionaos y huid».”

Hayao Miyazaki

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El viento se levanta

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El viento se levanta.

Año: 2013.

Director: Hayao Miyazaki.

Reparto (V.O.): Hideaki Anno, Miori Takimoto, Mansai Nomura, Hidetoshi Nishijima, Jun Kunimura, Mirai Shida, Morio Kazama.

Tráiler

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            Hayao Miyazaki se despide del cine. Sin el cineasta japonés, el séptimo arte queda huérfano de optimismo, de sueños que soñar. Pocos como él han sabido condensar de manera tan hermosa, tierna e inspiradora las virtudes del ser humano, concentradas por lo general en el espíritu inocente y sin malear de la infancia. Menos aún son capaces de restablecer la confianza en el hombre a este misántropo declarado. De hecho, creo que si algún día tuviera hijos, estaría satisfecho con que recibieran por toda educación las filmografías completas de Charles Chaplin y de Hayao Miyazaki.

            Uno quiere pensar que El viento se levanta, la despedida de Miyazaki, podría pasar perfectamente por una autobiografía. Porque, a buen seguro, Miyazaki estudia a Jiro Horikoshi y se reconoce a sí mismo en la historia de este ingeniero aeronáutico, diseñador del caza Mitsubishi A6M Zero –la aviación, un entorno propenso para la ensoñación recurrente en la obra del cineasta-, de igual manera que, a su vez, éste conecta en un plano onírico con otra mente artística equivalente a la suya como es la de Giovanni Battista Caproni, colega de profesión y, podría decirse, portavoz del propio director.

La pasión y los sueños como innegociable motor de la vida; la creación como forma de entender la existencia, como deuda contraída por el hecho de vivir; el romanticismo a pecho descubierto como postura radical e inmutable frente a un mundo que dista de ser idílico y que, más aún, se empeña en demostrar lo contrario.

            No conozco en profundidad los avatares de Horikoshi, ni su personalidad auténtica. Intuyo que la licencia campa a sus anchas en este biopic animado. Pero no creo que sea relevante porque, insisto, considero que en verdad la cinta sirve a la perfección como crónica testamentaria del genio de la factoría Ghibli. Ese vitalismo, ese optimismo y esa imaginación incontenible característica de sus personajes se encuentran asimismo presentes en esta recreación de la infancia y la juventud de Horikoshi, que se va encadenando por medio de sueños de juventud hasta que, a fuerza de entusiasmo y determinación, estos se convierten en realidad. La pasión conjunta traspasa la pantalla para impregnarse en la sonrisa ilusionada del espectador.

            Miyazaki y Horikoshi crean vida, no simples cartones pintados o artilugios fríos. Los artefactos que observa, presiente y construye el ingeniero son cálidos, orgánicos. Resoplan, bufan y relinchan por medio de un candoroso registro sonoro que impregna a la cinta de calidez y un tenue realismo mágico en el que la naturaleza y las máquinas se convierten en criaturas con su propia alma que conviven con el hombre en mayor o menor entendimiento y armonía, frecuentemente rota por éste último, de cuya mano también entran en conflicto, a modo de maldición, la pasión y la destrucción, el amor y la muerte.

Los tiempos procelosos que atraviesa la cronología histórica del filme, cargados de crisis económicas, catástrofes, fascismo y terribles guerras habidas y por haber, son un obstáculo más para la nobleza natural de este “hombre de verdad”, representante de los valores de la especie –a pesar de la censurable ambigüedad con la que aborda su matrimonio con una mujer enferma de tuberculosis y del corrompido uso bélico de sus ingenios, protagonistas del ataque a Pearl Harbor-.

En definitiva, Horikoshi se sitúa en idéntico plano al de los afables niños de Miyazaki, si bien con sus heroicas aventuras acometidas en esta ocasión desde el fondo de una mesa de dibujo.

            Más solemne y adulta en comparación obras precedentes, El viento se levanta no es la película más perfecta ni más intensa de Miyazaki, lejos de obras cumbre como Mi vecino Totoro, La princesa Mononoke y, sobre todo, de su obra maestra, El viaje de Chihiro. Aunque, sea como fuere, el filme condensa el cariño y amor que Miyazaki siente por la vida y por la creación artística, proclamados, como es habitual, a través de una reconfortante y expresiva animación de técnica tradicional, acreedora de poderosas y clarividentes imágenes con la inconfundible firma de uno de los grandes del cine de todos los tiempos.

 

Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

El castillo en el cielo

5 Abr

“La vida sirve para forjarnos una moral personal que nos debería enseñar a respetar a la naturaleza y al ser humano.”

Aki Kaurismäki

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El castillo en el cielo

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El castillo en el cielo.

Año: 1986.

Director: Hayao Miyazaki.

Reparto (V.O.): Keiko Yokozawa, Mayumi Tanaka, Kotoe Hatsui, Minori Terada, Ichirô Nagai.

Tráiler

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            Es curioso cómo Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift, una feroz sátira arrojada contra los mecanismos políticos y sociales de la Inglaterra de su tiempo y un ataque despiadado contra la afición vulgar y crédula por los viajes imaginarios y la literatura odisaica, pervive en cambio a través de los siglos como ese relato de aventuras que nunca fue y siempre quiso parodiar hasta desde el tono empírico y minucioso de su narración.

Dentro de la cultura contemporánea, y dejando de lado las adaptaciones cinematográficas y televisivas de la novela, la isla voladora de Laputa -protagonista del tercer periplo de Gulliver-, desempeñará por ejemplo un papel crucial en El castillo en el cielo, obra de Hayao Miyazaki.

            Aparte de constituir un caso adelantado de literatura de ciencia ficción, Laputa –tierra poblada por seres absortos en la ciencia teórica, sin interés por la realidad práctica que les circunda salvo par su uso tiránico contra el mundo inferior sobre el que vuelan-, representa en la novela de Swift una crítica contra la corrupción de la ciencia derivada del culto a los científicos modernos (Leibniz, Newton, Descartes,…) y las teorías de la poderosa Royal Society de Londres, así como, por extensión, contra los benefactores políticos y económicos de ambos: la corte hannoveriana de Gran Bretaña y la administración whig, a quienes el furibundo escritor irlandés tenía por enemigos.

En El castillo en el cielo, Miyazaki también empleará Laputa con un sentido alegórico y moral, ya que su imagen -el predestinado final del camino para una niña solitaria con sangre de princesa y para un niño huérfano que busca reivindicar la memoria de su padre-, compone una calibrada reflexión acerca de la naturaleza dual del ser humano. La dicotomía entre su carácter benéfico y su carácter maléfico; entre su capacidad constructiva y su capacidad destructiva, extrapoladas incluso en la distinta aplicación de una misma tecnología –los robots gigantes de la ínsula magnética-.

            Muestra preclara de un cine infantil que desprecia la infantilización y rehúsa perseguir la complicidad adulta mediante guiños baratos y solapados, El castillo en el cielo desarrolla una aventura iniciática que reivindica valores como la amistad, la ilusión, la pasión, la bondad, la solidaridad y el respeto por las tradiciones y la ecología.

Valores imprescindibles, desgraciadamente amenazados por la degradación desde todos los niveles de la sociedad, y establecidos en firme e ilusionada oposición contra la codicia, el egoísmo, el materialismo –nada más ridículo que el intento de soborno de estos niños con un par de vestidos o tres monedas de oro- y la opresión del poder hipertrofiado y desnaturalizado –sea éste político o militar-.

            Rebosante de imaginación y de un amoroso cuidado por su expresión estética, el filme que iniciaría la andadura del mágico Studio Ghibli ofrece una cinta que reúne las esencias del cine de Miyazaki. Una película de acción desbordante y sólida conciencia humanista.

 

Nota IMDB: 8,1.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

Mi vecino Totoro

28 Mar

“Cuando en Pixar no encontramos la solución a un problema, solemos poner una película de Miyazaki en la sala de proyecciones.”

John Lasseter

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Mi vecino Totoro

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Mi vecino Totoro

Año: 1988.

Director: Hayao Miyazaki.

Reparto (V.O.): Noriko Hidaka, Chika Sakamoto, Shigesato Itoi, Sumi Shimamoto, Tanie Kitabayashi, Toshiyuki Amagasa.

Tráiler

            Hayao Miyazaki merece por derecho propio figurar entre los grandes directores del cine japonés y, por extensión, del mundo. Y lo merece en virtud de un cine inconfundible, desbordante de imaginación, vitalidad y sensibilidad, en el que la vívida, clarividente y cautivadora captura de lo que venimos denominando ‘la vida real’ se realiza siempre desde la animación y desde el punto de vista de la infancia, por lo general de protagonismo femenino, si es que esto quiere decir algo.

Dibujos animados con enfoque infantil, sí, pero dueños de una hondura y emoción que no desmerece en modo alguno a las disertaciones sobre la condición humana de los reverenciados y manidos próceres del cine nipón.

            Una vez que Nausicaä del Valle del Viento, fantasía postapocalíptica de tintes ecologistas y antibélicos, dejaba asentados sus fundamentos temáticos y estilísticos, además de financieros –su éxito supuso el espaldarazo definitivo para la fundación del Studio Ghibli– y de prestigio a nivel internacional del autor –si bien no llegaría su obra a los cines españoles hasta Porco Rosso y, de hecho, la aquí comentada no se estrenaría aquí hasta 2009-, Hayao Miyazaki, con su talento confirmado de nuevo por El castillo en el cielo, continuaba su andadura cinematográfica con Mi vecino Totoro, su tercer filme y uno de los más célebres de su trayectoria.

           En esta ocasión, la ambientación de la película vuelve la vista atrás para instalarse en el Japón rural de los años cincuenta, escenario en el que dos hermanas afrontan un cambio de residencia que, desde su perspectiva, no es menos que un cambio de mundo. Un universo nuevo, en el que todo está por descubrir o experimentar, bullente de esa vida y esa magia que solo puede ser percibida con ojos de niño.

Desde su complejísima, dificultosa y enaltecedora sencillez, envuelta en un bellísimo, cálido y fascinante diseño visual y de personajes, Mi vecino Totoro presenta una especie de Alicia en el país de las maravillas en la que la realidad se entremezcla, formando un todo indivisible, con la arrolladora fantasía, impregnada en la acogedora, inmensa y asombrosa naturaleza, en los pequeños grandes misterios cotidianos en los que el niño se inicia a diario.

            Al compás del afinado e hipersensible oído de Miyazaki -responsable de marcar los tiempos desde un sentido naturalista del ritmo, sin atropellos o alardes enfáticos-, la película respira autenticidad, emociones y humanidad en la encandilada y alegre mirada con la que las hermanas –el espectador, retrotraído a su infancia- se abren paso entre las maravillas puestas a su disposición, guiadas y protegidas por el espíritu tutelar de Totoro, un adorable ser que encarna la necesaria comunión espiritual del ser humano con la Naturaleza, benéfica y sagrada, en una relación de fraternal igualdad.

            La popularidad del filme convertirá a Totoro, surgido de la imaginación de Miyazaki, sin raíces en la tradición del país, en un personaje icónico de la cultura japonesa.

 

Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

Paprika

30 Nov

“¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”

Calderón de la Barca

 

 

Paprika

 

Año: 2006.

Director: Satoshi Kon.

Reparto (V.O.): Megumi Hayashibara, Akio Ohtsuka, Tôru Furuya, Kôichi Yamadera, Toru Emori.

Tráiler

 

 

            Satoshi Kon, uno de los mejores representantes del ubérrimo anime japonés, planteaba en su serie televisiva Paranoia Agent el miedo, la paranoia propiamente dicha, como fenómeno colectivo, fruto del encadenamiento de experiencias individuales que acaban por conectarse en un todo común. En Paprika, la última película de Kon antes de su muerte -a la espera de su póstuma The Dreaming Machine-, son una conjunción de sueños particulares los que envuelven, irremediablemente, a toda la sociedad en una amenazante pesadilla en la que, debido al robo de un lector de experiencias oníricas, la línea entre sueño y realidad se difumina con terribles consecuencias.

             Dos mundos, el de la realidad y el de lo onírico, necesariamente complementarias según las teorías básicas de la psicología, pero antagónicas en esencia. El sueño supone siempre el fin de las represiones y ataduras morales o físicas, la ruptura de las barreras de lo posible que puede traducirse en etéreo e inasible paraíso o en el breve infierno de la pesadilla. En cuanto al protagonismo literal de la vivencia del sueño, el cine suele concentrarse en este segundo aspecto, en el que la unión de ambos mundos impone la pesadilla sobre la vida. Por ejemplo, en forma de monstruo descarnado, como en Pesadilla en Elm Street.

            Paprika explota un concepto similar, sin la literalidad del monstruo, más disimulado en un villano megalómano que aspira a controlar vida y muerte (no se sabe muy bien para qué), en el que el antídoto estará también en el juego entre el personaje “real” y el “alter ego” de las inmersiones oníricas, quizás una versión más perfecta y mejorada de uno mismo. Combatir el sueño con sueño.

            De la misma manera que Paranoia Agent, una idea de base originalísima, con unas posibilidades tremendas Paprika sienta parte de los fundamentos argumentales e, incluso, algún personaje de Origen, filme que decide emprender a partir de ahí muy distintos caminos- se desarrolla de manera más irregular en su nudo, nublando en ocasiones la idea –o hipertrofiándola, se podría decir también- con la farragosa palabrería y el cierto caos que jalona frecuentemente estas realidades paralelas de la animación nipona, desembocando finalmente en un desenlace que, si bien es coherente con las exigencias del planteamiento, da, de nuevo, la sensación de no estar a la elevada altura de las expectativas que el relato creaba en su impresionante comienzo.

            Riqueza visual e imaginativa al servicio de una película muy entretenida.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,2.

Nota del blog: 7,5.

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