Tag Archives: Anarquía

Depredador 2

3 Oct

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Año: 1990.

Director: Stephen Hopkins.

Reparto: Danny Glover, Gary Busey, Maria Conchita Alonso, Bill Paxton, Rubén Blades, Robert Davi, Adam Baldwin, Morton Downey Jr., Kent McCord, Calvin Lockhart, Elpidia Carrillo, Kevin Peter Hall.

Tráiler

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         Según los guionistas y padres del alienígena aficionado al ocio cinegético, Jim y John Thomas, el éxito de la serie de cómics basada en Depredador terminó de convencer a los ejecutivos de la Fox para el rodaje de una secuela de las andanzas del monstruo que se las había hecho pasar canutas a Arnold Schwarzenegger en la selva centroamericana de Val Verde. Sin embargo, esta vez no podrían contar con el gigante austríaco, que no estaba igual de atraído por las posibilidades de darle una segunda parte al asunto. Además, el escenario se trasladará a otra jungla, ahora de cristal pero en la que impera otra ley del más fuerte, dictada por las ultraviolentas bandas de narcotraficantes que luchan por dominar la degradada megalópolis, sumida en la anarquía y el caos.

         Más allá de esta variación que tiene como escenario Los Ángeles, el esquema es prácticamente calcado a la anterior, con un grupo de policías que reemplaza a los sufridos boinas verdes en su condición de presas del monstruo. También se reproducen los conflictos y traiciones jerárquicas con la intervención del presunto equipo de la DEA e incluso el personaje de Bill Paxton parece heredar los chascarrillos de aquel que interpretaba Shane Black -contratado como ‘script doctor’ en la primera y guionista y director de la nueva continuación estrenada este 2018-.

         No hay intención de darle una gran vuelta de tuerca a un factor sorpresa de por sí agotado, si bien la cinta sabe ser entretenida merced a un ritmo ágil y a unas eficientes escenas de acción. Ayuda aquí el recurso -también reivindicado por Predator– a una violencia explícita ahora prácticamente desterrada al irse atenuando en producciones de este tipo con el objetivo de lograr una calificación que permita acceder a un público más amplio.

Por otro lado, avanza detalles de curiosa ironía posmoderna -los tópicos en la relación de Harringan con sus superiores, dignos de un monólogo de Goyo Jiménez; la caracterización del cuarteto de agentes propia de un videojuego noventero, la limusina-submarino de los jamaicanos, el desenfundado general en el metro…- y unas astutas referencias que, andando el tiempo y los debates de los aficionados, abrirán la puerta a una mitología mixta con la saga Alien -con nefastos resultados-. Dos factores estos que le otorgan cierto encanto delirante a la película.

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Nota IMDB: 6,3.

Nota FilmAffinity: 5.

Nota del blog: 6.

La gran apuesta

15 Dic

la-gran-apuesta

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Año: 2015.

Director: Adam McKay.

Reparto: Ryan Gosling, Christian Bale, Steve Carell, John Magaro, Finn Wittrock, Rafe Spall, Hamish Linklater, Jeremy Strong, Brad Pitt, Marisa Tomei.

Tráiler

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           Si La gran apuesta sirve para que numerosos espectadores se informen y desarrollen una conciencia crítica acerca del fenómeno histórico más decisivo del siglo presente –la crisis económica oficializada en 2008, las causas que la sustentan, los fundamentos que se mantienen o reviven años después de la debacle, y su inserción indisociable en la cultura estadounidense y occidental-, bienvenida sea. Su necesidad está entonces sobradamente justificada y es digna de aplauso. Ahora bien, su calidad artística es otro asunto.

           La gran apuesta adopta los códigos del thriller popular contemporáneo para recrear, en tono de farsa aunque con bastante fidelidad, los instantes previos a la confirmación del desastre y los razonamientos lógicos que llevaron a un puñado de buenos observadores -en absoluto visionarios- a preverlo con total certeza.

En paralelo, el acopio de información que maneja queda expuesto casi de forma de documental. No por el estilo narrativo ni por la gramática cinematográfica empleada, como decimos, sino porque se descerraja a través de apartes que rompen con la cuarta pared, entrevistas disfrazadas de diálogos, interrupciones explicativas y textos sobreimpresionados que desgranan la oscurantista jerga ‘neocon’, recapitulan los pasos hacia el desastre y abundan en los detalles y las consecuencias de los mismos. Como hacía Concursante -esa sí bastante visionaria-, pero de manera decididamente más desinhibida y exagerada.

           Por momentos, la película parece una dramatización como esas que aparecen en los programas de sucesos criminales de la TDT, si bien con un reparto de estrellas de Hollywood repletas de compromiso en su propósito de denunciar la jungla sin ley legal o moral en la que depreda un catálogo de malvados, imbéciles y egoístas engendrados por las codiciosas babas de Gordon Gekko y cía -directivas de agencias de calificación que trabajan con gafas de invidente, ese es el nivel de sutileza de sus sugerencias visuales-. Los personajes, reducidos a caricaturas, no poseen entidad propia, de ahí que los puntuales intentos de aportarles relieve dramático resulten ridículos o como poco improcedentes, tal y como ocurre en especial con las dudas y los traumas que arrastra el Mark Baum -rebautización del inversor Steve Eisman– encarnado por Steve Carell.

Algo semejante se produce en el relato, constantemente torpedeado por estos paréntesis aclaratorios que acaban por sacarle a uno por completo de la historia que trata de contar sin que, además, resulten finalmente compensibles los términos financieros que maneja. Al menos tiene la decencia de incluir en ellos un cameo de Margot Robbie.

           Ni buen thriller ni buen documental, en definitiva. Útil en todo caso. Y con cinco nominaciones al Óscar, entre ellas las de mejor película, mejor director y mejor guion adaptado -ofende compararlo con la traslación que Aaron Sorkin y Steven Zaillian realizan en Moneyball: Rompiendo las reglas a partir de otro libro de no ficción de Michael Lewis-.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 5.

Robocop 2

27 Abr

“Vivimos en un régimen de ocupación por parte de las multinacionales.”

Víctor Érice

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Robocop 2

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Robocop 2

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Año: 1990.

Director: Irvin Kershner.

Reparto: Peter Weller, Nancy Allen, Dan O’Herlihy, Belinda Bauer, Tom Noonan, Gabriel Damon, Willard E. Pugh, Felton Perry, Jeff McCarthy, Galyn Görg, Stephen Lee.

Tráiler

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           Los villanos de Robocop 2, que son una mezcla de dos de los terrores absolutos de la nación como Charles Manson y Pablo Escobar, cuelgan indistintamente en su guarida pósteres de la Madre Teresa de Calcuta y de Oliver North, uno de los altos mandos del Ejército estadounidense más siniestros de los de por sí siniestramente militaristas años ochenta, implicado en el turbulento escándalo Irán-Contra. Pero el verdadero Malo con mayúsculas es un ejecutivo blindado en su rascacielos de acero y dólares, miembro respetable de la élite de la sociedad, patriota que hace avanzar el país a golpe de iniciativa privada y dueño de una megaempresa que andando el metraje se revestirá con simbología y vestuario corporativos de ecos filonazis. Un campeón de la economía, en definitiva, que luce en el escritorio de su suntuoso despacho una fotografía con Ronald Reagan, adalid del ultraliberalismo de la década.

           Robocop 2 se hace fuerte atrincherada en una de las virtudes de su predecesora: su mala leche, disparada con brutalidad inmisericorde contra todo, y además reflejada en buena medida a través del electrodoméstico entonces hegemónico -el televisor- y de la herramienta definitoria de este sistema de vida -la publicidad-. Robocop 2 es una ciencia ficción que no renuncia a su esencia de serie B, sino que la potencia para no tomarse demasiado en serio a sí misma a la vez que, parapetada desde su posición dominante, dispara mil dardos envenenados contra la sociedad norteamericana coetánea, en este periodo regida por el neoconservadurismo más recalcitrante, aético y violento.

Es decir, un contexto socioeconómico perfectamente aplicable a nuestros días. La justificación de la conveniencia del tráfico de drogas por parte del cabecilla de la organización criminal, amparándose en la cantidad de puestos de empleo que genera, no puede ser más actual, digna de cualquier mandato de la troika, al igual también lo sería ese concepto de privatización total del espacio urbano.

           De este modo, el argumento deja de lado el paradigma de la criatura de Frankenstein que asomaba en la primera entrega, aunque a cambio se detectan rastros de King Kong en la desopilante presentación del segundo modelo del ciborg -por completo satíricos, eso sí-. Y lo hace para, por el contrario, travestida de negra farsa, centrarse en propinar palos a diestro y siniestro: a la tiranía del yuppie y la cultura del éxito económico sobre todas las cosas, a la plutocracia impuesta con mano de seda por las grandes corporaciones, al delirio de la tecnología para fines bélicos o represivos, a la dirigencia política encantada de asociarse cínicamente con hampones de todo pelaje a cambio de un par de monedas de plata, a los males de la revolución digital, a la decadencia industrial norteamericana, a la destrucción del equilibrio medioambiental, a la corrupción del concepto de libertad, al adormecimiento del espíritu crítico por medio de la corrección política radical, al paradigma del macho alfa como vigilante autónomo del orden,…

Nada queda a salvo de la mira láser de Robocop 2. El guion es una bola de demolición anárquica -e incluso un tanto ambigua en ocasiones; al reputado historietista Frank Miller no se le podrá acusar de izquierdista precisamente-, lo que la convierte a mi parecer en una obra muy divertida, más allá de su relativamente convencional trama policíaco-futurística.

           Para que vean que no dan puntadas sin hilo, la resolución empresarial del desenlace no es más que una trasposición de la forma en la que la administración Reagan, acosada por la polémica, se desharía del teniente coronel North.

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Nota IMDB: 5,7.

Nota FilmAffinity: 4,6.

Nota del blog: 6,5.

Mad Max, salvajes de la autopista

9 May

“Nunca hagas predicciones, especialmente sobre el futuro.”

Samuel Goldwyn

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Mad Max,

salvajes de la autopista

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Mad Max, salvajes de la autopista

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Año: 1979.

Director: George Miller.

Reparto: Mel Gibson, Joanne Samuel, Hugh Keays-Byrne, Steve Bisley, Tim Burns, Geoff Parry, Roger Ward.

Tráiler

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           En 1979, Mad Max, salvajes de la autopista, confirmaba internacionalmente la pujanza de la industria del cine australiana y culminaba el viaje alucinado y apocalíptico que ésta parecía iniciar, de manera indirecta, con el nacimiento un nuevo cine fantástico a principios de la década de la mano de obras como Walkabout y Despertar en el infierno -enclavadas en un territorio extraño y mítico, ancestral y distópico-, y continuado después por películas como Los coches que devoraron París -que anticipa el culto al motor como de fetichista objeto de culto futurista a la par que amenaza alienante-, o La última ola, ambas de Peter Weir.

           En el futuro torcido de Mad Max reina una paradójica e inquietante normalidad. Favorecido o hábilmente explotado por la falta de medios de producción, parece que nada en ella se sale de lo corriente, del presente de entonces. Pero, al mismo tiempo, se intuye en el ambiente un aire desconcertante, desapacible, malsano, que rompe de manera solapada aunque penetrante y poderosa con esa ilusión de naturalismo. El desvencijado letrero de la corte judicial, poco más que un garaje con oficinas; el indiferente funcionario público que viste una careta de kendo, la anomia que impera en el paisaje cadavérico, un memorándum que, desde el fondo del escenario, advierte acerca de lo desaconsejable del canibalismo; la enigmática zona prohibida que se abre ante las interminables y polvorientas carreteras del lugar. Apenas detalles aislados en este océano de desértica desolación característico de la isla continente, la última frontera. Al estilo del steampunk, el ayer se fusiona con el mañana para configurar un hálito salvaje, barbárico, agonizante.

Es este, pues, el escenario lógico donde explayar la desesperación del gigantesco Fifi, jefe del cuerpo policial que controla las anárquicas carreteras del Outback, por encontrar al último héroe que le devuelva la fe a la gente. El marco incomparable en el que exponer el viraje existencial de Max Rockatansky (Mel Gibson en su primer papel estelar), un tipo con madera de héroe -a su modo, a la manera de estos tiempos inciertos y primitivos-, quien, a pesar de los esfuerzos de los últimos rastrojos del Bien que naufragan en este sordo y anónimo apocalipsis, se ve arrastrado por un contexto abrumadoramente pesimista, en el que el romanticismo se halla muerto y enterrado.

           En cierta forma, el apocalipsis no es más que un génesis invertido. Dos extremos que se tocan por medio de una nada uterina o terminal. De ahí que la Australia de Mad Max, salvajes de la autopista pueda hermanarse también con el Salvaje Oeste americano aún ajeno al nacimiento de la civilización. Así, Max y su vehículo interceptor bien podría pasar por un sheriff que se enfrenta, en solitario y al margen de toda ley humana o divina, contra la banda de cuatreros liderada por el Cortauñas, extravagante anticristo iluminado por las drogas y la sociopatía, y que a lomos de sus motocicletas asola sin piedad los poblachos de los enfermizos colonos del país. Otra vez el contraste entre el ayer y el mañana, todo uno.

           A medida que transcurren los años, Mad Max, salvajes de la autopista queda envuelta de forma más pronunciada por una aureola atípica, insólita, dentro de su género y de los códigos del cine actual. La furia vengadora de Max Rockatansky se mueve dentro de los parámetros de un vigilantismo hosco y desalentador en su primaria amoralidad, desviándose hacia el definitivo Armagedón que se consolidará en la primera secuela de esta trilogía, que por su parte, acaba de ser destruida a causa de una nueva prolongación, Mad Max: Furia en la carretera. Será interesante por tanto trazar la comparativa entre esta pieza tan particular de cine fantástico y las promesas que trae consigo la resurrección de la saga.

 

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 6,7.

Nota del blog: 8.

Robocop

3 Mar

“Aparte de la acción y la aventura, de las corruptelas y de las enloquecidas tramas empresariales, Robocop es en el fondo una fábula moral. Es como La Bella y la Bestia o como el hombre de hojalata de El mago de Oz. Es una pequeña gran joya como relato humano.”

Peter Weller

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Robocop

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Robocop.

Año: 1987.

Director: Paul Verhoeven.

Reparto: Peter Weller, Nancy Allen, Ronny Cox, Kurtwood Smith, Miguel Ferrer, Robert DoQui, Dan O’Herlihy.

Tráiler

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          La ciencia ficción de los ochenta desconfía de la máquina. Westworld, almas de metal, Blade Runner, TRON, Superman III, Terminator, Runaway, brigada especial,… Reflejos fantasiosos de un pesimismo real: el recrudecimiento de las tensiones de la Guerra Fría, consecuencia directa de la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Ronald Reagan. En su discurso fervientemente patriótico, el exactor abogaría por reimpulsar la carrera armamentística del país norteamericano en un delirio paranoide que alcanzaría su cúspide con el megalómano proyecto de escudo antimisiles rebautizado a nivel popular con el peliculero nombre de ‘La Guerra de las Galaxias’.

          En uno de los inspirados y descacharrantes insertos de noticiero que aparecen de vez en cuando a lo largo del metraje de Robocop, se dejan caer un par de alusiones a una plataforma de defensa estratégica con sospechosas similitudes con el proyecto de Reagan, siempre con cáusticas y maliciosas intenciones satíricas.

Y es que, por un lado, Robocop es lo que parece: una cinta que mezcla ciencia ficción con acción policíaco-justiciera nacida posiblemente a rebufo del éxito de Terminator. Pero por otro lado -aquel que parece más influido por un realizador excesivo y gamberro como el holandés Paul Verhoeven-, Robocop es una cinta que destila mucha mala baba hacia la cultura, la sociedad y el sistema capitalista estadounidense, que atravesaba por entonces uno de sus períodos de más orgulloso ultraliberalismo y conservadurismo.

En el filme, este artículo fabril mitad, robot mitad policía –como apunta Tonio L. Alarcón, expresión última y quasiparódica del agente/vigilante del cine de acción de los ochenta- es la creación de un émulo hortera del doctor Frankenstein, motivado no por la posibilidad de jugar a ser Dios, ni por loables intereses científicos, sino por cosechar un generoso montón de dólares e hincharse a farlopa, tías buenas, coches grandes y poder empresarial.

          Al contrario de la elección tomada por el reciente remake -que a imitación de las sobadas formas del cine de superhéroes actual trata de potenciar la complejidad y la dimensión trágica del malparado Murphy, sujeto víctima del experimento-, en este original primigenio, producto de una década artística desenfadada e irreverente, prefiere devolver la mirada a lo que se encuentra afuera de los fotogramas y hacer chanza sobre el escenario exterior que rodea a la película.

Y de ahí que, en algunos aspectos argumentales, la versión de 1987 contenga -dentro de su festiva tendencia a la hipérbole comiquera- más cuestiones de actualidad que este relanzamiento de 2014 –no obstante, tampoco desdeñable-, como por ejemplo esos servicios públicos elementales (organismos penitenciarios, salud, carrera espacial, contratas bélicas, seguridad ciudadana) subastados a siniestras y avariciosas compañías privadas.

          Más allá del entretenimiento garantizado desde el apartado de acción -sencillo en su concepción y efervescente de hemoglobina y vísceras en su ejecución-, impulsado por la banda sonora tecno-épica de Basil Poledouris, y del discreto combate íntimo de Murphy por recobrar su identidad humana –se agradece una falta de afectación que no sería necesariamente beneficiosa-, es la socarronería la virtud que hace que Robocop se eleve por encima del umbral al que, en principio, una obra de semejante perfil estaría destinada.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 7.

El caballero oscuro: La leyenda renace

5 Dic

“- Homer, aquí hay un hombre que puede ayudarte.

– ¿Batman?

– No, es un científico.

– ¿Batman es científico?

– ¡Que no es Batman!”

Marge y Homer Simpson (Marge contra el monorraíl)

 

El caballero oscuro: La leyenda renace

 

El caballero oscuro, la leyenda renace

Año: 2011.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Christian Bale, Tom Hardy, Anne Hathaway, Marion Cotillard, Joseph Gordon-Levitt, Gary Oldman, Michael Caine, Morgan Freeman.

Tráiler

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             Como si de un ciclo vital se tratase, tras el meritorio (re)nacimiento (Batman Begins) y la espléndida madurez (El caballero oscuro), el proyecto de renovación de la franquicia del hombre murciélago a cargo del británico Christopher Nolan entraba en su etapa crepuscular con El caballero oscuro: La leyenda renace.

             Recogiendo el testigo de la película inmediatamente interior, Batman aparece desterrado en las profundidades de su alter ego Bruce Wayne, lamiéndose aún las profundas heridas físicas y psicológicas de la guerra contra el Joker. Es el héroe cansado que ha de resurgir y enfrentarse a su desafío postrero y definitivo, al Mal más absoluto, Bane –el único personaje que conseguía vencer a Batman en el cómic, lo que contribuía a incrementar la expectación entre los fans-; un villano nacido y criado en el infierno, expulsado incluso de la temible secta la Liga de las Sombras que tantos quebraderos de cabeza había dado en Batman Begins.

             Nolan vuelve a reunir a su equipo técnico y actoral de confianza para desplegar una nueva demostración de musculatura, una vez superadas las dificultades para filmar la acción que había evidenciado en la primera entrega, donde lo más reseñable no se encontraba en las escenas espectaculares.

Sin embargo, El caballero oscuro: La leyenda renace no alcanza tampoco la compensada calidad de argumento y acción de El caballero oscuro. La glorificación del ritmo –nunca dejan de suceder cosas-, llega a atropellar en parte a una trama que sí presenta elementos sugestivos, fluida y con sentido; un hecho evidente sobre todo el ciertas elipsis que, de tan expeditivas, pueden resultar hasta ridículas, síntoma de esas megaestructuras que erige el realizador británico, en las que, en su excesiva y aparatosa elaboración, suelen dejar cierto aroma de artificiosidad.

             El asunto es que la historia que desarrolla el filme resulta bastante atractiva en muchos aspectos, con detalles que, de nuevo, aciertan en la tenebrosa y más adulta reinvención de la saga y revelan el contacto con la sensibilidad del momento que la ha caracterizado, en este caso con los oscuros tiempos de crisis económica, verdadero campo de cuestionamiento del Bien y el Mal a escala cotidiana. No estoy seguro, no obstante, de que el rechazo que cosechó en su momento en los sectores más liberales de Estados Unidos bajo la acusación de anticapitalista, tenga verdadera justificación.

Sí es cierto que deja simpáticos detalles críticos, como la falta de oportunidades laborales de Gotham, el patetismo de los corredores de bolsa y, sobre todo, por boca de Catwoman -sorprendente Anne Hathaway, a la que no tenía mucha fe ni en ella, ni en el personaje en sí, aunque también deja ciertos detalles tópicos y ñoños, afortunadamente con poco peso final, en sus ansias de dejar atrás su vida delictiva-, que no deja de ser una ladrona.

En cambio, ese malvado Bane (Tom Hardy, otro habitual de Nolan, casi recuperando su imagen hipertrofiada de Bronson y con un doblaje algo irritante), que no logra contagiar tanto carisma como el impagable Joker de Heath Ledger, parece sacado de una paranoia de tiempos del red scare y la Guerra Fría. Su jaque a Gotham/Nueva York –como siempre, traslación íntegra del mundo- se alza disfrazada de revolución de clases –evidente en su asalto a la Bolsa, por ejemplo, ejecutada por secuaces disfrazados de proletarios: limpabotas, repartidores de comida rápida y señores de la limpieza-, cimentada sobre el terrorismo nuclear y que, en definitiva, supone un nuevo estado de anarquía que ha de ser reparado por el esforzado Batman, auténtico guardián del orden establecido.

             En cualquier caso, todo ello no deja de ser la excusa –hay que agradecer que al menos esté trabajada, una rareza en el blockbuster que corre- para desarrollar un espectáculo de gran potencia visual, menos avasallador e impactante que El caballero oscuro, mejor rodado que Batman Begins pero no tan interesante en el análisis del circunspecto y atormentado superhéroe y, de nuevo, bastante entretenido.

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Nota IMDB: 8,7.

Nota FilmAffinity: 7,7.

Nota del blog: 7.

Tierras lejanas

28 Nov

“Si Bess y yo tuvieramos un hijo, nos gustaría que fuese como Jimmy Stewart.”

Harry S. Truman

 

 

Tierras lejanas

 

Año: 1954.

Director: Anthony Mann.

Reparto: James Stewart, Ruth Roman, Corinne Calvet, Walter Brennan, John McIntire, Jay C. Flippen.

Tráiler

 

 

             James Stewart cumplía como nadie con la representación icónica de los valores del americano medio; franco, testarudo y honesto, con el George Bailey de Qué bello es vivir como paradigma. Sin embargo, una de sus series de películas más populares, los cinco westerns que compartiría con Anthony Mann en la dirección, desprende no pocas sombras e incertidumbres sobre el pasado y la rectitud moral de su figura de caballero andante. La persecución obsesiva de un forajido en Winchester ’73, la oculta cicatriz de una soga entorno a su cuello en Horizontes lejanos, los ardientes rencores y profundas heridas que alimentan sus pesadillas en Colorado Jim,… Signos que apuntaban al reverso tenebroso de un auténtico ideal de integridad.

Tierras lejanas no solo procedía a confirmar esos temores, sino que arrojaba sobre los fotogramas a un individuo resentido, misántropo, orgullosamente hostil pero sobre el que, no obstante, aún brilla un aura de bondad al que las puñaladas traperas de la vida no han conseguido doblegar.

             Como en Horizontes lejanos, Stewart, solitario e implacable conductor de ganado, con un anciano socio como única persona de confianza (Walter Brennan), se topa con la última frontera: las tierras remotas de la Alaska de la fiebre del oro. Un territorio virgen, espacio abierto y sin reglas para moldear una utopía –el recóndito poblado minero de Dawson- o rendirse, como en el agotado Salvaje Oeste, a la ley del más fuerte -la costera y expansiva Skagway, sometida por un trasunto del juez Roy Bean, magistrado y delincuente aficionado al whisky y el cadalso que el mismo Brennan había encarnado en El forastero, incluso repitiendo su costumbre de utilizar la mesa de póquer del saloon como corte judicial-.

De esta manera, el hombre ajeno a la raza humana, empecinado en una cínica neutralidad, queda situado entre dos fuegos y dos mujeres. Una dualidad en el interior de los personajes principales y en el conflicto exterior a ellos que clama, como no podía ser de otra manera, por una resolución violenta.

              En Tierras lejanas, Mann, que como en Winchester ’73 cuenta con Borden Chase a los mandos del guion, desarrolla un argumento sólido pero un tanto más previsible que en sus anteriores y magníficos westerns. A pesar de mantener su excelente pulso en la narración y de contar con un elenco excelente, con alguno de los mejores actores de carácter del género (Brennan, Flippen, McIntire o el anecdótico Jack Elam), la película repite aspectos que ya se percibían envejecidos en Horizontes lejanos, como en los detalles humorísticos o en la representación de la inocencia en el personaje de la joven Renee (Corinne Calvet), bastante plano, que palidece en comparación de la turbia Ronda Castle (Ruth Roman), perfecto reflejo y respuesta del errante y magullado Stewart y que hubiera merecido mayores atenciones.

Marca de autor, el paisaje del filme responde al interior de su protagonista; unas tierras de apariencia imponente aunque áspera, fría, desolada y, por qué no, con oro escondido en sus entrañas, a la espera de ser desenterrado con esfuerzo y fe inquebrantable.

Notable.

 

Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,5.

Nota del blog: 7,5.

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