Tag Archives: América colonial

Zama

8 Feb

.

Año: 2017.

Directora: Lucrecia Martel.

Reparto: Daniel Giménez Cacho, Lola Dueñas, Matheus Nachtergaele, Mariana NunesDaniel Veronese, Juan Minujín, Nahuel Cano, Carlos DefeoRafael Spregelburd.

Tráiler

.

         Hay quien, como el cómic y serie Preacher, imagina el infierno como la revivencia continua e inagotable del instante más doloroso, humillante o desolador de la existencia. El tormento repetido hasta la monotonía de El prisionero, el eterno día de la marmota de Atrapado en el tiempo. Advierten los expertos de que la tendencia en el campo de la tortura ha descartado el martirio físico por un método mucho más sutil y tremendamente más efectivo: la privación sensorial absoluta, capaz de desmoronar o desfigurar hasta la mente más dura.

El corregidor Diego de Zama, funcionario letrado del rey de España, acumula los días en una remota costa del imperio, abandonada de cualquier necesidad, material o metafísica, que requiera la existencia humana. Las jornadas se suceden una tras otra; lánguidas, sofocantes, solo rellenas de moscas, crueldad y molicie. En este caso, la privación a la que se encuentra sometido Zama es existencial o espiritual, y se manifiesta en una constante frustración. Ambiciones enterradas a diez metros bajo el polvo, placeres inconsumados que se pavonean ante sus ojos.

La cineasta Lucrecia Martel, que adapta desde el guion la novela de Antonio Di Benedetto, lo ubica frente al mar, contemplando el horizonte con abatimiento de náufrago. Pero, en realidad, la historia de Zama es la de Sísifo trepando ladera arriba con una piedra en este caso ínfima, pero excepcionalmente pesada, hecha de vagas esperanzas. La vida, en ocasiones, es ardua espera de la nada.

         La directora argentina envuelve la mente agotada de Zama entre paños oníricos, en una de esas pesadillas densas y pegajosas que no contienen monstruo alguno, pero que perturban hasta el fondo del alma a quien la sufre, cuya consciencia torturada se mantiene entre el sueño difuso y la lucidez febril. Los sonidos amalgamados en un fondo compacto, la banda sonora que rehuye la armonía, los animales que se mueven por el escenario como personajes de fábula, los espectros que sobrevuelan el escenario, las frases hechas y desgastadas, los sinsentidos de una sociedad urbana tratando de arañar la selva descomunal.

         Una de las frustraciones de Zama se relaciona con la propia identidad, con el desarraigo entre una América a la que rechaza y una España que lo repudia. El fracaso de Zama y su identidad es el fracaso del colonialismo español en Latinoamérica, que Martel parece conectar a través de los siglos mediante de los terratenientes salteños de La ciénaga, sumergidos como zombis en otro vacío, en otro absurdo, que deriva en otro estupor, esta vez etílico.

Pero la desorientación de Zama quizás no sea una cuestión ibérica, pues también enlaza con otra exploración colonial surrealista de estreno reciente y cuño argentino, Jauja, protagonizada por expedicionarios daneses en el corazón de la Patagonia. Zama se reservará igualmente un capítulo final de aventura abstracta. Un adentramiento en un universo de fantasmas que, a pesar de mutar el tono de la narración y dotarlo de aparente acción, no es sino la prolongación por otros medios de un mismo absurdo existencial.

         De poderosa atmósfera alucinada, esta variación aporta frescura a una obra que juega sus bazas abogando por una postura hostil y desafiante, pues esecialmente contiene como único aliciente sumergirse en el marasmo y el hastío de Zama y compartir con él su condena interminable. La decisión de que el espectador ha de sentir en sus carnes el anquilosamiento que domina a los personajes por medio de padecer su propia cuota de aburrimiento -o semejante- acostumbra a ser reivindicada desde autores que buscan trasgredir los límites convencionales de la expresión cinematográfica; pero no encuentro que sea una opción acertada, puesto que el lenguaje del cine, empleado con talento y sensibilidad, es suficientemente versátil y elocuente como para transmitirlo perfectamente al público sin necesidad de abrumarlo en la desidia. Porque, con frecuencia, la consecuencia es la limitación del interés de la película.

.

Nota IMDB: 6,9.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6.

Corazones indomables

24 Feb

corazones-indomables

.

Año: 1939.

Director: John Ford.

Reparto: Henry Fonda, Claudette Colbert, Edna May Oliver, Ward BondEddie Collins, Arthur Shields, Roger Imhof, Jefe John Big Tree, John Carradine.

Tráiler

.

            Es interesante como John Ford rueda en Corazones indomables la batalla de Oriskany, uno de los enfrentamientos decisivos de la campaña de Saratoga que, a su vez, comenzaría a inclinar la balanza de la Guerra de la independencia de los Estados Unidos en favor de los colonos americanos. Acuciado por el ambicioso mandamás Darryl F. Zanuck y por el retraso acumulado ya durante la filmación, el cineasta concentraría su cámara en Henry Fonda -por aquellos años representación de su particular arquetipo heroico- y en la narración que el actor hace de los hechos bélicos, que se intercalan con los preparativos para la amputación de una pierna al general Nicholas Herkimer mientras afuera arrecia la tormenta -ecos de cuando el cielo atronaba durante la desalentadora llegada del granjero y su esposa al valle Mohawk-. La batalla, en definitiva, nunca aparece en pantalla. No hay espectáculo. Solo un relato trágico, desgarrador, de sucesos terribles y vergonzosos para el ser humano; todo dolor, muerte y miseria.

Esa es la mirada que Ford arroja sobre una victoria nacional, que de esta manera se convierte en la escena más poderosa del filme.

            Corazones indomables sobresale sobre aparentes tópicos genéricos acerca de la villanía del indio -la confederación iroquesa era aliada de los lealistas y del Imperio británico, si bien existían disensiones entre las tribus en cuanto a la forja de alianzas- o del canto épico del nacimiento del país, bajo cuya bandera de barras y estrellas prosperan en libertad las distintas gentes que conforman su pueblo -el izado conjunto del desenlace-. Humanista esquinado, la reconstrucción que Ford hace de este pasaje histórico se funde en la epopeya de la conquista del territorio -la perseverancia y el coraje de los colonos, bendecidos por el amor y por Dios para vencer a las vicisitudes que plantee el destino-; sólida en la plasmación de su espíritu aventurero y la excitación por el peligro constante, elementos que contribuyen a afianzar el sentido de la comunidad que se canaliza asimismo a través de la solidaridad colectiva, de los bailes, las borracheras, las comilonas y las bromas.

Pero, al mismo tiempo, arroja un buen puñado de sombras sobre su vertiente marcial -la definición del conflicto como un asunto de impuestos, el absurdo de la masacre, la contraposición del destructivo belicismo masculino frente a la actividad creadora del batallón de mujeres organizado para asistir un parto, la desconcertante y tragicómica necedad del incendio de la casa colonial-. Eran tiempos, recordemos, en los que se palpaba la tensión de la guerra -la película se estrena apenas dos meses después de la invasión alemana de Polonia, fecha de inicio de la Segunda Guerra Mundial-.

            En lugar de desplegar en la batalla las posibilidades de la generosa producción, Ford prefiere hacer uso de ellas, en especial de la lujosa fotografía en color -que aparece por primera vez en su obra-, para potenciar la belleza estética de secuencias como la carrera al alba. Además, reúne en el reparto a varios de sus habituales, como Ward Bond o John Carradine, para modelar la historia a su gusto, dotándola de su característico catálogo de personajes secundarios carismáticos; un matiz dionisíaco respecto de sus apolíneos protagonistas -Henry Fonda y Claudette Colbert en un género poco habitual en su carrera-. Ahí comparecen el bárbaro bonachón, el borracho bufonesco, el párroco de iluminada fiereza, el indio occidentalizado solo a medias y, destacando entre ellos, la impetuosa matriarca que encarna Edna May Oliver.

Pinceladas de color que refuerzan la vitalidad de un western también ambientado en un periodo atípico, pues la frontera aún no superaba los límites del actual estado de Nueva York, y que resulta por tanto una atractiva curiosidad.

.

Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

Cabeza de Vaca

8 Ago

“El español que no ha estado en América no sabe lo que es España.”

Federico García Lorca

.

.

Cabeza de Vaca

.

Cabeza de Vaca

.

Año: 1991.

Director: Nicolás Echevarría.

Reparto: Juan Diego, Daniel Jiménez Cacho, Roberto Sosa, Carlos Castañón, Gerardo Villareal, Roberto Cobo, José Flores, Eli ‘Chupadera’ Machuca.

Tráiler

.

            Circunstancias de la historia, las aventuras de Alvar Núñez Cabeza de Vaca son hoy menos conocidas que las de otros de sus pares exploradores, quizás debido a que la presencia española en las tierras por él conquistadas poseen leyendas menos llamativas, episodios bélicos menos atronadores y permanencias menos evidentes en el presente. Su épica, aunque distinta, es igual de fascinante, tanto por los milagros médicos que le sirvieron para medrar en dentro de la sociedad indígena que lo había esclavizado tras el naufragio de las naves de la funesta expedición de Pánfilo de Narváez –se le atribuye la primera operación a corazón abierto de la historia- y asimismo por su humanidad extemporánea: según ciertos textos, consideraba y trataba a los esclavos negros y a los indios como iguales, su expansión por el sureste de los actuales Estados Unidos, casi un acto de supervivencia en tierra hostil, tiene un carácter pacífico, e incluso, en opinión de numerosos expertos, su defensa de las Leyes de Indias como gobernador del Río de la Plata sería lo que le acarrease la desgracia.

La antítesis, por tanto, de la leyenda negra de la conquista española de América, siempre tan interesadamente pregonada por rivales geopolíticos de entonces como Francia e Inglaterra.

            Película nacida al abrigo de las celebraciones del V Centenario del Descubrimiento, Cabeza de Vaca, coproducción mexicana y española, recoge la palabra del explorador sevillano a partir de su libro de viajes, Naufragios y comentarios, en el que relata sus ocho años de convivencia con los nativos de la Florida y las regiones meridionales de Norteamérica. El argumento reproduce la colisión del hombre contra lo desconocido –“aquí se acabó España”- y, en consecuencia, el choque entre civilizaciones y la comprensión del Otro.

Asimilada al punto de vista de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, la cinta establece una comparativa comprensiva entre el occidental y los bárbaros hasta el punto de, progresivamente, revertir –o cuanto menos igualar- ambos términos, dependientes tan solo de la perspectiva del narrador. La austeridad del presupuesto deriva, aparte de en un apartado de sonido deficiente, en una puesta en escena que en ocasiones resulta rígida y teatral, acorde al protagonismo de Juan Diego, un actor a quien le suele resultarle difícil diferenciar una interpretación sobre las tablas de una interpretación ante la cámara –que no es lo mismo, por mucho que insista en propinar alaridos y contorsionarse-.

            El relato describe con interés casi antropológico estos episodios en los que Cabeza de Vaca pasa de prisionero a chamán y líder de las tribus locales. La aproximación a este nuevo mundo que se abre ante los ojos del explorador es acertadamente alucinada –si bien no tan estimulante como el onirismo que Werner Herzog impregnaba en la antiepopeya de Aguirre, la cólera de Dios-. Pero su deslavazado esquema y una pobreza de medios no siempre bien sorteada impide que el filme profundice con intensidad en ese encuentro insólito y que cale a fondo en el fuero interno del espectador esta inquebrantable voluntad de supervivencia de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que comparta las curiosísimas aventuras y desventuras del tesorero náufrago como suyas propias.

.

Nota IMDB: 7.

Nota FilmAffinity: 5,8.

Nota del blog: 6.

El último mohicano

19 Jun

“¿Por qué iba a querer interpretar a un inglés de mediana edad y clase media?”

Daniel Day-Lewis

.

.

El último mohicano

.

Año: 1992.

Director: Michael Mann.

Reparto: Daniel Day-Lewis, Madeleine Stone, Steve Waddington, Rusell Means, Eric Schweig, Jodhi May, Maurice Roëves, Wes Studi.

Tráiler

.

.

             Cineasta tardío, Michael Mann lograría llamar la atención de la crítica especializada con su cortometraje Jaunpuri, galardonado en el Festival de Cannes, y un telefilme, Hombre libre, vencedor de tres Emmys y del premio del Directors Guild of America. Aunque su mayor reconocimiento posterior se deba al thriller, concebido éste como un grandilocuente espectáculo trágico, la primera obra en consagrar a nivel popular a Mann tras cintas inadvertidas como Hunter -primera aproximación a la figura del doctor Hannibal Lecter– y una labor más centrada en los aspectos de producción de la serie televisiva Corrupción en Miami, será la adaptación de un clásico de aventuras del siglo XIX, El último mohicano, de James Fenimore Cooper.

             Una revisión ésta en la que Mann juega sus cartas con inteligencia y habilidad de artesano, introduciendo sustanciosas variaciones a partir de un hilo conductor similar –una epopeya romántica ambientada en las pugnas anglofrancesas en la América colonial del siglo XVIII- para componer un atractivo, aunque epidérmico, entramado de épica bélica y melodrama amoroso.

El cuidado en el tratamiento de los personajes permite que, pese al cierto maniqueísmo en parte matizado, estos resulten vivos –un tanto menos la protagonista femenina que, al igual que la algo acartonada trama amorosa de la que forma parte resulta algo más desdibujada-, enriquecidos por la capacidad interpretativa de un sólido reparto encabezado por el siempre intenso Daniel Day-Lewis quien, en uno de esos alardes de exhibicionismo gratuito e irrelevante tan del Método, tuvo a bien instalarse en lo salvaje durante varios meses sustentándose del terreno para capturar el alma del agreste Ojo de Halcón.

             Narrada con pulso firme, El último mohicano goza de un cuidadísimo acabado artístico en lo que se refiere a una sobrecogedora escenografía natural, un esmerado ejercicio de recreación histórica y una banda sonora, firmada por los compositores Trevor Jones y Randy Edelman, de lo más resultona.

Eficaz en sus pretensiones.

 

Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

El nuevo mundo

15 Jun

“Creo que Malick prefiere construir una casa que entrar en el mundo de las inmobiliarias y venderla.”

Brad Pitt

 

 

El nuevo mundo

 

Año: 2005.

Director: Terrence Malick.

Reparto: Q’orianka Kilcher, Colin Farrell, Christian Bale, Christopher Plummer, August Schellenberg, Wes Studi, Yorick van Wageningen.

Tráiler

 

 

            Después del fracaso de público de la infravalorada Días del cielo mediarán veinte años hasta que Terrence Malick rompa su silencio cinematográfico con La delgada línea roja, extraordinario retrato del hombre enfrentado a la irracionalidad.

Esta vez, empleando un guion escrito tres décadas atrás, Malick tan solo aguardaría un lustro para entregar su nuevo poema en imágenes: la revisión del romance entre el capitán inglés John Smith (Colin Farrell) y la princesa algonquina Pocahontas (la suizo-peruana Q’Orianka Kilcher) en la virgen Norteamérica del siglo XVII. El encuentro entre un mundo enfermo y caduco y el Edén del buen salvaje, la transformación del hombre y la civilización, medidas insignificantes frente al todo de la Naturaleza y el Universo, por el amor y el desamor.

            Como en La delgada línea roja, el cineasta tejano propone el renacimiento de un hombre alienado por el contacto con la pureza e inocencia idílica de una sociedad no maleada por los vicios del mundo moderno, urbano, fabril y destructivo. La vida como un continuo nacer y renacer, un proceso de metamorfosis interior derivado del contacto humano.

Así, destaca el contraste entre ese buen salvaje –los algonquinos aquí, los melanesios en La delgada línea roja, la infancia en Días del cielo y, en cierto modo, Malas tierras-, nacido de la Naturaleza –unas escenas acuáticas que tienen algo de seno uterino-, en comparación con Smith, devuelto a la vida al conmutársele su condena a muerte en el mismo cadalso mugriento.

Un proceso de incesante muerte y resurrección de ilusiones y esperanzas que va enlazando toda la estructura capitular del filme.

            El nuevo mundo de la vieja civilización que nace ya corrupto, presa de unos vicios incardinados en su putrefacto interior. Unos seres extraños y aparatosos, intrusos en un paraíso al que no pertenecen y al que, con su solo contacto, ya contaminan de manera irreparable –premisa que ya aparecía también, aunque más tangencialmente, en La delgada línea roja-. Incluso en un contacto virtuoso como el del amor entre ese Smith en busca de lavar su alma de pecados, ser marginal por su origen humilde y sus loables, incomprendidas y utópicas intenciones de igualdad y hermandad, y la princesa nativa –nunca se llegará a mencionar su nombre, ni falta que hace-, convierte a ésta en un ser desplazado por su propio pueblo, causa de su perversión.

Qué mundo éste en el que el amor es causa de desgracia, objeto utilitario ponderado desde un punto de vista racional, político y económico.

             Malick expone un romance en el que el amor doliente forma parte de una emoción con dos caras entrelazadas, unidas a esa constante de muerte y resurrección.

Su incomparable sensibilidad para traducir en imágenes emociones y sentimientos, amor, dolor, esperanza, melancolía, vida y muerte, vuelve a ponerse de manifiesto en la armónica combinación entre la soberbia dirección de actores -capaz de extraer la máxima capacidad del irregular Farrell, impulsar a su máxima expresión la belleza exótica y cándida de Kilcher y conjugar los esfuerzos de todo el reparto-, la precisa banda sonora de Howard Shore y  una puesta en escena desbordante, que recoge la belleza de lo natural hasta el preciosismo y escribe poesía con los pequeños gestos y milagros cotidianos olvidados o imperceptibles para el ojo distraído, concatenando hombre, naturaleza y divinidad en un solo entre, desde la exuberancia de las costas y los bosques inmaculados de Virginia hasta la cenicienta e infecta Londres, orgullo de lo civilizado donde se ha perdido el contacto con lo primigenio, con lo que define y hace bueno y noble al ser humano, donde la Naturaleza se encuentra domada en pequeños reductos, desnuda de su alma, como el hombre que osa dominarla.

Lírica, hermosa y profunda.

 

Nota IMDB: 6,8.

Nota FilmAffinity: 5,9.

Nota del blog: 9.

A %d blogueros les gusta esto: