Tag Archives: Afganistán

Máquina de guerra

20 Sep

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Año: 2017.

Director: David Michôd.

Reparto: Brad Pitt, Anthony Hayes, John Magaro, Anthony Michael Hall, Emory Cohen, Topher Grace, Daniel Betts, Aymen Handouchi, RJ Cyler, Alan Ruck, Nicholas Jones, Will Poulter, Lakeith Stanfield, Scoot McNairy, Meg Tilly, Ben Kingsley, Griffin Dunne, Tilda Swinton, Russell Crowe.

Tráiler

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         La dualidad del cine. Desde ¡Armas al hombro! del genio Charles Chaplin, el séptimo arte lleva clamando contra el absurdo de la guerra a la vez que otras producciones ensalzan la épica del servicio a la patria, exaltan la emoción del combate en este u otros tiempos, o perpetran propaganda belicista directa o indirecta. Patton, por ejemplo, puede pasar bien como un retrato comprensivo y veladamente satírico de un alto mando anacrónico y pintoresco, o bien por una reconstrucción de la Segunda Guerra Mundial fascinada por la cosmovisión y el punto de vista de ese personaje, un poeta-guerrero homérico. Valga como dato que, al parecer, Richard Nixon encontró inspiración en el biopic para decidir el refuerzo de la ofensiva estadounidense en Vietnam

         Inspirado por el megalómano y lenguaraz general Stanley McChrystal, el general Glen McMahon de Máquina de guerra (Brad Pitt, puro y excesivo cartoon) juega a ser George Patton en una Guerra de Afganistán tan ridícula como insalvable. El filme se basa en el libro The Operators, de Michael Hastings, y su lectura del contexto marcial en suelo afgano, así como de los resortes que accionan la política internacional de los Estados Unidos -especialmente en su faceta bélica-, no es en absoluto ambigua, sino denodadamente crítica. La primera imagen del país norteamericano lo encuadra en la cara oscura del planeta, a lo que le sigue un plano de un váter. Sin embargo, un tanto roma en su expresión visual y entumecida en el tempo cómico, el principal potencial argumentativo de la película proviene del discurso, esencialmente de la extensa voz en off.

         De este modo, Máquina de guerra arroja violentas andanadas contra la misión estadounidense en Afganistán y, por extensión, contra su presunta lucha frente a la amenaza terrorista global, la dicotomía que, desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, sustituye a la caduca polarización global de la ya agotada Guerra Fría en este cuento de nunca acabar. Pero inserta estas interesantes y pertinentes reflexiones dentro de una obra con una poco lograda vis cómica y descompensada en la construcción del hilo argumental, en los tiempos narrativos de la misma y en el empleo de los personajes, con una galería de secundarios bastante difusos en comparación con la presencia invasiva de McMahon.

Las encomiables intenciones del director y guionista, el australiano David Michôd, se ven mermadas por este desequilibrio de base, que ralentiza demasiado el despliegue ofensivo, ralentiza el ataque y rebaja su efectividad corrosiva, aquella que detrás del humor debería dejar vislumbrar el perturbador horror.

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Nota IMDB: 6,1.

Nota FilmAffinity: 5,1.

Nota del blog: 6.

La noche más oscura (Zero Dark Thirty)

27 Jul

“El americano es un personaje esencialmente demócrata. Incluso cuando comete errores, los hace creyendo defender la democracia.”

Jules Dassin

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La noche más oscura (Zero Dark Thirty)

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La noche más oscura

Año: 2012.

Director: Kathryn Bigelow.

Reparto: Jessica Chastain, Jason Clarke, Kyle Chandler, Edgar Ramírez, Jennifer Ehle, Joel Edgerton, Fares Fares, Mark Strong, James Gandolfini.

Tráiler

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            El cine es una emanación de la sociedad. En el recién estrenado nuevo milenio, películas como La red social, El capital o La noche más oscura bien podrían diagnosticar esa misma sociedad contemporánea o, cuanto menos, exponer los hechos que construyen y dan sentido a su contexto particular.

            De igual modo que en su anterior En tierra hostil (The Hurt Locker), producida durante el punto álgido de la Guerra de Irak, Kathryn Bigelow, primera mujer galardonada con el premio Oscar a la mejor dirección, se aferra una vez más en la actualidad más rabiosa y candente para dar forma a su obra, de nuevo con el apoyo de Mark Boal en el guion.

El trasfondo no es otro que la caza, captura y homicidio de Osama Bin Laden, enemigo público número uno, ideólogo y alma espiritual de uno de los hechos más decisivos de la Historia reciente: los atentados del 11 de septiembre contra el World Trade Center de Nueva York, corazón mismo de los Estados Unidos, saldados con cerca de 3.000 muertes.

Dada su fecha de estreno, próxima a los comicios presidenciales en el país norteamericano, tal coincidencia no se libraría de acusaciones de oportunismo, electoralismo y asesoramiento improcedente desde el ámbito gubernamental, toda vez que dicho acontecimiento sería una de las banderas de éxito izadas por la administración Obama, quien por cierto disfruta en el filme de una imagen a grandes rasgos favorable.

            La negra cicatriz arrancada en el mismísimo rostro de América es la que, precisamente, compone el génesis duro y conmovedor que desencadena la acción de la película, de inmediato respondido con frías escenas de tortura en uno de los centros de detención secretos de la CIA. Causa-efecto.

No obstante, el saldo de la ecuación queda por ver, tanto en la cinta como en la realidad.

            El discurso de La noche más oscura es en general no tanto argumentativo como expositivo. En principio no se juzgan los métodos, sino que se presentan en crudo dentro de los capítulos atravesados durante el proceso de búsqueda, procedimientos en paralelo los efectos de los cambios de política, legitimados –la infame tesis de las armas de destrucción masiva, la cuestión moral de la tortura- y al mismo tiempo contrapesados –la responsabilidad por la inacción, la posibilidad de obtener un triunfo decisivo-.

Corresponde entonces al espectador cuestionarse sobre si el resultado final encuentra justificación.

            La narración, profusamente documentada, se ajusta a la verosimilitud como objetivo prioritario, lo que da lugar a un estilo riguroso, próximo en ocasiones a la recreación documental –hasta el punto de que desafinan situaciones más peliculeras, como la zafia presentación de la protagonista ante la plana mayor de la CIA-, con escasa presencia incluso de la minimalista banda sonora de Alexandre Desplat -muy semejante a su por otro lado magnífica partitura de Syriana, de temática pareja a ésta-.

            Es así un relato casi notarial que adopta el punto de vista de la agente Maya (Jessica Chastain, toda convicción). Maya aparece entonces como un samurái criado específicamente para dicha tarea por medio del trauma –como la nación al completo- y el exhaustivo entrenamiento, sin más motivaciones y dimensión afectiva o emocional que todo aquello que concierna a su obsesiva persecución –aparte de la obstinación, la ambición y una contenida desesperación ante los reveses, en última instancia el principal resorte que la inspira es el de la venganza personal-. Maya es la caza.

Fallidos y obsoletos los métodos de la Guerra Fría –la corrupción mediante el dólar, el gran arma del capitalismo-, queda otro de los rasgos americanos por excelencia, la iniciativa particular, como camino hacia una victoria dudosa, difusa, parcial pero en todo caso simbólica. A fin de cuentas, la ardua y cruenta investigación se resuelve casi en un metafórico cuerpo a cuerpo entre la pertinaz agente -fiel devoradora de hamburguesas y Coca Cola, pelirroja, pálida, frágil y terca- y el monstruo indetectable e inexpugnable –barbado, de execrables costumbres, oculto en un fortín entre mujeres cubiertas de velos-.

Un recurso argumental de tendencia bastante más populista y en cierto modo contradictorio con el atinado estilo y tono mantenido hasta entonces.

            En todo caso, a pesar de esa premisa de distanciamiento narrativo que domina la mayor parte del filme, La noche más oscura sabe mantener vivo el interés a lo largo de esa minuciosa cacería y extraer de su relato una lograda tensión, patente en especial en ese fibroso clímax de la Operación Gerónimo escrito mediante cámaras de visión nocturna y negrura, todo nervios, expectativa, chapuza y, por fin, un maremágnum de emociones encontradas entre la confusión, el vacío, el alivio y la euforia.

 

Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7,5.

El hombre que pudo reinar

18 Jul

“La película tiene sus defectos, supongo, pero ¿a quién le importa? Se lanza sin miedo hacia delante, nada a contracorriente hacia la catarata.”

John Huston

 

 

El hombre que pudo reinar

 

Año: 1975.

Director: John Huston.

Reparto: Michael Caine, Sean Connery, Saeed Jaffrey, Christopher Plummer, Shakira Caine.

Tráiler

 

 

             John Huston no era un director perfecto, así como nunca tuvo la intención de serlo. Pero sí se puede reconocer indefectiblemente en su obra una inaudita pasión por narrar, por el viejo arte de contar historias, lo que es, en definitiva, la esencia del denominado Séptimo Arte. Huston vivió su vida como una aventura disfrutada al máximo, según le venía, exprimiendo hasta la última gota de su sabor, unas veces dulce, otras amargo; un espíritu vitalista que supo transmitir a muchas de sus películas. Y a esta como a ninguna.

            Gran conocedor y admirador de la obra del británico Rudyard Kipling, Huston escogió un texto corto basado en las casi legendarias aventuras del americano Josiah Harlan, quien viajo y llegó a ser coronado Príncipe de la agreste región afgana de Ghor. Tras varios intentos infructuosos, Huston conseguía por fin sacar su película adelante en 1975, no atravesar de nuevo numerosos problemas. Una obra esta en la que se relata el viaje de dos inolvidables pícaros, Peachy Carnehan (Michael Caine) y Daniel Dravot (Sean Connery), ex soldados del imperio británico, farsantes, timadores, ladronzuelos y, sobre todo, amigos y vividores, en su propósito de conquistar primero y más tarde ser proclamados reyes, ídolos o dioses para saquear a placer alguna remota región del Kafiristán. Dos desheredados del mundo en busca de un tesoro que les haga cambiar su destino y les coloque en el lugar donde se merecen –Huston conocía bien esas motivaciones, que recuerdan mucho, entre otras, a las de los protagonistas de otra cumbre del cine de aventuras y de su filmografía, El tesoro de Sierra Madre– por medio de un plan tan loco e imposible como genial.

            El hombre que pudo reinar es una película hecha a la vieja usanza, una obra confeccionada artesanalmente, con un profundo amor por ese sentido aventurero y por unos personajes adorables, bribones que tampoco eran perfectos pero que conocían la vida como pocos, con una sabiduría propia y exclusiva de personas que han atravesado las mil y una batallas de este valle de lágrimas y cuya impronta van dejando a lo largo de todo el metraje, de toda su epopeya de demente conquista y gloria gracias al maravilloso guion de Gladys Hill, escrito en colaboración con el propio Huston; una verdadera obra de arte que destila una mayúscula adoración y amor por la vida y la aventura, lleno de matices irónicos, de lírica melancolía, de emoción, de humor, de velado pesimismo, de alegría, de tristeza; como la existencia misma.

            Una perfección que se extiende a todos los niveles, desde la magnífica partitura de Maurice Jarre, que toma como leitmotiv el popular The Minstrel Boy, hasta la inconmensurable realización y puesta en escena de Huston, que combina la enormidad de los parajes épicos, sobrecogedores y terribles que recorren, disfrutan y padecen riendo y cantando Peachy y Daniel, junto con el intimismo en el que se presenta esa relación de amistad entre dos dignos representantes de lo mejor y lo peor del ser humano. Por su parte, Caine y Connery redondean a sus dos enormes personajes con una de las mejores interpretaciones, sino la mejor, de sus carreras, lo que no es decir poca cosa; un ejemplo de química en pantalla, de carácter y sensibilidad histriónica, de adueñamiento y disfrute, propio y ajeno, de unos roles imperecederos.

El hombre que pudo reinar es la esencia de la vida, es el cine.

 

Nota IMDB: 8.

Nota FilmAffinity: 7,9.

Nota del blog: 10.

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