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El enigma de otro mundo

19 Jun

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Año: 1951.

Director: Christian Nyby.

Reparto: Kenneth Tobey, Robert Cornthwaite, Margaret Sheridan, Douglas Spencer, James Young, Dewey Martin, Robert Nichols, William Self, Eduard Franz, Sally Creighton, James Arness.

Filme

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        Uno de los cineastas más versátiles de la historia, Howard Hawks, estrenaría su propia productora, Winchester Pictures Corporation, con un género, el terror, que no tocará jamás acreditado como director. Y aun así, dejará una profunda huella en él, llevando las riendas -y según numerosas voces rodándola de forma efectiva- de una película que, posteriormente, otros realizadores, como Ridley Scott -que toma su base para Alien, el octavo pasajero– o John Carpenter -quien ya la guiñaba en La noche de Halloween y que llevará a cabo un remake de la obra- reconocerán como una de las influencias clave en sus carreras cinematográficas.

        El enigma de otro mundo no deja de ser una producción de serie B construida sobre los cimientos habituales del subgénero de invasiones extraterrestres de los años cincuenta, de probada popularidad. Así, en el sustrato de su historia confluyen, disfrazados, los grandes miedos que en aquel periodo estaban empujando a los Estados Unidos al ‘red scare‘, es decir, la tensión antisoviética en el volcánico nacimiento de la Guerra Fría y la desconfianza hacia la ciencia que había engendrado la inquietante era del átomo. El invasor y sus aliados encubiertos.

        Con las limitaciones naturales de este tipo de proyectos, El enigma de otro mundo consigue destacar en su hábil dosificación de la amenaza y la consecuente intriga, al mismo tiempo que se agradece la atención que le presta a la composición de los personajes y de sus relaciones. Destaca en este aspecto el empleo del humor para perfilar la personalidad del líder militar, sus subalternos y la chica, si bien comparece asimismo, de forma inusual, en la definición del monstruo, al que se tacha socarronamente de “zanahoria gigante” -las ‘impersonales’ formas vegetales, por cierto, cobrarán similar protagonismo en otra de las cintas fundacionales de la época, La invasión de los ladrones de cuerpos-. Este detalle, aunque nimio, permite rebajar la seriedad que se le pueda atribuir a una criatura cuya caracterización sufre, inevitablemente, el inclemente paso de las décadas.

Quizás no estén desatinados los rumores que apuntaban a que Hawks había recurrido a dos insignes amigos, Ben Hecht y William Faulkner, para darle alguna que otra solución al guion que contiene un relato que termina ajustándose a unas variables gratas al cineasta -cierto sentido de la camaradería grupal, el aguijonazo del peligro, la inquieta calma que marca la espera en el asedio-. El ritmo narrativo también muestra constantes hawksianas y deja tras de sí escenas aún de impacto como, por ejemplo, el ataque con fuego en el dormitorio.

        La Winchester Pictures Corporation solo estrenará otra película más: Río de sangre, esta sí firmada por Hawks desde la silla de director y con una mezcolanza de western y aventuras más característica del autor.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

Ator el Poderoso

14 Jun

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Año: 1982.

Director: Joe D’Amato.

Reparto: Miles O’Keeffe, Sabrina Siani, Edmund Purdom, Dakar, Ritza Brown, Laura Gemser, Olivia Goods, Nello Pazzafini, Jean Lopez.

Tráiler

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         Poderosa era la cabellera de los bárbaros del cine de los ochenta. Probablemente influidos por los héroes del heavy y el glam, el volumen de su melena lucía acorde a los tiempos. Quizás hoy risible, calculo que con una expresión semejante se analizarán en décadas futuras los degradados, rapados laterales, moños y crestas que, con orgullo, arrogancia y coquetería, exhiben los guerreros de las producciones históricas de la actualidad.

Ator el Poderoso es una de las primeras réplicas que se sucedieron tras el éxito de Conan el bárbaro. Y esta celeridad en su producción es una de las razones que provocan que sea una película donde apenas hay nada desarrollado, ya que el relato está compuesto por un armazón arquetípico con abundantes saqueos de la seminal obra de John Milius. No solo por el protagonista -un salvaje que se alza en contra del siniestro culto que domina a los pueblos del entorno, que únicamente cambia la serpiente por la araña- y su acompañante -solo una bella e independiente ladrona rubia, porque no hay más preparación para añadir a otros personajes-; sino también por algunas de las escenas que atraviesa la historia -el asalto a la aldea, las intenciones lascivas de la bruja-.

En paralelo, comparecen otros detalles que parecen tomados de la tradición judeocristiana -la profecía mesiánica- y grecolatina -el escudo y la hechicera que recuerdan, respectivamente, a la cabeza de Medusa empleada por Perseo y al episodio de los lotófagos de la Odisea homérica-.

         Huelga decir que toda la fuerza mitológica de Milius no está presente en Ator el Poderoso. Realizador especializado en el cine de género de serie Z e incluso en el filme erótico -hasta el punto de entremezclarlos en cintas como Emanuelle y los últimos caníbales u Holocausto porno-, Joe D’Amato no se molesta, o es incapaz, de disimular las carencias del proyecto, de modo que es imposible que, de tan birrioso, el terrible imperio del tirano imponga cualquier tipo de sensación de peligro a las aventuras de Ator. Por ello, languidecen y aburren de inmediato a merced de un libreto pobre y rodado, además, sin pulso narrativo alguno, con planos de acción por completo destensados. El verdadero y espeluznante enemigo.

         Nada más estrenarse Conan el destructor, D’Amato correría a filmar también su propia segunda parte, Ator 2: El invencible. Y, superando al modelo original, lanzaría una tercera, Ator: el guerrero de hierro, y hasta una cuarta, Ator: La leyenda de la espada de Graal.

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Nota IMDB: 3.

Nota FilmAffinity: 3,4.

Nota del blog: 2,5.

Muñecos infernales

27 May

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Año: 1936.

Director: Tod Browning.

Reparto: Lionel Barrymore, Maureen O’Sullivan, Frank Lawton, Rafaela Ottiano, Henry B. Walthall, Grace Ford, Robert Greig, Pedro de Cordoba, Arthur Hohl, Lucy Beaumont.

Tráiler

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         La venganza es un asunto tortuoso en el cine de Tod Browning, un especialista en contraponer las anomalías estéticas frente a las auténticas deformidades, que son las morales.

         En Muñecos infernales -una cinta mucho más próxima al cine fantástico que al de terror a pesar de las sugerencias de su título-, un hombre que todavía parece distinguir perfectamente el bien del mal -sus reproches a los planes de los científicos desquiciados de los que no obstante se aprovecha- pretende inmolarse en una venganza monomaníaca contra los compañeros de negocio que lo traicionaron y enviaron a la Isla del Diablo.

El personaje, interpretado por Lionel Barrymore, comienza teniendo un tratamiento muy cercano al de un villano al uso, tal es el maquiavelismo de su sed de sangre. El delirante plan que traza, sirviéndose de los seres miniaturizados que le proporciona el experimento de la pareja de investigadores, va adquiriendo tintes enfermizos y surrealistas, de pura extravagancia. Al igual que el ventrílocuo de El trío fantástico, el sujeto ultrajado se traviste de amable abuelita para ejecutar su vendetta con inexorable sangre fría, solo en contraste con el profundo amor que profesa y expresa hacia su anciana madre y su joven hija, cuyo repudio marca el signo de la tragedia en el relato, así como una semilla de redención personal.

         Lo grotesco del argumento hace que en muchos momentos la lógica se tambalee y que de lo insólito se pase a lo incrédulo y lo desmedido, de igual manera que determinadas caracterizaciones -en especial la ‘mad doctor’ con peinado a lo novia de Frankenstein- parecen pertenecer a otros tiempos y resultan demasiado exageradas. El sentido visual de Browning sostiene la película con notas románticas, eróticas y oníricas, donde la perversidad se confunde con la liberación. Aparecen conceptos tremendamente subyugantes como la atroz condena autoinfligida por los propios pecados, la cual ya estallaba arrolladoramente en obras como Garras humanas y sobre todo Más allá de Zanzíbar; aunque el atrevimiento en su resolución -y el impacto- es aquí menor, endulzado y fláccido, contradictorio con lo enfermizo de la construcción de historia y caracteres.

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Nota IMDB: 7,1.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 6.

Juez Dredd

15 May

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Año: 1995.

Director: Danny Cannon.

Reparto: Sylvester Stallone, Diane Lane, Armand Assante, Rob Schneider, Max von Sydow, Jürgen Prochnow, Joanna Miles, Joan Chen, Scott Wilson, Ewen Bremner.

Tráiler

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         Conviene tener cuidado con lo que se desea. Danny Cannon quería que actores de talla internacional se incorporaran a su proyecto de convertir Juez Dredd en una película intemporal, “en el Ben-Hur de las adaptaciones de cómic”. En pago, recibió a Sylvester Stallone para liderar el reparto. Sly, en la cumbre de su popularidad y por completo desconocedor de la historieta en cuestión, terminaría amoldando el filme a sus apetencias, dentro de una constante disputa en la que Cannon, recién llegado al sistema hollywoodiense, poco podía decir. De hecho, quedaría excluido del rodaje de las escenas de posproducción.

John Wagner, padre del juez Dredd junto al español Carlos Ezquerra, confesaría años más tarde que la historia resultante, tallada a martillazos de comedia y acción por parte de Stallone, poco o nada tenía que ver con su concepto original. Cannon juró que jamás volvería a dirigir a una estrella.

         Juez Dredd se presenta como una distopía en la que la Justicia trata de sobreponerse al caos desde una perspectiva dual que alcanza su máxima expresión en el proyecto Jano, que precisamente recibe el nombre del dios romano de las dos caras. A partir de ahí se establece como trasfondo argumental una lucha por el poder entre rigoristas draconianos y moralistas compasivos, lo que se traduce en primer plano en los apuros de Dredd, injustamente proscrito por el sistema que defiende, y su enfrentamiento contra el antagonista, Rico, movilizado por un jerifalte con tentaciones de mano dura fascista.

Es decir, que el filme posee una base rica, violenta y potencialmente compleja que, sin embargo, queda reconducida bajo el puño de hierro de Stallone hacia un simple vehículo de lucimiento dominado por la adrenalina para todos los públicos y un humor que, de tan infantil -mención especial para el secundario palizas destinado a servir de presunto alivio cómico-, parece incluso paródico.

         Esta decisión confiere un tono al filme que conduce al ridículo un buen puñado de planos, líneas de guion e interpretaciones -en concreto, aparte de la de Sylvester “yo soy la ley” Stallone, la de un psicótico Armand Assante y su kurtziano personaje, quien en su guerra contra el crimen hasta el último extremo ha abrazado abiertamente el horror moral-. En paralelo, el aceleramiento del relato, que hasta llega a dejarse por el camino partes de la narración -¿qué pasa con esos clones?-, impide que pueda asentarse cualquier poso reflexivo -que abarca por supuesto la naturaleza del propio Dredd como policía, juez y verdugo plenipotenciario-, a la vez que reduce a meros detalles algunas muestras críticas como ese laboratorio totalitario oculto dentro de la Estatua de la Libertad -un uso torcido del símbolo que se puede apreciar en otros futuros alternativos más logrados, como 1997: Rescate en Nueva York-.

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Nota IMDB: 5,5.

Nota FilmAffinity: 4,1.

Nota del blog: 4,5.

Batman Begins

8 May

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Año: 2005.

Director: Christopher Nolan.

Reparto: Christian Bale, Liam Neeson, Katie Holmes, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Tom Wilkinson, Cillian Murphy, Ken Watanabe, Rutger Hauer, Mark Boone Junior, Linus Roach, Richard Brake, Jack Gleeson.

Tráiler

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         El desembarco del británico Christopher Nolan en la refundación de Batman sería uno de los sucesos más influyentes ocurridos en el cine comercial reciente. La Trilogía del Caballero Oscuro, que inaugura con Batman Begins y alcanza su cénit con la magnífica El caballero oscuro, decantará una nueva manera de abordar el blockbuster marcada por una búsqueda de madurez, gravedad y complejidad -temática y formal- que incluso, según sus detractores, tiende a caer en la afectada pretenciosidad y la megalomanía. De hecho, contra ella se opondrá la apuesta de la casa rival de DC Comics, Marvel, por la realización de producciones taquilleras de espíritu relajado y festivo, posmodernas y autoconscientes.

         Este hombre murciélago encarna así la solemnidad y la circunspección sobre la que se asienta el espectáculo. El viaje del héroe es interior, puesto que para él la salvación de Gotham mediante un verdadero acto de Justicia significa igualmente la sanación de las supurantes cicatrices de su espíritu, torturado por un complejo de culpa que se entreteje con la descomposición moral de la sociedad.

Dentro de este discurso, el guion, compuesto por el propio Nolan junto a David S. Goyer -que se convertirá en un hombre clave en este universo cinematográfico de la DC-, toma su inspiración en los traumas colectivos de la América del comienzo del milenio -el grupúsculo de fanáticos que atenta contra la megalópoli a la que consideran el Gran Satán, el cataclismo económico que anticipa con unos pocos años de antelación-, frente a los que la redención del joven Bruce Wayne adquiere, pues, tintes mesiánicos. El campeón providencial que Gotham necesita en estos tiempos turbios.

         El curso hacia el inevitable clímax de acción, la catársis típica del subgénero superheroico, queda así aderezada con detalles psicológicos y críticos que le aportan densidad a la función. Nolan domina el pulso narrativo con solidez, aunque sus cálculos creativos, frecuente objeción en su escalada hacia la monumentalidad, se pueden apreciar de manera evidente en puntos como la forzada introducción del humor.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7,5.

Los cazafantasmas

20 Mar

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Año: 1984.

Director: Ivan Reitman.

Reparto: Dan Aykroyd, Bill Murray, Harold Ramis, Ernie Hudson, Sigourney Weaver, Rick Moranis, Annie Potts, William Atherton, David Margulies, Slavitza Jovan.

Tráiler

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          Tiendo a asociar la explosión definitiva del consumismo en los Estados Unidos con el florecimiento en la década de los ochenta de un cine comercial y de evasión -el de La Guerra de las Galaxias, Tiburón, etcétera- que se replicaría tras el cambio de milenio en una nueva ola de consumo destinada a satisfacer las apetencias y extraer los cuartos de la generación criada bajo esos principios propios del ultraliberalismo, embarcada ahora en una crisis de la mediana edad que los agentes económicos rentabilizan por la vía del fetichismo nostálgico. Tal es así que el revival de los ochenta ha durado casi veinte años -solo para dejar paso, claro, a la recuperación de los noventa, que podría considerarse oficializada por fin por la estética de las equipaciones de fútbol, otro de los símbolos a través de los que se manifiesta el consumo de masas-.

De hecho, Los cazafantasmas es uno más de ese centenar de iconos del cine palomitero del periodo, ya por aquel entonces desarrollado como producto multimediasecuela, serie de dibujos animados, cómics, figuras de acción, videojuegos y juegos de mesa…-, que, más allá de las incontables citas y tributos, se ha repescado para un nuevo impulso recaudatorio, esta vez intermediado por otra poderosa corriente comercial del momento como es la de la monetización del revitalizado movimiento feminista -sin éxito, cabe decir-.

          Los cazafantasmas se convirtió en su día en la comedia más taquillera de la historia. Contaba con dos actores de gran popularidad surgidos de Saturday Night Live como Bill Murray y Dan Aykroyd, este último autor asimismo de la idea de base del filme, rematada junto a Harold Ramis, que también encontrará hueco en el equipo de parapsicólogos que se topa con un inesperado apocalipsis mesopotámico e interdimensional en pleno centro de Nueva York. Dirige además Ivan Reitman, un cineasta que comenzaba a labrar su trayectoria en esta clase de producciones, con películas como Los incorregibles albóndigasEl pelotón chiflado, y que no se mostrará especialmente ducho en el rodaje de este argumento donde las condiciones del género fantástico son primordiales. Se notará particularmente en las secuencias que implican acción.

          En realidad, Los cazafantasmas puede entenderse con un auténtico canto al pequeño emprendedor que lucha con pasión y tesón por conquistar el sueño americano, por muy extraña que sea su extracción personal y la naturaleza de su negocio, y por muchas que sean las trabas que se encuentre en el camino -la pobreza, la burocracia-. Otro mensaje propio de la época, en definitiva. Sus protagonistas son pillos entrañables y frikis irredimibles, lo que abarca un amplio espectro de sensibilidades entre el público potencial.

El desparpajo de sus fundamentos y ocurrencias, conscientes de la ligereza de la función y de su vocación de entretenimiento, un tanto dispersos por momentos aunque desarrollados con entusiasmo, también imprimen carisma a la cinta, que calará en la cultura colectiva -su concepto fantástico, la canción franquicia de Ray Parker Jr.-. A partir de ello, el metraje fluye siguiendo el sendero tradicional por el que el perdedor se revela como héroe insospechado, otro clásico.

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Nota IMDB: 7,8.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

Vengadores: La era de Ultrón

8 Feb

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Año: 2015.

Director: Joss Whedon.

Reparto: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Mark Ruffalo, James Spader, Elizabeth Olsen, Aaron Taylor-Johnson, Paul Bettany, Samuel L. Jackson, Cobie Smulders, Linda Cardellini, Claudia Kim, Don Cheadle, Andy Serkis, Thomas Kretschmann, Stellan Skarsgård, Anthony Mackie, Julie Delpy, Idris Elba, Hayley Atwell, Stan Lee.

Tráiler

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          “Tú los destrozarás desde dentro”, le explica el supervillano Ultrón a la Bruja Escarlata, que con sus poderes psíquicos es capaz de enfrentar a cada uno de los vengadores contra sus temores más profundos y ocultos. La duda del superhéroe es uno de los temas principales de Vengadores: La era de Ultrón, una continuación en la que las dobleces y los dilemas internos de los integrantes de este ‘dream team’ marvelita poseen un mayor protagonismo en comparación con la anterior, donde primaba la colisión entre la acción épica y el diálogo afilado, casi de screwball commedy, que define la impronta de Joss Whedon.

En esta secuela, la Bruja Escarlata desnuda al superhéroe ante el espejo del yo, al igual que Mantis podía leer los secretos a flor de piel de aquel a quien tocaba en otra segunda parte, esta vez de Guardianes de la galaxia. Pero mientras que en el caso de Peter Quill estos se referían a una risible tensión sexual no resuelta, en Vengadores: La era de Ultrón se trata de preguntas acerca de la responsabilidad, el significado y las consecuencias de actuar de forma heroica, acerca de qué define la bondad o la maldad de estas acciones y cuán legítimas son las motivaciones y los resultados que estas producen.

Es decir, una introspección en la dualidad entre dios o monstruo que, por ejemplo, también se exponía en la reciente resurrección de Supermán en El hombre de aceroBatman v. Superman: El amanecer de la Justicia, o que, sin salirnos de la factoría, se encuentran en la base de esa relectura del doctor Jekyll y el señor Hyde que es Hulk.

          La diferencia de peso entre los miedos íntimos de Peter Quill y sus primos vengadores será lo que explique que en una se mantenga el tono festivo marca de la casa y en otra se matice hasta, incluso, aproximarse a la trágica negrura de la rival DC, la cual, sin embargo, e independientemente de que obtuviese mejores o peores réditos, apostaba con más decisión y consistencia por este drama personal. Porque en Vengadores: La era de Ultrón este tema queda apenas en apuntes con escaso vuelo, de igual manera que otros planteamientos de cierta enjundia como la identificación entre contrarios que sabe percibir el siempre íntegro Capitán América en los encolerizados hermanos Maximoff o las interpretaciones políticas que pueden entreverse en ese proyecto Ultrón con similitudes al escudo antimisiles de los Estados Unidos rebautizado con el cinematográfico ‘La Guerra de las Galaxias’, seguido de las tradicionales imágenes de la catástrofe colosal impregnadas de los ecos del 11-S, en este caso provocadas por un Hulk que, de este modo, se hermana de nuevo con el Supermán que defiende Metrópolis del ataque de general Zod no sin provocar una cuota de destrucción propia en absoluto desdeñable.

En la misma línea, la irrupción como némesis del automatismo viviente Ultrón presenta un villano que no termina de funcionar en su contradictoria mezcla de imponente figura mecánica e inteligencia orgánica con tendencia al chascarrillo, mientras que su particular propuesta filosófica, derivada de su equiparación de la preservación con la destrucción dentro de una visión de conjunto de su cometido, tampoco tiene finalmente demasiada atención ni alcanza gran altura.

          En cualquier caso, el humor continúa siendo un elemento disruptivo frecuente, capaz de cuestionar códigos del género superheroico como si fuesen fans que lanzan comentarios con sorna sobre la desaparición de mujeres capitales en este universo de alta virilidad -Pepper Pots y la astróloga Jane Foster- o sobre la verdadera utilidad del vilipendiado Ojo de Halcón en este equipo de semidioses. Pero, después de atizar a mansalva al modesto arquero, lo cierto es que Vengadores: La era de Ultrón lo convierte en otro de los ejes de gravedad del drama, puesto que, con su ejemplo de tipo corriente, ofrece las guías reflexivas para sus compañeros.

Ante las disyuntivas, Vengadores: La era de Ultrón traza un camino de reencuentro, un replanteamiento del “¿por qué luchamos?” que apunta a la esencia sublimada de los propios Estados Unidos: la independencia y el valor del ciudadano común; la defensa del hogar y la familia; el sacrificio por los valores y por el compatriota por parte de una persona humilde que asume sus falencias y debilidades pero que es consciente de la fuerza de su propia determinación y de su importancia para cumplir con un deber en el que lo patriótico es indisociable de lo moral… La aceptación de uno mismo como concepto clave.

El toque humano que aporta el ciudadano-guerrero Clint Barton es así fundamental en lo intelectual y, a la postre, se materializará también en la acción. Al fin y al cabo, del primero al último de ellos quedarán igualados en planos secuencia de manifiesta artificiosidad y artificialidad, donde cualquier vestigio físico a uno y otro lado del fotograma queda sumido en un mar de píxeles. También en otro plano secuencia que es casi un reflejo final de la apertura y en el que aparecen plasmados en una escultura de mármol, el material en el que se reconoce a las deidades para la eternidad -por mucho que, igualmente, esté plastificado en textura digital-.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,3.

Nota del blog: 6.

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