La vida de bohemia

27 Ago

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Año: 1992.

Director: Aki Kaurismäki.

Reparto: Matti Pellonpää, Evelyne Didi, André Wilms, Kari Väänänen, Christine Murillo, Jean-Pierre Léaud, Jean-Paul Wencel.

Tráiler

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          Podría trazarse un paralelismo entre el cine de Aki Kaurismäki y los cuadros del pintor albanés de La vida de bohemia, concebidos desde un estilo naif que rompe con las perspectivas y proporciones del realismo para crear retratos y escenas especiales, tiernos y cálidos, aunque también un tanto estrafalarios y patéticos en su deformación de la imagen.

Desde esta óptica tan particular como reconocible, el cineasta finlandés se adueña de las Escenas de la vida bohemia, de Henri Murger, para adentrarse en las aventuras de un pintoresco terceto de artistas -un escritor, un pintor y un músico- que comparten penurias y esperanzas en la París contemporánea mientras tratan de sacar adelante su arte. Las recogerá en un blanco y negro que, en determinados planos, llega a jugar con un expresionismo que confiere un toque tétrico a este escenario en el que no terminan nunca de desprenderse de la miseria.

          Kaurismäki observa con cariño el devenir de sus criaturas, pero también ejerce de cruel titiritero sometiéndolos a las andanadas de una suerte esquiva y burlona. Siguiendo los cánones del autor, los personajes asumen su situación con un estoicismo fatalista que, desde la actuación, se plasma en una languidez expresiva que, de tan marcada, alcanza un entrañable punto cómico; el mismo que se emplea en determinadas sentencias que definen su relación con la sociedad, de la cual se hace un subrepticio y doliente comentario crítico.

De esta manera, el surrealismo se filtra a través del diálogo y de los detalles, los cuales acaban de dinamitar cualquier pretensión de naturalismo. Pero ello no es óbice para que, dentro de ese fino y melancólico talante irónico, el director componga fotogramas de fuerza pictórica o que establezca rimas argumentales mediante símbolos -los ramos de flores, por ejemplo- que dotan de lirismo a la narración. Al mismo tiempo, rinde pleitesía al arte, con cameos de Samuel Fuller y Louis Malle.

          Enredados en esta atmósfera, el relato dibuja el repentino ascenso e inevitable caída -sino del bohemio- de tres individuos que se asocian para capear las servidumbres de un mundo materialista e insensible, del que tratan de extraer todo el jugo mientras las cartas les vengan bien dadas -una comilona, un pequeño triunfo, la superación de unos apuros crematísticos que por fin les permita trabajar “en serio”, un romance que dé motivación y sentido a la vida-.

          Casi dos décadas después, Kaurismäki se reencontrará con Marcel Marx en El Havre.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,6.

Nota del blog: 7,5.

2 comentarios para “La vida de bohemia”

  1. Hildy Johnson 31 agosto, 2020 a 14:09 #

    ¡Ay, mi querido crítico abúlico, no sé si te he dicho alguna vez mi amor por Aki Kaurismäki! Me gustan tanto sus películas. Fue un descubrimiento durante mi vida universitaria y precisamente me inicié en su filmografía con “La vida de bohemia”. Recuerdo que me tocó el alma. Su manera de mirar el mundo y reflejarlo, sus personajes lacónicos, las historias y situaciones que cuenta… Me quedan todavía por ver, pero adoro Nubes pasajeras, Un hombre sin pasado o El Havre.
    ¡Tienes razón qué cariño destila por sus criaturas de ficción y el mundo en el que viven! Y cómo empleo ese humor distante. Y qué mirada tiene sobre el mundo y sus problemas… No sé, me encandila. Aquí emplea el blanco y negro de manera preciosa, pero qué manera tiene de reflejar el color en sus películas… Y cómo su mundo sigue siendo, en sus películas más actuales, analógico… Cómo me gusta.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 31 agosto, 2020 a 16:44 #

      Kaurismäki es un crack como cineasta y como personaje. Yo disfruto mucho con él, y eso que todavía me queda un puñado por ver, como por ejemplo esas Nubes pasajeras. Pero es un universo fascinante, que a veces me parece una vuelta de tuerca marciana a esa mezcla de ternura y tristeza que tenía Chaplin, con un desencanto más ácido y posmoderno.
      ¡Besos!

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