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Mi vida es mi vida

7 Ago

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Año: 1970.

Director: Bob Rafelson.

Reparto: Jack Nicholson, Karen Black, Susan Anspach, Lois Smith, Billy Green Bush, William Challee, Toni Basil, Helena Kallianiotes, Sally Ann Struthers.

Tráiler

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           En Easy Rider (En busca de mi destino), Jack Nicholson interpretaba a un joven burgués que, después de años de ahogar la desidia en alcohol, se unía a la marcha de los moteros protagonistas hacia el Mardi Grass prometido. Se pueden trazar paralelismos entre aquel George Hanson de trágico final y el Robert Dupea que en Mi vida es mi vida vuelve a encarnar Nicholson en la segunda de sus constantes colaboraciones con Bob Rafelson y en otro testimonio de su prolijo rol en el despertar de un Nuevo Hollywood a partir de un cine independiente de las convenciones y directrices de los viejos estudios, apegados a la crisis existencial de un país que atraviesa un periodo especialmente traumático.

           Mi vida es mi vida tiene también un notorio componente de road movie, configurada como un viaje hacia los orígenes -el regreso a la casa familiar- que, en realidad, sirve para evidenciar que el protagonista es un hombre en constante huida. De su herencia de clase medio-alta culta, de las expectativas, del compromiso emocional, de la simpleza de la clase baja, de uno mismo. No por nada, será allí donde este desarraigado y nihilista trabajador de refinería se reencuentre con su segundo nombre, Eroica, tomado de la Sinfonía número 3 de Ludwig van Beethoven y que revela el camino que, a priori, le aguardaba como concertista. El peso de un nombre.

Las muestras de música clásica o quedan cercenadas o directamente están ridiculizadas -el desprecio hacia una interpretación sentida, el vaciado de sentimiento de una pieza sencilla-. En cierta escena, Robert, borracho después de su despido y atrapado en un sofocante atasco de carretera, se sube a una camioneta que carga un piano hasta que se lo lleva por un desvío. El personaje siempre va en dirección contraria -el cruce en el embarcadero; el poderoso y desolador último plano-.

           Rafelson expone este viaje mediante un montaje raudo, de planos de breve duración y cortes tajantes que trasladan una impresión de que la historia de Robert es un puzle recompuesto, a veces de forma un tanto arbitraria o errática. Como en lo argumental, los rasgos estéticos anclan en cierta manera el drama a su época. Mi vida es mi vida engarza encuentros que tratan de retratar ese espíritu de un periodo inquieto hasta lo delirante, caso de la peculiar pareja que se dirige a Alaska en busca del último territorio sin contaminar por una suciedad producto del materialismo -un papel para el que, al parecer, Nicholson quería a Janis Joplin-. Se encuentran en consonancia con los personajes secundarios que orbitan en torno al protagonista: el ligue que sintetiza esa sensación de que todos son personas con la marca del repudio de Dios, la rígida camarera obsesionada con cumplir las normas del establecimiento, el compañero de trabajo al que se le niega absurdamente el presente por un error del pasado, su pareja embobada frente al televisor, esa intelectual que categoriza fríamente cada individuo y su destino prefijado; esa novia tan vulnerable como vulgar que, en plenas contradicciones, tiene el rostro entre hermoso y grotesco de Karen Black -otra actriz que, al igual que Toni Basil y Helena Kallianiotes, participaba también en Easy Rider-.

           Curiosamente, partiendo de esa órbita marginal conseguiría el éxito en la taquilla y las nominaciones al Óscar a mejor película, guion original, actor principal y actriz secundaria.

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Nota IMDB: 7,5.

Nota FilmAffinity: 6,8.

Nota del blog: 6,5.

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