Abismos de pasión

6 May

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Año: 1953.

Director: Luis Buñuel.

Reparto: Jorge Mistral, Irasema Dilián, Lilia Prado, Ernesto Alonso, Luis Aceves Castañeda, Hortensia Santoveña, Francisco Reiguera, Jaime González Quiñones.

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        Comencé a leer Cumbres borrascosas durante el confinamiento por el coronavirus, más por no hacerle un feo al vecino que dejó una colección de libros en el portal que por convicción propia. Era de lo más admisible de entre los ejemplares que cedía para el disfrute del resto del bloque, todos ellos ediciones más pensadas para decorar el salón que para leer. Desde el desconocimiento y el prejuicio, la tenía por la típica novela decimonónica de campiña inglesa, conflictos de clases, modales atildados y amores imposibles. En Cumbres borrascosas, amores imposibles hay. También conflictos de clase. Pero no puede ser una obra más violenta y febril, dominada por unas tonalidades virulentas que manan del comportamiento, prácticamente instintivo, de unas criaturas rotas en pedazos, que se mueven más por la revancha, por un odio que bulle desde profundidades viscerales, que por el amor. El romanticismo, en el mejor de los casos, estalla, desquiciado, feroz y delirante, a partir de la colisión entre seres enfermizos.

        Entiendo que un texto semejante captara el interés de Luis Buñuel. En sus memorias, cuenta que esa expresión del ‘amour fou’, del amor loco o irracional, le había arrebatado durante su periodo surrealista, hasta el punto que escribiría un guion junto a Pierre Unik a principios de los años treinta que, sin embargo, no se materializaría hasta dos décadas después, cuando, aseguraba, su interés por el proyecto era ya menor, con lo que apenas alteraría esa concepción original. Buñuel, pues, adaptará Cumbres borrascosas en México, con un libreto que toma no el relato al completo, sino que se centra precisamente en lo más parecido a una manifestación romántica que se puede leer en él: el reencuentro entre Catherine y Heathcliff, aquí rebautizados con los más latinos Catalina y Alejandro. De hecho, para cerrar la historia de forma concluyente, idea su propio desenlace, el cual consigue conservar ese espíritu fatalista y casi alucinado del original formulándolo como si tratase de un enlace sacrílego y pagano, a tono con el personaje sobre el que orbita la tragedia, que es prácticamente una aparición infernal. El amor y la muerte igualados.

        Abismos de pasión imprime sus créditos iniciales sobre unas raíces retorcidas, entrelazadas las unas a la otra en un abrazo asfixiante. Suenan las notas de una ópera romántica, que narra otro amor trágico. Es Tristán e Isolda, de Richard Wagner, una partitura que rompía con los cánones armónicos de la época. No obstante, el primer sonido diegético de la película son disparos de escopeta. De inmediato, equivaldrán al restallido de los truenos de una tormenta. Por momentos, Buñuel sumerge los fotogramas en el terror gótico, con la sordidez de las estancias -incluso la más apacible Granja de los Tordos está poblada de naturaleza muerta que colecciona cruelmente su apocado dueño-, la incidencia de la sombra y la influencia simbólica de los elementos -la tempestad, el rayo, el trueno-. Bajo esta cúpula atmosférica, hay besos que son de auténtico vampiro. La conexión sobrenatural entre Catalina y Alejandro, sugerida por el diálogo, se materializa en el empuje incontenible del viento, el cual, como antes había hecho el agresivo huérfano, revienta las ventanas en busca de su amada. Todo ello conduce con coherencia hacia esa resolución espectral y desesperada.

Libres de las cadenas convencionales de Hollywood, Catalina y Alejandro conservan en buena medida la hostilidad de la que les había dotado Emily Brontë, salvajes e impulsivos. No se logra al completo, como ocurre con esa selección de un pasaje específico del libro, que inevitablemente rebaja el total de la obra. Tampoco le favorecen interpretaciones tan afectadas como la de Irasema Dilián. El reparto lo había impuesto el productor, Óscar Dancingers, y Buñuel no quedaría conforme con sus prestaciones.

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Nota IMDB: 6,7.

Nota FilmAffinity: 6,6.

Nota del blog: 7.

4 comentarios to “Abismos de pasión”

  1. Hildy Johnson 7 mayo, 2020 a 14:32 #

    Me has tocado el corazón, jajaja.
    Cumbres borrascosas es una de mis novelas adoradas, junto a Jane Eyre… ¡Viva las hermanas Bronte!
    Y además reseñas una película del periodo mexicano de Luis Buñuel, periodo que disfruto muchísimo de este realizador.
    El amor fou, la atmósfera natural, salvaje y siniestra, que todo lo envuelve…, unos amantes desatados, una historia de seres que se transforman en fantasmas en vida o donde no hay línea entre el amor y la muerte.
    Ayyyy, esos Abismos de pasión…
    Aunque del periodo mexicano de Buñuel, Él y Ensayo de un crimen son una pasada… Y muchas más.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 8 mayo, 2020 a 13:54 #

      ¡Bien te vendría para esa maratón de melodramas desatados del blog! Mucho me sorprendió Cumbres borrascosas, me pareció una novela superviolenta.

      ¡Besos!

  2. Deckard 8 mayo, 2020 a 19:30 #

    A mi esta adaptación de “Cumbres borrascosas” me pareció siempre una apuesta muy marciana. Así, en crudo, una historia tan clásica del romanticismo anglosajón en ambiente mejicano, a simple vista, puede parecer un tanto surrealista. Pero la cosa tiene su lógica. La historia urdida por Emily Brönte,, adaptada infinidad de veces al cine y a la televisión, podría pensarse , por su origen british, por parte de quienes no la hayan leído, que se prestaría mucho a ser una historia de esas de “cuello blanco” tan típicas de las islas. Pero, efectivamente, la sustancia dramática y narrativa de la peripecia de Heathcliff y Catherine, en el fondo, no se aleja mucho de los enredos básicos de muchos culebrones mejicanos o venezolanos. Y seguro que a Buñuel, uno de los padres del surrealismo moderno, no se le escapó la ironía de esa paradoja. La de los vasos comunicantes entre la frígida Inglaterra y la pasional México, al menos en el núcleo de esta historia.

    No la recuerdo demasiado bien, pero la vi un poco en ese plan. Con una media sonrisa en mi cara de ver algo tan bizarro. No sabemos que hubiera pensado la Brónte de todo eso, pero seguro que hubiera aplaudido tan audaz transposición a un paisaje más seco pero igual de inhóspito que el erial en el que se desarrollaba la novela.

    Saludos.

    • elcriticoabulico 9 mayo, 2020 a 14:11 #

      Pues sí, la verdad es que es todo un poco alucinado. Buñuel lo detectaría en la novela y lo trasladó al cine. No es una adaptación perfecta, ni mucho menos, pero creo que cala bien al original.
      Saludos, Deckard.

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