Los bajos fondos

22 Abr

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Año: 1936.

Director: Jean Renoir.

Reparto: Jean Gabin, Louis Jouvet, Junie Astor, Suzy Prim, Vladimir Sokoloff, René Génin, Jany Holt, Robert Le Vigan, Maurice Bacquet.

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          Ambientada en la Rusia zarista del principios del siglo XIX, hay una universalidad en los conflictos humanos y sociales que captura Los bajos fondos, obra teatral de Maksim Gorki. Al menos, la suficiente para que Jean Renoir la adaptara en los años treinta, ubicándola en un país indeterminado que parece una Francia tomada por antropónimos rusos, y Akira Kurosawa la trasladara después al periodo Edo nipón, ambas con el mismo título. Además, en Japón ya constaba una apropiación de cine silente, a la que se añaden también, entre otras, versiones indias, chinas y finesas.

          Los bajos fondos retrata una sociedad degradada a partir del punto de vista de unos parias que malviven en un sórdido albergue. Este es un microuniverso en sí mismo donde el relato concentra a personajes que, más allá del realismo de su caracterización, desempeñan un papel simbólico: el noble decadente, el avaro de hipócrita sentimiento religioso, la mujer inmoral, la virgen pura.

A través de su historial y de sus vivencias, y después del contraste inicial con la alta sociedad de la que procede el barón caído en desgracia a causa de sus vicios, se constata un fatalismo social, prácticamente congénito, en el que apenas hay resquicios para la esperanza, que en el caso del protagonista, un ladrón de poca monta, se persigue a través de la conquista de la inocencia y el amor que representa la joven hermana de la posadera. Pero esta envaramiento conceptual y el consiguiente maniqueismo que en general posee el discurso provoca que su tragedia pierda emoción natural.

          La rigidez que se afloja si acaso, en destellos, como esa insólita e interesante relación de amistad entre el aristócrata y el caco, luego progresivamente abandonada, o como la invitación a soñar del viejo filósofo de la miseria. Igualmente, el lirismo de las imágenes de Jean Renoir mira con calidez y piedad a sus personajes principales. El protagonismo de Jean Gabin es análogo. Su forma de hablar -apenas un susurro- y de mirar -un soslayo entristecido- expresan con rotundidad esa melancolía irreparable. Una sensibilidad y una delicadeza que otorgan al filme relieve, textura, humanidad. La cual, de Maksim Gorki, conduce a Charles Chaplin.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 7,4.

Nota del blog: 7.

10 comentarios para “Los bajos fondos”

  1. Deckard 22 abril, 2020 a 23:09 #

    La verdad es que la dupla Renoir-Gabin marcó una época en la cinematografía europea. Pero ese realismo poético de Renoir (un poco como el de Marcel Carné en “Muelle de brumas”), aunque cinematográficamente aquí es excelente tiene mucho de poético y más bien poco de realismo. La pobreza envilece, y deja poco margen a la camaradería y a la alegría.. Y aquí hay demasiada “joie de vivre” a la francesa (como lo de “dormir en la hierba” y el triángulo amoroso). Esa idealización de la miseria, como la de los ámbitos rurales, tiene mucho de falsario. En el campo siempre hay problemas y disputas por cuatro perras gordas y rencores muy enquistados.Y en la ciudad, la única ventaja es que uno puede ahogar sus tragedias confundiéndose en las acogotadas masas de la urbe. Sí, efectivamente: la vida es muy puta (no estoy descubriendo nada).

    El hecho de que “Bajos fondos” este basada en una obra de Maxim Gorki es bastante significativo. Porque esa idealización rousseauniana del pobre como si fuera el “buen salvaje” forma parte de ese comunismo algo buenista y maniqueo que hoy en día habria que tratar de coger con pinzas. (también pasaba en “La Madre”) Yo, personalmente, creo en la bondad esencial de la gente de la calle, pero cuando uno llega a un nivel de pobreza extrema, ahí ya no hay reglas. Además hay amagos de solidaridad interclasista que en las películas da juego, pero que en la vida real casi nunca se produce (como en “La gran ilusion”, solo que ahí estaba mejor matizada puesto que había solidaridad clasista e internacional incluso en el marco de una guerra mundial, pero de igual a igual, o sea , que no funcionaba de arriba a abajo ni de abajo a arriba: Parece que esa pulsión social venía de Charles Spaak, guionista de ambas, y uno de los ideólogos de lo que ahora es la Unión Europea).

    Charles Chaplin decía que había sido rico y pobre y que, indudablemente, era mejor ser rico que pobre (y por goleada). Parece una perogrullada, pero a veces conviene recordarlo para no dejarnos llevar por cantos de sirena que cantan líricamente las grandezas poéticas de vivir en el arroyo en misérrima “libertad”

    Un saludo.

    • elcriticoabulico 24 abril, 2020 a 17:30 #

      Toda idealización es falsaria, tanto de los plutócratas como de las clases bajas, como de una superliga europea como del fútbol de equipos de regional en campos de barro. La poesía y sobre todo el romanticismo es lo que tienen, que muchas veces parte de extremar valores, emociones y estéticas para construir una fantasía que es superior a la realidad. Que no es demasiado fotogénica ni acostumbra a dar bien en cámara. Aunque ojo, a veces supera a la ficción, no lo olvidemos en medio de un desencanto autocomplaciente.
      El caso es que eso que comentas sobre la no solidariad interclasista, la lucha de clases torcida y la ruptuta con el idealismo me está trayendo de nuevo a la mente Parásitos.
      Un saludo, Deckard.

      • Deckard 24 abril, 2020 a 19:25 #

        Sí, Lo que ocurre es que me da a mi que las clases bajas son menos idealistas que las élites, La razón es muy sencilla: la realidad no les da tiempo ni tregua para ensoñar idealizaciones.

        “Parásitos”me gusta. Tiene bastante mala leche y está menos alejada de la realidad de lo que podría parecer a simple vista.

        Saludos.

        • elcriticoabulico 24 abril, 2020 a 19:40 #

          Cierto. No sé dónde leí un texto (creo que era en Me casé con un comunista) donde se hablaba de ese teatro comunista que incidía en la lucha de clases y en denunciar los abusos contra el proletariado pero que era repudiado precisamente por el público al que se dirigía, que al salir molido de la fábrica prefería un divertimento más ligero, con chistes graciosos, picardías, romances y aventuras. También recuerdo que alguien se refiriera por ahí al éxito de las comedias sofisticadas y de ambientes lujosos en plena Gran Depresión por ser eso, ficción evasiva frente a los problemas cotidianos, reales y despiadados.

          • Deckard 24 abril, 2020 a 20:21 #

            Ese es el problema esencial al que se enfrentaba el marxismo clásico. Que el capitalismo era muy hábil y engañaba al pueblo como en Roma con el “pan y circo” del de la evasión (la “superestructra”, la religión, el fútbol, el cine, los conciertos de rock, Netflxi, internet, qué mas da: todo ello constituye el opio del pueblo….) Lo de la Gran Depresión tras 1929 era muy claro, sobre todo en esos suntuosos musicales de la RKO con esos decorados imposibles por lo fastuosos, en los que se bebía alcohol a espuertas y los actores disfrutaban de un fin de semana eterno entre bailes y burbujas de champágne, hecho que contrastaba con la triste América de los años 30 Pero la gente las veía, Y nosotros seguimos viéndolas. Ese contraste se ve muy bien en una de las mejores películas de Woody Allen: “La rosa púrpura de El Cairo”, donde el mensaje de Allen, es precisamente ese: el del contraste imposible e inabordable del idealismo contra el realismo.

            Un abrazo.

            • elcriticoabulico 27 abril, 2020 a 12:13 #

              Nunca he estado muy cómodo con eso de los opios del pueblo. El juego, el entretenimiento, la evasión, es parte de la vida. Ser muy aficionado al fútbol o al cine no tiene por qué quitarle conciencia crítica a nadie. Los que se empecinan en ellos y pierden de vista el resto, no es tanto por el entretenimiento en sí, si no porque probablemente no sean propensos a realizar ese esfuerzo crítico, que al fin y al cabo es un esfuerzo. En La rosa púrpura de El Cairo, Mia Farrow pierde el pie con la realidad.

              Un abrazo, Deckard.

              • Deckard 28 abril, 2020 a 17:23 #

                Lo del opio del pueblo y lo del pan y circo siempre han sido conceptos ambivalentes. Por un lado, no se puede construir nada si las masas no están un poco tranquilas o domesticadas. Y por otro, cuando están demasiado ideologízadas y concienciadas, se corre el riesgo de abrazar el caos y la guerra. Por ejemplo, en la guerra civil española, como el cine y el fútbol todavía no eran espectáculos muy maduros, y no existía la televisión, el ambiente se caldeo demasiado en las tascas, los bares y los cuarteles y estalló el desastre. Pero lo de ahora tampoco es bueno. Vivimos en excesivos cubículos compartimentados y con escasos vasos comunicantes reales. El narcisismo hace que vivamos la mayoría en la innopia.Lo mejor sería lograr un equilibrio. Es decir, tendría que haber concienciacion política y social
                y diversión. Hay tiempo para todo. No me gusta generalizar, pero antes de esta crisis yo veía a las mentes muy dispersas. Ya veremos después.
                Saludos.

                • elcriticoabulico 29 abril, 2020 a 13:34 #

                  Pues no sé yo si Twitter no emula bastante el ambiente ese de tascas, bares y cafés, porque no ves qué caldeado está el ambiente por ahí. Mentes dispersas no sé si habrá, pero cada una tiene bastante claro su bando. Pero bueno, suelo decir que esa red social, pese al bombo que incomprensiblemente se le da, es un universo paralelo y cerrado en sí mismo que no reproduce fielmente la sociedad, más bien la caricaturiza. Aunque claro, toda caricatura parte de una verdad.
                  Saludos, Deckard.

                  • Deckard 29 abril, 2020 a 20:12 #

                    No me compares Twitter con cualquier tasca o bar, aunque estás sean de tercera. En los bares, la gente se reune, conspira, se pone de acuerdo. Hay contacto físico, camaradería, la gente compadrea y se invitan unos a otros a consumir bebida, café, refrescos y se estrechan los lazos. Es la distancia que hay de la realidad física a la virtual. Twitter, simplemente, es el reinado de la gilipollez y del narcisismo. Todos ahí escupiendo sus supuestas “ingeniosidades” al mundo, para así creerse unos geniecillos de tercera porque han acumulado “likes” de personas desconocidas a las que si tuvieran la oportunidad de conocer a lo mejor no les daban ni la hora (ya ni te digo invitarles a café….)

                    En los bares y garitos es donde se gestaron y cuajaron las grandes revoluciones y cambios gboales del mundo real.. Twitter, por lo contrario, contribuye nefastamente al aislamiento social porque conduce a la autocomplacencia y al aislamiento en cubículos, ya que cada uno está orgullosito de haber lanzado sus consignas baratas en menos de 200 caracteres, que no llegan a hacer cosquillas ni siquiera a los dictadores de hojalata. Y eso por no hablar de los “ofendiditos”,raza particularmente execrable de gente a la que le molesta hasta que salga el sol por la mañana. Total, es gratis……

                    Saludos.

                    En fin.

                    • elcriticoabulico 30 abril, 2020 a 12:18 #

                      Coincido en gran parte con esa descripción de Twitter.

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