Lost in Translation

8 Abr

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Año: 2003.

Directora: Sofia Coppola.

Reparto: Bill Murray, Scarlett Johansson, Giovanni Ribisi, Anna Faris, Catherine Lambert, Fumihiro Hayashi, Nancy Steiner.

Tráiler

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         Uno de los fenómenos más fascinantes del amor romántico, o al menos de sus manifestaciones más fulgurantes y eufóricas, es la conexión prácticamente instantánea que puede crearse entre dos personas. No es exactamente el flechazo, el amor a primera vista, sino el inesperado descubrimiento de una compenetración completa, detectada con una maravillosa naturalidad, que siembra esperanzas crecientes acerca de una posible realización física y espiritual compartida. Un fogonazo capaz de alumbrar cualquier oscuridad o, cuanto menos, de resaltar los colores de una vida que, en muchas ocasiones, amenaza con sumirse en un pozo de gris desidia.

Lost in Translation captura con sensibilidad y emoción ese resplandor momentáneo que, como las estrellas fugaces, deslumbra con una fuerza arrebatadora pese a estar inevitablemente condenado a apagarse con idéntica brevedad, puesto que lo extraordinario no tiene cabida en una existencia prácticamente programada, que se desarrolla encadenada a pautas y rutinas previsibles. Para ello, Sofia Coppola, que evoca en buena medida fantasmas pasados, diseña una película de podría ser de náufragos en el espacio. Los ojos de Bob y Charlotte, un actor en decadencia y una joven que no sabe a dónde encaminar un porvenir en los cimientos, empantanados pues en tierra de nadie y embarcados en una relación que sigue una trayectoria paralela de molicie y decepción, recorren un Tokio que se manifiesta como un planeta de otra galaxia. Hay esplendor en su exótica luminosidad, pero esta solo ilumina y subraya la soledad de los visitantes.

         A partir de ahí, Coppola cuenta un encuentro entre iguales, entre dos criaturas que muestran mil y una necesidades imposibles de colmar en el camino al que les conducen sus elecciones pretéritas. Curiosamente, aunque está firmada al completo por una mujer -de hecho, Coppola sería nominada en las categorías de producción, dirección y guion original, conquistando esta última-, Lost in Translation también tiene mucho de ese viejo tema del hombre maduro que recupera las energías de la juventud de los brazos de una joven inmaculada. Un buen culo bien puede dar un giro a una vida, como parece sugerir ese plano inicial inspirado en la fotografía de John Kacere.

Pero el relato pone en situación de igualdad a ambos personajes, estrechados en un romance que apunta a lo platónico, hasta con cierta ingenuidad en ese tratamiento dulce de la relación. Él, de verbo ingenioso, expresa la tristeza mediante mordaz ironía; ella, de sonrisa vivificante, desborda en una dulzura que no halla receptor. Perfectos Bill Murray y Scarlett Johansson. El de Bob y Charlotte, a pesar de la electricidad que carga la atmósfera, no es un asunto carnal -vulgar e insatisfactorio, ya que no forma parte de estas necesidades planteadas, según puntualiza el devenir de los acontecimientos-. Pudoroso, es un asunto de miradas que se cruzan, de medias sonrisas que brotan, de confesiones en el insomnio.

         Entre fotogramas estilizados, dueños de un lirismo que coquetea con lo onírico por momentos, y con algunas escenas incluso cercanas al video musical -menos hechizantes-, Coppola induce sensaciones encontradas, en las que la turbadora revelación amorosa queda enclaustrada por la colisión con una melancolía que se palpa en la boca, en el alma. El descubrimiento está herido fatalmente por una despedida apenas aplazada. Pero, al fin y al cabo, ¿no están sentenciados a muerte todos los romances, hasta los más soberbios, por el simple desgaste o cualquier otra razón? ¿No han escuchado Perfect Day, que es la canción más triste de la historia hablando de una felicidad plena? Mejor sellar el secreto y guardarlo para siempre bajo la llave de un beso sincero y una promesa indescifrable.

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Nota IMDB: 7,7.

Nota FilmAffinity: 7,1.

Nota del blog: 8,5.

6 comentarios para “Lost in Translation”

  1. Hildy Johnson 8 abril, 2020 a 20:50 #

    Solo la he visto una vez, cuando la estrenaron. Y recuerdo todavía la última secuencia. Una calle llena… Esas palabras al oído ininteligibles, un abrazo y un beso. Se alejan los dos y sonríen.
    Has escrito un hermoso texto.
    Pues a mi Sofia Coppola me gusta cómo dirige y cuenta historias, la verdad. Ahora cotilleando veo que su próxima película tiene de nuevo a Bill Murray de protagonista.

    Besos encerrados
    Hildy

    • elcriticoabulico 10 abril, 2020 a 14:54 #

      Yo la vería por entonces también, o poco después, y no había vuelto a ella. La verdad es que me ha despertado sensaciones muy interesantes.
      Los besos encerrados también vuelan fuera del confinamiento.

  2. Deckard 9 abril, 2020 a 00:21 #

    Esta es una película que genera mucho debate. Hay quienes la aman y quienes la detestan. A mi me parece magnífica. Es una obra que transmite perfectamente esa especie de ajenidad que inunda los lugares de paso, es decir, los aeropuertos, las salas de espera, los hoteles de lujo….Son lugares en los que se dan encuentros efímeros en algunos casos fascinantes, pero que en otros casos generan mucha frustración porque son emplazamientos en los que por lo general uno no puede hacer más que esperar, casi siempre mucho tiempo, y en los que se hace muy palpable la obsesión kafkiana del absurdo de la existencia, puesto que uno casi siempre acaba esperando más de lo necesario y casi nunca obtiene una satisfacción plena. Porque además se suele dar el caso de que uno tiene que esperar a alguien que se cree más importante que tú y que dudosamente haría lo mismo por ti porque no tiene tiempo que perder.
    El hecho de estar ambientada en Japòn es todo un acierto puesto que, esa sensación está mucho más agudizada por el hecho del contraste entre Oriente y Occidente, ya que para los occidentales las lenguas asiáticas son inaccesibles y ni siquiera uno puede permitirse entretenerse en las interminables esperas hablando con desconocidos nipones ni escuchando indiscretamente conversaciones ajenas. De hecho, el título hace referencia a eso, a como Bill Murray escucha a un japonés soltar una parrafada indignado y resulta que cuando se la hace traducir, la traductora le suelta la frase en inglés resulta breve e inocua. Esa dependencia idiomática en un entorno “hostil” , en el que se necesitan sí o sí mediadores para que nada se pierda en la traducción redunda un poco en el concepto profundo mismo de lo quebradizo y frágil de la condición humana, y refleja lo dependientes que somos los unos de los otros. Ese hotel con esa cafetería con pianista, esa impersonalidad y fugacidad en el trato que se respira en el ambiente, y en el que dos almas un tanto perdidas congenian y se comunican (no tengo tan claro que haya historia de amor, y yo casi diría que es lo de menos, aunque esa ambigüedad también enriquece mucho la historia, como se ve en la escena final en la que no se sabe si Murray le dice o no algo a Johansson, escena comentadísima en su día), es un reflejo perfecto del concepto tan manido hoy en día de la “realidad líquida” que acuñó el celebérrimo Zygmunt Bauman.

    Una vez más menciono al gran Jose Luis Garci que creo que también dijo en su día que “Lost in translation” le remitía mucho a los cuadros del pintor norteamericano Edward Hopper que translucen una especie de desasosiego nihilista puesto que casi siempre reflejan grandes paisajes en consonancia con la inmensidad de la geografía rural y urbana estadounidense, y a personajes solitarios que ven magnificada su soledad en contraste precisamente con esos mismos entornos inabarcables. Garci decía que, en ocasiones, le gustaba coger un catálogo de pinturas de Hopper y contemplarlo tranquilamente mientras escuchaba por los cascos la banda sonora de “Twin Peaks” de Angelo Badalamenti, ya que a su juicio esa era la mejor música de acompañamiento para analizar detenidamente la obra de este mítico artista pictórico.

    Creo que la frialdad estética que suele aplicar Sofía Coppola encaja perfectamente con esta historia, puesto que esa distancia formal y narrativa está en perfecta consonancia con el fondo de lo narrado y con la intención inicial del proyecto, que está muy adecuadamente plasmada. Mi opinión sobre esta realizadora oscila un poco de proyecto a proyecto. A veces yo creo que le pesa demasiado esa especie de obsesión por ser una especie de sacerdotisa de la postmodernidad dando cabida en sus bandas sonoras a músicos muy “indies” y de tendencias (incluso se atrevío a hacerlo en tono “retrofuturista” en “Maria Antonieta”, película que aún y todo no estaba nada mal). No obstante, yo creo que, sin lugar a dudas, esta es su mejor y más incontestable película. Es más, me atrevería a decir que va a ser muy difícil que la supere, puesto que no sé si esta mujer tiene tantos registros como su padre y creo que será muy difícil que repita una jugada similar a esta sorprendiéndonos con una historia algo original sin caer en la reiteración.

    Un saludo.

    • elcriticoabulico 10 abril, 2020 a 15:03 #

      Eso del no-lugar (el hotel, el aeropuerto) está muy bien expresado en combinación con todo lo marciano que es Tokio. Coppola es muy hábil plasmándolo. Como parte de experiencias propias, parece que sabe bien de lo que habla y sabe muy bien manifestar esos sentimientos. Ni siquiera la veo estéticamente fría. Aunque me parece que ese aire hopperiano es muy buena comparación. Es un pintor muy citado en el cine, da mucho juego para la incomunicación, la soledad y el vació del urbanita contemporáneo. Hace poco, de hecho, estrenaron una película que es prácticamente una apropiación literal de su pintura: Shirley: Visiones de una realidad. Que no vi, por cierto.
      Un saludo, Deckard.

  3. ALTAICA 9 abril, 2020 a 02:12 #

    Una de las más sensibles, delicadas y exquisitas historias de amor o ternura de la historia del cine. Y una crítica excelente. De esta directora también me interesó, en mucha menor medida que la que nos ocupa, “Somewhere”. Un abrazo

    • elcriticoabulico 10 abril, 2020 a 15:09 #

      Volvía a ella con bastantes prevenciones, pero la verdad es que me ha parecido, efectivamente, muy sensible y emocionante. Creo que es la única que he visto de Coppola, diría yo, igual continúa por esa de Somewhere.
      Un abrazo, Altaica.

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