Ciudadano Kane

24 Ene

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Año: 1941.

Director: Orson Welles.

Reparto: Orson Welles, Joseph Cotten, Dorothy Comingore, Ruth Warrick, Everett Sloane, George Coulouris, Ray Collins, Paul Stewart, Erskine Sandford, William Alland, Agnes Moorehead, Harry Shannon.

Tráiler

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          Los aspirantes a genios deben tirar abajo la puerta del vestuario del primer equipo, como exigía José Antonio Camacho. Más allá de descubrimientos recientes –Corazones del tiempo, Too Much Johnson-, Ciudadano Kane es el debut lógico en el séptimo arte de una personalidad como Orson Welles. No podía haber sido de otra manera. Welles no desembarcó en el cine para pasar inadvertido, para ser uno más. Sobre todo cuando había aterrizado, casi literalmente, desde el espacio exterior, convenciendo a medio país, con su adaptación radiofónica de La guerra de los mundos, de que habían sido invadidos por los extraterrestres. Ahora, su invasión particular de Hollywood traería consigo una paradoja: la altura de su talento obligará a las producciones venideras a poner techo a sus decorados, una consecuencia de su rompedora concepción del espacio de rodaje y del uso de la técnica.

          Así pues, tras no poder estrenarse de la mano de una obra maestra de la literatura, El corazón de las tinieblas, dotándola además de una mirada cinematográfica completamente nueva -el punto de vista subjetivo de la cámara, que fuerza la perspectiva del espectador, convertido en personaje-, una ambición como la de Welles terminaría desembocando en un retrato arrollador de una criatura mitológica, uno de esos seres atronadores, casi sobrehumanos, que condicionan tiempos y lugares, y en los que él acostumbraría a entrar físicamente, caracterizado como actor, y cinematográficamente, estudiándolos como creador. Este primer desafío hurgará en la intimidad de una de esas figuras patriarcales que se arrogan la escritura el relato legendario de los Estados Unidos. En su primer reto, Welles se arroja contra un magnate, William Randolph Hearst, potentado de la prensa que inspira en buena medida a Charles Foster Kane. La primera batalla cae del lado del poderoso: sus descomunales tentáculos influirán, entre otros factores, en el fracaso comercial de la cinta. La guerra será para Welles: Ciudadano Kane es uno de los títulos recurrentes para encabezar las listas de mejores películas de la historia.

          Pero quizás sea una victoria pírrica. Nunca, como en esta primera obra, Welles contará con semejante libertad artística, así como con unos medios de producción afines a sus aspiraciones. Gregg Toland en la fotografía, Bernard Herrmann en la partitura, Perry Ferguson en la dirección artística, Robert Wise en el montaje. Su troupe de la Mercury Theatre en el reparto. La base a partir de la cual empezar a embeberse en el puzzle de Charles Foster Kane. Un enigma sepultado en un castillo colosal, detrás de unas vallas infranqueables, bajo la deslumbrante luz de unos focos perpetuos. Las incógnitas humanas serán la clave del cine de Welles desde este primer hito. Las existencias de los individuos comparecen como historias inabarcables, con pasajes perdidos, acciones contradictorias, narradores poco fiables o directamente fraudulentos, testigos parciales o interesados, mentiras, medias verdades y verdades como puños. Hay un enfrentamiento directo entre la verdad pública de Charles Foster Kane, recolectada en un noticiario de cine, y la verdad íntima y última de su vida, que es en la que indaga, como representante del espectador, un periodista cualquiera, prácticamente anónimo y sin rostro.

          Una teoría clásica sostiene que Edipo Rey es el primer relato de detectives de la historia, en el que el trágico protagonista investiga un asesinato y una violación para descubrir, a través de un recorrido existencialista, que el culpable es, en realidad, él mismo. Ciudadano Kane es, fundamentalmente, una investigación. Unas pesquisas que tratan de completar o de dar sentido a un ser humano misterioso. Tan enigmático como cualquiera de nosotros, a pesar de sus dimensiones ciclópeas. O tal vez más, en fin, debido precisamente al brillo cegador que proviene de esa sobreexposición inaudita. De este modo, ese interés por la perspectiva que ya mostraba Welles se ajusta aquí a una nueva forma de abordar la imagen, la construcción del fotograma y de la escena. Hasta cuatro planos de profundidad en una composición, grandes angulares, travellings verticales, contrapicados y encuadres forzados, reflejos multiplicados, distintas texturas en la fotografía, montajes que juegan constantemente con una narración fragmentada en saltos temporales, cambios de tono e incluso de género, innovaciones sonoras… Un mundo que, si acaso no enteramente nuevo, sí cobraba nuevos y poderosos significados, transgrediendo el intento de dirigir con presunto realismo y naturalidad la mirada del espectador hacia lo que se cuenta, como era costumbre en el cine del periodo.

          Nada se puede dar por seguro, por objetivo, en esta aproximación a Charles Foster Kane, que se aborda, según cada entrevistado, desde una óptica empresarial, periodística, amistosa o romántica. Siempre insuficientes para catalogar una vida, si bien, por el camino, en su monumentalidad hasta exagerada, Welles desarrolla una ácida concepción satírica ese prohombre hecho a sí mismo, héroe de la mitología nacional. Y en ella se incluye un apunte, puede que un tanto sencillo -o como sentencia el investigador, tan solo una pieza más de un rompecabezas interminable-, a propósito del paraíso perdido de la infancia y la impotencia que sufre hasta del tipo más rico del mundo para comprar un dinosaurio, como diría Homer Simpson en referencia al multimillonario Montgomery Burns, un personaje y una serie profundamente marcados por Ciudadano Kane. El hombre más grande del mundo; el mayor perdedor de todos los tiempos. El genio que conquista el séptimo arte y al que el sistema del cine derrota en la primera partida.

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Nota IMDB: 8,3.

Nota FilmAffinity: 8,2.

Nota del blog: 9,5.

4 comentarios para “Ciudadano Kane”

  1. Deckard 25 enero, 2020 a 00:05 #

    Me has leído el pensamiento ,Victor. Esta misma mañana, justo antes de leerte, había estado mirando en IMDB todo el anecdotario de la película, así que podría alargarme muy a lo bestia. Y luego lo he comentado largamente con otro amigo mío.

    Una cosa que he leído es que al principio Welles quería basarse en la vida de Howard Hughes, pero al final decidió inspirarse en Hearst. También he leído que en principio se iba a llamar “American” o incluso “John Q.” (tú, que has vivido en Estados Unidos, ese nombre, además del título de una película con Denzel Washington, ¿tiene algún tipo de connotación especial en la cultura norteamericana como podría ser John Doe, o sea, Juan Nadie?). Además, se dice que Orson Welles quiso pagarle varios miles de dólares a Herman J. Mankiewicz para retirarle de los créditos como guionista y atribuirse todo el mérito. En 2007, al parecer, en una subasta, alguien pagó 97.000 dólares por un guión original de Welles de 156 páginas (estaría bien que algún día saliera a la luz).

    Una vez le escuché a Carlos Pumares (atención, spoiler) decir que cuando Hearst vio en el cine la mención a “Rosebud” estalló en cólera porque, al parecer, (eso decía Pumares, si no recuerdo mal) Hearst llamaba así a los órganos genitales de su amada Marion Davies. No sé si será verdad, pero de serlo podría ser algo escandalosamente significativo de la inquina de Hearst hacia Welles. El genio americano (según IMDB) dice que Rosebud era el nombre de un perro de una amiga suya de la juventud al que le gustaba mucho olisquearse a sí mismo. Algo que vendria a reforzar la lectura freudiana de la película (paralelismo entre las infancias de Kane y Welles). SIn embargo (siempre según IMDB) al parecer lo de Rosebud debió de ser idea de Mankiewicz o al menos lo incluyó sin estar muy convencido puesto que hablaba de eso del trineo como su “Libro de Dólar Freudiano” (“A Dollar Book Freud”).

    En cuanto al uso de la profundidad de campo, hay que decir que Gregg Toland, ese mismo año, ya la había utilizado en “La loba” de William Wyler, aunque yo no soy capaz de saber cual se rodó primero, suponiendo que eso tenga su debida importancia histórica, Toland, también decía que estaba encantado de trabaja con un primerizo imaginativo como Welles, porque Orson le proponía cosas imposibles que a ningún otro director clásico de los estudios, con todos sus vicios adquiridos, se le hubiera ocurrido proponer (como lo de los decorados con techo: era casi antagónicos a los platós tradicionales, puesto que tenían techo, y para hacer esos contrapicados brutales que tanto le gustaban a Welles, la cámara tenía que hundirse en el suelo. O sea, que eran decorados con techo pero casi sin suelo, porque tenían que agujerearlo para meter la cámara), Y como entonces no había manuales de cine, ni tutoriales de internete, ni escuelas de cine, y Welles tuvo que aprender el oficio en tiempo récord, visionó 40 veces (se dice pronto) en una sala de proyecciones “La diligencia” de John Ford.

    Otra de esos debates absurdos que a veces surgían entre ciertos aficionados y listillos habidos y por haber (de esos recién salidos del máster de “El País”) solía apuntar que “Ciudadano Kane” tenía un “flagrante” error, Y es que decían que cuando Kane (spoiler) al morir decía “Rosebud” y dejaba caer la bola de cristal, estaba solo en la habitación y por tanto nadie le había escuchado decirlo, porque la enfermera que aparece reflejada en uno de los cristales deformantes entra justo después de que Kane haya muerto.

    Pero son chorradas. Porque, efectivamente, en la habitación no había nadie. Y esa era la última vez que decía “Rosebud” Pero, pero, pero. (Hasta cierto punto es normal este despiporre de análisis que hacían esos listillos, porque “Ciudadano Kane” tiene estructura compleja) Resulta que para los criados, y para el resto del servicio de la mansión “Xanadú” “Rosebud” es la última palabra que pronuncia Kane porque se la escuchan decir por los pasillos antes de que se encierre en su habitación. Y aunque sea la PENULTIMA VEZ que lo diga en la película, para ellos, para los personajes es LA ULTIMA. Por tanto, esa polémica carecía de todo sentido.

    En fin. No me voy a alargar. Es un poco extraña esta coincidencia que hemos tenido Victor. Me extraña que no hubieras reseñado la película hasta ahora. Supongo que ya la habrías visto (lo contrario me resultaría muy sorprendente) Aunque a lo mejor has decidido comentarla porque el 11 de febrero se cumple el 71 aniversario de su estreno en España (su estreno en Estados Unidos se celebró 5 años antes. Supongo que los motivos del retraso se debieron sobre todo, más que a la censura, a los problemas derivados de la postguerra española, porque imperaban otras prioridades. Vamos, digo yo….)

    Un abrazo.

    • elcriticoabulico 26 enero, 2020 a 21:02 #

      Pues no me dice nada eso de John Q., pero sí, viendo por ahí alguna entrada del Urban Dictionary debe ir en ese mismo sentido que John Doe.
      La verdad es que no la había comentado hasta ahora porque hacía tiempo que no la veía. Me pasa con algunos clásicos que ya habré visto unas cuantas veces y dejo correr un poco de tiempo para volver a ellos, fundamentalmente por falta de ganas de revisarlos. Pasa lo mismo con una entrada que no sé si la sacaré mañana o el miércoles.
      Un abrazo.

  2. Hildy Johnson 25 enero, 2020 a 12:14 #

    Querido crítico abúlico, qué buen texto has escrito. Lo he disfrutado.
    Tengo mucho cariño a la relación que he tenido con esta película a lo largo de los años. No figuraba entre las que me apasionaban. Siempre me resultó interesante, pero no vibraba. Pero con el paso del tiempo, los visionados, las lecturas, el escuchar a otros… mi visión sobre Ciudadano Kane se ha ido transformando hasta apasionarme y amarla. Así también como a su creador, Orson Welles. Con él lo mismo me ha pasado. Y ahora su obra me parece fascinante e indagar en su trayectoria una aventura apasionante.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 26 enero, 2020 a 21:04 #

      ¡Muchas gracias, Hildy! A mí Welles me parece un tipo bien curioso, a veces incluso por encima de su obra, como decía Andy Warhol sobre él, aunque ambas cosas me parecen muy consecuentes la una con la otra. Indagar en su trayectoria como es una aventura, efectivamente, pero con muchas curvas, cambios de rasante, momentos fabulosos y, eso sí, siempre interés.
      Besos.

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