Hannah y sus hermanas

15 Ene

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Año: 1986.

Director: Woody Allen.

Reparto: Mia Farrow, Michael Caine, Barbara Hershey, Dianne Wiest, Woody Allen, Max von Sydow, Carrie Fisher, Maureen O’Sullivan, Lloyd Nolan, Sam Waterston, Tony Roberts, Julie Kavner, Daniel Stern, Richard Jenkins, Julia Louis-Dreyfuss, John Turturro.

Tráiler

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         En Hannah y sus hermanas la vida parece dar círculos y círculos entre cena de Acción de Gracias y cena de Acción de Gracias. Una espiral de rituales, convenciones y repeticiones entre las que se escurren los días, hasta que a uno le diagnostican un cáncer y se queda mirándole de frente a la eternidad. Woody Allen toma como lejano punto de partida la obra teatral Las tres hermanas, de Antón Chéjov; se deja influir por su admirado Ingmar Bergman con la estructura narrativa de Fanny y Alexander o el intelectual emocionalmente miope de Max von Sydow, y liga todo desde esa perspectiva particular donde las tribulaciones de la existencia se evisceran desde el humor, incluso con la añoranza por el absurdo de los hermanos Marx.

         El cineasta neoyorkino contrapone distintos puntos de vista -y hasta las reflexiones interiores frente a las acciones físicas- para ensayar un nuevo acercamiento a las relaciones sentimentales de un grupo de personajes que se concentra alrededor de una figura clave, Hannah (Mia Farrow), a quien la cierta idealización de su retrato no le garantiza tampoco una recompensa cierta, tales son las inconstancias de la vida y, en especial, de los afectos humanos. De hecho, transposición de la propia actriz y por entonces pareja de Allen, el apartamento de Farrow ofrece parte de los decorados de la producción, de igual modo que su madre, Maureen O’Sullivan, encarna a su madre en la ficción y sus hijos adoptivos deambulan por la escena como extras.

         Manejada con coherencia y desde una sencillez que le aporta una encomiable naturalidad al argumento, esta óptica múltiple va enriqueciendo distintas facetas de esta exploración de los inciertos caminos del amor y el desamor, del éxito y el fracaso, de la realización y de la infelicidad; al mismo tiempo que resulta una arquitectura ligera, acorde a la equilibrada combinación de drama y comedia con la que se desarrolla el relato, análogo a esos matices con los que se dibuja el día a día. La reflexión, la intimidad y la angustia vital no riñen con la carcajada y la fluidez.

A ello contribuye asimismo la matizada construcción de los personajes y las interpretaciones de un reparto a la altura, con sendos premios Óscar para Michael Caine y Dianne Wiest -aparte del de guion original para Allen, que también estaba nominado como director-.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 8.

13 comentarios to “Hannah y sus hermanas”

  1. Deckard 15 enero, 2020 a 16:14 #

    Maravillosa película. Esta cinta marcó el inicio de mi idilio con Allen, y si exceptuamos salvedades sigue siendo mi hombre de cine total favorito. Las consideraciones personales que han ensuciado su figura, en este caso las dejo al margen.

    • elcriticoabulico 16 enero, 2020 a 18:25 #

      Pues estoy tratando de recordar cuál fue mi primer Allen y no te creas que me acuerdo. No sé si sería Poderosa Afrodita porque fue así o porque la suelo recomendar a los amigos que quieren empezar con él. Lástima, efectivamente, que su prestigio haya decaído tanto.

  2. ALTAICA 15 enero, 2020 a 17:45 #

    Un absoluto genio del cine, que nos ha dejado obras excepcionales y un trabajo global (yo mezclo muchas de sus películas en mi cabeza sin solución de continuidad y anudadas en un todo) irrepetible. Distinto, brillante, inteligente, creativo…, más quisiera Bergman con sus sesudos y, muchas veces, insoportables trabajos hablar con la naturalidad y profundidad que lo hace Allen sobre el animal humano. Hasta la más mediocre película del cineasta neoyorquino tiene interés. Y obviamente la que nos ocupa es magnífica. Un abrazo

    • elcriticoabulico 16 enero, 2020 a 18:28 #

      De hecho, siempre he aborrecido cuando se pone en plan plagiador de Bergman (que a mí también me encanta, ojo). Es una especie de complejo que les surge a muchos cómicos de prestigio, que se ven obligados a filmar algo ‘serio’. Cuando, precisamente, la comedia puede ser un instrumento tremendamente afilado e incisivo. Y para nada alejado de las grandes reflexiones sobre la condición humana, que no tienen por qué ser obras cerradamente circunspectas.

      • Deckard 16 enero, 2020 a 22:43 #

        Woody Allen ha repetido en muchas ocasiones que el, como guionista, siempre ha querido “apuntar alto” Y como es un escritor extraordinario, está dotado para todos los géneros. Hay escenas de “Wonder wheel” totalmente equiparables al universo trágico de Eugene O ‘ Neill. Lo sorprendente de Allen es que tiene un don único para el gag, pero curiosamente dice que para el resulta “aburrido” o “demasiado fácil” hacer películas cómicas como las que hacía en su primera etapa. Por eso abrió su campo de creación al drama y a otros géneros. Todo esto me llama mucho la atención, porque el noventa por ciento de los guionistas de comedia actuales matarían literalmente por acumular dos o tres de los gags que ideaba Allen al principio, y que fabricaba como churros. Tiene un lado paradójico y hasta trágico que el mejor comediante de la actualidad no quiera hacer comedia abiertamente. Estaría bien que el genio neoyorquino diera algún día un giro radical e hiciera, no se, una sátira política mordaz del gobierno Trump o algo así, y nos sorprendiera a todos. Con la de problemas personales y judiciales que tiene, parece poco probable, pero no del todo descartable. Tal y como está el mundo, estamos muy necesitados de que entre los pocos genios del cinematógrafo que hay, alguno de un puñetazo encima de la mesa y nos sorprenda de verdad y agite un poco las conciencias. Ha pasado un poco con “Joker”, pero estaría bien que alguno de los consagrados reverdeciera laureles y regresará, a los senderos de la grandeza real. Porque llevamos bastantes años navegando por cauces de excesiva previsibilidad y de soporífera atonía.
        Saludos.

        • elcriticoabulico 17 enero, 2020 a 14:19 #

          Será por aquello que decía Chaplin sobre lo triste que es hacer reír a la gente. Poniéndome un poco tópico, supongo que exige una especial agudeza que puede nacer de zonas bastante oscuras. Pero sí, qué necesaria es esa agudeza.

          • Deckard 17 enero, 2020 a 14:35 #

            Creo que era también Chaplin el que decía que la vida, contemplada en plano general era una comedia, pero que observada en un primer plano era una completa tragedia. Si te paras a pensar, el final de “Luces de la ciudad” es en realidad de los finales más trágicos de la Historia del Cine. Vista con objetividad, es una historia de amor ,imposible solo por condicionantes económicos y sociales, algo que resulta completamente injusto después de todos los apuros que había pasado Charlot por ayudar a la chica.
            Pero sí que es cierto que la comedia verdaderamente buena procede de una agudísima observación de la realidad que exagera comportamientos lamentables y los magnifica para hacerlos cómicos. Los entresijos de la vida política tienen que ser tan retorcidos, con tantas idas y venidas, con tanto pensamiento veleta, que es imposible no ver la ironía de tanta doblez. Lo único que ocurre, es que la materia prima de la política (estoy poniendo ese caso concreto de la realidad como ejemplo) es la propia realidad, y esa gente que gobierna el mundo tendría que actuar con más rectitud y honestidad, porque a fin de cuentas es el destino del mundo el que está en juego . Porque los desmanes políticos, vistos en una ficción cómica, nos pueden hacer reir mucho, pero, en la realidad, más bien nos hacen llorar ya que es mucho lo que suele estar en juego. Pero, efectivamente, el humor más mordaz se mueve siempre en esa fina línea de la ambivalencia.

            Un saludo.

            • elcriticoabulico 18 enero, 2020 a 18:24 #

              También empezó diciendo que la vida era un chiste y terminó afirmando que en efecto lo era, pero que no conseguía verle la gracia. Nadie ha sabido fundir como él la carcajada con la lágrima.

  3. Hildy Johnson 15 enero, 2020 a 19:41 #

    Adoro esta película.
    Y hay dos momentos para mí imprescindibles.
    El momento en que el personaje de Woody Allen encuentra el sentido de la vida en una sala de cine viendo una película de los hermanos Marx.
    Y el momento en que Michael Caine y Barbara Hershey van a una librería juntos y este le hace coger un libro del poeta e. e. cummings y le dice que no deje de leer el poema de la página 112… y ella en la soledad el cuarto lo lee hasta su último verso: “nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas”.
    Está plagado de momentos mágicos. Me encanta que la madre de Hannah, que es Mia Farrow, sea Maureen O’Sullivan. Y que las dos en la vida real fueran madre e hija. Dianne west está magnífica… En fin.

    Beso
    Hildy

    • Deckard 15 enero, 2020 a 20:22 #

      Completamente de acuerdo contigo, Hildy. Una de las mejores películas de Allen sin lugar a dudas.
      Ese momento en el que entra en el cine creo que a ver “Sopa de ganso” es totalmente memorable. Recordarlo me ha ayudado mucho en algunos momentos bajos de mi vida. Es la voz de un maestro la que nos hablaba.
      Y en cuanto al poema de Cummings, también igual de inolvidable. Una vez vista esa escena no la olvidas jamás. Como curiosidad, no se si sabes, Hildy, que ese mismo verso se volvió a utilizar en el cine en otra ocasión muy reseñable. Y no en una película cualquiera. Ni más ni menos que en la mitica “Sangre, sudor y lágrimas” (“In which we serve”) de David Lean y Noel Coward. Sólo que en esa ocasión se utilizo con un tono un poco irónico. Porque en medio de una batalla marina, con un temporal de lluvia absolutamente intempestiva, uno de los marinos oficiales decia: “Al tipo ese que dijo que la lluvia tenía las manos muy pequeñas, si estuviera aquí ahora le iba a decir yo cuatro cosas….” Hilarante. Lo sabías? A lo mejor resulta, que no la has visto…. (me extrañaría). Si no la has visto deberías de hacerlo, porque a mi, pese a, que tampoco me gusta mucho el cine bélico, esa me encanta. Porque es todo un clásico, y además, hecha en plena guerra….
      Un saludo.

    • elcriticoabulico 16 enero, 2020 a 18:32 #

      Además está muy bien cómo une a Hershey y Caine en ese cambio de plano. Allen sabe encontrar cosas interesantes y también cómo contarlas.
      Besos.

  4. Hildy Johnson 16 enero, 2020 a 17:59 #

    Deckar, ¡no lo sabía! Y Sangre, sudor y lágrimas es de esas películas que tengo desde hace tiempo en el baúl… ¡todavía con precinto! ¡Con lo que adoro a David Lean! Pero ahora con lo que me has contado ¡un aliciente más para desenterrarla pronto y rescatarla del baúl!

    Beso
    Hildy

    • Deckard 16 enero, 2020 a 22:54 #

      Pues, querida Hildy, ya estás tardando. “Sangre, sudor y lágrimas” es un clásico entrañable. Resulta difícil de concebir que una película de tan alto nivel se realizara durante la guerra, en época de escasez y estrechuras. Porque es de una elegancia y de una sobriedad extraordinarias. Muy british en la mejor acepción del término. Es una película maravillosa en la misma línea que el imperecedero diptico de William Wyler formado por “La señora Miniver” y “Los mejores, años de nuestra vida”
      Ya sabes, Hildy. Hoy te vamos a poner tarea. Pero ya podrían ser todos los deberes de la vida así de agradables. Porque ya, se sabe que “sarna con gusto no pica”
      Besos.

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