El cuarto poder

13 Dic

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Año: 1952.

Director: Richard Brooks.

Reparto: Humphrey Bogart, Ethel Barrymore, Kim Hunter, Ed Begley, Warren Stevens, Paul Stewart, Martin Gabel, Joe De Santis, Joyce Mackenzie, Fay Baker, Audrey Christie, Jim Backus.

Filme

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         Al New York Day lo va a comprar, solo para masticarlo y engullirlo, el Standard, que es el periódico fabricado en cadena que sí apuesta por llevar a la portada una foto enorme del cadáver de una rubia ataviada tan solo con un abrigo de pieles. Revelando los dulces engaños del “cualquier tiempo pasado nos parece mejor”, El cuarto poder confirma que el periodismo es un sector en crisis desde prácticamente su mismo nacimiento. Puede que no siempre económica, pero sí moral. Nada que no avanzasen ya las tácticas de ese Charles Foster Kane, sosias del magnate de la prensa -y de tantas otras cosas- William Randolph Hearst. Pero tampoco eran tretas desconocidas por Joseph Pulitzer, aquí invocado con cierta reverencia. No por nada, un año antes del estreno de la presente, El gran carnaval denunciaba el amarillismo rampante con destemplada y vigente virulencia.

         Richard Brooks fue cocinero antes que fraile. También a cargo del guion, recogerá su experiencia en las entrañas de la profesión para, inspirado además por semejantes casos empresariales, dar cuerpo a El cuarto poder, que se erige como un sentido elogio al papel de la prensa libre y combativa como garantía y primera línea de defensa de los derechos de un Estado democrático. Parece una proclama ociosa, pero hay que tener en cuenta que, a principios de los años cincuenta, era alargada la sombra de la ignominia mccarthista, así como su represión de cualquier muestra de compromiso de izquierdas. En Hollywood, era tiempo de listas negras, acatación de la lógica de Guerra Fría y depuración de las tendencias progresistas o sociales que pudiera albergar.

Precisamente, Humphrey Bogart había sido uno de los rostros visibles que se atrevieron a plantar cara en un inicio al Comité de Actividades Antiamericanas en apoyo a los Diez de Hollywood, si bien su marcha en Washigton terminaría de mala manera. O cuanto menos poco heroica, nada digna de una película enardecedora. En El cuarto poder, Bogart encarna al director del New York Day, quien, en carrera contrarreloj contra el cierre del diario, emprende un último servicio a la sociedad sacándo a la luz pública los entramados económicos, políticos y criminales del mafioso italoamericano Tomas Rienzi.

         Aunque no exento de ciertas gotas de sarcasmo descreído -el reconocimiento de las campañas hacia intereses privados o en beneficio de determinadas personalidades públicas-, un valiente idealismo impregna por tanto este relato que, dominado con nervio, se mueve al vertiginoso ritmo de trabajo del periodismo. Brooks plantea una trama de cine negro desde esa tradicional vertiente investigadora que, aquí, pertenece al reportero. O, como se puntualiza en el filme, al periodista, diferenciado del anterior porque se erige en héroe del relato que cuenta. Por ello, Bogart se mueve por la redacción como un general que arenga y dispone a sus huestes. El resultado final es el producto de una labor coordinada y colectiva, que hace frente en grupo a los obstáculos que puede oponer un sistema manchado de corrupción, al que por tanto se ha de plantar cara con firmeza ética, inteligencia compartida y sacrificio personal.

         Es tanta la pasión que Brooks vierte por el romanticismo y los valores fundacionales de su antigua profesión que hasta se le va la mano en el proselitismo. Hay testimonios forzados ante otro poder, el judicial; cursilería para referirse a una pretendida función integradora de la prensa y un solemne discurso final de recapitulación que, en definitiva, materializan las intenciones discursivas del libreto. Y es que, frente a esta encendida y utópica -aunque necesaria- reivindicación, demasiado escarmiento se lleva ya acumulado en estos duros tiempos de precareidad informativa, clickbait, viralidad, funcionamiento como alternativa de ocio en redes sociales, frivolización y sensacionalismo trasladado a todas las secciones, inmediatez forzosa derivada en vacío inevitable, periodismo de reproducción, servilismo por necesidad o vocación…

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7,3.

Nota del blog: 7.

4 comentarios para “El cuarto poder”

  1. Hildy Johnson 19 diciembre, 2019 a 22:07 #

    Me gusta el binomio cine y periodismo, la filmografía de Richard Brooks, la mirada cansada de Humphrey Bogart… Pero como en mucho cine de aquellos años en Hollywood, merecen un homenaje los actores secundarios, que como pasaba habitualmente estaban maravillosos. Así aquí nos encontramos con Kim Hunter, con la gran Ethel Barrymore y no olvidarse de un tipo como Ed Begley. Pero no son los únicos secundarios reconocibles…, hay más rostros. Algunos siempre fueron secundarios, otros también lograron roles protagonistas, pero siempre es una gozada encontrarse con ellos.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 20 diciembre, 2019 a 14:32 #

      Además de que es una película muy de secundarios, porque se les presta mucho atención y cariño dentro de ese ‘juego en equipo’ que Brooks trata de representar como culmen del trabajo periodístico.
      ¡Besos!

      • Deckard 21 diciembre, 2019 a 15:30 #

        Corregidme si me equivoco, pero creo recordar que esta película no se estreno en España hasta, que TVE la estreno en pantalla pequeña a finales de los 80.Y desde entonces en televisión tampoco es que la hubieran emitido mucho. De hecho yo no la había visto hasta hace cosa de año y medio, algo lamentable porque es una película magnífica. Ya me imagino yo que en su día, a los gerifaltes franquistas no les gustaría mucho semejante talentoso alarde en defensa de la libertad de prensa.
        Sobre este tema de por qué no se estrenaron ciertas películas en España, echo un falta un estudio en profundidad que analice casos como este desde un punto de vista sociológico y político. (A lo mejor resulta que ese estudio si existe. Si lo conocéis, soy todo orejas)
        Digo todo esto porque recientemente pude recuperar “La vida de Emile Zola” de William Dieterle, que fue una película, que nunca, se estreno en España. La verdad es que viéndola, uno se puede imaginar los motivos de por qué no se estreno, ya que, en una España prebelica, el tratamiento que hace Dieterle del affaire Dreyfuss era, dinamita pura, y en aquella época, en nuestro país los ánimos estaban muy caldeado, como trágicamente luego se comprobó.
        Creo que hay bastantes casos parecidos, pero que yo sepa, se habla poco de ellos. A lo mejor tiene que ver con ese discutible pacto de silencio que se consagró durante la, Transición. No se.
        Saludos.

        • elcriticoabulico 23 diciembre, 2019 a 16:15 #

          Pues sí, creo que hay un buen puado de películas que no se reestrenarían pese a la Transición. Igua fue solo por desinterés en recuperar obras de tan atrás, pero no sé. Es verdad que merece un estudio.

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