El irlandés

10 Dic

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Año: 2019.

Director: Martin Scorsese.

Reparto: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Anna Paquin, Lucy Gallina, Stephen Graham, Jesse Plemons, Domenick Lombardozzi, Ray Romano, Harvey Keitel, Bobby Cannavale, Gary Basaraba, Louis Cancelmi, Stephanie Kurtzuba, Kathrine Narducci, Welker White, Jack Huston, Sebastian Maniscalco, Jake Hoffman.

Tráiler

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         Si algo confirmó Gangs of Nueva York es que en Martin Scorsese vive un historiador alternativo, que emplea la ficción cinematográfica y los personajes marginales -frecuentemente el mafioso, esa cara B del emprendedor capitalista y del sueño americano- para retratar el espíritu y la realidad de todo un devenir histórico. El irlandés es, por tanto, un paso más en este fresco sobre la construcción de los Estados Unidos, de nuevo ambientada en el submundo del hampa y desde el cual se aproxima a la edad en la que la nación perdió definitivamente su presunta inocencia: los años sesenta y setenta en los que la esperanza de los Kennedy convivía, casi de igual a igual, con la controvertida figura del sindicalista Jimmy Hoffa -en el cine, inspiración para aquel F.I.S.T.: Símbolo de fuerza encabezado por Sylvester Stallone y con un biopic, Hoffa, un pulso al poder, a cargo de Danny DeVito, con guion de David Mamet y protagonismo de Jack Nicholson-.

         El rutilante auge y la traumática desaparición de ambos iconos es uno de los paralelismos que traza el filme, al igual que el funcionamiento de la red del crimen organizado se emparenta e hibrida con el sistema oficial. Desdoblado, el mismo juego se establecerá, a ojos de una niña inocente, entre Hoffa (Al Pacino) y el capo Russell Bufalino (Joe Pesci), de lo que deriva el dilema trágico que parte en dos la existencia del protagonista, dividiendo sus lealtades, sus convicciones y sus valores. Su amor incluso, dado el tratamiento que se otorga a las relaciones y el simbolismo de algunos elementos -las puertas entreabiertas, los anillos de compromiso-, no digamos ya el contacto físico -o incluso su ausencia, representada por la mirada-. Así las cosas, todo conduce a que esas dos caras se personifiquen en el personaje central, el del sicario Frank Sheeran que da título a la obra (Robert De Niro) y que supera su a priori irreparable suerte de don nadie desplegando su potencial en el lado oscuro de esta estructura corrompida de raíz. Y, evidenciando otra vez esta ambigüedad o esta equivalencia entre ambas, Scorsese muestra que su experiencia procede de una lucha por la libertad -su condición de veterano de la Segunda Guerra Mundial– que esconde tremebundas dobleces en su aparente dignidad.

         Steven Zaillian compone el libreto de El irlandés a partir de las indagaciones e hipótesis del antiguo fiscal de homicidios Charles Brandt, plasmadas en el bestseller aquí titulado Jimmy Hoffa, caso cerrado: El poder de la mafia norteamericana, basado en sus conversaciones con el propio Sheeran, entre otros. Scorsese dispone el relato en tres planos temporales que conjuga con habilidad, aunque con interés irregular y, sin duda, con una molesta despreocupación por la concisión y la eficacia narrativa. Una sobresaturación que deriva en un metraje innecesariamente abultado -por otro lado, un defecto relativamente habitual en las películas contemporáneas con aspiraciones de prestigio, todo sea dicho-.

En cierto modo, la cinta puede servir como base para la discusión acerca de las constantes estilísticas del autor o de su autoimitación descarada. La exposición del organigrama gangsteril y su funcionamiento -esa combinación entre música popular y agresividad conceptual, los dinámicos planos secuencia, la ruptura de la cuarta pared…- son recursos que remiten a la filmografía precedente del cineasta. Queda así una sensación de ya visto, ya conocido, ya sobado -por propios y extraños-. En cambio, destaca el sereno reproche de una sus hijas, con el que derriba de un sutil pero contundente plumazo la mitología romántica del mafioso, y, sobre todo, la rotunda sobriedad con la que aborda la tragedia moral de Sheeran -la mirada de Peggy, de nuevo la mirada-.

         El irlandés, a medida que avanza hacia el ocaso, hacia la decadencia, gana entidad dramática. Scorsese contrapone ahora una estética de mayor clasicismo, solemne y depurado.

El fatalismo que lo embarga todo era ya patente cuando se presentaba a un sinfín de personalidades con la fecha y la causa de su muerte por delante. En el caso de Sheeran, provendrá del peso que, inevitablemente, acarrean sus elecciones. Siempre se paga al final del baile. No es un tema inédito; comparece en los ascensos y caídas criminales tan queridos por el director italoamericano –Uno de los nuestros, Casino o El lobo de Wall Street como ejemplos meridianos-, fascinado por las complejidades de la tentación, la culpa y la redención, si bien es posible que esa perspectiva más madura aporte matices más ricos y sentidos.

         Porque esta melancolía crepuscular puede tener tambien una lectura metalingüística, dada la ascendencia de su elenco y la realización de un Scorsese que repudia un cine colonizado por los blockbusters superheroicos y que trabaja aquí al servicio de una plataforma de entretenimiento audiovisual en streaming con retincencias para estrenar sus producciones en las salas tradicionales. Al respecto, no creo que El irlandés sea una película para rescatar a Robert De Niro -¿es cosa de su rostro, que ya se observa irremediablemente como si estuviera deformado en una mueca perpetua? ¿Es culpa de la mirada de este espectador que lo considera quemado?- ni tampoco a Al Pacino -histriónico sin pudor ni arrepentimiento alguno-, pero sí para reivindicar al semirretirado Joe Pesci, quien, desde una impecable mesura, borda a ese hombrecillo corriente que se mueve de aquí para allá manejando asuntos oscuros.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7.

12 comentarios para “El irlandés”

  1. Hildy Johnson 10 diciembre, 2019 a 17:10 #

    Muero por verla en pantalla grande… pero no sé si llegaré a tiempo. Aunque la veré. Ya te contaré.
    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 11 diciembre, 2019 a 18:24 #

      Uf, pues igual hay que apurar, que demasiado que los señores de Netflix han consentido que salga en pantalla grande…

  2. ALTAICA 10 diciembre, 2019 a 23:58 #

    Yo, por el contrario, no tengo el mas mínimo interés. Verla la veré pero me imagino más de lo mismo y concentrado. Algo así como el paradigma de su cine. Abrazos

    • elcriticoabulico 11 diciembre, 2019 a 18:26 #

      Hay de lo mismo… y hay diferente. Es interesante cómo resuelve el desenlace esta vez, encuentro en él un cierto cambio en la mirada. Pero bueno, igual no se puede hablar de “concentrado” estando ante una película de tres horas y media….

  3. Deckard 11 diciembre, 2019 a 14:44 #

    Es una película difícil de analizar, porque es un proyecto completamente atípico. No es un largometraje al uso. Es el primer exponente de proyecto ambicioso concebid, pensado y parido por gente de cine y para aficionados y apasionados del cine que no se va a ver casi en ningún cine del mundo (con la excepción de “Capitán EO” de Coppola y George Lucas, que solo se puede ver en Disneylandia, pero eso era otra cosa). Además,”El Irlandés” es tan larga que da tiempo para todo: para fascinarte, para aburrirte, para sorprenderte y para volver a reengancharte. Pero no creo que vayamos a ver muchas películas de este tipo en el futuro. Entre otras cosas, porque esa duración no es compatible con nadie que tenga una vida mínimamente digna que compatibilizar. No me imagino a la mayoría del público pidiéndole a la gente un día libre para “conciliar” y poder ver así ver lo último de Netflix o de Scorsese. Y si la quieres ver un fin de semana a lo mejor riñes con la parienta, porque ella tiene otros planes más dinámicos o familiares, o al aire libre, o algo parecido. No sé. Tiene momentos fascinantes y otros muchos más anodinos. Creo que pasará a la historia pero más bien como una rareza.
    Saludos.

    • elcriticoabulico 11 diciembre, 2019 a 18:36 #

      Pues me parece muy buena apreciación la tuya. También me siento muy identificado con eso de que “da tiempo a todo”. Aunque yo no tengo tan claro que esta rareza no acabe generalizándose un poco más. Los modelos de ver cine, y de hacer cine, están virando en esa dirección. Desde luego, es difícil que Scorsese pudiera hacer algo así sin el auspicio de Netflix. Otra cosa es que la plataforma termine contenta con el funcionamiento comercial de esta vertiente monumental/de prestigio, sobre todo ahora que la competencia le aprieta cada vez más.

      • Deckard 11 diciembre, 2019 a 20:00 #

        Lo de las plataformas tipo Netflix debería, ser tema de serio debate. No puede ser que unos, señores se aprovechen así de un negocio pero también arte como el cine, poniendo trabas ridículas a la exhibición de sus productos en pantalla grande. Yo diría que atenta casi contra el sentido común, aunque ya no se si estoy tan seguro. Esperar que el aficionado medio caiga en sus redes y deje de ir al cine puede ser legítimo, pero en ciertos aspectos deleznable. Hay algo (o mucho) de arrogancia y de falta de respeto en la actitud de Netflix. Por un lado, pretende apropiarse a golpe de talonario de una industria del entretenimiento y del arte que ha mostrado una resistencia granitica centenaria frente a todos los que le han hecho la competencia (televisión, video doméstico, DVDs), y lo que me parece peor es que, en su prepotencia, es capaz de renunciar a ciertos márgenes económicos de negocio de los que ahora podría beneficiarse, solo para no tener que “rebajarse” a pactar porcentajes con distribuidores y exhibidores tradicionales. Si no fuera porque quieren hacer negocio con el Hollywood tradicional, se diría que Netflix se ha creado para acabar con el cine en salas. Una tragedia. Y eso me resulta profundamente antipático y desagradecido porque esa plataforma pretende sobrevivir, monopolizar y hacer negocio con una arte e industria a la que millares de aficionados y profesionales hemos alimentado y mimado durante décadas, asistiendo religiosamente a, salas, muchos hasta dos y tres veces por semana, para que ahora lleguen unos señores con la chequera bien cargada, para convertir el cine en un producto exclusivo de una única marca. Esto no se ha inventado ahora. Es tan viejo como el capitalismo. Se llama Monopolio. Antiguamente había legislaciones, conisiones y departamentos para arbitrar sobre la Competencia. Pero al parecer están todos muertos. O peor. De Parranda. Hollywood podría haber sido comprado por Coca Cola, por Google o por Microsoft. Pero no. Al final se nos ha colado por la gatera un monopolio llamado Netflix, que amenaza con acapararlo todo. Algo que, de seguir así, afectará fatalmente a la riqueza, variedad y calidad del producto. Y el resto de la maltrecha industria, en manos de Disney (que compró Lucasfilm y luego la Fox a Murdoch) Así, a medio plazo todos en casa viendo cine en streaming y con las salas en peligro de extinción sobreviviendo a base de ñoñadas que ya no interesaran ni a los niños de 5 años. Negro panorama. Que triste.

        • elcriticoabulico 12 diciembre, 2019 a 13:51 #

          No sé hasta qué punto estas plataformas restan espectadores. Los que son fieles a ir a las salas, como tú y yo, seguiremos yendo. Incluso a estrenos como estos de Netflix. Y quienes no son fieles a las salas, dejan de ir, como han estado haciendo durante los últimos treinta años de declive. Antes se atribuía al auge de la piratería, ahora quizás a estas plataformas. De ser así, encuentro que el cambio es netamente positivo: la inmensa mayoría paga por ver (aunque no sea mucho) y ese dinero se reinvierte en ocasiones en dar un espacio de libertad creativa a determinados cineastas de prestigio cuando en el sistema tradicional sopla un vendaval de recortes a la originalidad que les afecta incluso a estos grandes colosos. ¿Caminamos hacia un nuevo sistema de grandes estudios, con Netflix, Amazon o Apple al frente, dominando producción y distribución? Puede. ¿Arrincona esto al cine de autor más pequeño y arriesgado? Probablemente. Pero no es que este cine de autor más pequeño y arriesgado haya estado boyante nunca. Quizás alguno apueste por ello para dar una nota de diferenciación y clase a su innumerable catálogo. En cualquier caso, de nuevo, los cuatro que íbamos a verlo a las salas continuaremos haciéndolo, seguramente. Y si no, hay sistemas de reproducción doméstica que son fabulosos. Se pierde esa mística y ese romanticismo (que no dejan de ser constructos personales, al fin y al cabo), pero mientras se haga cine se seguirá viendo cine. En salas o en casa. No soy especialmente pesimista.

  4. Deckard 12 diciembre, 2019 a 14:45 #

    Ahí tú y yo discrepamos, Víctor. Tú intentas ser positivo y me parece bien, pero para mi, el problema de fondo de todo este asunto, el verdadero meollo de la discusión es que, para mí (y supongo que para ti también aunque lo relativizas), es muy diferente ver el cine en salas que verlo en un ámbito doméstico. El ámbito doméstico, hasta ahora, para los apasionados y verdaderamente aficionados, es un lugar ideal para segundos visionados, para análisis y para un visionado informal. O para recuperar clásicos de antes de que naciéramos. Esa era su verdadera utilidad.Y donde creo que te equivocas es en pensar quizás un poco ingenuamente que el cine va a sobrevivir a esta embestida de las plataformas de streaming. Desde luego, si la actitud es la que está adoptando Netflix, a día de hoy, 12 de diciembre de 2019, y persiste durante mucho más tiempo, el cine en salas está condenado a extinguirse. Y pienso que va a ser así porque, a diferencia de otras embestidas que ha sufrido el cine en salas en el pasado como las de la televisión y el video doméstico, o en una primera fase, las descargas en internet, el modelo que quiere perpetuar Netflix es pernicioso y antagónico al de la proyección en salas. Porque Netflix, a diferencia de los anteriores competidores del medio cinematográfico, está ejerciendo de Caballo de Troya y, muy hábilmente, para sus propios intereses monopolísticos y de negocio, y está apelando desde el seno mismo de la industria, a la codicia y al egocentrismo de los principales artistas de Hollywood, financiándoles sus proyectos más queridos de manera muy astuta. Aquí nadie va a pedir sacrificios de índole romántico en pro del cine en pantalla grande. Pero algunos, como Scorsese, que en el pasado (en los Premios Príncipe de Asturias sin ir más lejos) se destacaron por intentar defender el legado de un pasado y por tratar de poner coto a los intentos acaparadores e imperialistas de ciertas empresas, está claro que están claudicando en venderse a un modelo de producción y de distribución que es ajeno a la distribución y exhibición tradicionales de la producción cinematográfica. Y muchos podrán decir (incluso tú, Víctor “¿Tú también, Victor?”, es coña) “Bah, pero seguiremos viendo cine, solo que esta vez en casa….” Pero, francamente ¿de verdad crees que es lo mismo? ¿No sois conscientes del riesgo y de la pérdida irreparable que esto puede suponer para todo un arte, que ha llegado a ser conocido como el Séptimo Arte? ¿De verdad creéis que un futuro en pantallas minúsculas (por mucho que a imagen se pueda ampliar y todo eso en la pared de un salón) no va a alterar su sentido de la narrativa, de la estética y del espectáculo pasando de una sala con sistema estereofónico o THX de sonido a un vulgar salón hogareño?
    A lo largo de todos estos últimos años se nos ha colado por la gatera casi sin darnos cuenta la proyección digital. Ello ha supuesto muchas ventajas en evitar el revelado de película, ha facilitado el montaje, ha sido fundamental para ganar tiempo en los rodajes, y ha traído ventajas sustanciales. Pero, ¿de verdad hemos salido ganando? ¿Puede el cine digital competir en algunas texturas estéticas y en contrastes fotográficos con la película vírgen tradicional? (es un tema que se me escapa un poco, por eso dejo la pregunta abierta). Pero es que, además, este nuevo modelo va a resultar muy empobrecedor porque limitará mucho la captación de espacios abiertos a través de las lentes de 35 y de 70 milímetros que tanto juego han dado a abundantes clásicos de cine espectáculo. Es todo un concepto del cine el que está un juego. El del cine espectáculo, el de aventuras, el western el de las grandes praderas, la épica. Todo eso se puede reducir a una pequeña pantalla, pero, francamente, nunca fue ni será lo mismo. ¿Es eso lo que queremos? ¿Por qué Netflix no estrena abiertamente sus películas en salas y así, de paso, aparte de favorecer la continuidad de un medio y una forma de expresión que a todos nos apasiona, ampliar su fuente de ingresos? No lo hacen porque pretenden erigir un monopolio u oligopolio (en el peor de los casos para ellos). Lo hacen por avaricia, porque creen que todo se puede comprar con dinero., y porque confían con quedarse con todo el mercado en exclusiva. Y a muchos les da igual. Pues a mi no. Porque ese mercado se limitará al ámbito doméstico y ya nada volverá a ser lo mismo. Figuras como David Lean, Anthony Mann, o incluso Stanley Kubrick, todos con un concepto del cine muy como de espectáculo, tendrían poco lugar en un modelo así Por desgracia, parece que de momento, quienes pretenden acabar con eso han cogido claramente la delantera. Porque ahí están todos, haciendo su peliculita: los Coen, Scorsese, Baumbach, y en España, Isabel Coixet, Cobeaga, Sánchez Arévalo, etc……Ahora están todos muy contentos, pero claro, luego, cuando sus ahora magnánimos productores intenten meter mano en sus guiones para suavizar los contenidos para las masas de consumidores domésticos, pues ya no habrá cines o salas para adultos que quieran contemplar sus apuestas. Es triste, pero parece ser que va a ser así.

    Es un tema que habría que debatir muy a fondo, pero de momento aquí me quedo.

    Saludos.

    • elcriticoabulico 13 diciembre, 2019 a 14:01 #

      No es ni parecido verlo en la sala de cine que en casa, aunque también hay cada sala… y cada público… No soy especialmente reverente con esa mística de la experiencia colectiva, que no comparto. En cualquier caso, creo que se hunde antes Netflix (al que los números no te creas que le cuadran del todo) que las salas de cine. Ya se dijo en su día que la popularización de los aparatos de televisión las iba a hundir y mira.

      • Deckard 13 diciembre, 2019 a 14:56 #

        A ver. Yo tampoco defiendo la mística de la “experiencia colectiva” Pero es que, ciertas películas (yo diría que casi todas) se ven mejor siempre en sala (salvo que te toquen impresentables alrededor, que a todos nos ha pasado). Es más. No tiene tanto que ver con la experiencia colectiva. Al revés. Se profundiza en la experiencia individual del visionado si estás en una sala, sin interferencias externas, y sin poder ni siquiera fumar. Uno se ensimisma más en el universo que te proponga la película concreta. No estoy divinizando la experiencia, porque, obviamente, depende de la calidad de la película. Pero yo creo que el visionado genuino solo se da en salas. Todos lo hemos experimentado. No es una cuestión de metafísica, sino de que la magia se de en un entorno adecuado e idóneo. En casa no creo que se de tanto, por no decir que no se da casi nunca en esa medida.
        No es una mera cuestión de adecuación de formatos. El asunto tienen derivadas y matices artísticos, personales, industriales, y sociológicos. Muchas apuestas arriesgadas se han dado porque un público restringido de salas podía ser receptivo al riesgo. Es como ir al zoo. Vas a ver leones, tigres y elefantes. No se te ocurriría llevártelos a casa (metáfora sui generis, lo sé, pero se me acaba de ocurrir). Y no solo por proteger a los niños. Si adaptas el formato a un entorno doméstico, todo es demasiado adocenado, como para todos los públicos. Eso empobrece las propuestas. Ir al cine es como salir a la aventura sin saber muy bien lo que te vas a encontrar. Ahora cada vez se da menos por los trailers, teasers y la sobreabundancia de información, pero todavía se da en cierta medida. Ahora se va a perder todo el misterio. Pero solo es uno de los múltiples matices que se van a perder si convertimos la experiencia de ver una película en un mero acto doméstico como levantar la taza del váter. No es mística, es una pérdida irremediable de valores añadidos intangibles.
        Ya sé que me podrías decir que lo intangible no paga las facturas. Pero yo también te podría decir que, si de verdad piensas así (que no creo que sea para nada tu caso, al menos del todo) yo te diría que entonces harías bien en trabajar para Netflix.
        Saludos.

        • elcriticoabulico 14 diciembre, 2019 a 18:08 #

          Jajaja. ¡Touché! Si yo, insisto, siempre voy a priorizar ir a la sala de cine a verlo en casa. Y es precisamente por eso que dices, porque la experiencia sensorial y artística es mayor. Eso sí, sobre los tráilers, los de las butacas de alrededor se deben de sorprender viéndome tapándome las orejas y con la cabeza gacha durante el carrusel de tráileres. Cada vez destripan más.

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