Mamma Roma

20 Sep

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Año: 1962.

Director: Pier Paolo Pasolini.

Reparto: Anna Magnani, Ettore Garofolo, Franco Citti, Silvana Corsini, Luisa Loiano, Paolo Volponi, Vittorio La Paglia, Luciano Gonini, Piero Morgia, Franco Ceccarelli, Marcello Sorrentino.

Tráiler

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         Pier Paolo Pasolini veía tragedias eternas en la periferia marginal de la gran ciudad. La supervivencia en las cunetas de una sociedad profundamente plutócrata y clasista que arrincona, somete y destruye a quienes apenas intentan soñar con una vida sin el ahogo de las cuentas a final de mes. La conciencia social de Pasolini, intermediada por su ideología comunista pero también marcada por el arraigo católico del país, extraía así, a partir de la observación del paisaje humano y de la interpretación de la crónica cotidiana, historias de dramas bíblicos y sacrificios superlativos protagonizados por personajes como Mamma Roma, una exprostituta a la que impele la necesidad de encontrar un porvenir decente a su hijo, quien por su parte navega las procelosas aguas de la adolescencia.

         Mamma Roma -película y personaje- es, obviamente, Anna Magnani, símbolo absoluto del cine italiano y, a la vez, de la romanità cinematográfica. Una presencia que trasciende lo corporeo para representar una abstracción poderosa y arrolladora. Como torrencial es su presentación en pantalla, poniendo patas arriba una boda y configurando los límites donde se moverá en adelante el relato: el complejo de clase baja, el hambre de prosperidad movido casi como una venganza contra el pasado y contra todo; la esclavitud a una condición innata, la devoción y entrega al hijo hasta las últimas consecuencias. Su cabellera revuelta, su risa atronadora, sus ojeras irremediables, su comportamiento impetuoso. El contraste con la fragilidad de su hijo escuálido, de ropajes siempre un par de tallas más grandes, que intenta aparentar rudeza a pesar de su rostro aniñado.

Desde aquí arranca la aventura de Mamma Roma para alcanzar el triunfo que anhela, que necesita hasta orgánicamente. La narración -que en el fondo es bastante sencilla-, así como las emociones que de ella se desprenden, quedan a merced del empuje de unas criaturas que, hostigadas constantemente por una desdicha de la que es imposible despegarse, tratan de abrirse paso a empellones -la crianza adeudada, la emancipación que pide la edad-.

         Pasolini emplea una herencia neorrealista en su descripción de los caracteres y del ambiente en el que se encuentran presos. Desde ese punto de partida, deja asomar las reminiscencias sacras de los protagonistas -la virgen, su hijo- y algunos arrebatos poéticos con cierto halo etéreo, casi irreal -los paseos nocturnos en los que la mujer dialoga, se vacía y fantasea ante los extraños con los que cruza el camino-. Pero la crudeza siempre está ahí para definir las relaciones entre los personajes, irremediablemente brutales, incluso en la amistad o el romance. A la medida de un entorno agreste, donde todo es polvo, yermo y ruinas.

Y aun así, la mirada de Pasolini -que puede ser igualmente tosca en el empleo de recursos como el encadenado o el ralentí- desliza una tenue belleza en esa aproximación a una Roma por completo alejada de la postal, del monumento. El descampado; tierra pura, con todo por construir para el mañana, con recuerdos desvanecidos de un ayer imperial. Apuntes del fatalismo que pesa sobre las acciones. El proxeneta de Franco Citti -que ya había sido chulo en Accattone, debut del actor y de Pasolini en el séptimo arte-, que desde su propio infortunio arrastra consigo a quienes, en cierta manera, le ataron de por vida a él. Tragedias encadenadas. La salvadora también puede encarnar la perdición.

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Nota IMDB: 7,9.

Nota FilmAffinity: 7,8.

Nota del blog: 7,5.

4 comentarios to “Mamma Roma”

  1. Deckard 20 septiembre, 2019 a 13:39 #

    Como bien dices, Anna Magnani era como un género en sí mismo que anulaba toda presencia externa. Ni siquiera universos tan distantes como los de Pasolini aquí, el de Visconti (en “Bellísima”), el de Rossellini (en “Roma Ciudad Abierta”), o incluso el de todo un Tennessee Williams (en “La rosa tatuada”) tenían nada que aportar ante su tiranía, fascinadora y dominante presencia. Eso en ocasiones podría ser un problema por lo del encasillamiento, pero que duda cabe de que ella era grande entre las más Grandes.
    Saludos.

    • elcriticoabulico 21 septiembre, 2019 a 16:36 #

      La propia grandeza a veces, paradójicamente, limita. Aunque dentro de ese género que era ella también sabía ofrecer distintos registros. Pero claro, esa presencia…

  2. Hildy Johnson 20 septiembre, 2019 a 20:23 #

    Cómo me impactó esta película la primera vez que la vi. Y es que Pasolini es crudo, pero deja reflejada una belleza singular en esta película, una belleza dura, que hiere en cada fotograma. Y, sí, que tremendamente brutal está Anna Magnani, esa mamma Roma que se come la vida a bocados y gritos, que puede ser la más trágica, y romperse de dolor, o dejar escapar la mayor de las carcajadas. Y todo por ese hijo… aunque desciendan a los infiernos. Al dolor más absoluto. Para convertirse ambos en una “pietá” brutal.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 21 septiembre, 2019 a 16:47 #

      Efectivamente, esa pietà se enmarca en toda esa ascendencia espiritual y trascendente que Pasolini le otorga, no sin intención, y con una interpretación que bien podría asociarse con el Nuevo Testamento y el mensaje de Jesús, a los parias de la Tierra.
      ¡Besos, Hildy!

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