Instinto básico

17 Jul

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Año: 1992.

Director: Paul Verhoeven.

Reparto: Michael Douglas, Sharon Stone, Jeanne Tripplehorn, George Dzundza, Denis Arndt, Leilani Sarelle, Bruce A. Young, Dorothy Malone, Daniel von Bargen, Wayne Knight.

Tráiler

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         El thriller erótico -esas producciones que explotaban crimen, sexo y dominación, en especial durante la década de los noventa y bajo unas formas en buena medida inadmisibles en la era del ‘me too’- tiene un nombre propio: Instinto básico. O más todavía: Sharon Stone. Un cruce de piernas que se graba a fuego en un género y en la historia del cine.

El alto voltaje sexual de las imágenes de Instinto básico fundiría su huella en la memoria colectiva de unas cuantas generaciones. En realidad, el efecto es exactamente idéntico al que Catherine Tramell, literata envuelta en una densísima niebla de misterio homicida, suscita al grupo de machos que se enfrenta a ella en la escena. El peso de la autoridad policial, legal, moral y patriarcal que intenta empujar contra la pared a la sospechosa termina subvertido por la simple y arrolladora potencia de la carne; de la tentación y la lujuria. El deseo, apenas entrevisto, es capaz de derribar cualquier convención construida por la sociedad, tal es la fuerza primaria que alberga.

         Catherine Tramell es un símbolo. La femme fatale explícita. La devoradora de hombres. La diosa ancestral que somete a los mortales ofuscando su razón a través de una llamada animal. El eros y el tánatos colisionando bajo una mirada insinuante, bajo la provocación incesante. La investigación que emprende Nick Curran, policía de la ciudad de San Francisco, es una carrera de resistencia contra ese impulso prácticamente irrefrenable, dada la magnitud de los cantos de sirena que, cree, envenenan sus oídos.

Pero Paul Verhoeven, un agitador holandés que había conseguido infiltrarse en los cuarteles de Hollywood como si fuese un agente doble, un cineasta al que le apasiona hurgar en las relaciones de poder que se establecen por medio de la sexualidad desatada, no se detiene en las evocaciones atávicas de la guerra de sexos. A partir de la novela original de Joe Eszterhas, Verhoeven empareja las pulsiones de violencia sexual y criminal de la presunta asesina con las del presunto garante de la ley, de manera que va desnudando la hipocresía que la sociedad trata de ocultar bajo ropajes de falsa dignidad. La mirada provocativa de Tramell también sirve para aplicar dosis de corrosiva ironía a la hora de estimar la respetabilidad como asunto político o de trazar un retrato del policía como psicótico brazo ejecutor.

         Hay abundante sarcasmo en el juego del ratón y el gato que desarrolla Instinto básico, a pesar de los matices de duda que, en el desenlace, devuelven el personaje de Tramell desde la figura abstracta hacia cierto comportamiento humano, digno de un análisis psicológico que no le hacía falta y, peor aún, que tampoco le convenía demasiado. Hasta entonces, su estrategia para fustigar a sus perseguidores había sido enfrentarles a un espejo. Una imagen que, como reflejo contrario, evisceraba sus instintos más elementales. Y los arrojaba asimismo contra una reproducción mimética de sus actos y consecuencias, incluso puestas negro sobre blanco en textos literarios. La tensión de ese choque constante, sumado a la insoportable temperatura alcanzada por el caldeamiento erótico de la protagonista, es la que conduce a aquellos hombres que siguen su rastro al desquiciamiento, la locura y la muerte. En el caso de Curran, se plasma en resonancias autodestructivas. El eros y el tánatos.

Desde ese juego laberíntico de incertidumbres, perturbaciones y dualidades, Verhoeven consigue que uno se divierta tanto como la malintencionada Catherine Tramell. La electricidad erótica se transmite también febril a la intriga policíaca. La fusión de ambas, con ejemplos paradigmáticos como el celebérrimo y ya citado interrogatorio, convoca planos de una privilegiada energía expresiva. Incluso, al igual que la ayudante sexi del mago, puede distraer la atención respecto de unos procedimientos policiales harto cuestionables -no se practica ni una sola prueba de ADN en unos escenarios que desbordan fluidos de toda índole- o de que el desopilante enredo de la trama termine siendo excesivo por necesidad.

         Aunque, regresando otra vez a una perspectiva contemporánea, en la que el rol de la mujer dentro de la industria y dentro de la pantalla de cine ha tenido una transformación tan importante como indispensable, cabe preguntarse de nuevo si, en vista de la carrera de Sharon Stone, catapultada como icono sexual y objeto de deseo -esa elocuente expresión-, era ella quien dominaba la función a su antojo. Aun con las vueltas de tuerca que pueda tener, la sirena no deja de ser en el fondo una criatura mitológica construida desde un punto de vista muy concreto.

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Nota IMDB: 6,9.

Nota Filmaffinity: 6,5.

Nota del blog: 7,5.

11 comentarios to “Instinto básico”

  1. ALTAICA 19 julio, 2019 a 09:41 #

    Ha sido vilipendiada por un amplio sector crítico y al final solo recordada por la famosa escena en la que la protagonista entrecruza las piernas. Pero como bien indicas estamos ante una notable película, eso sí, con una acumulación de trampas de guión que la lastran irremediablemente. De haber pulido tal despliegue de trucos, estaríamos ante una película con una estilo depurado, fascinante y oscuro. Una lástima. Un abrazo

    • elcriticoabulico 19 julio, 2019 a 12:50 #

      Pues sí, de acuerdo con ambas apreciaciones. Con todo, a pesar de lo segundo, me parece una película bien divertida y picante (no solo en el sentido erótico). Un abrazo, Altaica.

  2. Deckard 27 julio, 2019 a 13:56 #

    Muy buen análisis. Es una película bastante tramposa pero también indudablemente fascinante. Sharon Stone esta deslumbrante. Como será la cosa que hoy, casi treinta años después, todavía no ha podido librarse de la sombra de Catherine Trammell. A la malicia ya conocida de Verhoeven se sumo la complicidad de Michael Douglas, Stone, Eszterhas y Jerry Goldsmith. Casi nada. Se suele hablar muy poco de la también guapisima Jeanne Tripplehorne que en esta película proporciona el contrapunto “formal” a Stone, pero que también nos aporta una escena de sexo guarro de indudable morbo con Douglas.
    Hace unos meses pude entrever parcialmente en televisión en un breve periodo de tiempo “Instinto básico” y “50 sombras de grey” y el contraste resultaba patético. Al lado de Curran y Trammell, los actores de “Grey” parecían una pareja de parvulitos jugando a ser mayores sin la menor gracia ni estilo (a mi Dakota Johnson me resulta bastante insulsa: guapa pero inapetente) . Ahí no había ni morbo, ni picante, ni erotismo, ni ingenio, ni nada. Era todo de una asepsia Millennial totalmente ridícula.
    Esperemos que pronto cambie el signo de los tiempos y surjan directores nuevos que intenten apuestas arriesgadas similares.

    • elcriticoabulico 28 julio, 2019 a 14:37 #

      ¡Gracias! La verdad es que el voltaje sexual de Instinto básico está muy coneguido, tanto por parte de Verhoeven como, indudablemente, de Sharon Stone. Y también de Douglas, que hace palpable su tensión. Por cierto, lo de 50 sombras de Grey siempre me ha parecido más una historia para, sobre todo, señoras de cierta edad que para millenials y generación Z. Estos son nativos digitales, es decir, que han pasado la adolescencia con acceso universal al porno, por lo que dudo que cuatro amagos de sado para todos los públicos sean realmente estimulantes. Aunque no sé, tampoco lo he leído/visto. En cualquier caso, ahí está el debate sobre si un thriller erótico como Instinto básico puede estrenarse en tiempos del #metoo y de las campañas ciudadanas y virales en las redes sociales. Y sobre si esto es un avance o no.
      Un abrazo, Deckard.

      • Deckard 28 julio, 2019 a 16:00 #

        Hombre. Yo creo que todo lo que sea incorrección política es bueno para la higiene mental. Pero hoy en día, si te desvías medio centímetro de las tendencias ideológicas dominantes te tratan como a un apestado. Y buena prueba de ello es el propio Verhoeven, que en los últimos veinte años apenas ha hecho dos o tres películas. Y no porque no haya querido, sino porque no le han dejado.

        • Deckard 28 julio, 2019 a 18:03 #

          Y otra cosa. Yo no soy muy partidario de hacer análisis centrándome en batallitas intergeneracionales y todo eso, como diciendo que una generación es mejor que otra como suele pasar muchas veces. Pero he de decir que viendo una película como Instinto Básico y las que se ven ahora, a mi juicio resulta patente que algo hemos perdido por el camino. Por supuesto, la línea roja la marca siempre el talento, pero no se. Aunque no se puede generalizar, vivimos una época en la que conviven una ola de neopurotanismo con el acceso libre a todo tipo de pornografía por Internet. El resultado de todo esto es que vemos películas supuestamente eroticas absolutamente ñoñas y cursis mezcladas con otras más mainstream demasiado obvias y carentes de sana ambigüedad. O se quedan cortas o van demasiado al grano, por resumir. Así se pierde mucho la malicia y el morbo de la sugestión. de lo oculto, de los juegos de palabras, de la tensión sexual no liberada, del flirteo. Para eso hace falta inteligencia y a mi juicio, hoy en día, eso brilla mucho por su ausencia. Y si a alguno se le ocurre intentar algo asi siempre hay un colectivo por ahí dispuesto a levantar la voz para montar bulla y criticarlo. Esa es mi opinión.

          • ALTAICA 29 julio, 2019 a 11:34 #

            Bastante conforme con el análisis que promueves sobre nuestra actual sociedad de hipocresía de alto voltaje. Por cierto, habéis visto la excelente The Duke of Burgundy. Una obra fascinante.

            • elcriticoabulico 29 julio, 2019 a 12:57 #

              Pues me han hablado muy, muy bien de ella y la tengo por ahí guardada, pero aún no la he visto, la verdad.

          • elcriticoabulico 29 julio, 2019 a 12:57 #

            Es una contradicción muy curiosa, pero que suele darse en las corrientes puritanas: proclamas de puertas para afuera que muchas veces están pasadas de rosca o se toman de situaciones sacadas de todo contexto, frente a un comportamiento moral opuesto o al menos contradictorio de puertas para adentro (puertas domésticas y mentales). Hipocresía de alto voltaje, que dice Altaica.
            En cualquier caso, no sé si un personaje como Catherine Tramell, y como las femme fatales en general, son admisibles en la actualidad, aunque yo creo en el derecho de la mujer a poder ser la mala malísima de una película. Con lo divertidos que son los villanos de fantasía.

  3. Hildy Johnson 31 julio, 2019 a 09:54 #

    Merecen la pena las películas de Peter Strickland. Yo por ahora he visto Berberian Sound Studio, The Duke of Burgundy y In fabric. Y desde luego no deja indiferente. No solo tiene un imaginario visual increíble y una forma especial de contar sus historias, así como ser políticamente incorrecto, sino que sus películas dejan siempre una sensación incómoda e inquietante.

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 31 julio, 2019 a 14:23 #

      Yo las tengo todas apuntadas, pero por una cosa u otra aún no me he acercado a ellas. Procuraré hacerlo que me abrís las ganas.
      ¡Besos, Hildy!

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