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Semáforo rojo (Cani arrabbiati)

5 Jul

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Año: 1974.

Director: Mario Bava.

Reparto: Riccardo Cucciola, Maurice Poli, Lea Lander, Don Backy, George Eastman.

Tráiler

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         Semáforo rojo (Cani arrabbiati) tardó 23 años en estrenarse. No por la crudeza de su relato -un tipo común secuestrado en su coche por una banda de ladrones a la que se le ha torcido al huida- o la violencia de su expresión, sino porque la muerte de uno de sus productores condujo el proyecto a una situación de quiebra que paralizó su distribución. No sería hasta 1997 cuando una de sus protagonistas, Lea Lander, la rescatase del olvido y patrocinase su lanzamiento en DVD. Con todo, el hijo del director Mario Bava, Lamberto, descontento con cómo había quedado el filme tras su resurrección, volvió a reeditarlo en 2002.

         Semáforo rojo -que renuncia a la traducción literal del “perros rabiosos” original- se ancla en el florecimiento de un cine criminal italiano que, impulsado por la turbulenta inestabilidad sociopolítica del país, escarbaba en sus reductos más violentos y despiadados, que medraban entre las grietas de la sociedad para desamparo y paranoia del ciudadano de a pie. Esta es precisamente la esquemática premisa argumental sobre la que se asienta este viaje desesperado, agresivo y delirante donde los tres secuestradores someten a un constante hostigamiento -agresivo, sexual, maníaco- al vulnerable y estoico conductor, al crío que lleva consigo en el vehículo y a otra chica a la que los malvados han raptado como escudo humano.

         Semáforo rojo es una película de sudor, de picores, de agobio. Aunque Bava no se muestra ducho en la acción -sobre todo por el burdo empleo del montaje, en el que influye también las pírricas condiciones de rodaje-, la cámara, empotrada dentro del atestado vehículo, se adosa en primeros planos a los viajeros, de lo que consigue extraer una atmósfera de sofocante y volátil febrilidad, a merced de los erráticos impulsos homicidas de los bandidos. En este escenario se desarrolla el via crucis del apocado protagonista, que a duras penas ha de contener el avance de la mecha hasta el polvorín y mantener una integridad no solo física, sino también moral, en una situación en la que todo parece jugar en su contra, incluso los destellos de esperanza -la posible intervención de terceros en su socorro-.

De este modo, Bava ejecuta un espectáculo tortuoso, hábil en explotar la incomodidad y la humillación -con ejemplo álgido en el plano donde concluye la persecución en el maizal- hasta conducir el asunto hasta un turbio giro final que, a la postre, revela sin paños calientes una concepción tremendamente pesimista. La estética sucia y fea, llevada en ocasiones a lo grotesco, termina jugando a su favor en este sentido.

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Nota IMDB: 7,6.

Nota FilmAffinity: 6,5.

Nota del blog: 6,5.

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