En los 90

23 Jun

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Año: 2018.

Director: Jonah Hill.

Reparto: Sunny Suljic, Katherine Waterston, Lucas Hedges, Na-kel Smith, Olan Prenatt, Gio Galicia, Ryder McLaughlin, Alexa Demie.

Tráiler

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         Los ciclos generacionales van cuadrando, más o menos. En 1973, American Graffiti recreaba una noche de juventud en los años cincuenta. En 1993, Movida del 76 (Jóvenes desorientados) hacía lo propio sobre la década de los setenta. Ahora, En los 90 también vuelve la mirada veinte años atrás para recordar otra experiencia juvenil decisiva, la de un chaval que trata de abrirse paso en el ecosistema social y de construir su personalidad contra los obstáculos de una familia desestructurada y las dificultades características de la edad de los grandes descubrimientos.

         Jonah Hill -quien levantó su carrera interpretativa a partir de la popularidad que le otorgaría Supersalidos, una comedia cuyas premisas también se fundaban en buena medida sobre la memoria de una época- debuta tras las cámaras en el largometraje con una cinta en la que pone la carne en el asador a través de la cuidada atención y su fidelidad hacia los personajes y de sus sentimientos. La textura de la fotografía, en formato de 16 milímetros, surge de inicio como una declaración formal que, sin embargo, enseguida se somete a las constantes del relato para ubicarlo en un periodo concreto, de la misma manera que lo hace ese festín de cultura popular que aparece durante la introducción y la minuciosa estética del diseño de producción. Los alardes de realizador novel quedan elegantemente contenidos, si bien pueden apreciarse en detalles como en el uso puntual del montaje o el vídeo ‘casero’ con el que se cierra la función.

         Con humildad, Hill cede el protagonismo al joven Stevie y su proceso de aprendizaje existencial. A partir de ahí, el director y guionista no deja que el potencial trágico del planteamiento se convierta en estridencia lacrimógena y lo mantiene dentro de unos parámetros que, a decir verdad, son bastante clásicos en su retrato de esa familia alternativa que representa el grupo de skaters, pequeña comunidad de marginales unidos. El drama, en cualquier caso, no cae en el tópico y la convencionalidad gracias a la capacidad de Hill como observador, sumada a su estimable gusto por transmitir mediante detalles sutiles o de apariencia nimia: la manera en la que se manifiesta la reverencia hacia los referentes -con el sanctasanctórum del hermano mayor como museo y cámara del tiempo-; cómo cada cual marca territorio; las pequeñas expresiones que sirven como sentencia y prueba de la superación de etapas; los conflictos y los liderazgos silenciosos -de hecho, la verbalización de las confesiones se percibe, en comparación, como una expresión menos natural-…

Hay nostalgia y la narración tiende hacia la calidez, pero esta se encuentra contaminada por matices conflictivos, no estrictamente complacientes en su visión de la adolescencia. Son tiempos turbulentos, de emociones en constante rebelión y colisión. Todo esto permite dotar de autenticidad a los personajes y las situaciones, retratados con cercanía y cariño, y, en definitiva, que el discurso de En los 90, modesto y de apariencia cotidiana, vaya creciendo en trascendencia.

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Nota IMDB: 7,4.

Nota FilmAffinity: 6,9.

Nota del blog: 7.

8 comentarios to “En los 90”

  1. Hildy Johnson 24 junio, 2019 a 09:02 #

    ¡Me han hablado muy bien de ella y ahora leo tu texto y me gusta mucho lo que cuentas!, querido crítico abúlico, ¡espero no perdérmela!

    Beso
    Hildy

    • elcriticoabulico 24 junio, 2019 a 13:04 #

      La historia que cuenta no es que sea el culmen de la originalidad, pero está contada con gusto, cariño y credibilidad. Que ya es bastante. Ya te leeré. Besos.

  2. Deckard 24 junio, 2019 a 23:21 #

    Me ha gustado bastante. De hecho, te diría que lo mejor que he visto este año (“Lo que esconde Silver Lake” también me sorprendió mucho, pero se estrenó la última semana del año pasado).

    Jonah Hil demuestra ser también como realizador un hombre inteligente. Hay un par de recursos narrativos que directores más expertos que él nunca se atreven a poner en pantalla o bien porque no están en el guión o bien porque no tienen confianza ni en sus capacidades ni en la inteligencia del público para entender efectos tan sencillos y clásicos como la elipsis, que aquí está utilizada muy sabiamente en una de las escenas más importantes.

    Resulta conmovedor este agudo retrato de la difícil adolescencia de este chaval acosado por bastantes fantasmas personales, familiares y sociales.Los elementos dramáticos y los cómicos están mezclados con notable sabiduría. En alguna de las escenas cómicas, los chistes son tan oportunos, que hasta llegan a recordar al mejor Kevin Smith de los 90, la década precisamente retratada (el Smith de “Clerks”).

    Los 90 fueron en lo que a cine y música se refiere, probablemente, la época más fructífera de los últimos treinta o cuarenta años. Los 80, cinematográficamente, podrían competir en lo que a cine comercial se refiere, pero en cómputo global, los 90 nos dieron una infinitud mayor de clásicos que los años de Reagan. No solo músicalmente se dio la eclosión del grunge, sino que en lo que al cine se refiere, una nueva hornada del cine independiente mundial alcanzó su madurez (Hal Hartley, los Coen el propio Kevin Smith, Alexander Rockwell, Tom Di CIllo, Quentin Tarantino, Zhang Yimou, Ken Loach, Atom Egoyan, Agniezska Holland….) y vino a coincidir con algunos de los clásicos del cine comercial americano que todavía guardaban balas en la recámara (Clint Eastwood, Coppola, Ridley Scott, Spielberg,Cameron….) con alguna incorporación reseñable (Curtis Hanson y Gus Van Sant). La caída del Muro de Berlín parecía haber traido una nueva ola de optimismo con un cierto barniz de escepticismo ante lo venidero que le sentaba bien a un arte que tenía que servir de faro e inspirar sociológicamente a las masas. Todo vino a acabar con los atentados del 11 de septiembre de 2001. El regreso a las cavernas y a la Edad Media. La confianza adquirida se evaporó de la noche a la mañana, y el enemigo ya no se escondía tras un más o menos lejano Talón de Acero sino que se podía inmolar en tu casa, en la del vecino de al lado y todos empezaron a desconfiar de todos. Los Señores Oscuros se hicieron con el chiringuito, con el engañoso y equívoco paréntesis de Barack Obama, un hombre que apenas pudo hacer nada ante semejante clima de desconfianza y crisis generalizada. Y en esas estamos.

    El cine de estas dos últimas décadas es bastante inferior al que se hizo entonces. Y no lo digo porque entonces fuéramos todos más jovenes.Yo creo que es algo bastante constatable y objetivo. Basta con echar un vistazo al panorama de entonces y al de ahora y comparar. Pero esa es otra historia.

    En definitiva, “En los 90” es una humilde y a la vez talentosa aportación al cine indie americano de la actualidad. Aquí, además, Jonah HIll ha contado en la banda sonora con la complicidad de Trent Reznor, uno de los iconos musicales de la época, que dejó una huella notable a través de su respetadísimo grupo Nine Inch Nails,

    Ya podrían estrenar todas las semanas una película así. La gente no se quedaría en casa.

    • elcriticoabulico 26 junio, 2019 a 12:53 #

      La principal virtud de Hill es que, gracias a lograr esa credibilidad en los personajes y sus situaciones (también ayudan las buenas interpretaciones, ahí hay potencial de director de actores), consigue que todo lo que ocurre te importe, y lo veas como una historia que también te pertenece. Por cierto, curiosa reivindicación del cine de los noventa, hasta ahora no había leído mucho en ese sentido (y ni siquiera la tenía a priori en demasiada estima) y creo que has escrito una argumentación cargada de buenas razones.

  3. Deckard 26 junio, 2019 a 14:05 #

    Ja,ja. Bueno. Tampoco soy muy dogmático en ese aspecto de poner etiquetas generacionales y todo eso, pero, sinceramente, lo del cine de los 90 lo digo en serio. Ten en cuenta que era la mejor época de Miramax, (aunque Harvey es un criminal y un depredador sexual), que aprovechó muy bien el talento del cine independiente hasta el punto de que alteró un poco el equilibrio de la industria americana. Si no recuerdo mal, en el libro de Peter Biskind sobre Miramax, se cuenta que claro, de repente había películas indies (“indies” en cifras americanas, en Europa a lo mejor eran producciones carísimas) pero que obtenían taquillazos notables en todo el mundo en base al talento de nuevas figuras emergentes (Clooney, Gwyneth Paltrow,Nicole Kidman. Matt Damon…..) y de algunos nuevos buenos directores. Y las grandes compañías se tuvieron que replantear la base de negocio, creando nuevas subcompañías (dentro de las propias “majors”, claro), que se erigieron en “divisiones de cine independiente” Es decir, eran peliculas hechas con el capital de siempre del cine, pero con historias más aparentemente “indies” Todo ese modelo, que parecía un buen ejemplo a seguir, se fue al parecer al carajo porque los agentes de actores (los verdaderos dueños del cotarro, no te quepa duda) empezaron a cuidar su chiringuito y a reclamar millonadas por sus actores emblemáticos (muchos salidos de esas mismas películas independientes). Por tanto, es la historia de siempre. El vil metal siempre gana.

    No sé, Victor. A ti a lo mejor los 90 te pillaron demasiado crío. Aunque supongo que te habrás peinado bien la década de una u otra manera, veo que en tus entradas no tienes algunas de las mejores de Kevin Smith. ¿Acaso no te gusta su humor? ¿Te parece infantil? ¿O es que todavia no has encontrado el momento adecuado de meterles mano? Para mi, “Dogma”, “Mallrats” y sobre todo “Clerks” son genialidades absolutas de la comedia moderna. Y, además, tiene otra vertiente nada desdeñable, Su faceta más de comedia romántica (“Persiguiendo a Amy”) es muy entrañable. Y luego una cierta deriva de crítica social (“Red State”) que abre caminos que más gente debería seguir.

    Un abrazo.

    • elcriticoabulico 28 junio, 2019 a 13:07 #

      Me pillaron crío, pero ese es uno de los grandes factores que luego mueve a mucha gente a reivindicar esa época concreta. Y yo creo firmemente en que los sueños de la nostalgia producen monstruos. De Kevin Smith tengo a Persiguiendo a Amy, que no me gustó nada. En su día, hace milenios, vi Clerks y Mallrats y tengo el vago recuerdo de que me parecieron buenas, pero como no me fío de una opinión mía que tenga más de un par de años… Fíjate que de Dogma me acuerdo de más cosas. Y de que la primera mitad me hacía mucha gracia pero la segunda me parecía que ya no sabía manejar el asunto. Pero lo mismo digo, no me fío de mis opiniones de hace tiempo, la sensibilidad cambia.
      Un abrazo, Deckard.

      • Deckard 28 junio, 2019 a 19:12 #

        Deberías revisar al menos Clerks. Seguro que te reirias a gusto. Smith no tenía un duro cuando la hizo, pero con ese guión no le hacia falta nada más. Y con Dogma me pasó algo muy curioso. Es una película de culto para mucha gente pero mi experiencia como espectador fue extraña. Como sabes se toma a choteo a muchos personajes de la biblia. Pues bien. Yo vivo en una capital de provincias económicamente pujante pero de carácter religioso un tanto conservador. No lo digo como una crítica, sino como algo evidente. Aquí hay pacatos semimedievales conviviendo con familias de entrañable tradición misionera. Hay un poco de todo. Pues bien, durante el visionado de Dogma era yo casi exclusivamente la única persona que se reía en la sala. Puede que mi humor sea a veces un poco primitivo, pero aquello tampoco me parecía muy lógico. Después lo he hablado con. mucha gente de todas las edades y a todo el mundo los chistes de Smith en Dogma le parecían buenos o muy buenos. Sin embargo, aquel día aprendí una lección. A la gente no le gusta demasiado que se hagan chistes sobre aspectos nucleares que hagan referencia a sus convicciones personales y metafísicas más profundas. Eso es lo que aprendí.
        Y a lo mejor se podría decir lo mismo de La Vida de Brian. Pero como el personaje principal no se llamaba Jesucristo y todas las chirigotas de la película también se podían interpretar como parodias de las actitudes de los judíos, pues entonces si, la gente se reía a gusto.

        Moraleja: no creo que el cristianismo tenga demasiado sentido del humor. Al menos, hacía sus propios símbolos.

        Un abrazo.

        • elcriticoabulico 1 julio, 2019 a 00:58 #

          Mal asunto ese el de no saber reírse de uno mismo. Se desmanda la soberbia y se pierde diversión. Always look on the bright side of life, que le dicen a Brian Cohen.

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