Casino

21 Jun

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Año: 1995.

Director: Martin Scorsese.

Reparto: Robert De Niro, Joe Pesci, Sharon Stone, Frank Vincent, Pasquale Cajano, James Woods, Don Rickles, Kevin Pollak, Vinnie Vella, Bill Allison, Alan King, L.Q. Jones, Erika von Tagen, Catherine Scorsese.

Tráiler

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          La forja de los Estados Unidos a través de la violencia, en muchas ocasiones ejercida desde esas sociedades alternativas y marginales que son las organizaciones mafiosas, es una de las constantes del cine de Martin Scorsese. Y en pocos sitios como en Las Vegas se puede apreciar el papel del gángster -que no deja de ser una expresión antirreglamentaria del capitalismo- como parte estructural del país norteamericano. Es célebre la decisiva influencia de Bugsy Siegel en la configuración de la ciudad del juego; un capítulo que puede verse reflejado, a su vez, en un clásico del género como El padrino, en otros filmes menores como Bugsy y en, precisamente, en una serie monitorizada por Scorsese, Boardwalk Empire.

En Casino, el cineasta italoamericano recorre la excéntrica urbe a través de las décadas de los sesenta, setenta y primeros ochenta, intermediado por las perspectivas de Sam ‘Ace’ Rothstein -basado en la figura del apostador profesional y ejecutivo de casinos Frank ‘Lefty’ Rosenthal– y Nicky Santoro -inspirado por el matón Tony ‘The Ant’ Spilotro-, quienes describen de viva voz los engranajes de esta exaltación del sistema capitalista, especulativo y materialista característico de la nación, perfectamente integrado en su lógica sociocultural. Otra forma del sueño americano. De hecho, la extinción de los viejos reyes mafiosos y la refundación de Las Vegas la mano de los especuladores bursátiles, herederos blanqueados de los anteriores, bien podrían conectar en espíritu Casino con la futura El lobo de Wall Street.

          Así pues, este retrato se encastra en el tradicional esquema de ascenso y caída, con una introducción que, ya desde los títulos de crédito, entremezcla la llamada de la tentación de las luminarias de los hoteles con las llamaradas de la condenación, todo ello entre sobrecogedores coros sacros y con imágenes, como la de los capos sentados a la mesa entre sombras, que parecen tétricos retablos religiosos.

Scorsese, que como en Uno de los nuestros vuelve a acudir a otro relato periodístico de Nick Pileggi, compone con fuerza y habilidad este entramado legal, ilegal y alegal que, situado bajo la autoridad del dinero, es también un asunto moral, inmoral y amoral. Las manifestaciones de los poderes legítimos -económicos y políticos- se combinan por tanto con las turbulentas realidades del mundo del hampa -la violencia despiadada, las víctimas que, en lugar de ser adictos a los estupefacientes, son adictos a las apuestas-; todo ello bañado de lujos deslumbrantes y música popular que imprimen un carisma corrompido y hortera, pero en cierto modo fascinante, a las aventuras de Rothstein y Santoro.

          Las formas y el tono escogidos por el director hacen que este estudio social surja arrollador e imponente, pero lastran el filme en cuanto el argumento se adentra en el drama matrimonial. Es atractiva la idea de que un sistema fundado sobre la codicia material implosione cuando queda contaminado por las emociones -es decir, la conversión del infalible Rothstein en uno de los recalcitrantes fulleros a los que tanto desprecia en su casino-, aunque la deriva de los excesos narrativos no permiten que funcione adecuadamente. La extravagancia que domina la mirada -adecuada a la naturaleza misma de Las Vegas- convierte el conflicto íntimo en un mal espectáculo protagonizado por monigotes grotescos, llevándose incluso por delante la esencia trágica de un personaje tan interesante como el que interpreta Sharon Stone -la verdadera víctima, la tramposa estrictamente honesta-.

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Nota IMDB: 8,2.

Nota FilmAffinity: 8,1.

Nota del blog: 7.

23 comentarios to “Casino”

  1. Deckard 22 junio, 2019 a 00:30 #

    Creo que “Casino” fue, con diferencia, la película más relevante de Scorsese en los 90. Muy por encima de “Uno de los nuestros.” Con el barroquismo de su puesta en escena, “Casino” no solo era una historia sobre el auge y la caída de un poderoso contable de la Mafia, sino además una clara visión de lo que representa en realidad una ciudad tan icónica como Las Vegas. Es decir, un monumento a la avaricia y al crimen. Resulta curioso que, al igual que Mario Puzo y Coppola idealizaron a los Corleone en “El padrino” aqui Pileggi y Scorsese hicieran un poco lo mismo con gente tan siniestra como los mafiosos interpretados por De NIro y Joe Pesci, mostrándolos más bien como niños caprichosos y juguetones, un poco inconscientes con la monstruosidad que se traían entre manos. Sí, efectivamente, puede que Las Vegas se levantará en pleno desierto un poco a puro huevo, como las pírámides de Egipto (aunque en este caso, a base sobre todo de chantaje, extorsion, palizas y tiros en la nuca), pero eso no la hacía más humana, sino más sórdida. Cuando llegan los 80, los responsables de la película se escandalizan de que esa ciudad se haya convertido en un destino del tipo Disneylandia y de que becarios imberbes le pidan en la recepción de los hoteles el número de la Seguridad Social a ancianos multimillonarios dispuestos a arruinarse en la ruleta. Como añorando los antiguos usos del Sindicato del Crimen en plan “old school.” Pero eso da igual. Da lo mismo que la pistola la maneje un gangster de Nueva York, que un niño o un chimpancé, porque el daño puede ser el mismo.

    Y en cuanto a “Uno de los nuestros”, lo dicho. Una de las películas más sobrevaloradas de la Historia. Como simple indició, recuerdo que el año de su estreno, salió algún artículo en la prensa americana enumerando una gran multitud de errores de raccord impropios de una película de ese supuesto nivel. No obstante, ese no era su peor defecto. A mi juicio, quisieron abarcar muchos años de historia de la mafia y el guión era verborreico y pretencioso. Muchos compraron la apuesta, pero la realidad es todo estaba muy pasado de rosca.

    Un saludo.

    • elcriticoabulico 23 junio, 2019 a 16:56 #

      Scorsese no suele ser rotundamente crítico con aquellos a los que retrata. Es un cineasta al que le deslumbran estas figuras de poder marginales y amorales. Les puede ir mal en la vida y recibir cierto castigo por sus actos, pero no suelen dejar de molar, y sus experiencias de ser muy cinematográficas (esto es, glamurosas, fascinantes, etcétera). Uno de los nuestros es el perfecto ejemplo. Cuando la volví a ver me gustó mucho, pero no sé yo si de revisarla ahora la mantendría con puntuación alta, porque últimamente me cansa un poco este tipo de mirada. Un saludo, Deckard.

  2. Altaica 23 junio, 2019 a 17:35 #

    Una basura de pelicula. Efectista, sablista, narrativamente una sucesión de golpes de efecto, pueril en el perfil de personajes, ejemplo paradigmático del mal uso de una banda sonora, esperpéntica, excesiva y siempre facilna. En las antípodas del buen cine. Eso dice mucho del criterio imperante. Un abrazo

    • Deckard 23 junio, 2019 a 23:24 #

      Hombre. Ciertamente no es un ejemplo típico de película sobria y contenida. Dura casi tres horas, y es un proyecto muy ambicioso. Sin lugar a dudas es una peli irregular, y con aspectos discutibles, pero a mi juicio, de las películas de ficción de Scorsese en los últimos veinte años es de las pocas que verdaderamente dan fe en algunas escenas de su talento como narrador visual y como hombre de cine. En los últimos años ha dado síntomas de mejoría, pero no acaba de coger tampoco una regularidad que le haga destacar verdaderamente. Otra cosa que me llamó la atención de él es que en la entrega de los Principes de Asturias, cuando le dieron el premio, en su discurso mostró su preocupación por la desnaturalización del cine, al haberse prostituido un poco en tantas pantallas (algo así, por resumir) Y resulta que “The Irishman” se la ha producido Netflix. Sí, una plataforma de contenidos (dijo que la palabra “contenidos”, no le gustaba nada, supongo que porque despersonalizaba el producto) Hombre, un poco de coherencia. Esperaremos acontecimientos. Otra cosa

      • elcriticoabulico 24 junio, 2019 a 13:03 #

        Ese debate entre pantallas grandes y pequeñas… Personalmente soy de ir al cine cuando quiero ver una película porque prefiero su capacidad inmersiva, las sugerencias que transmite, las posibilidades que ofrece para disfrutar del aspecto artístico… Pero para eso la sala tiene también que ser buena (y no todas lo son) y que no tengas acompañantes a los que les guste hablar, comer palomitas o dar flashazos encendiendo el móvil cada dos por tres (de hecho, me encanta ver que se llenan las salas de cine… menos cuando voy yo a ver la película). Y mira, si una plataforma de estas te garantiza fondos y libertad para hacer una película que además va a llegar a una cantidad de gente con la que jamás hubieras soñado… pues algo bueno tiene.

        • Deckard 24 junio, 2019 a 13:27 #

          Ya, Víctor. Pero si dejamos de ir al cine porque hay cuatro críos con palomitas, que parece que es lo que está pasando ahora, estamos apañados. Eso ha pasado toda la vida. Son excusas. Si te molesta eso pues intentas ir en una sesión no infantil. Lo que no puede ser es que los fanáticos también dejemos de ir, porque entonces el cine, con todo su carácter de experiencia inmersiva e hipnótica,(a veces única) acabará desapareciendo. Nos quedaremos todos en casa viendo Netflix, exponiendonos a que la tía Paca llame por teléfono desde Cuenca o a que el vecino del quinto venga a recoger las bragas de su novia que han caído a nuestro tendedero. Y eso, perdona que te diga, NO PUEDE SER. Hay que luchar y plantar cara para que los formatos sigan conviviendo cada uno con sus ventajas.

          • elcriticoabulico 24 junio, 2019 a 13:31 #

            No, no, si yo voy a seguir yendo igual. Lo que me refiero es que el problema del cine es que dejan de ir los niños de las palomitas, sus primos y sus padres. Y bueno, con estas plataformas al menos se mantiene cierta afición por ver películas y además de forma legal. Que es un poco mejor panorama del que por ejemplo había hace diez años.

            • Deckard 24 junio, 2019 a 14:00 #

              El problema es que Netflix esta utilizando el talento y los recursos de la industria del cine para hacer productos EX-CLU-SI-VOS para su plataforma de consumo hogareño. De esta manera, se está boicoteando y ninguneando a las salas cada vez más obligadas a exhibir productos muy minoritarios de dudosa calidad
              El star system de actores y directores también está contribuyendo a est triste situación dando la espalda al público de salas que les encumbró. Es triste. Y todo por un puñado de dólares más.

              • elcriticoabulico 24 junio, 2019 a 17:12 #

                Ahora andan ensayando nuevos métodos de lanzamiento. Por ejemplo, Elisa y Marcela ha estado en las salas dos semanas antes de que la estrenase Netflix. Roma también tuvo pases en pantalla grande varias semanas. La nueva de Scorsese también la estrenarán en cine, seguro. Parece que se tiende hacia cierta convivencia.

                • Deckard 24 junio, 2019 a 17:50 #

                  A ver si es verdad lo que dices. Pero si Netflix no cambia de actitud el panorama en salas lo veo muy negro.

    • elcriticoabulico 24 junio, 2019 a 12:56 #

      El esperpento, el exceso y la banda sonora me parecen adecuados para eviscerar la composición social y moral de una ciudad como Las Vegas (una parte que me parece muy lograda). Pero luego para componer el drama humano… no me funciona. Un abrazo, Altaica.

  3. ALTAICA 24 junio, 2019 a 15:35 #

    Yo he sido un enamorado de las salas de cine. Pero con el paso del tiempo, la edad y la absoluta falta de tiempo, cada vez me cuesta más ir expresamente al cine. También es cierto que en una televisión moderna tipo Oled de 55 pulgadas, pongamos por caso, es tal la calidad de imagen que el cine ya poco puede hacer. Yo acabo de adquirir una de alta gama de 65 pulgadas de Panasonic (siempre me ha ido genial con esta marca) y es una barbaridad la definición, sonido etc… Los que no puedo comprender es ver una película en el móvil o en el ordenador. Por ahí no paso.

    • Deckard 24 junio, 2019 a 16:02 #

      A ver. Este es un tema muy sencillo. Yo creo que los verdaderos amantes del cine deben de ir a verlo en salas. Otra cosa es si uno tiene limitaciones físicas o por la edad. En ese caso, pues no poder ir a salas es otra de las privaciones que te pone la vida. No vas a ir arrastrandote. Yo pertenezco a la generación de la televisión y del video doméstico. Ambas herramientas fueron fundamentales para cimentar nuestra pasión por el cine. Pude ver clásicos fundamentales por televisión que no hubiera podido ver de otra forma en la era preinternet. Pero son medios que tienen sus limitaciones. A finales de los 80 el director Carles Benpar denunció a TVE por emitir de manera chapucera El hombre del Oeste de Anthony Mann.En vez de respetar el formato original, emitieron una copia espantosa en la que los actores salían hablando de perfil de nariz a nariz y había panorámicas falseadas para intentar que se viera todo. Un espanto. Avergonzada, Pilar Miro que era la directora del ente público en aquella época se cuido muy mucho de no volver a cometer ese error. Por otro lado, ver en vídeo una película como Lawrence de Arabia era un sacrilegio. Yo, aprovechando un nuevo montaje que hicieron la vi por primera vez en un festival de San Sebastián, con Peter O Toole presente. Nadie se puede permitir esos lujos normalmente, pero lo pongo de ejemplo como la limitación que tienen ciertos formatos. Y ahora viene el desafío Netflix. Todos vemos cine en casa muy a menudo, pero la sensación de ver una película de acción o de ciencia ficción en una buena sala es inigualable. No entiendo que, pudiendo elegir, la gente se quede en casa salvo, claro está, por cómodoneria. De momento, yo me conformaría con que Netflix ofreciera su producto en salas en vez de castigar a los exhibidores. Pero no quieren. Es lo que suele pasar cuando a la avaricia se suma la arrogancia. Me gustaría pensar que las salas tienen futuro, pero con actitudes tan prepotentes el cine en salas va camino de la extinción si no hacemos algo para arreglarlo. El futuro será una convivencia de pantallas diminutas en las que los Millennials verán pelis de Marvel mientras se comunican por WhatsApp. Un desastre.

      • elcriticoabulico 24 junio, 2019 a 17:22 #

        Hombre, un millenial como servidor que prácticamente también apaga el móvil cuando se pone una peli en casa. Eso es como en todo, seguro que gente de generaciones anteriores a la mía también ve una película mientras hojea el periódico, anda a sus labores o no le importa que haya pausas publicitarias. Maniáticos de la concentración para ver una película somos pocos, antes, ahora y siempre. Y ya te digo, las pelis prestigiosas de Netflix (que tampoco son tantas, no es que produzca cosas de gran calidad, de momento) también pasan por salas.

    • elcriticoabulico 24 junio, 2019 a 17:15 #

      Es que esas prestaciones son bastante mejores que las del multicine que hay debajo de casa, que son pantallas de hace dos o tres décadas, mal aisladas, con pobre acústica y con butacas dispuestas con una perspectiva muy obsoleta. Aparte de que las plataformas me traen algunas películas que no llegan al cine (Netflix quizás no, pero Filmin probablemente sí). No soy demasiado apocalíptico en este tema.

      • Deckard 24 junio, 2019 a 17:46 #

        Pues yo soy de los que piensan que cualquier sala, por mal acondicionada que esté, es infinitamente mejor que el cuarto de estar estándar.
        Y yo no estoy hablando del apocalipsis. Quizás de algo peor. Del final del cine como arte abierto e incluyente.
        Y bueno. Vale. El fin del cine llegará y como al final de Él Show de Truman, cuando en el telediario den la noticia de “Ayer cerró la última sala de cine que quedaba abierta” (como pasó hace un mes con el último Blockbuster) pues alguien dirá : “Que pena…. Que echan en el otro canal?” Y la gente seguirá con sus vidas, yendo a la compra, comiendo hamburguesas y viendo el Barca-Madrid por la tele (el que pueda y quiera pagarselo) Pero sus opciones de ocio se verán reducidas y serán mucho más mediocres.
        Porque una de las características que siempre ha tenido el cine es su carácter popular y de arte accesible a todos los bolsillos. A partir de ahora habrá que pagar y ver lo que las plataformas quieran. Las seguirán llamando películas pero en realidad serán películitas. Nos tratarán de vender la moto de que ofrecerán una oferta variopinta clasificada por géneros, pero inevitablemente todo acabará derivando en la estandarizacion, la homogeneidad y el bostezo. La industria del cine, que había demostrado una admirable capacidad de adaptación a los cambios de época y que supo sobrevivir a la televisión, al vídeo doméstico, al láser disc, al DVD, al blu-ray e incluso a Internet, se va a ver derrotada por las plataformas a demanda y sobre todo por la comodoneria de las audiencias.
        La industria del cine, ante esos retos, siempre respondía arriesgando, ampliando formatos, escuchando a nuevas voces, vigilando a los nuevos talentos. Era con diferencia, la industria del mundo del espectáculo más dinámica y más atenta para aglutinar talento. Ahora se avecina una nueva ola de neoconservadurismo y ramploneria que nos va a matar de aburrimiento. Un oligopolio espantoso. Antes, el cine tenía que espabilar para ofrecer una alternativa a otras formas de ocio. Y lo conseguía. Sobrevivía y nos hacía disfrutar a todos. Y ahora que va a pasar? Estaremos muy cómodos, todos cada uno en nuestra casit y ya no hará falta comer palomitas ni chucherías porque seremos víctimas propiciatorias del más profundo sopor.
        Ese es el camino que llevamos.

        • elcriticoabulico 26 junio, 2019 a 12:45 #

          Yo, que he vivido muchísimo tiempo en una ciudad pequeña que solo tenía unas multisalas, bien conozco eso del fin del cine como arte abierto e incluyente (que alguien se atreviera a poner algo en versión original siempre fue poco menos que una utopía). Y eso era bastante antes de las plataformas de streaming y de la piratería. Tenía que ver más bien con una oferta estandarizada de productos prefabricados de consumo rápido y de su demanda por parte de un público poco exigente y acrítico. Lo que ves ahora lleva ya décadas en marcha. ¿Es una deformación inevitable de aquello que comentábamos del cine para las masas de los ochenta? Yo creo que no, aunque sospecho que ese tipo de películas bien pudo actuar como acelerante. También es posible que Netflix sea un paso más, dada su querencia por la fórmula y una cierta homogeneidad formal (hay quien acude a aquella teoría de la monoforma sobre la que advertía Peter Watkins). Yo casi pondría el foco en eso que dices de la comodonería de las audiencias, también atiborrada por un constante bombardeo de productos ‘poco sanos’ por la industria. Algo que, insisto, no es de ahora.

          • Deckard 26 junio, 2019 a 13:48 #

            Por lo que sé de ti, Victor, a ti lo del 11 de septiembre debió de pillarte siendo bastante adolescente. Para mi esa es una fecha clave también para entender la deriva de la industria americana del cine. Ninguno eramos del todo conscientes, pero ese hecho también iba a influir decisivamente en el Septimo Arte. A partir de entonces, el cine comercial se volvió ultraconservador, como el mundo occidental. La excusa era la de no dar cuartelillo a voces extrañas o aparentemente díscolas. Ya se sabe como funciona esto. Para mi, el ejemplo perfecto que resume lo que ha venido sucediendo en el ámbito cinematográfico desde entonces es el del cineasta holandés, Paul Verhoeven.

            Verhoeven siempre se había caracterizado por ser el verdadero termómetro del verdadero liberalismo de Hollywood. El no llegó a Estados Unidos como un rebelde total. Demostró buena voluntad de integración empezando su carrera americana con una obra futurista de acción con gran potencial comercial. No obstante, sus películas nunca fueron convencionales. La violencia, en Verhoeven, siempre iba un poco más allá. El sexo, siempre era un poco más explícito que lo habitual. Eso se veía claramente en “Robocop” y en “Desafío total.” El paroxismo del desafío de Paul Verhoeven al Hollywood más pacato fue la rompedora “Instinto Básico.” Una película que, a lo mejor tiene sus defectos de guión o de realización, pero como película desafiante de las convenciones y como intento de mostrar una sexualidad desafiante y diferente, y como tentativa de romper tabúes y de desenmascarar complejos y a falsos moralistas, es una película que marcó un antes y después, y que en cierta manera, puso patas arriba a la industria. Y Verhoeven, efectivamente, parecía que iba a tener futuro en Hollywood, Intentó repetir la jugada con “Showgirls”,pero le salió mal. Pero eso no le hundió.Hizo dos revisiones de género muy en su línea un tanto polémica con películas como “Starship Troopers” y “El hombre sin sombra”, que funcionaron bien, pero de repente, una mañana de septiembre…….dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas y las derribaron.

            Verhoeven, cuando estrenó “El libro negro” (ya con producción totalmente europea) explicó que el clima surgido tras el 11 de septiembre le perjudicó notablemente a la hora de sacar adelante todos los proyectos que quería sacar adelante. Y tardó nada menos que 6 años en que los productores le hicieran caso para producir “El libro negro”, película por otro lado, con ciertos tintes polémicos, porque muestra una realidad de muchos grises y pocos contrastes profundos de blancos y negros. Y, evidentemente, una película así, parece ser que en el Hollywood de entonces ya no se podía hacer. Y eso es lo que ha venido pasando en las dos últimas décadas, a mi juicio de manera bastante evidente, en una época en la que tan solo el auge del cine de animación y de un cine de superhéroes (aunque de vena patriotera pero de buen espectáculo), podría salvarse de la mediocridad y del aburrimiento generalizado.

            • elcriticoabulico 28 junio, 2019 a 12:59 #

              El repliegue consevador y ultranacionalista es evidente, y procede de un trauma tan grande que no admite matiz ni cuestionamiento alguno. Aunque fíjate que incluso a pesar de ello pueden aparecer visiones antagónicas: la de 300 (un grupo de superhombres blancos que combate en minoría contra una horda de orientales, negros y monstruos liderados por un homosexual) y la de El reino de los cielos (donde un caballero de humilde extracción lucha en Tierra Santa dudando de los propios, honrando a los otros y con escepticismo hacia el componente religioso).

  4. ALTAICA 25 junio, 2019 a 10:08 #

    Interesantísimos comentarios de Deckard y de Abúlico. Es un tema muy largo de analizar y apasionante de tratar. Ambos lleváis razón en mucho de lo que decís. Sí es cierto que el cine siempre mantuvo una calidad de imagen y sonido infinitamente superior a cualquier otro medio. Hoy, por el contrario, en muchas salas tal afirmación es imposible de mantener. En esencia el cine tiene que ser el lugar donde ver una película sea un espectáculo sin igual y hoy no lo es, salvo obviamente por el tamaño de la pantalla. Incluso en muchas salas confunden la calidad sonara con la absoluta estridencia. Eso sí, nadie en la vida podrá quitarme las 4 veces seguidas que fui al cine a ver Ran de Kurosawa. Quedará siempre en mi memoria semejante prodigio. Y una enorme pena también siento por los videoclubs. Cuántas películas habré alquilado… Me hago viejo y cada vez entiendo menos de todo y es lógico. Me hago viejo y ya no evoluciono al mismo ritmo que el mundo o, tal vez, no quiero. Me acuerdo mucho de mi padre. Por cierto, Deckard qué edad soportan ya sus huesos? Yo acabo de cumplir 55 años.

    • Deckard 25 junio, 2019 a 10:35 #

      Pero si eres un chaval Altaica! Yo tengo 46 pero por cierto espíritu de rebeldía y en comparación con el conformismo y el espíritu acomodaticio que veo en mi propio entorno muchas veces me veo a mi mismo como un chaval que todavía no ha cumplido los 15….
      Un abrazo.

    • elcriticoabulico 26 junio, 2019 a 12:55 #

      También hay salas magníficas ahora, lo que pasa es que pertenecen a cadenas que suelen centrarse en blockbusters. Pero hay alguna sala que yo alucino, por sonido, capacidad visual, tamaño… De ahí la lástima que me producen los multicines estos que os comento.

  5. Deckard 25 junio, 2019 a 10:59 #

    Y otra cosa, Altaica.

    Mucha fuerza, por lo que dices de tu padre. Mira. Yo te comprendo perfectamente. Afortunadamente, mis padres siguen vivos, pero están los dos muy tocados. Mi madre, en concreto tiene problemas muy serios, y eso que es toda una fuerza de la naturaleza y hay días en los que parece que tiene la energía de cuando era una treintañera. Intento hacerme a la idea de que más pronto que tarde ellos ya no estarán en mi vida, pero la verdad es que es muy difícil….

    No me pasa a menudo, pero a medida que te escribía estas líneas me he emocionado de verdad. Te aseguro que no me pasa todos los dias. Ni muchísimo menos. Me considero una persona sensible, pero no soy de lágrima fácil…..

    Por eso, desde aquí, te mando toda la fuerza y toda la complicidad del mundo. Y te pido que sigas adelante contra viento y marea. Ya sé que es más fácil decirlo que hacerlo. A lo mejor resulta que yo, que ahora te estoy escribiendo esto, dentro de 2 o de 5 años (o antes) no tengo fuerzas ni para levantarme de la cama o ni de levantar el meñique y mucho menos de ver una película. Pero, de verdad, aguanta. Enfrentate a la vida y sal a la calle. Hay que vivir, y el cine muchas veces nos ayuda no solo a sobrevivir, sino incluso a VIVIR.

    Hazte un homenaje y ponte esta misma noche “Ser o no ser” de Lubistch o “Primera plana” de Billy Wilder. Incluso te podrias poner “La vaquilla” de Berlanga si te apetece el producto nacional (una de las peículas que más me ha hecho reir en la vida, pese a que algunos consideran que esta última época de Azcona es demasiado zafia….). Seguro que ves la vida desde otra perspectiva (otra obra infalible solía ser “Cantando bajo la lluvia”, prueba si no con esa….)

    Un fortísimo abrazo.

    P.D: Yo también considero “Ran” una obra maestra. La última de Kurosawa verdaderamente grande. Por desgracia, cuando la estrenaron era demasiado jovencito (debía de tener 13 años) y aunque yo ya podía ir al cine solito desde hace mucho tiempo, en aquella época era un adolescente muy americanizado (ya sabes, era la era de “Terminator” y de mayor florecimiento de Spielberg) y eso de ver una película japonesa me parecía algo muy exótico. Afortunadamente, poco después mi gusto maduró y la disfruté a tope, pero claro, ya en pequeña pantalla. Por cierto, este tipo de películas deberían reestrenarse también en salas. Creo que las nuevas generaciones también se quedarian boquiabiertas ante espectáculos de esta grandeza. Un saludo.

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