Mula

11 Mar

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Año: 2018.

Director: Clint Eastwood.

Reparto: Clint Eastwood, Bradley Cooper, Dianne Wiest, Michael Peña, Taissa Farmiga, Ignacio Serricchio, Alison Eastwood, Laurence Fishburne, Andy Garcia, Clifton Collins Jr., Lobo Sebastian, Eugene Cordero.

Tráiler

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            El pasado diciembre, Clint Eastwood presentaba oficialmente a su hija secreta de 64 años, Laurie, a quien había tenido en una infidelidad a su primera esposa, Maggie Johnson, y a quien no conoció hasta que ella cumplió la treintena. Fue durante la première de Mula, un evento que el veterano cineasta disfrutó además en compañía de los otros siete hijos que ha tenido de seis mujeres diferentes, unidos y sonrientes en lo que una de ellas, Alison -que precisamente encarna en el filme a una hija semiabandonada-, describió como una gran familia.

            Eastwood lleva tiempo ajustando cuentas. Durante esta etapa crepuscular de su carrera, tanto desde la silla de director –Sin perdón, Los puentes de Madison, Poder absoluto, Deuda de sangre, Space Cowboys, Million Dollar Baby, Gran Torino– como de simple actor asalariado –En la línea de fuego, Golpe de efecto-, sus apariciones en pantalla están marcadas, o como mínimo condicionadas, por los conceptos de redención y segunda oportunidad, especialmente en lo que a relaciones familiares se refiere. También por la revisión de su propio mito cinematográfico: el pistolero impasible y letal, el justiciero implacable, el tipo duro que no rinde cuentas a nadie. Aunque su excusa argumental –basada en la historia real de Leo Sharp– apunta al cine de género de la mano de un nonagenario que convierte en insólito transportista de droga para el cártel de Sinaloa, Mula, el regreso del californiano al protagonismo tras seis años de retiro, es por tanto una reincidencia en esta constante temática, que además muestra curiosos puntos de conexión con The Old Man and the Gun, el reciente colofón de otra leyenda viva: Robert Redford.

            De este modo, a través de una intriga criminal sencilla, con algún nexo bastante objetable -esa manera de entrar a formar parte del entramado mafioso-, pero realmente entretenida y narrada con un pulso narrativo ejemplar, Mula va componiendo el drama de un anciano que trata de reconciliarse con su familia, con la sociedad y consigo mismo por el camino del dinero fácil. Vender su alma para recuperar su alma. Esta vertiente intimista no está exenta de tópicos y de insistencia en el mensaje acerca del auténtico valor de las cosas, amén de algún ramal al que no se termina de dar cierre -la conexión pseudopaternal con el lugarteniente mexicano-; pero en los momentos en los que puede acercarse incluso a cierto sentimentalismo se sostiene gracias al carisma y la intensidad interpretativa de Eastwood. El papel se ajusta a la perfección a sus inclinaciones, dotado asimismo de esos detalles irónicos y metalingüísticos que pueden rastrearse en este último tramo de su filmografía y que, chisposos y efectivos, refuerzan el atractivo del personaje, perfectamente interrelacionado con el astro.

            Esta mirada personal se extiende además a otras lecturas críticas que Eastwood hace de la sociedad estadounidense, por supuesto siempre a su manera, con su característica autonomía ideológica. La inmersión de este civil cualquiera en el siniestro submundo del narcotráfico -que por sus métodos y lógica representa la cara B del capitalismo salvaje, no lo olvidemos- deja constancia de las dificultades que atraviesa el pequeño empresario y el trabajador corriente a consecuencia de la devastadora crisis económica y de su desprotección dentro de un sistema que nada garantiza a quien nada tiene, si bien esta vertiente de la solución desesperada de una clase media presa de las circunstancias está menos acentuada que en otras obras semejantes como la comedia británica El jardín de la alegría o las series Weeds y Breaking Bad.

Es más notoria todavía en su tratamiento del racismo, que aborda igualmente según lo entiende él, un señor mayor encuadrado toda su vida en una categoría social a priori privilegiada y que se declara harto de los ‘lloriqueos’ de las nuevas generaciones. Dentro de esta concepción se enmarca pues su denuncia contra la persistencia de los prejuicios étnicos -la manera en la que los agentes de la DEA filtran a sus sospechosos- y de los atropellos directos contra sus libertades ciudadanas y hasta su integridad física -la interceptación de un conductor latino, una escena tan directa que parece un apunte forzado-, las cuales se matizan de forma paralela en su protesta contra las imposiciones de la corrección política -el empleo de términos considerados vejatorios-. Es decir, que la visión del autor distingue y contrapone el racismo factual frente a unos hábitos quizás anticuados pero que no entiende ofensivos, pues no se encuentran respaldados realmente por hechos o actitudes denigrantes. En definitiva, una vuelta al agradecido Walt Kowalski del “¿qué tramáis, morenos?”, a los códigos westernianos del entendimiento, el respeto y la fidelidad entre los individuos de un país libre.

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Nota IMDB: 7,2.

Nota FilmAffinity: 7.

Nota del blog: 7.

10 comentarios to “Mula”

  1. ALTAICA a 22:58 #

    Excelente análisis. Enhorabuena. Coincido totalmente con tu crónica de esta más que correcta película. Ahonda nuevamente en sus últimos trabajos pero no se hace cansino. Me ha gustado pese a sus evidentes reiteraciones.

    • ¡Muchas gracias, Altaica! Clint sigue a lo suyo y a veces es un poco insistente con algunas cosas que le inquietan, pero ya solo con verle delante de la pantalla… mucho carisma.

  2. ALTAICA a 15:32 #

    Y es que la película está muy bien contada y es ejemplar en su ritmo narrativo. Y presenta un sin fin de pinceladas reflexivas sobre la sociedad actual, algunas muy simples pero eficaces en su objetivo. Tal vez lo que más me chirría es lo discutible que resulta ver a un señor de 90 años tomando whisky y cepillándose a chicas monísimas, en un intento ridículo de reivindicación del macho de antaño. Cosas de abuelos perfectamente disculpables.

    • Uf, tiene unos primeros planos de culos filmados con deleite que dices… hombre. Y que a continuación se lo lleve un mujerón a la cama… que no sé si será hasta irónico, porque transmite de todo menos poder de macho. Lo único que se me vino a la mente es “le van a romper la cadera por tres partes al pobre Clint”, tan frágil como se le ve.

  3. ALTAICA a 11:27 #

    Jajaja, en realidad del “pobre” Clint ha dejado el planeta lleno de hijos a diestro y a siniestro.

    • No cabe duda, pero yo no sé si a estas alturas de la película está ya para semejantes esfuerzos.

  4. Deckard a 12:19 #

    Si. Supongo que incluso para Clint Eastwood esta siendo difícil envejecer. Aunque la madurez como creador le llegó tarde, hasta hace menos de veinte años seguía conquistando a mujeres atractivas mucho más jóvenes que el, como si fuera un galán treintañero. Su última película (“Richard Jenkins”) también me ha gustado mucho como reivindicación de la honestidad del ciudadano medio. También producía un placer perverso ver al guaperas de Jon Hamm haciendo el papel de un mezquino idiota.
    Con Clint Eastwood yo creo que existe un equivoco o una disonancia cognitiva generalizada (como se dice hoy) con la que ha jugado hábilmente a lo largo de toda su carrera. El se hizo una estrella por encarnar al “hombre sin nombre” y a Harry el Sucio, dos tipos duros como el acero. Pero yo no creo que sea así ni de lejos. Sin duda es un tipo viril, pero llama mucho a engaño. La imagen que el transmite en sus películas es la de tipo más bien inflexible. Pero yo veo que en la realidad es más bien pragmático, político y diplomático. Durante medio siglo ha mantenido una relación privilegiada con Warner con lo difícil que eso ha tenido que ser con tantos cambios en la cúpula. Eso da idea de que es un tipo con cintura y recursos. Es un tipo que fue a la universidad y que tiene vasta cultura. Cuando estreno “Mystic River” le leí comparaciones de esta obra con “Macbeth” de Shakespeare. Ha sido alcalde de una de las ciudades más turísticas de California, con la experiencia política que eso le ha tenido que proporcionar. Es un tipo al que le gusta más, sorprender que deslumbrar, aunque a menudo sabe conseguir las dos cosas. Yo creo que esto es lo que más les seduce a las mujeres de el. El hecho de que sea realmente tan diferente al cliché que muchos tienen de él. El abuelo Clint es perro viejo.
    Saludos.

    • Yo lo veo con cintura y con bastante sensibilidad, pero siempre muy celoso de su autonomia como individuo y con unas convicciones muy firmes (algunas, como perro viejo que es, un poco desfasadas en relación a los tiempos que corren, aunque argumentadas en su fondo). Que es algo que se aprecia mucho en su obra. Más allá de que para mí siempre ha sido el tipo duro que se quiere imitar (con desastrosas consecuencias), es un cineasta y una persona bastante interesante.
      Saludos, Deckard.

  5. ALTAICA a 00:36 #

    Clint lleva años haciendo el camino de la redención no total y sí parcial. Sin nunca renunciar a sus orígenes, al menos en lo superficial, sí promueve sistemáticamente una metamorfosis del arquetipo que le encumbró de tipo duro, inmisericorde, plano y reaccionario. Ejemplos por doquier. En un equilibrismo malabar, aborda una transformación sin ruptura y se reivindica como hombre mucho más evolucionado, afrontando cuestiones varias como el racismo, la familia, la ideología política, la revisión de ciertos episodios históricos y bélicos, la violencia o la inmolación, el abuso de poder, los prncipios, la honestidad personal, el deterioro social y económico…, incluso revisitación de géneros, arquetipos y directores.

    • Romper no rompe, en efecto, porque también sería un poco ingrato por su parte, pero hace un cuestionamiento sano de estos arquetipos. En directores, también me gusta considerar que va pasando por etapas, de Leone y Siegel a Ford.

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